[Presente relativo] Operación Biblioteca
#2
Leyenda


Con las indicaciones de Karl me fue bastante sencillo encontrar la biblioteca. - No se cómo no la he visto antes - pensé, pues era un edificio que se veía muy bien cuidado, bastante más cuidado que el resto de edificios cercanos, y eso que me encontraba en la zona donde todos aquellos ricos vivían. Me mantuve alejada de la puerta de la biblioteca. Por suerte para mí, a diferencia de la biblioteca de Ciudad Murkhold, en esta no parecía
haber guardias custodiando la entrada ni vigilando a cualquiera que quisiera entrar o salir. - Algún día tenemos que volver - murmuré. Me dolió mucho no haber podido entrar en la biblioteca de Murkhold. Sabía que iba a ser difícil, pero esperaba poder quitarme en algún momento aquella espinita que tenía clavada.

Me dirigí con paso firme a la biblioteca. Entré, con la capucha todavía puesta, y continué andando, alejándome de la puerta y de la bibliotecaria. Me fui a uno de los pasillos más alejados, donde comencé a ojear los distintos libros que había allí. Me encontraba en la sección de historia. Aproveché para informarme un poco acerca del propio reino de Ballywood.

Leí acerca de sus cuatro barrios, East Ballywood, el sitio donde tuve aquel asunto con los babosos que acabaron hechos papilla, y cómo al haberte asentado las fábricas en aquel barrio los trabajadores también se desplazaron hacia allí. Leí también acerca de algunas de las primeras tiendas de Ballywood Boulevard. Me sorprendió leer algunos nombres, pues esas tiendas las había visto mientras buscaba los regalos. - ¿Cómo harán para que el negocio les funcione tanto tiempo? - me pregunté. - Bueno, lo de siempre, supongo. Aprovechándose de la gente. - suspiré. Ignoré por completo la siguiente parte, la cual trataba del lugar en el que me encontraba, Ballywood Hills. Por lo poco que vi antes de que me entraran náuseas, ese apartado elogiaba a la banda de repugnantes familias que vivían en esa zona de la ciudad y se aprovechaban de todos los que estuvieran por debajo. Me disponía a cerrar el libro, suponiendo cómo iba a terminar todo, cuando leí acerca del cuarto barrio. Ballywood Lake. Parecía haber casitas a la orilla de un lago. - Tiene que ser un sitio bonito - pensé. - Cuando vuelva pregunto a ver si quiere ir a dar un paseo y ver el lago. - lo mencioné, a modo de recordatorio. - Espero que no haya tantos perros ni tantos cerdos - obviamente, me refería a los guardias y la clase de gente que me había encontrado viniendo hacia aquí. La idea de las casitas junto al lago me llamó mucho la atención.

Por un momento mi mente viajó a un lugar lejano. Un suave olor a sal se mezclaba con el de una tarta de mandarina recién sacada del horno. Ese olor, y el sonido de las olas me hizo volverme hacia la ventana. Me asomé sin perder un instante, para admirar frente a mí una preciosa cala y en ella, mis dos amigos, Maeve y Peteiro, charlando y riendo. De la misma forma en que mi mente me llevó hasta allí, me devolvió a la realidad. Me dio un poco de pena alejarme de aquel lugar de una forma tan abrupta. - Tal vez... cuando consigamos nuestros sueños... - seguía pensando en ello. - Sí, bueno. Para que no aparezca por casa, o no pare de quejarse porque se muere de aburrimiento. - no pude evitar reírme. Devolví el libro a su sitio, antes de ir a la sección de cocina. - Libro de recetas, eres mío. - caminaba decidida por la biblioteca, buscando la sección. No tardé mucho en encontrarla. Una vez allí, comencé a buscar libros de recetas. Encontré uno de postres variados, y otro de aperitivos. Guardé ambos en mi bolsa.

- ¿Te puedes creer Caye? Antes he visto a dos amanerados cogidos de la mano. - habló una desagradable voz. - Así, sin importarles los demás.
- Ya, ves, Borja. Si yo los respeto, pero esas cosas tendrían que hacerlas en sus casas, no en la calle que hay niños. - respondió otra voz, igual de desagradable. Se podía percibir una enorme prepotencia en ambos, lo cual, junto a sus palabras, comenzaron a irritarme. - Como esos oka... algo. Señores que se visten de tía. Seguro que se visten de tía para poder colarse en los baños de mujeres a espiarlas.
- Esto pasa porque les dejan hacer lo que quieran. - respondió el primero. - Como a las mujeres. Deberían estar cuidando la casa y a sus maridos. - Esas palabras me cabrearon de verdad. Apreté el puño y me giré, dispuesta a encarar (y posiblemente partirle la cara) a quien dijera aquella sarta de gilipolleces.

