Leyenda
Me hizo muy feliz ver que a la albina también le gustaba el regalo que había conseguido para mi pequeñín. Ahora podía estar completamente segura de que a Mandarina le iba a gustar. Parece que después de que Diana se marchase, por fin podríamos disfrutar de lo que quedaba del desayuno y charlar de nuestras cosas. No hablábamos de ningún tema profundo, lo cual era incluso mejor. Siempre había querido poder hablar con alguien con naturalidad, de lo primero que fuera surgiendo. - Pues hay saltamontes que pueden cambiar de color, ¿sabías? - expliqué, siguiendo con el tema sobre pasar desapercibidas. Lo había leído en un libro en Ohara. - Sería muy útil, la verdad. ¿Eaa? No, no me suena. Tiene nombre como de albina y muy guapa, pero como ves, yo soy rosa y me llamo Fresa - hablé, poniendo la típica cara de detective de incógnito. El tema derivó rápidamente hacia la música. Inicié yo el tema, queriendo conocer más sobre los gustos de la mujer que tenía en frente. Sonreí, mirando a esta aunque asegurándome de no mirarle a los ojos. Desde mi punto de vista, Maeve parecía una persona completamente diferente cuando hablaba de cosas que le gustaban. Estaba segura de que por unos instantes tendría ese característico brillo en la mirada. Por mucho que me gustara verlo y comprobarlo, no iba a hacerlo pues no quería interrumpir lo que a todas luces parecía un bonito momento para ella, sobre todo después de todo lo sucedido con Diana.
No recuerdo en qué momento dejamos de hablar de música y terminamos hablando del clima local. Ese aberrante clima local al que ya me había medio acostumbrado. Fue entonces cuando otra voz volvió a interrumpir el nuevamente agradable ambiente. - Con lo mucho que nos ha costado volver a estar guay. - suspiré, mientras aprovechaba para recoger mis cosas y dejaba a Mandarina sobre la mesa. Le hice un gesto para que se mantuviera alejado a la vez que cogía un platos que contenía una de las llamadas cookies, aunque a mí me parecían galletas de chocolate normales.
- Pues que salimos muy guapas en nuestros... - miré el cartel de la mesa a la vez que me levantaba y mordía la galleta. Estaba realmente deliciosa, no estaba al nivel de la Red Velvet pero esque esa tarta parecía de otro mundo. Arqueé una ceja. Como para no, puesto que acababa de ver mi cartel de recompensa, con una macabra dedicatoria de Maeve. Muy suya, para ser sinceros. - ¿Qué cojones he firmado yo entonces? - pregunté extrañada. Por alguna razón me mosqueé sobremanera. Esperaba que lo que hubiera firmado no fuera ninguna clase de contrato extraño o si no lo mismo me obligaban a trabajar allí fregando platos.
Empieza la pelea
Me giré bruscamente en dirección al grupo - Lo que estaba diciendo, que habéis jodido todo - dije, enormemente enfadada y lancé el plato vacío hacia el guardia que había abierto la boca.
Ruido de grillos...
Todo se quedó en silencio mientras veía el daño causado por mi improvisado ataque. El plato había golpeado en toda la boca al hombre, pero no al guardia al que yo había tirado el plato, si no al hombre que nos había señalado. No era para nada mi intención, pero parándome a pensarlo, aquel señor también se lo merecía. No estaba segura de que aquel hombre fuera a sobrevivir a ese golpe, pero de si ese metomentodo salía de aquella, no no iba a comer sólido nunca más.
- Atacar a un civil inocente es un grave crimen contra la Ciudad de Murkhold. Esto, sumado a lo anterior supone pena...
Vuelve la pelea
- ¡Me da absolutamente igual trozo de mierda! - No le dejé terminar su estúpida frase. Salté hacia él y le di un rodillazo en la mandíbula, haciendo que se mordiera la lengua y cayera al suelo directamente.Me giré para dar una patada a otros dos guardias cercanos, los cuales cayeron también al suelo. No se cómo me las ingeniaba para terminar rodeada siempre de tipos indeseables, pero aunque esta vez estaba rodeada por ocho me sentía segura, pues, detrás de mí, se encontraba mi única amiga, aquella persona en quien sabía que podía confiar plenamente. O por lo menos si de una pelea se tratase. - Al final sí voy a ver qué sabe hacer con el látigo, jijiji - pensé, dejando escapar una risita.
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