11-03-2024, 10:20 AM
Leyenda
- ¿Cuántos serán esta vez? - me pregunté. Caminaba despacio, con pies de plomo, mientras pensaba en cómo salir de la biblioteca. - Si hay solo un par de ellos, lo mejor sería reventar la puerta y empalarles. - me dije, mirando a los dos chavales que llevaba agarrados. - Pero si hay más, igual sería demasiado peligroso. - valoré las distintas opciones, incluso la de arrojarles la mesa de la recepción, o incluso a aquella bibliotecaria senil y decrépita. - Vale, decidido. Prioridad máxima, no destrozar nada de la biblioteca. - para ello, tenía que llevar la pelea fuera. Me paré frente a las puertas, pensativa. Una ligera sonrisa se dibujó en mi rostro. Di una patada a las puertas, abriéndolas de golpe. Debí haberme contenido, pues uno de los dos portones se desencajó y salió disparado en dirección a los marines. - Felicidades. Has marcado un nuevo récord Eaa - la maravillosa voz crítica atacaba de nuevo, pero en verdad tenía razón esta vez. - Vale, reformulamos la prioridad: No destrozar nada MÁS de la biblioteca. - la puerta cayó al lado de uno de los marines, levantando una ingente cantidad de polvo. El hombre, con el susto del golpe de la puerta y la posterior nube, accionó el gatillo de su arma sin querer. Como era de esperar, el disparo provocó una reacción en cadena, y el resto de sus compañeros, o por lo menos aquellos que se encontraban en posición de disparo, hicieron lo mismo, presas del miedo.
Quince balas de plomo se dirigieron hacia mí, mas ninguna llegó a impactar en mi cuerpo. Parecía que el destino me sonreía, pues los dos jóvenes que llevaba sujetos sirvieron de alguna suerte de escudo humano. - Oh, bueno. ¿Qué se le va a hacer? - me encogí de hombros. No me daban la más mínima pena esos dos, y ni siquiera había sido yo quién les había dejado hechos un colador. La nube de polvo se disipó poco después, permitiéndome ver a los marines que trataban de detenerme, y a ellos ver la horrible escena que acaban de provocar. Pude contar treinta de ellos. Treinta más que añadir a mi lista. A este paso, iba a alcanzar a la capitana mucho antes de lo esperado, aunque su lista de crímenes era inmensa. - ¡Serás monstruo! - gritó el que había hablado anteriormente. Su ojo izquierdo comenzó a parpadear inconscientemente - ¿Cómo se te ocurre hacerle eso a unos pobres chavales? - habló después, mientras ordenaba a los que llevaban rifles desenfundar sus sables.
- ¡Sí, bueno! - grité molesta. Encima ahora iban a colgarme a mí los muertos. - Yo solo quería salir de la biblioteca para que no la destrozarais, y habéis sido vosotros los que os habéis cargado a estos medio mierdas. ¡A mí no me jodáis! - les grité y lancé a los dos ahora cadáveres en su dirección. Este acto hizo explotar al marine que parecía dar las órdenes en el grupo - ¡A por ella! ¡Por la justicia! - gritó, completamente desquiciado, el marine. Los treinta hombres vinieron corriendo entonces en mi dirección, armas en mano.
- ¡Venid y comprobad por vosotros mismos la fuerza de Eaa, vicecapitana de los Piratas del Brillante Infortunio! - grité. Quería que me escucharan. Me enorgullecía infinitamente de todo lo que componía aquella frase, y eso trataba de mostrarle al mundo. El nombre que habíamos elegido para la tripulación, el puesto de vicecapitana que gané en un intenso duelo de pulsos contra Peteiro, pero sobre todo de los miembros que componían la tripulación, o mejor dicho esa pequeña familia, mi familia.
Me puse en posición defensiva, dispuesta a darle una paliza a aquellos perros.
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