14-02-2024, 08:51 PM
(Última modificación: 14-02-2024, 09:14 PM por Kisuke Kageyama.)
OST
Kiuske no solía frecuentar East Ballywood, pero aquella vez tenía que hacerlo en verdad. Lo que él necesitaba solo podría encontrarlo en aquel agujero infecto de corrupción, drogas y tráfico de armas; los incidentes de sangre eran algo habitual en aquel tugurio y, aunque Kisuke no era ningún cobarde, tampoco era tan estúpido como para frecuentar un lugar en el que cada dos días había tres apuñalamientos, como poco.
No obstante, Kisuke nunca iba sin su querida Yamigiri, así que evidentemente, si algún pobre diablo buscaba asaltarle o simplemente le hinchaba las pelotas de más, iba preparado. Además, su entrenamiento diario había dado sus frutos con el paso del tiempo desde que recibiese a Yamigiri con apenas diecisiete años; ya no era aquel chavalito flacucho y vivaracho que hacía poco más que agitar un palo contra enemigos invisibles.
"El esfuerzo tiene su recompensa, al que se pase de listo, mínimo le hundo el tabique."
También era cierto que en sus pocas visitas a aquel lugar, no le había hecho falta emplear la violencia, su altura de dos metros y su musculatura tonificada, junto a su expresión de "me vale verga todo" y su aspecto avejentado, resultaban bastante intimidatoria para la mayoría de los tipejos que andaban por allí.
Al entrar en el distrito, el olor a cloaca ya le dio nauseas, y tuvo que sacar un cigarrillo y prendérselo para relajarse. Dio un par de caladas antes de continuar con su búsqueda; una tienda de armas donde debía comprar el equipo de mantenimiento para su katana, que ya necesitaba una urgente renovación. Sabía que en aquel lugar era donde iba a encontrar lo que necesitaba sin ningún tipo de problema.
"Este puto agujero huele a culo de mono mezclado con sobaco de siete días sin ducharse."
En realidad no tenía ni idea de a que olía aquella combinación pero el solo pensarlo era más que suficiente para hacerse una idea de que era algo cuanto menos desagradable, por no decir vomitivo. Caminando por la calle, y discretamente, iba fijándose en la decadencia de aquel distrito. Gente en un callejón pinchándose droga intravenosa, a tres puertas de allí un tipo con gabardina dándole discretamente a otro una piedra de hachís. Incluso vio a uno con una gabardina hasta los pies un sombrero de ala ancha y gafas de sol que desprendía un cierto olor a químicos.
"Este sé de qué palo va, así que a los degenerados asquerosos como tú, sé como tratarlos".
Había mucha gente y Kisuke buscó pasar lo más cerca posible de aquel tipo, así que al pasar a su lado, desenvainó ligeramente su katana y cortó el cinturón que sujetaba la gabardina de aquel tipejo. Entonces cuando empezó se rompió el cinto, Kiuske le puso la zancadilla y siguió caminando como si nada. El tipo tropezó y cayó completamente desnudo, no llevaba nada debajo de la gabardina, porque seguramente era un violador. La gente al verlo se escandalizó y empezó a chillar porque al caer había perdido también las gafas y el sombrero y su cara fue reconocida como la de un violador en serie que llevaba muchos crímenes a sus espaldas. Kisuke sin girarse en ningún momento, siguió caminando por la concurrida calle y solo oía los golpes del linchamiento que le estaban haciendo a aquel tipo.
"Bueno, un violador menos siempre es algo bueno, aunque que haya uno ya es demasiado para mi."
Siguió con su tarea de buscar el quipo de mantenimiento para Yamigiri, y, en una tienda, el dependiente entre susurros le comentó que había una taberna en la que encontraría material de la mejor calidad para lo que quería, aunque también intentó estafarle comprándole a Yamigiri por unos míseros cincuenta mil berries. Él no sabía el valor real de su katana, pero eso a él le importaba una mierda, puesto que lo importante de aquella espada era que, para Kisuke, portaba la voluntad de su padre. Tras salir de aquel sitio se encaminó al lugar que le había dicho el timador.
"Espero no olvidarme de la contraseña."
Le había dicho el timador que necesitaría susurrarle una contraseña al camarero para que le vendiese su mercancía "secreta", pero claro, sin tres dientes y con el labio partido después del puñetazo que se llevó por parte de Kisuke, fue difícil entender la dichosa contraseña.
La taberna en cuestión era un sitio lúgubre y bastante sucio. Tenía el suelo lleno de polvo y las luces de los candelabros revelaban multitud de telarañas por doquier. Tampoco fue algo que ahuyentase al pescador, al fin y al cabo, había comido en sitios peores, pero si le resultó ciertamente desagradable. Se acercó a la barra y le dijo al camarero:
-Señor Mugre, ponme una pinta de su mejor cerveza.
