08-01-2024, 01:50 AM
Reí con mi característica risa ante los comentarios de Karl; eran muy divertidos. Joe no tomó muy bien que pensáramos que era mayor. Pero con esa barba que solo dejaba ver sus ojos y su mirada bastante seria, era comprensible. A pesar de todo, tenía una presencia que imponía respeto. Después de observarlo bien, me pareció que tenía un aspecto realmente imponente.
La conversación fluyó entre risas mientras la noche cubría los cielos del pueblo con su oscuro manto. Ya debía ser casi medianoche y este era el único lugar en el que todavía había gente en la zona, exceptuando a algunos peatones aquí y allá. Karl aceptó la siguiente ronda con una broma sobre que me convendría más un té.
-¡Me encanta el té! -respondí con vigor, estirando el meñique como si estuviera tomando té con elegancia, como toda una dama- Hay té verde, rojo, negro… y más, pero ahora no recuerdo.
Dejé mi cerveza en la barra y me disponía a sentarme cuando Karl, cogiéndome por sorpresa, preguntó sobre mi pasado. En vez de sentarme, me apoyé en la barra de espaldas, suspiré y dejé caer mi cabello hacia atrás.
-¿Yo? -pregunté, aunque la respuesta era evidente.
Guardé silencio por un momento. No quería pensar demasiado en eso, pero el alcohol me influenciaba. Aun así, sentía como la euforia de la bebida se desvanecía lentamente.
-Nací en North Blue, en el Reino Daburu. Allí crecí, ¿sabes? Hasta los catorce, más o menos. Luego estuve sola un tiempo, hasta que me uní a la Marina. Y en cuanto al amor, pues no muy bien, ja ja. -reí forzadamente.
En ese instante, Joe anunció que la fiesta había terminado, que era tarde y debíamos volver al hostal. Parte de mí quería negarse, pero la diversión también había terminado para mí. Miré las cervezas recién pedidas; ya no quería seguir bebiendo, así que dejé la mía casi llena. Luego, Joe sugirió que si preferíamos quedarnos, él volvería solo al hostal con las cosas.
-No, está bien... Al menos yo le acompaño, comandante. Creo que he bebido demasiado, no me sienta bien. Perdóname, Karl.
Me giré para irnos y vi a Karl, tan adorable.
-Te mereces todo y más. -dije, casi tropezando y apoyándome en ella, poniéndome de puntillas para darle un beso en el hombro, ya que no alcanzaba su mejilla.
Con una media sonrisa y mirada perdida, di unos pasos para salir. Mi rostro estaba rojizo por el alcohol, pero mi estado emocional era contrario a lo esperado. Trataba de ocultarlo, pero los recuerdos me afectaban profundamente. Casi no recordaba los rostros de mis padres, pero los de mis hermanos estaban fijos en mi memoria, quemándome cada vez que los evocaba. Todo lo sucedido después se repetía en mi mente. "No quiero, ahora no, por favor", rogaba internamente. Decidí apartar esos pensamientos y buscar algo que distrajera mi mente.
.
Me acerqué delicadamente a Joe, quien evitaba mi mirada, pareciendo avergonzado o molesto. Con ternura, posé mi mano sobre su mejilla poblada por la barba y, casi acariciándolo, dirigí su rostro hacia el mío para que me mirase a los ojos.
-Por favor, ¿me acompañarías hasta mi habitación, J-O-E? -pronuncié su nombre lentamente, de forma seductora.
Aquella era la primera vez que lo tuteaba; siempre había sido más formal con él. Lo miré con ojos implorantes, cruzando mis brazos sobre el pecho, apretándolos sutilmente y desviando la mirada con timidez.
-Me asusta ir sola de noche... No conozco bien el pueblo y… podría toparme con alguien peligroso.
Observé a Joe, expectante ante su reacción. Aunque la ebriedad había menguado, probablemente tendría dificultades para llegar sola al hostal. Y si podía ocupar mi mente con Joe, sería ideal.
La conversación fluyó entre risas mientras la noche cubría los cielos del pueblo con su oscuro manto. Ya debía ser casi medianoche y este era el único lugar en el que todavía había gente en la zona, exceptuando a algunos peatones aquí y allá. Karl aceptó la siguiente ronda con una broma sobre que me convendría más un té.
-¡Me encanta el té! -respondí con vigor, estirando el meñique como si estuviera tomando té con elegancia, como toda una dama- Hay té verde, rojo, negro… y más, pero ahora no recuerdo.
Dejé mi cerveza en la barra y me disponía a sentarme cuando Karl, cogiéndome por sorpresa, preguntó sobre mi pasado. En vez de sentarme, me apoyé en la barra de espaldas, suspiré y dejé caer mi cabello hacia atrás.
-¿Yo? -pregunté, aunque la respuesta era evidente.
Guardé silencio por un momento. No quería pensar demasiado en eso, pero el alcohol me influenciaba. Aun así, sentía como la euforia de la bebida se desvanecía lentamente.
-Nací en North Blue, en el Reino Daburu. Allí crecí, ¿sabes? Hasta los catorce, más o menos. Luego estuve sola un tiempo, hasta que me uní a la Marina. Y en cuanto al amor, pues no muy bien, ja ja. -reí forzadamente.
En ese instante, Joe anunció que la fiesta había terminado, que era tarde y debíamos volver al hostal. Parte de mí quería negarse, pero la diversión también había terminado para mí. Miré las cervezas recién pedidas; ya no quería seguir bebiendo, así que dejé la mía casi llena. Luego, Joe sugirió que si preferíamos quedarnos, él volvería solo al hostal con las cosas.
-No, está bien... Al menos yo le acompaño, comandante. Creo que he bebido demasiado, no me sienta bien. Perdóname, Karl.
Me giré para irnos y vi a Karl, tan adorable.
-Te mereces todo y más. -dije, casi tropezando y apoyándome en ella, poniéndome de puntillas para darle un beso en el hombro, ya que no alcanzaba su mejilla.
Con una media sonrisa y mirada perdida, di unos pasos para salir. Mi rostro estaba rojizo por el alcohol, pero mi estado emocional era contrario a lo esperado. Trataba de ocultarlo, pero los recuerdos me afectaban profundamente. Casi no recordaba los rostros de mis padres, pero los de mis hermanos estaban fijos en mi memoria, quemándome cada vez que los evocaba. Todo lo sucedido después se repetía en mi mente. "No quiero, ahora no, por favor", rogaba internamente. Decidí apartar esos pensamientos y buscar algo que distrajera mi mente.
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Me acerqué delicadamente a Joe, quien evitaba mi mirada, pareciendo avergonzado o molesto. Con ternura, posé mi mano sobre su mejilla poblada por la barba y, casi acariciándolo, dirigí su rostro hacia el mío para que me mirase a los ojos.
-Por favor, ¿me acompañarías hasta mi habitación, J-O-E? -pronuncié su nombre lentamente, de forma seductora.
Aquella era la primera vez que lo tuteaba; siempre había sido más formal con él. Lo miré con ojos implorantes, cruzando mis brazos sobre el pecho, apretándolos sutilmente y desviando la mirada con timidez.
-Me asusta ir sola de noche... No conozco bien el pueblo y… podría toparme con alguien peligroso.
Observé a Joe, expectante ante su reacción. Aunque la ebriedad había menguado, probablemente tendría dificultades para llegar sola al hostal. Y si podía ocupar mi mente con Joe, sería ideal.
Resumen y Karmas
