[Presente relativo] Operación Biblioteca
#5
Leyenda


No era tan tonta como para cometer dos veces el error de permitir que los marines se me echaran encima. Esta vez eran muchos menos, pero cualquier despiste podía suponer otro pinchazo, y un pinchazo en un mal sitio me podría llegar a provocar un serio problema.

Antes de que los marines terminaran de prepararse, corrí hacia ellos. Les propiné una dura patada, la cual derribó a todos ellos. Por el crujido, diría que incluso llegué a partir las costillas de uno o dos. A juzgar por sus caras y movimientos, las esquirlas de hueso habían perforado sus pulmones, y no tardarían en sufrir una rápida y agónica muerte.

No me importaba lo más mínimo lo que les pasara a esos hombres. Me agaché, comenzando a rebuscar entre las cosas que llevaba el marine que había estado hablando todo el tiempo. Para mi alegría, era uno de los que se retorcían de dolor. Abría la boca anchamente, tratando desesperadamente de coger un aire que le permitiera seguir respirando un poco más. No tardé en encontrar lo que buscaba. Sonreí, admirando mi cartel de recompensa. De mi bolsa saqué mi pluma, y comencé a escribir.
- Eaa, vicecapitana de los Piratas del Brillante Infortunio. - firmé de esa forma. Me disponía a dejar el cartel dentro del bolsillo interior de la chaqueta del ya muerto hombre cuando noté un nuevo pinchazo. Esta vez era en mi espalda, cerca de mi hombro derecho. Grité de dolor. Menos mal que no tenía que despistarme porque un despiste puede ser fatal. - ¡Muere, demonio! - gritó una de las repelentes voces. Se trataba de una mujer, bastante más valiente, o  mejor dicho temeraria, que cualquiera de las demás personas que rodeaban la escena, quienes miraban en silencio, inmóviles. Sacó el cuchillo, pero no le dio tiempo a apuñalarme una segunda vez, pues me giré, con la pluma todavía en la mano, y se la clavé dos veces en su antebrazo. Le agarré del cuello mientras el cuchillo resbalaba de sus manos. - Vaya, parece que ni apuntar sabéis. - me mofé. No había perforado ningún punto vital, pero sí que había estado cerca de alcanzarme en la marca de mi hombro. Miré a la mujer a los ojos. Me dirigió una mirada llena de arrogancia, superioridad... y asco. Mi hombro derecho comenzó a arder como nunca. No se trataba de la marca de mi vergüenza, si no de todo el hombro. Ardía, y me generaba un dolor indescriptible. Apreté su cuello con fuerza, con una asesina mirada llenad e ira.

Al escuchar los gritos de dolor de la mujer, un hombre, seguramente su marido u amante, salió corriendo en mi dirección, completamente desesperado. Me llamó zorra, cornuda y parásito. Seguramente hubiera dicho más cosas horribles, pero harta de todo aquello le propiné una dura patada giratoria que le arrancó la cabeza. Su cuerpo inerte se mantuvo unos segundos en pie, antes de desplomarse. Seguí apretando el cuello de la mujer hasta que, tras un crujido, se calló finalmente. La solté, no sin antes coger todo lo que tenía en los bolsillos. - ¿Alguien más? - grité, instando a quien quisiera hacerse el héroe esta vez. Tras un silencio sepulcral volví a ponerme mi capucha y me marché de allí rápidamente. Apreté la herida de mi costado, perdiéndome entre los callejones pues no quería encontrar a ningún guardia ni marine que se dirigiera hacia aquella zona.

Caminé un rato que se me hizo extremadamente largo. Iba despacio, pues me aseguraba de no dejar ningún rastro que delatara mi posición. Continué hasta que me sentí lo suficientemente alejada del lugar de los hechos. No creía estar en condiciones de llegar hasta el barco en ese estado. Posiblemente llegara sin problemas, pero cruzar toda la ciudad sangrando y con aquel dolor no era lo más apetecible. Los marines y los guardias seguramente me estuvieran buscando y no tenía ganas de volver a meterme en una pelea.  Decidí entrar al primer local que vi que pareciera un hostal o algo del estilo. La Ostra Azul, se llamaba. - Buenas tardes, esto es la Ostra Azul, ¿en qué puedo ayudarle? - preguntó el remilgado recepcionista. - Una habitación - dije, con la voz más seria que pude. - Y vendas y una aguja. - continué. El hombre me miró extrañado. No tardó en ver mi mano presionando el costado. - No, no, no. Lo siento mucho rey...na pero no puedo ofrecerle una habitación. - habló, negando con la cabeza. - Este es un lujoso establecimiento, y como comprenderá tengo que dar parte a las autoridades. - se dispuso a descolgar el Den Den Mushi. Saqué del bolsillo del abrigo la bolsa que había robado a la mujer de antes. Sonaba a monedas, así que lo abrí y comencé a echar monedas sobre el mostrador. A medida que la cantidad aumentaba este volvió a colgar, manteniéndose en silencio. Perdí la cuenta de cuánto dinero había echado. - ¿Pero cuánto dinero lleva esta gente encima? - me pregunté, mirando fijamente al hombre. - Una habitación, vendas, aguja, agua e hilo. La mitad ahora, y la otra mitad cuando me vaya. - expliqué. - Y alcohol, lo más fuerte que tengas. - el hombre asintió y tras recoger el dinero salió corriendo. Volvió en menos de dos minutos con una pequeña bolsita de tela y la dejó en el mostrador junto a la llave. - Habitación trece, disfrute de su estancia. - habló con una sonrisa. Cogí la bolsa. Comprobé que dentro había lo que le había pedido y fui a la habitación.