Puso un billete en la barra se sentó a esperar a que le sirvieran, necesitaba tiempo para recordar.
"¿Cuál coño era la puta contraseña que me dijo ese subnormal?"
No obstante, Kisuke nunca iba sin su querida Yamigiri, así que evidentemente, si algún pobre diablo buscaba asaltarle o simplemente le hinchaba las pelotas de más, iba preparado. Además, su entrenamiento diario había dado sus frutos con el paso del tiempo desde que recibiese a Yamigiri con apenas diecisiete años; ya no era aquel chavalito flacucho y vivaracho que hacía poco más que agitar un palo contra enemigos invisibles.
"El esfuerzo tiene su recompensa, al que se pase de listo, mínimo le hundo el tabique."
También era cierto que en sus pocas visitas a aquel lugar, no le había hecho falta emplear la violencia, su altura de dos metros y su musculatura tonificada, junto a su expresión de "me vale verga todo" y su aspecto avejentado, resultaban bastante intimidatoria para la mayoría de los tipejos que andaban por allí.
Al entrar en el distrito, el olor a cloaca ya le dio nauseas, y tuvo que sacar un cigarrillo y prendérselo para relajarse. Dio un par de caladas antes de continuar con su búsqueda; una tienda de armas donde debía comprar el equipo de mantenimiento para su katana, que ya necesitaba una urgente renovación. Sabía que en aquel lugar era donde iba a encontrar lo que necesitaba sin ningún tipo de problema.
"Este puto agujero huele a culo de mono mezclado con sobaco de siete días sin ducharse."
En realidad no tenía ni idea de a que olía aquella combinación pero el solo pensarlo era más que suficiente para hacerse una idea de que era algo cuanto menos desagradable, por no decir vomitivo. Caminando por la calle, y discretamente, iba fijándose en la decadencia de aquel distrito. Gente en un callejón pinchándose droga intravenosa, a tres puertas de allí un tipo con gabardina dándole discretamente a otro una piedra de hachís. Incluso vio a uno con una gabardina hasta los pies un sombrero de ala ancha y gafas de sol que desprendía un cierto olor a químicos.
"Este sé de qué palo va, así que a los degenerados asquerosos como tú, sé como tratarlos".
Había mucha gente y Kisuke buscó pasar lo más cerca posible de aquel tipo, así que al pasar a su lado, desenvainó ligeramente su katana y cortó el cinturón que sujetaba la gabardina de aquel tipejo. Entonces cuando empezó se rompió el cinto, Kiuske le puso la zancadilla y siguió caminando como si nada. El tipo tropezó y cayó completamente desnudo, no llevaba nada debajo de la gabardina, porque seguramente era un violador. La gente al verlo se escandalizó y empezó a chillar porque al caer había perdido también las gafas y el sombrero y su cara fue reconocida como la de un violador en serie que llevaba muchos crímenes a sus espaldas. Kisuke sin girarse en ningún momento, siguió caminando por la concurrida calle y solo oía los golpes del linchamiento que le estaban haciendo a aquel tipo.
"Bueno, un violador menos siempre es algo bueno, aunque que haya uno ya es demasiado para mi."
Siguió con su tarea de buscar el quipo de mantenimiento para Yamigiri, y, en una tienda, el dependiente entre susurros le comentó que había una taberna en la que encontraría material de la mejor calidad para lo que quería, aunque también intentó estafarle comprándole a Yamigiri por unos míseros cincuenta mil berries. Él no sabía el valor real de su katana, pero eso a él le importaba una mierda, puesto que lo importante de aquella espada era que, para Kisuke, portaba la voluntad de su padre. Tras salir de aquel sitio se encaminó al lugar que le había dicho el timador.
"Espero no olvidarme de la contraseña."
Le había dicho el timador que necesitaría susurrarle una contraseña al camarero para que le vendiese su mercancía "secreta", pero claro, sin tres dientes y con el labio partido después del puñetazo que se llevó por parte de Kisuke, fue difícil entender la dichosa contraseña.
La taberna en cuestión era un sitio lúgubre y bastante sucio. Tenía el suelo lleno de polvo y las luces de los candelabros revelaban multitud de telarañas por doquier. Tampoco fue algo que ahuyentase al pescador, al fin y al cabo, había comido en sitios peores, pero si le resultó ciertamente desagradable. Se acercó a la barra y le dijo al camarero:
-Señor Mugre, ponme una pinta de su mejor cerveza.
Puso un billete en la barra se sentó a esperar a que le sirvieran, necesitaba tiempo para recordar.
"¿Cuál coño era la puta contraseña que me dijo ese subnormal?"
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