25-02-2024, 11:00 PM
(Última modificación: 26-02-2024, 11:41 AM por Maeve Knox.)
Escuché los comentarios de Eaa mientras caminábamos bajo la lluvia por los caminos del Bosque Umbrío; caminos que no eran tales, pero nosotras los encontrábamos entre los árboles. Regresábamos al lugar donde me había encontrado a la semi oni entrenando.
"Me escapé del infierno para poder vivir según mis normas".
Vaya, buena frase. Muy, muy buena. Yo misma podría aplicarla a mi historia de vida. Podría convertirse incluso en un mantra. Normalmente, cuando alguien elige ser pirata es porque su anterior vida, aquella que una vez pretendió ser legal, le ha fallado.
Volvió a hacer alusión a "dejar huella", mi frase. Me dio algo de reparo de nuevo, pero en el fondo no sonaba tan mal. Incluso si una moría, un cartel de recompensa registraría tu rostro para siempre, aun cuando pasaran los años y los carteles quedasen, polvorientos, al fondo de un cajón. Pero ahí seguirían, recordando que en algún momento hubo alguien que hizo que la Marina movilizase sus filas.
Luego, una proposición: me pidió —bajo el disfraz de pregunta— si podía encargarme de Mandarina si alguna vez le pasaba algo.
—Sé que estaría feliz conmigo, pero más lo es contigo, así que procura que no te ocurra nada si no quieres darle un disgusto al bichillo. —Alcé la mano para rascarle bajo la barbilla—. Pero si te quedas más tranquila, sí, me ocuparía de él. Y si ya me pasa algo a mí... es muy listo, sabrá apañárselas llegado el caso.
Como si me hubiese entendido, Mandarina restregó su cabeza contra mi mano, que todavía tenía a su altura.
Me sonaron las tripas. Mi estómago había decidido reclamar lo que era suyo de un modo poco delicado.
—Bueno qué, ¿me llevas a tomar ese chocolate o no?
"Me escapé del infierno para poder vivir según mis normas".
Vaya, buena frase. Muy, muy buena. Yo misma podría aplicarla a mi historia de vida. Podría convertirse incluso en un mantra. Normalmente, cuando alguien elige ser pirata es porque su anterior vida, aquella que una vez pretendió ser legal, le ha fallado.
Volvió a hacer alusión a "dejar huella", mi frase. Me dio algo de reparo de nuevo, pero en el fondo no sonaba tan mal. Incluso si una moría, un cartel de recompensa registraría tu rostro para siempre, aun cuando pasaran los años y los carteles quedasen, polvorientos, al fondo de un cajón. Pero ahí seguirían, recordando que en algún momento hubo alguien que hizo que la Marina movilizase sus filas.
Luego, una proposición: me pidió —bajo el disfraz de pregunta— si podía encargarme de Mandarina si alguna vez le pasaba algo.
—Sé que estaría feliz conmigo, pero más lo es contigo, así que procura que no te ocurra nada si no quieres darle un disgusto al bichillo. —Alcé la mano para rascarle bajo la barbilla—. Pero si te quedas más tranquila, sí, me ocuparía de él. Y si ya me pasa algo a mí... es muy listo, sabrá apañárselas llegado el caso.
Como si me hubiese entendido, Mandarina restregó su cabeza contra mi mano, que todavía tenía a su altura.
Me sonaron las tripas. Mi estómago había decidido reclamar lo que era suyo de un modo poco delicado.
—Bueno qué, ¿me llevas a tomar ese chocolate o no?
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