17-02-2024, 02:33 PM
Así que buscaba un arma. Kisuke enarcó una ceja, aunque no le sorprendió el hecho de que buscase un arma, sino que se lo contase así, no era algo que esperase, ya que la joven parecía bastante hermética, pero, al ver que ella se fijaba en Yamigiri, entendió que él podría saber algo o quizá aconsejarla en su elección.
-Evidentemente, y como bien has dicho, me dicen muchos insultos por mi lengua larga... kuhahaha.
Dijo esto respondiendo al primer comentario de Maeve, y con una sonrisa sarcástica añadió:
-Así que Maeve, suena bien y creo que te pega. Te da un aire misterioso.
Se quedó un momento pensando, tampoco era tan estúpido como para revelar mucho de sí mismo, pero ella le había respondido con honestidad a su pregunta, así que le parecía feo no decirle que hacía él por esos lares. Así que señalando con la cabeza a Yamigiri le respondió:
-Simplemente busco un equipo para llevar el mantenimiento de mi katana. Y se que en este agujero infecto es donde hay mejor material bélico en toda la isla.
También era cierto que no parecía muy común ver a un pescador con katana, así que pensó que eso al menos si debería explicárselo, aunque fuese superficialmente.
-Se que no es común que un pescador lleve katana, pero es el último recuerdo de mi padre, y por eso la llevo, además de que no la llevo de adorno, simplemente, se defenderme con ella. kuhahaha.
Levantó su jarra ofreciendo un brindis a Maeve, le había caído bien y si podía ayudarla lo haría.
-Brindemos por este encuentro en el basurero.
En ese momento se dio cuenta de algo. Sus neuronas habían hecho contacto y había caído en un detalle. Si aquella joven estaba ahí y buscaba un arma, era más que probable que supiese la contraseña de los cojones que él había escuchado mal primero y olvidado completamente después. No estaba seguro pero tendría que probar suerte.
-Una cosa, Maeve. Por casualidad, ¿no estarás aquí precisamente para comprar el arma?
Esperaba no haber sido demasiado directo con esa pregunta, pero no conocía las sutilezas y detestaba dar rodeos. Así que continúo explicándose.
-Verás, yo estoy aquí por lo mismo, lo malo que el tipo que me dio la información estaba sin dientes y con el labio partido por intentar estafarme, así que, ¿podrías decirme la contraseña?
Diciendo esto se llevó la mano a la vaina de Yamigiri, como si mencionar de nuevo aquello fuese a hacer que desapareciese, y eso sería lo más doloroso que podría pasarle al pescador en aquellos momentos, era el recuerdo de su padre y la conservaría hasta el fin de sus días, cumpliendo con el anhelo del viejo.
-Simplemente busco un equipo para llevar el mantenimiento de mi katana. Y se que en este agujero infecto es donde hay mejor material bélico en toda la isla.
También era cierto que no parecía muy común ver a un pescador con katana, así que pensó que eso al menos si debería explicárselo, aunque fuese superficialmente.
-Se que no es común que un pescador lleve katana, pero es el último recuerdo de mi padre, y por eso la llevo, además de que no la llevo de adorno, simplemente, se defenderme con ella. kuhahaha.
Levantó su jarra ofreciendo un brindis a Maeve, le había caído bien y si podía ayudarla lo haría.
-Brindemos por este encuentro en el basurero.
En ese momento se dio cuenta de algo. Sus neuronas habían hecho contacto y había caído en un detalle. Si aquella joven estaba ahí y buscaba un arma, era más que probable que supiese la contraseña de los cojones que él había escuchado mal primero y olvidado completamente después. No estaba seguro pero tendría que probar suerte.
-Una cosa, Maeve. Por casualidad, ¿no estarás aquí precisamente para comprar el arma?
Esperaba no haber sido demasiado directo con esa pregunta, pero no conocía las sutilezas y detestaba dar rodeos. Así que continúo explicándose.
-Verás, yo estoy aquí por lo mismo, lo malo que el tipo que me dio la información estaba sin dientes y con el labio partido por intentar estafarme, así que, ¿podrías decirme la contraseña?
Diciendo esto se llevó la mano a la vaina de Yamigiri, como si mencionar de nuevo aquello fuese a hacer que desapareciese, y eso sería lo más doloroso que podría pasarle al pescador en aquellos momentos, era el recuerdo de su padre y la conservaría hasta el fin de sus días, cumpliendo con el anhelo del viejo.
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