Para mi sorpresa, esos dos individuos no tendrían más de dieciseis años. Uno mediría en torno al metro sesenta, y el otro no mediría más de diez centímetros más que este. Llevaban pantalones ceñidos de color beige, con unos mocasines y una especie de polo. El de uno era azul, mientras el del otro verde. Ambos llevaban además una sudadera de lana, atada al cuello como cuando un niño improvisa una capa. Sumado a eso, llevaban un innumerable número de pulseras, horribles todas. Tenían unos peinados aberrantes, como si una vaca les hubiera lamido el pelo a ambos.

- Edward Intha debería hablar más de cómo los lunarian nos están invadiendo en vez de... - uno de ellos me vio entonces, y enmudeció de repente. - Oh, mira Borja, una pelirroja. - me llevé la mano a la cabeza. ¿En qué momento me había quitado la capucha? Ambos se acercaron a mí, con las mismas poses prepotentes que usaban todos en aquella zona de la ciudad. - Oh, tendré que ir luego a quejarme a la tienda de chocolate, porque se ha escapado un bombón de la caja. - suspiré, con tal de no darle un puñetazo en la cara. Encima de ricos repelentes eran unos babosos. - Veo que te has quedado sin palabras. ¿Qué te parece si luego te invito a tomarnos unos chismes? Si quieres puedo enseñarte también el hotel de mi padre. - perfecto, además de niñatos, pijos, repelentes y babosos, eran los dos unos niños de papá. Posó entonces su mano en mi pierna izquierda. - No sabes bien lo que acabas de hacer, trozo de mierda. - pensé, agarrando con mi mano derecha su muñeca y levantándole del suelo. - Acaso... ¿acaso no sabes quién soy? Suéltame o si no... - habló este, casi gritando. - ¿O si no qué, vas a ir llorando donde tu papá? - comencé a apretar más fuerte su muñeca. Me habían cabreado pero bien. A medida que apretaba, aquel despojo humano gritaba más alto. No voy a ocultar que escucharle gritar me encantaba. Continué apretando hasta que en un momento... crack. - Oh, vaya. Se ha roto, qué pena. Igual esto te pasa por tocar sin permiso. - le tiré al suelo. El otro joven se encontraba en el sitio, hablando de lo mucho que lamentaría lo que estaba haciendo y gilipolleces varias. Parecía un poco más listo que su amigo (tampoco demasiado, siendo completamente sinceros), pues en el momento en que solté el brazo del otro se dio cuenta de lo que se venía y echó a correr. - ¿Dónde te crees que vas, medio mierda? - pregunté y le di una patada en la cara, la cual le dejó redondo en el suelo. Me contuve, pues tampoco quería cargármelo y dejar todo perdido. Aquellos libros no tenían ninguna culpa. Levanté a los dos, al primero del brazo que tenía ileso y al segundo por el pelo. Volví con ellos a recepción. Supuse que la bibliotecaria me podría echar una mano o por lo menos decirme qué hacer con esos dos.

- ¿Qué les has hecho a los pobres Borja y Cayetano? - gritó la anciana, mirándome con los ojos que se le salían de las órbitas. - Espera, tú eres el demonio que come gente. ¡Suelta a esos chiquillos ahora mismo! - Me reconoció al momento, pues tenía mi cartel sobre la mesa, supongo que tras haber escuchado acerca del incidente de hacía unos días. - ¡Pero bueno, señora! - le grité, mientras la gente comenzaba a abandonar la biiblioteca en tropel, gritando y empujándose unos a otros. - Estos dos trozos de mierda infecta vienen a molestarme y encima tendré yo la culpa de que no les hayan enseñado modales en su puta casa. ¿Qué va a ser lo siguiente, que les de las gracias y les deje hacer lo que quieran solo por ser hijos de algún ricachón malnacido? - El chaval que seguía consciente comenzó nuevamente a soltar mierda por la boca. Algo dijo sobre que yo era puta, progre y algo que no terminó de formular, pues le partí la otra muñeca. Por suerte para mí, quedó inconsciente debido al dolor, y se calló. - ¡Me da absolutamente igual hijos de quién sean estos dos! ¡Como si son hijos del rey! - le grité a la anciana, antes de que dijera algo más.

- Pirata Eaa, se encuentra rodeada. - Se escuchó una voz desde el exterior. - Ah, perfecto -  menos mal que la idea era pasar desapercibida. - Suelte a los chicos y entréguese por sus crímenes. - arqueé una ceja. - ¿Pero estos son tontos? - pregunté, incrédula, en alto. - ¿Quién se entregaría en una situación así? - suspiré. - Bueno, qué se le va a hacer - me dirigí hacia la puerta, despacio.


Resumen

Aclaración

Bélico

Resto de info de Eaa
  Responder


Mensajes en este tema
[Presente relativo] Operación Biblioteca - por Eaa - 08-03-2024, 08:03 PM
RE: [Presente relativo] Operación Biblioteca - por Eaa - 11-03-2024, 12:25 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)