17-02-2024, 12:07 PM
(Última modificación: 17-02-2024, 12:14 PM por Maeve Knox.)
OST DE LA ESCENA
—Lo más original de la semana... —repetí mientras observaba el cigarro perezoso de sus labios—. Así que acostumbras a recibir insultos, me pregunto por qué será. —Levanté una ceja, centrando la atención en sus ojos esta vez.
Después, expresó abiertamente que había quedado impresionado por mi "habilidad". No sé si se refería a la daga entre mis dedos o a mandar a tomar por culo a un imbécil. ¿Esto último contaba como habilidad? En cualquier caso, me sorprendía que me lo hubiese hecho saber. No solía recibir halagos por algo que no fuese mi envoltorio externo. No voy a mentir: sienta bien. Y no se conformó con eso, sino que continuó con la metáfora del mapache y la basura.
Después, expresó abiertamente que había quedado impresionado por mi "habilidad". No sé si se refería a la daga entre mis dedos o a mandar a tomar por culo a un imbécil. ¿Esto último contaba como habilidad? En cualquier caso, me sorprendía que me lo hubiese hecho saber. No solía recibir halagos por algo que no fuese mi envoltorio externo. No voy a mentir: sienta bien. Y no se conformó con eso, sino que continuó con la metáfora del mapache y la basura.
Y se dirigía a mí con respeto en su lenguaje. Yo no me andaba con tantos protocolos.
Vaya, a este sí le funciona el cerebro, comenté para mis adentros.
No era el prototipo de hombre que solía encontrarme en zonas pútridas como aquella, para variar, así que era algo que también sentaba bien.
Vaya, a este sí le funciona el cerebro, comenté para mis adentros.
No era el prototipo de hombre que solía encontrarme en zonas pútridas como aquella, para variar, así que era algo que también sentaba bien.
Me ofreció ayuda para lo que fuese que estaba buscando. Ojalá yo lo supiera. Entorné los ojos sin quitárselos de encima.
Bebí de nuevo, con la mirada clavada en el gris de la suya. A nuestro alrededor continuaba la jarana, el vocerío, las risas escandalosas, el sonido de jarras chocando unas con otras en ebrios brindis. Peticiones al camarero. La puerta del local que abrían de vez en cuando, dejando entrar una invernal brisa helada por unos segundos.
Se presentó. Kisuke. Pescador. Volvió a sonreír.
"Maeve, pirata de ningún sitio" no quedaba igual. De hecho, no era una buena carta de presentación. Los piratas no solíamos recibir cálidas bienvenidas, y con razón. Nuestro estilo de vida solía interferir en el de los demás y casi nunca para bien. A no ser que la otra parte fuese igual de cabrona. Si era cierto que aquel tipo era un pescador, sería buena persona. Una lógica de mierda, pero lógica al fin y al cabo.
—Maeve —dije, al fin. Dudé en si extender la mano, pero aquello no era un maldito encuentro de negocios. Al menos, no con él. Con el camarero y su gente, tal vez después. No lo hice—. ¿Qué trae a un pescador de Ballywood Beach a un antro como este?
¿Y qué hace un pescador con una katana? Eso no lo pregunté, pero me quedé mirándola sin disimulo. Tampoco él parecía preocuparse en ocultarla. Tal vez el arma no significase nada, pero mi experiencia (a aquellas alturas, extensa) me indicaba que ese hombre sabía más allá de cañas, redes y cebos.
Quizá fuese precisamente por la katana que decidí que mi siguiente revelación no le escandalizaría, así que la hice sin dejar —aún— que respondiese a mi anterior pregunta:
—Busco un arma.
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