[Pasado] [+18] El chocolate prometido
#10
     Eaa se vio realmente enfadada por la aparición de esos indeseables con sus uniformes. O disfraces, como me gustaba verlo. Les echó en cara la interrupción de nuestro placentero —unas veces más que otras— desayuno, o quizá se refiriese a nuestra conversación. La cuestión era que lanzó el plato con gran fuerza en dirección a esa gentuza. No sé cuál era su intención inicial, pero el plato le reventó la boca no a ninguno de los guardias, sino al hombre que había decidido cagarla ese día al delatarnos. 
     El karma llegó de la mano de la semioni y, no mentiré, resultó placentero.
     En mi posición, de pie y habiendo avanzado algunos pasos, observé cómo la pelirroja le dedicó un insulto a gritos al tipo de uniforme que empezaba a relatar, como un loro, los crímenes de no sé qué y bla bla bla. Pobres loros, no se merecen tal comparación. Entonces, Eaa se lanzó contra él, golpeándolo con su enorme rodilla y, a continuación, tumbando a otros dos.
     Qué hartura de gente, de verdad, si es que ellos solitos se buscan la ruina.
     No quería quedarme ajena a la fiesta, así que asumí mi turno.
     Quedaban ocho.
     Comencé la carrera, desenrollé el látigo de mi cintura y, con la sensación familiar de mi mano derecha encajando a la perfección con el mango, le hice trabajar. La cadena metálica viajó por el aire entre ondas y, tal y como pretendía, se enrolló en el cuello del desgraciado que tenía más cerca. Tiré hacia mí y de inmediato cayó hacia delante. En ese momento, di un salto y, valiéndome del agarre, me impulsé y salté. En el aire, sin soltar el látigo enganchado en él y para volver a tomar impulso, me apoyé con los pies en los hombros del guardia, tiré hacia arriba, avancé hacia su espalda mientras caía. Su cuello cedió. Desenrollé el arma y, antes de que su cuerpo tocara el suelo, ya estaba saltando de nuevo.
     Durante los nuevos milisegundos en el aire, pude ver como dos se abalanzaban hacia mí con los rostros desencajados. Estaban a medio camino de desenvainar sus espadas. La suela de mis botas se encontró con uno de ellos antes, impactando contra el pecho. El guardia perdió el equilibrio, retrocedió unos cuantos pasos y cayó de culo al suelo. El otro, para mi sorpresa, consiguió agarrarme del brazo y cortar mi trayectoria original.
     —Te tengo, pirata —dijo con cierta dificultad por el esfuerzo de intentar sujetarme.
     Durante un instante, mis movimientos se vieron limitados por sus manos —era más grande que yo—, pero cometió el error de dejar su antebrazo a la altura de mi boca. Sin pensármelo dos veces, le mordí. Lo hice con tanta fuerza que comenzó a sangrar. También a gritar. Aflojó su agarre el tiempo suficiente como para que me escabullera. Me coloqué detrás de él, cogí el látigo por ambos extremos y lo coloqué delante de su cuello. Tiré hacia atrás, hacia mí, ahogándolo. Admito que era fuerte, físicamente más que yo, pero eso no me amedrentó. Los pinchos metálicos del látigo se fueron hundiendo en su carne. 
     De pronto, noté cómo alguien trataba de tirar de mí hacia atrás mientras que sujetaba por ambos brazos. Era el mismo que había dando con su culo en el suelo antes. Mierda, me estaba separando de mi presa. Forcejeé, haciendo fuerza hacia el otro lado pero el guardia no me soltaba. Estaba consiguiendo apartarme de mi objetivo. Y yo estaba segura de que si todos se me echaban encima, mis posibilidades de victoria se reducían mucho. Así que intenté lo más básico: di una patada hacia atrás con el talón, como un caballo propinando una coz, buscando impactar en su zona más sensible. Una patada en los cojones de toda la vida. Y vaya si acerté. Noté cómo el guardia me soltaba, debía de estar retorciéndose de dolor. 
     Yo no podía perder el tiempo con el otro al que todavía estaba encaramada por detrás, así que volví a apretar con el látigo. Lo agarré por los dos extremos con una mano para quedarme con la otra libre, y con esta segunda busqué sus ojos. Le hundí los dedos. El tipo gritó, uniéndose al coro de berridos de la gente de a pie de la cafetería. El guardia herido cayó de rodillas, llevándose las manos a la cara. Vulnerable como estaba, le solté y también le di una patada, a él en la cara. Se desplomó hacia delante.
     Otros tres fuera de combate. Quedaban cinco.
     Me giré hacia ellos, respirando con cierta agitación, y los miré, evaluando la situación. Veía duda en sus rostros, pero también la necesidad de cumplir con la obligación que les exigían sus uniformes. Debía estar atenta, pues en cualquier momento también podía levantarse cualquiera de los otros que dejé por los suelos, si es que encontraban las fuerzas.
     Me coloqué en posición defensiva, dispuesta a cubrir la distancia que me separaba del grupo que quedaba para acabar con aquello de una puta vez.


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[Pasado] [+18] El chocolate prometido - por Eaa - 26-02-2024, 11:44 AM
RE: [Pasado] El chocolate prometido - por Maeve Knox - 26-02-2024, 03:35 PM
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