21-02-2024, 11:17 AM
—Doscientas seis —repetí . Si yo llegase por casualidad a ese número de flexiones, estaría lista para que me amputasen los brazos. Bueno, dado el estado físico de la semi oni, no era de extrañar—. Vaya, me halagas al creer que podría haber sido producto de tu imaginación —dije después mientras acariciaba el suavísimo pelaje negro de Mandarina. Lo notaba ronronear bajo mis dedos.
Por supuesto, le estaba tomando el pelo a Eaa.
Que estaba entrenando, ya lo había visto. Menuda energía tenía por la mañana temprano. Igual era algo propio de su raza. O pura fuerza de voluntad. O las dos cosas.
—Estaba dando un paseo. No podía dormir. —Tampoco eran necesarios más detalles.
Entonces, afirmó que como ella no tenía "ojos de panda", su recompensa no era tan alta como la mía y que por eso entrenaba, para ver si se la subían. ¿En serio había dicho eso?
—Sí que debes de haberte dado un buen golpe en la cabeza. —Torcí el gesto. Qué puta manía de compararme con un oso—. Ojos de panda no tendrás, pero estás como una puta cabra, y no solo por los cuernos.
Luego me propuso entrenar con ella. O, según ella, cualquier otra cosa.
Arqueé las cejas. Entrenar. A esas horas. A ver, me gustaba hacer ejercicio en ocasiones, ya que más me valía mantenerme en forma si quería desenvolverme bien en las peleas. O si tenía que escabullirme en una persecución. Y porque me gustaba, me hacía sentir bien y me ayudaba a liberar tensiones. Pero no esperaba tal proposición aquel día, en mi paseo matutino. Y, seré sincera: físicamente, Eaa me daba mil vueltas. Entrenar con ella me condenaba a quedar siempre por debajo en cualquier ejercicio que me propusiera, y tengo mi orgullo.
Aunque, bueno, si el ejercicio era volar, salvo sorpresa, estaba segura de que ganaría yo. Pero, por alguna razón, no quería desvelar mi akuma no mi. Todavía. Tal vez, si el destino nos seguía uniendo, lo hiciera algún día en su presencia.
Por supuesto, no le diría nada de esto a la pelirroja. Aparte de orgullo, tenía una reputación que mantener.
—No te preocupes por mí, tú puedes seguir entrenando, haz como si yo no estuviera. Me quedaré aquí con Mandarina tranquilamente. —No había dejado de acariciar a aquel gato adorable. Claro, que si había propuesto una alternativa es que quizá le apeteciese algo diferente—. Si no, ¿qué te apetece? Salvo pasear o algo así, no hay mucho más que hacer por aquí. Igual aprovechas más el tiempo con tus flexiones y tus cosas.
Otra alternativa, que tampoco dije, era cazar. No siempre había tenido la posibilidad de comer de un plato y, como buitre, solía tener éxito haciéndome con alguna presa. Aunque los buitres como animales son carroñeros, prefería algo recién muerto, y no con el proceso de putrefacción iniciado. Pero cazar no era una opción por la misma razón por la que no quería volar.
En cualquier caso, noté que Eaa no me miraba a la cara al hablarme. Quizá por cansancio, quizá porque estaba siendo educada y en realidad quería seguir entrenando sin ser molestada.
—O puedo irme, así no te interrumpo.
Total, aún quedaba mucho bosque por explorar. Y no había desayunado.
Que estaba entrenando, ya lo había visto. Menuda energía tenía por la mañana temprano. Igual era algo propio de su raza. O pura fuerza de voluntad. O las dos cosas.
—Estaba dando un paseo. No podía dormir. —Tampoco eran necesarios más detalles.
Entonces, afirmó que como ella no tenía "ojos de panda", su recompensa no era tan alta como la mía y que por eso entrenaba, para ver si se la subían. ¿En serio había dicho eso?
—Sí que debes de haberte dado un buen golpe en la cabeza. —Torcí el gesto. Qué puta manía de compararme con un oso—. Ojos de panda no tendrás, pero estás como una puta cabra, y no solo por los cuernos.
Luego me propuso entrenar con ella. O, según ella, cualquier otra cosa.
Arqueé las cejas. Entrenar. A esas horas. A ver, me gustaba hacer ejercicio en ocasiones, ya que más me valía mantenerme en forma si quería desenvolverme bien en las peleas. O si tenía que escabullirme en una persecución. Y porque me gustaba, me hacía sentir bien y me ayudaba a liberar tensiones. Pero no esperaba tal proposición aquel día, en mi paseo matutino. Y, seré sincera: físicamente, Eaa me daba mil vueltas. Entrenar con ella me condenaba a quedar siempre por debajo en cualquier ejercicio que me propusiera, y tengo mi orgullo.
Aunque, bueno, si el ejercicio era volar, salvo sorpresa, estaba segura de que ganaría yo. Pero, por alguna razón, no quería desvelar mi akuma no mi. Todavía. Tal vez, si el destino nos seguía uniendo, lo hiciera algún día en su presencia.
Por supuesto, no le diría nada de esto a la pelirroja. Aparte de orgullo, tenía una reputación que mantener.
—No te preocupes por mí, tú puedes seguir entrenando, haz como si yo no estuviera. Me quedaré aquí con Mandarina tranquilamente. —No había dejado de acariciar a aquel gato adorable. Claro, que si había propuesto una alternativa es que quizá le apeteciese algo diferente—. Si no, ¿qué te apetece? Salvo pasear o algo así, no hay mucho más que hacer por aquí. Igual aprovechas más el tiempo con tus flexiones y tus cosas.
Otra alternativa, que tampoco dije, era cazar. No siempre había tenido la posibilidad de comer de un plato y, como buitre, solía tener éxito haciéndome con alguna presa. Aunque los buitres como animales son carroñeros, prefería algo recién muerto, y no con el proceso de putrefacción iniciado. Pero cazar no era una opción por la misma razón por la que no quería volar.
En cualquier caso, noté que Eaa no me miraba a la cara al hablarme. Quizá por cansancio, quizá porque estaba siendo educada y en realidad quería seguir entrenando sin ser molestada.
—O puedo irme, así no te interrumpo.
Total, aún quedaba mucho bosque por explorar. Y no había desayunado.
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