[Pasado] [+18] - El mundo está borracho
#1
Día 59, invierno, año 10
East Ballywood | Reino de Ballywood | West Blue


OST PARA LA ESCENA

     Pensaba que Ballywood Boulevard me daría lo que estaba buscando, pero el tipo de comercios de aquella zona de la isla no me satisfizo. ¿Una espada? No. ¿Un bate? Por favor. ¿Un arco? Tampoco. ¿Un tirachinas? ¿UN TIRACHINAS?
     Estaba buscando un arma más... menos... No sabía el qué, pero no eso, desde luego. Aquellas eran armas típicas y yo no quería algo así. Bueno, típicas... Definamos "típico". La cuestión era que no me veía blandiendo nada de aquello. En mi cabeza lucía espectacular encontrar algún tipo de arma con la que me sintiese cómoda, una prolongación de mí. De momento, llevaba dos dagas, pero me eran insuficientes, como si hubiese algo que me estuviese perdiendo y no lograse dar con qué era.
     Llevaba dos días por Ballywood Boulevard cuando, en uno de mis whiskeys nocturnos de rigor, un tipo que me importaba un carajo intentó hacerse con su conquista nocturna de rigor y, vaya por dios, tuvo que tocarme a mí. Ligar, no ligó conmigo, pero conseguí llevar la conversación de modo que me reveló que, si quería buenas armas, armas de verdad, debía dirigirme a East Ballywood. Que, además de las fábricas y las viviendas de los trabajadores, también podía encontrar mercado negro si sabía dónde buscar. Y la mitad de la búsqueda me la reveló él: las tabernas.
     Por supuesto: todo conduce a las tabernas.
     El mundo está borracho.
     O, tal vez, alguien a quien le gusta beber se mueve en un ambiente de borrachos, como borracho que es.
     O borracha.
     Y, ni aun borracha, le daría a aquel ser tan simple el privilegio de liarse conmigo. Bastante lujo le había dado ya solo con dejarle hablarme. Y me había sido útil.
     Así que al día siguiente dejé mi hostal, que ni recuerdo el nombre, de Ballywood Boulevard para hospedarme en algún otro de East Ballywood. El ambiente era bastante distinto: más sucio, más industrial. Más oscuro. Más para alguien como yo. El Mirador era mi nuevo alojamiento. Mirador de no sé el qué exactamente, porque más bien miraba a ningún sitio. Una callejuela lóbrega y solitaria no contaba.
     Dormí hasta la noche para matar el tiempo y el aburrimiento. Luego, antes de salir a mi caza particular, me miré en el espejo. Guapa, sí, pero no tan oscura como para satisfacerme. Ahumé mis párpados con maquillaje negro, el mismo que empleé para colorear mis labios. Mi cabello caía, liso en toda su longitud, sobre mis hombros. Blanco, contrastaba con mis ropas de cuero también negro. La mirada oscura venía de serie, dibujada por mis iris grises demasiado claros y con tonalidades rojizas.
     En la calle hacía un frío horrible y las nubes que tapizaban la noche amenazaban con dejar caer la nieve en cualquier momento. No en vano había restos blancos de la noche anterior. Quien dice blancos, dice grises de pura suciedad.
     De hecho, estaban empezando a caer los primeros copos.
     El Cascarón era la taberna que el pobre diablo me había indicado. Una vez dentro, debía revelar una contraseña a quien regentase la barra. Si me pagasen por visitar tabernas —y por consumir lo que había dentro—, podría costearme un barco en condiciones. Pero no engañemos a nadie: un barco que se precie no puede manejarse con una tripulación de uno, por muchos conocimientos de navegación que yo tuviese. De momento, me bastaba como estaba.
     Con ambas manos empujé las puertas de madera que cerraban el local. La luz anaranjada del interior me hizo entrecerrar los ojos.

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[Pasado] [+18] - El mundo está borracho - por Maeve Knox - 14-02-2024, 07:53 PM

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