12-02-2024, 08:42 PM
(Última modificación: 12-02-2024, 08:57 PM por Jolyne Jones.)
Aquella mañana me levanté angustiada, sudando incluso más que en la cosecha de sandías, tras soñar que Kosax emergía del mar con su cadera giratoria y secuestraba a nuestra gallina, esta vez pidiéndonos dos vacas a cambio de su libertad. Si no fuera porque vi con mis propios ojos su garganta desgarrada, me lo habría tomado como un presagio de que algo malo iba a suceder. Era como cuando en la granja soñaba que desaparecía nuestro espantapájaros e inmediatamente después se presentaba un cobrador a exigirnos algo de dinero. Sentí un escalofrío y salí rápidamente a la cubierta del barco para asegurarme de que todo seguía tal y como lo dejamos el día anterior; la gallina por ahí, la sangre en el suelo y la puerta rota. Sin perder ni un minuto más, me arremangué la chaqueta hasta el codo y saqué de mi bolsillo una pequeña libreta que había tomado prestada en una de mis incursiones al camarote de Aspros. – Veamos…
Empecé a apuntar con una estilográfica, también encontrada a bordo, todo lo que necesitaría para reparar el barco y darle un toque mas hogareño. Al fin y al cabo, ahora era nuestra casa. Mientras me organizaba como podía, Yojimbo se acercó a mí con una ocurrencia de lo más extraña. - ¿Dinosaurios? – me eché a reír. - ¿De qué demonios hablas? A pesar de lo rara que era la conversación, continué anotando cosas en el papel. Sin embargo, Triana y Aspros, que hasta ese momento habían estado ocupados con sus cosas, también mostraron curiosidad. Comprendí lo que me estaban preguntando y junto con el capitán, me pidieron explicaciones. – Ah, eso. Si te consuela, no es del todo así – contesté a Aspros. No podía negar haber comido algún bicho desde que conseguí esta apariencia, pero encontrar prados útilmente se hacía complicado.
Mientras Yojimbo hablaba, me puse a rascar la sangre seca del suelo con mi zapato. – ¿Cómo que repugnante? A mí me gusta – dije con orgullo mientras golpeaba suavemente mi pecho con la mano abierta. - Y que conste que no lo quería esconder. Lo cierto es que en Toko vi una fruta que me llamó la atención y cuando me la comí pasó esto. Fue como un zumbido, no pude resistirme – agité mis manos para tratar de explicarlo. – Os lo iba a decir aquel día, pero con todo lo que pasó allí teníais un humor de perros y con el tiempo dejó de parecerme tan importante. Pelillos a la mar. Encogí mis hombros. Nunca fue mi intención ocultarles nada, pero ya estaba acostumbrada a tener una apariencia distinta al resto. Por algo era la única cría con alas y antenas de mi pueblo. ¿Debería mencionárselo también?
-Por cierto, deberíamos poner algo de paja en el suelo, que luego me lo dejáis todo perdido – comenté mientras lo apuntaba en la pequeña libreta.
