[Pasado] [+18] - El mundo está borracho
#17
OST DE LA ESCENA

     —No necesito un caballero de brillante armadura —le contesté a Kisuke cuando se puso delante de mí asegurando que no dejaría que me volviesen a hacer daño.
     Matizo: "si no puedes, dímelo", había dicho. "Si no puedes", condicional, poniendo encima de la mesa la posibilidad de que podría poder. Esa señal de respeto me había pillado con la guardia baja. Y aun así, había preferido responderle de forma no muy amable. No estoy acostumbrada a que nadie quiera protegerme, lo suelo hacer yo sola. A veces mejor, a veces peor, pero sin ayuda. Con todo, no pude evitar sentir cierto alivio al saberle de mi lado.
     Y más teniendo en cuenta que, a pesar de mis palabras y mi cabezonería, el mareo seguía in crescendo. 
     Después, retó a Kahn y se rio. Debía de sentirse muy seguro de sí mismo.
     Definitivamente, no podía quedarme allí parada regodeándome en mi malestar. Esa hija de puta me había inyectado algo que, sin duda, estaba afectando a mis capacidades, pero, mientras pudiese, no le daría el gusto de sucumbir a ello.
     Se me haría muy cuesta arriba, pues me había empezado a temblar las piernas. Y eso me enfureció.
     Ya no llevaba encima ninguna de mis dagas: las dos harpías las tenían consigo. La parte buena es que nos encontrábamos en una sala repleta de armas. No me pondría exquisita: utilizaría cualquiera a mi alcance para tratar de arrancarle la vida a esa lagarta. Confiaba en que Kisuke no tuviese problemas con el mostrenco de ojos rasgados.
     Mis piernas afectadas y las vueltas en mi cabeza me hicieron tambalearme al arrancar, pero salí de detrás de Kisuke y me lancé a por un arma, la que fuese. Me hice con una lanza de madera negra y punta muy afilada, forjada con un estilo enrevesado pero mortal. O eso esperaba yo, que lo fuese. Mi equilibrio no era el mismo, pero me obsesioné con que no podía fallar.
     Como pude, corrí hacia Brenda y, sujetando la lanza con ambas manos, intenté ensartarla, clavársela en el estómago. Ella fue más rápida —¡joder!— y agarró el palo sin dejar que la punta llegase a su cuerpo. Lo solté a tiempo, porque tiró la lanza por los aires. Estoy segura de que, si no me hubiese apartado, yo habría salido volando también.
     Cerré los párpados con fuerza una vez más tratando de despejar la mente. Era algo que tampoco podía permitirme, pues cualquier segundo sin visión podía significar un desenlace fatal para mí.
     Debía coger otra arma, la que fuese. Vi un trabuco a mi alcance. Me hice con él, apunté y disparé. Sin munición, claro. Me cago en mi vida, me lamenté. Mi opción fue lanzarle el trabuco a la cara. Por supuesto, lo esquivó sin problema.
     —¿Eso es todo lo que tienes? HIAHIAHIA —rio Brenda. Su voz era aún más grave en aquella forma híbrida. Su burla hirió mi orgullo—. No te resistas, terminarás cayendo igual, aunque no te lo haya inyectado todo. La idea era dormirte de forma inmediata, pero esto será aún peor para ti, porque no será rápido y te aseguro que yo no voy a tener clemencia. —Sonrió con una larga hilera de dientes puntiagudos—. Pero no te preocupes, no quiero matarte, de momento. Solo hacerte sufrir. 
     Muy alentador, pensó mi mente nublada. La muy desgraciada me hizo sentir un escalofrío al imaginar, en milésimas de segundo, que cumplía su amenaza. Eso no va a pasar, traté de convencerme.
     La siguiente arma fue una espada. Nunca había peleado con una, así que sabía que no tenía ni la más mínima oportunidad. Pero debía probar. Tentando a mi suerte, me lancé contra ella de nuevo, solo que ahora debía aproximarme aun más. De un manotazo me tiró contra el suelo, pero al menos conseguí que el filo le hiciera un corte en el antebrazo. Comenzó a sangrar y a mirarme con un extraño brillo en los ojos, como si estuviese hambrienta y solo yo pudiese calmar su ansia. Me levanté rápido, todo lo que pude, y corrí hacia una de las sillas. Ella se colocó frente a mí en dos pasos. Cogió la silla sin esfuerzo y la lanzó hacia un lado, en concreto, hacia Kisuke.
     —¡¡KAHN, INÚTIL, INYÉCTASELO!! —tronó Brenda, mirando hacia los dos hombres vivos de la sala.
     Después, su atención volvió a mí.
     Fue entonces cuando hice mi movimiento. En su descuido, yo había tenido tiempo de coger otra espada, la que fuese, y ahora, con un movimiento veloz, la clavé en el empeine de una de sus enormes patas de reptil. La atravesé entera hasta que noté cómo la punta de la espada se hundía en el suelo. 
     El grito de Brenda fue desgarrador.
     No me dio tiempo a ninguna otra acción, pues, lejos de paralizarse, me echó la garra encima y me cogió del pelo, alzándome del suelo todos los metros que me separaban de su fea cara, situándome frente a ella. También yo grité, el dolor en mi cuero cabelludo era intenso y punzante.
     —¡Te arrepentirás de esto, zorra! —gritó.
     Mi mente espesa quería hacerme cerrar los ojos, sucumbir a la sedación que luchaba por dormirme, por dejarme descansar del dolor, pero mi voluntad de supervivencia la estaba manteniendo a raya.
     Entonces, Brenda comenzó a acercarme a sus fauces, abiertas. Abrí mucho los ojos al darme cuenta de que quería usar esos dientes conmigo.
     Ni de coña.
     Por suerte, junto con la espada, me había hecho con una tercera daga, una perteneciente al arsenal de aquellos gilipollas. 
     Tenía que arriesgarme a estar lo suficientemente cerca, podía morderme, pero debía hacerlo si quería tener algo de éxito. Con el corazón a mil revoluciones, y en el momento en el que sentí su cálido aliento en mi cuerpo, me impulsé con las fuerzas que conseguí reunir y ataqué su rostro con la daga. Se la hundí en un ojo.
     El aullido fue más aterrador que el anterior.
     La respuesta automática de Brenda fue lanzarme por los aires. Fue un vuelo rápido, directo. Mi espalda chocó contra una pared. O lo que debería haber sido una pared, puesto que se rompió al chocar mi cuerpo contra ella. Era una puerta. Los trozos de madera salieron volando.
     Volví a gritar.
     Caí de espaldas. El golpe me cortó la respiración.
     El aturdimiento me había hecho su presa. Todo me daba vueltas. Como pude, abrí los ojos. Me di cuenta de que ahora estaba en otra estancia. Las velas lo iluminaban todo con anaranjado fulgor. Entonces, un fuerte olor me golpeó. Era un aroma intenso, peculiar. Identificable. Era...
     Sangre.
     Sin poder levantarme, eché la cabeza hacia atrás para poder ver dónde me encontraba. Y lo que vi me heló las venas.
     Numerosos cuerpos yacían, desmembrados, en lo que parecían máquinas de tortura. Vísceras en cubos. Miembros sueltos encima de muebles, mesas, por el suelo. La sangre abundaba por cualquier superficie, incluso manchaba mi cuerpo, tirada en el suelo como estaba. Herramientas de cortar, de arrancar, de aplastar.
     Me quedé paralizada.
     La visión era terriblemente espantosa.


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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - por Maeve Knox - 21-02-2024, 01:13 PM

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