10-01-2024, 03:58 AM
Ante su interacción preguntando por mi alias y sobre si el motivo por el que no usaba mi nombre real era por gusto, no respondí. Me limité a mirarla sin decir nada dejándola hablar, y cuando dijo que le caía bien, sonreí entrecerrando los ojos y desviando la mirada al suelo, chasqueando la lengua de nuevo. Ella a mi también, pero no iba a decírselo, pues creía que los actos que estaba teniendo eran más que suficientes para justificar dicho sentimiento por mi parte si era capaz de leer entre líneas.
Entonces me llamó la atención por denominarla cría de gigante, y matizó que sus cuernos eran porque era una semioni, trayendo extraños y turbios recuerdos que creía haber apartado, de alguno de los últimos años en casa antes de decidir marcharme. Tras esas palabras decidió dar un paso más allá de la confianza, preguntándome directamente que si yo también tenía a alguien ahí arriba, obteniendo por respuesta la frase que pensaba decirle de igual manera sobre que tuviese cuidado ahí fuera y desviando la conversación, recibiendo de nuevo su respuesta hablando de los Cabos Gemelos, de Joe y de que aunque perdió en sus enfrentamientos todavía era joven y tenía mucho potencial por desarrollar — En eso estamos de acuerdo... — dije habiéndome acabado el trozo de carne y poniéndome en pie apoyando las manos en mis rodillas mientras ella explicaba por qué me seguía, y mientras me sacudía las manos chocándolas entre si, dejé de emitir aquel cómodo calor — ¿Quieres aprender a pelear usando un kanabo? — pregunté retóricamente, girando mi cabeza para ver nuestras armas en el suelo — Rondarás la quincena, ¿no? — de nuevo retóricamente devolviendo la mirada hacia ella caminando hacia mi chaqueta — Deberías estar orgullosa de lo que puedes hacer con los años que tienes — le dije con sinceridad mientras me vestía con dicha prenda cubriendo mi torso — Tienes buena postura, buen agarre y buena entereza... Pegas duro, tienes que tener buenos genes — añadí con una sonrisa pasándome la mano por el cabello para echarlo hacia atrás, observándola a la misma altura pese a estar de pie y ella sentada y volví a chasquear la lengua — Oe... te contaré un pequeño secreto — le dije acercándome a ella hasta estar en su flanco izquierdo — Yo tengo un hijo... o una hija, no lo sé... el caso es que tendrá aproximadamente tu edad. Y si pegase con el kanabo tan fuerte como tú, su viejo estaría muy orgulloso — añadí, poniéndole la mano sobre el hombro y dándole una palmada gentil, sonriendo.
Tras unos segundos de pausa me separé y fui caminando tranquilo hacia donde estaban los kanabos, agachándome para sostener ambos, cada uno con una mano, girándome para encarar a la muchacha — Pero si aun así quieres aprender... vamos a terminar de pulir el diamante — dije, lanzándole su arma esperando que la recogiera, sin ninguna hostilidad en mis palabras, para que comprendiera que estaba dispuesto a practicar junto a ella y no con. De hecho estaba teniendo una idea que podía ser un problema en el futuro o la solución para muchos.
Entonces me llamó la atención por denominarla cría de gigante, y matizó que sus cuernos eran porque era una semioni, trayendo extraños y turbios recuerdos que creía haber apartado, de alguno de los últimos años en casa antes de decidir marcharme. Tras esas palabras decidió dar un paso más allá de la confianza, preguntándome directamente que si yo también tenía a alguien ahí arriba, obteniendo por respuesta la frase que pensaba decirle de igual manera sobre que tuviese cuidado ahí fuera y desviando la conversación, recibiendo de nuevo su respuesta hablando de los Cabos Gemelos, de Joe y de que aunque perdió en sus enfrentamientos todavía era joven y tenía mucho potencial por desarrollar — En eso estamos de acuerdo... — dije habiéndome acabado el trozo de carne y poniéndome en pie apoyando las manos en mis rodillas mientras ella explicaba por qué me seguía, y mientras me sacudía las manos chocándolas entre si, dejé de emitir aquel cómodo calor — ¿Quieres aprender a pelear usando un kanabo? — pregunté retóricamente, girando mi cabeza para ver nuestras armas en el suelo — Rondarás la quincena, ¿no? — de nuevo retóricamente devolviendo la mirada hacia ella caminando hacia mi chaqueta — Deberías estar orgullosa de lo que puedes hacer con los años que tienes — le dije con sinceridad mientras me vestía con dicha prenda cubriendo mi torso — Tienes buena postura, buen agarre y buena entereza... Pegas duro, tienes que tener buenos genes — añadí con una sonrisa pasándome la mano por el cabello para echarlo hacia atrás, observándola a la misma altura pese a estar de pie y ella sentada y volví a chasquear la lengua — Oe... te contaré un pequeño secreto — le dije acercándome a ella hasta estar en su flanco izquierdo — Yo tengo un hijo... o una hija, no lo sé... el caso es que tendrá aproximadamente tu edad. Y si pegase con el kanabo tan fuerte como tú, su viejo estaría muy orgulloso — añadí, poniéndole la mano sobre el hombro y dándole una palmada gentil, sonriendo.
Tras unos segundos de pausa me separé y fui caminando tranquilo hacia donde estaban los kanabos, agachándome para sostener ambos, cada uno con una mano, girándome para encarar a la muchacha — Pero si aun así quieres aprender... vamos a terminar de pulir el diamante — dije, lanzándole su arma esperando que la recogiera, sin ninguna hostilidad en mis palabras, para que comprendiera que estaba dispuesto a practicar junto a ella y no con. De hecho estaba teniendo una idea que podía ser un problema en el futuro o la solución para muchos.
Nota

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)