[Pasado] [+18] El chocolate prometido
#12
     Cerca de mí, otros dos guardias atacaron a Eaa. Escapaba a mi entendimiento cómo podían pensar que con esas armas de mierdas podían hacerle algo relevante a la pelirroja. Cierto era que estaban en superioridad numérica —cada vez menos—, pero también en inferioridad de sentido común. Total, que cayeron otros dos a manos de la semioni.
     Con esto, tan solo quedaban tres.
     Entonces, Eaa anunció que se marchaba a no sé dónde a hacer no sé qué. ¿En serio? ¿Tenía algo que hacer más importante que espachurrarle las cabezas a esa gente? Dijo que volvía enseguida. Puse los ojos en blanco.
     —Ya están viendo lo que puedo hacer —le respondí, aunque no estaba segura de si me había llegado a escuchar, tal era su prisa—. Y lo van a seguir haciendo.
     Ahora miraba a los tres desgraciados con uniforme que se encaraban a mí. Era sorprendente cómo mantenían la voluntad de querer seguir peleando cuando ya habían observado lo que les había sucedido a sus compañeros. Podrían estar pensando que serían ellos quienes se alzarían con la victoria y la pequeña fama de haber derrotado y capturado a dos piratas. En mi mano estaba frustrar sus deseos.
     Uno me lanzó una estocada con su espada que pude esquivar con facilidad. Estaban nerviosos, y lo sabían tanto ellos como nosotras. Otro trató de imitar a su anterior compañero caído e intentó colocarse detrás de mí para agarrarme una vez más. Lento. Me giré hacia él y lo envolví con el látigo de un golpe. Teniéndolo sujeto, le di una patada en el estómago, lo que hizo que sus rodillas flaqueasen. De un tirón lo desenrollé, y el guardia perdió el equilibrio, cayendo contra un pequeño mueble con ruedas cargado de pasteles. Todos esos pasteles salieron volando en diferentes direcciones, si es que no habían tenido la mala suerte de aplastarse bajo el peso del tipo.
     Esta vez sí noté el dolor. Al haberme centrado en este último, había dado la espalda a los otros dos. Error mío. Llega un momento en el que no se puede estar a todo. Mi costado izquierdo comenzó a sangrar. Notaba que fue un corte superficial, pues al sentir la espada conseguí apartarme unos centímetros, pero corte al fin y al cabo. La tela oscura de mi camiseta también mostraba una rotura. Se estaba empapando.
     Que hubiesen conseguido herirme me enfadó muchísimo, no tanto por esa gentuza, sino por mí misma y mi incapacidad de haberlo evitado, incluso cuando preveía que no sería para tanto.
     —Hijo de puta —me terminé de girar hacia él. Hacia ellos más bien, los dos que quedaban.
     Al haber visto que uno había conseguido alcanzarme, se vinieron arriba y comenzaron a lanzarme espadazos como si supieran lo que estaban haciendo. Y no, no lo sabían, porque de haberlo sabido, no habrían descuidado el movimiento de sus brazos, dejándolos tan expuestos para que mi látigo engullese uno de ellos. En este caso, el del guardia de la izquierda. La cadena enrollada cortó su movimiento y, cuando di un fuerte tirón hacia mí, el ángulo dibujado le rompió el codo. Gritó, lo solté. Y el muy desgraciado no se dio por vencido. Vino en mi dirección tan solo con sus puños, pero un nuevo latigazo en el brazo herido le rompió la intención, derribándolo de dolor.
     Luego el compañero.
     —Putas zorras, esto no va a acabar así —gruñó el único que quedaba en pie. 
     —Desde luego que no.
     Volvió a atacarme con su espada. El filo rebanó algunos de mis cabellos, que se quedaron flotando en el aire mientras yo esquivaba cada uno de sus intentos. Me escocía el costado izquierdo, intensificándose en cada movimiento. Lancé el látigo hacia él un par de veces, pero no logré impactar. En una ocasión, uno de los clientes de la cafetería, tirando de una absurda valentía, se acercó hacia mí y, como ni lo esperaba ni lo vi venir, me asestó un puñetazo en la cara. Trastabillé hacia atrás, encontrándome con una de las mesas del Dream Coffee. Apoyé la mano manchada de mi propia sangre en el mantel para no caerme, y lo que hallé sirvió para enseñarle a aquel desgraciado que la vida real no es como las novelas. Clavé el cuchillo en su garganta. Cayó fulminado.
     Me encaré al guardia una vez más. Ahora también me sangraba la nariz, latiéndome de la hostia que me había propinado el puto justiciero aleatorio. Se lanzó contra mí intentando alcanzarme de nuevo, pero conseguía evitarlo. Hasta que, por fin, en uno de sus saltos, espada en alto, en los que pretendía ensartarme, conseguí engancharlo yo primero y desviar su trayectoria al suelo, donde me subí encima de él. Jadeando por el esfuerzo, llevé ambas manos a su cuello y apreté hasta que no respiró más.
     Ninguno de los espectadores trató de hacerse el héroe esta vez.


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[Pasado] [+18] El chocolate prometido - por Eaa - 26-02-2024, 11:44 AM
RE: [Pasado] El chocolate prometido - por Maeve Knox - 26-02-2024, 03:35 PM
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