[Presente Relativo] La moda de Kakutatsu
#22
En aquel local, intenté persuadir al comandante Joe para que me acompañase. Por suerte para mí, funcionó. Es más, nuevamente había conseguido que se ruborizase. Eso me alegró y decidimos salir del local, dejando a Karl sola en aquella noche. Me sentí un poco mal por ella, que decidió quedarse tomando una última junto a Joseba, pero la verdad es que necesitaba salir y despejarme un poco. Joe recogió las compras y mi bolsa y se situó a mi izquierda, llevando las cosas en el otro lado. Con una grave aunque amable voz dijo que fuésemos a descansar.

Salimos del mercado en plena noche, poco a poco fuimos dejando atrás al gentío hasta quedar prácticamente solos en la calle principal del pueblo. Llevábamos unos minutos ya caminando, en las que él mantenía la cabeza algo gacha, con la mirada fija en el suelo. “¿Está enfadado conmigo? Espero no haberme pasado con él…” pensé durante la caminata.

Había mucha oscuridad ahora que las luces de los comercios estaban apagadas, tan solo alguna farola aquí y allá, pero realmente la penumbra predominaba en la zona. Tuve algún que otro momento de mareo en el que casi tropiezo, pero amablemente Joe bajó el ritmo, adaptándolo al mío y diciendo que podíamos ir despacio. Estaba siendo muy considerado conmigo, a pesar de conocerme solo de aquel día. Debía ser una buena persona, se veía de lejos que se preocupaba por los demás. Le miré de reojo, con rubor en mis mejillas. Era por la cerveza. Lo era, ¿verdad?

-Gra… Gracias, comandante. -agradecí, algo más cómoda ahora que íbamos con calma.

Poco después, lanzó una pregunta al aire sobre mi vida como marine, añadiendo que podía contarle lo que quisiese. Por suerte, aquel tema no me suponía ningún problema.

-Aburrida en su mayoría. Ya sabes, tengo el rango más bajo de marine. He pasado creo que… Hmmm. -me interrumpí intentando hacer los cálculos, que se me resistían algo más de la cuenta- Seis años. Sí, seis años enteros en la misma posición. Supongo que tú también debiste pasar por ese rango, ¿o acaso comenzaste ya siendo Comandante? Ssshssshsssh. -reí al imaginarlo de niño dirigiendo a marines- Así que ya sabes lo que es eso; limpiar la base, ordenar cosas, llevar papeleo…

Levanté la vista al cielo, realmente era una noche preciosa de verano y además ya no hacía calor, hasta era refrescante. Continué avanzando con él, recordando y fijándome en las distintas constelaciones del cielo.

-Aunque tampoco puedo quejarme, ha sido una época mucho mejor que la que pasé antes… Pero yo no me alisté para eso en la Marina. Llámame niña ilusa si quieres, pero… sueño con cambiar las cosas. Me hice esa promesa a mí misma hace mucho. Por eso estoy muy feliz de estar aquí.

Sonreía para mí misma justo cuando encontré lo que buscaba en el cielo.

-Mira, ¿ves esas estrellas con forma de ocho ladeado? -dije a la vez que cruzaba mi brazo con el suyo y señalaba en el cielo con la otra mano, en la dirección en la que había un cúmulo de estrellas que parecían un infinito.

Cielo



-Hay un cuento que habla sobre ella. Dice que hace muchos muchos años, en un reino distante, la hija de un monarca se enamoró profundamente de un joven plebeyo. Su amor, desaprobado por el frío rey, desencadenó una trágica cadena de eventos, llevando al soberano a ordenar la muerte del muchacho. Desafiando el destino, los enamorados huyeron, evadiendo incansablemente a sus cazadores. Pero el destino finalmente les alcanzó en lo alto de una montaña remota, bajo un cielo estrellado. En ese momento, con la muerte acechando, los amantes se prometieron amor eterno en un pacto sagrado e irrompible. En un acto de amor y desafío final, al ser atravesados por las lanzas, se transformaron en destellos de luz, ascendiendo a los cielos. Su amor, inmortalizado en el cielo formando la constelación que vemos ahora.

Me avergoncé al darme cuenta de que me había cogido a él y que ahora agarraba su musculoso brazo. Solté su brazo y desvié la mirada al suelo avergonzada.

-Bueno… al menos eso era lo que me contaba mi madre de pequeña… -volví a mirar a aquellas estrellas sonriendo con nostalgia- También me decía que si prometías algo a aquellas estrellas, harían que se cumpliese y sería un pacto inquebrantable… Cuando entré en la Marina juré a esas mismas estrellas que lo lograría, pasase lo que pasase.

Me había dejado llevar por la emoción. Hacía mucho que no hablaba de mi madre y me sentía vulnerable, expuesta. Reanudé la marcha esperando que Joe me siguiese y me giré para mirarlo.

-¿Y tú? Dime, comandante, ¿qué te llevó a entrar en la Marina?
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RE: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - por Ikirami - 10-01-2024, 12:35 AM

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