Entré y cerré con llave. Me quité el abrigo y la camisa, quedando quedando de esa forma visibles las heridas. Tenía un problema. Podía tratar yo misma los dos cortes superficiales, pero no llegaba a coserme las heridas. - Mierda - preparé las cosas cerca de la cama, y me acerqué a la ventana, la cual abrí. El hombro seguía ardiendo, y ahora también me ardía el costado. - Como se infecte tengo un problema gordo - suspiré y abrí una de las botellas. Whisky. No tenía ni la más mínima idea de Whiskys, pero parecía bastante caro, a juzgar por el aspecto. Solo había una persona a quién podía recurrir en esta situación. Me senté en la cama. El vaivén de esta me dio un latigazo en la espalda. Descolgué el Den Den, marqué y me puse a llamar.
Pere, pere, pere... - Coge, por favor - dije, desenrollando unas de las vendas. Pere, pere, pere... Kachap - ¡Pandita! - dije, emocionada por obtener una respuesta. - Perdón, perdón, Maeve - me disculpé, antes siquiera de que esta dijera nada. - Necesito un favor... - expliqué. Di un trago a la botella, antes de comenzar a derramar parte del contenido sobre la herida de mi mano izquierda. - ¡Joder! - se me escapó un grito. Apreté los dientes mientras vendaba con fuerza la mano. - Necesito que vengas a la Ostra Azul. - expliqué, jadeando. No me importaban las lágrimas que caían por mis mejillas. - Ballywood Hills. Hay una iglesia enorme, dos edificios a la izquierda. Tiene luces así que no tiene pérdida. - ni me había parado a pensarlo, debido a mi situación, pero era extremadamente raro que un hotel tuviera luces tan llamativas como esas. Estaba claro que no era un local convencional, pero no estaba para ponerme exquisita. - Habitación trece. - expliqué, mientras pasaba a desinfectar y limpiar la herida de mi brazo derecho. - Entra por la ventana. Segunda fila por abajo, tercera por la izquierda. - Le di otro largo trago a la botella. Me mordí el labio mientras echaba alcohol nuevamente. - Gracias Maeve, te debo una. - fue lo que dije antes de colgar. Posiblemente colgar sin darle tiempo ni de preguntar qué sucedía fue una idea pésima. Seguramente iba a preocuparse bastante y cuando me viera iba a estar hecha una furia. - Bueno, mejor morir a manos de una amiga enfadada que morir como una tonta - me reí, mientras buscaba en la bolsa los libros que había robado de la biblioteca. Presionaba mi costado con fuerza. Me dolía horrores, pero no tanto como mi hombro, y ahí no llegaba a presionar. Traté de concentrarme en la lectura, pero se me hacía imposible a causa del dolor.

Me dediqué entonces a mirar la habitación. Era bastante grande. Tenía tonos rojos, con decoraciones negras. Había algunas cosas que no llegaba a reconocer colgadas de la pared, muy extrañas todas. - Menos mal que me han dado cuatro. Si le hago venir y encima ni siquiera le doy algo de beber entonces sí que me mata - miré a las otras tres botellas de whisky que había sobre la mesilla, dejando la vacía sobre la cama. Con extrema dificultad y dolor me estiré para coger otra. La abrí y volví a dar un trago, cerrando los ojos. - Como si eso fuera a hacer que te doliera menos. - la maravillosa voz de mi cabeza decidió volver. - Ahora no es momento - le respondí



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[Presente relativo] Operación Biblioteca - por Eaa - 08-03-2024, 08:03 PM
RE: [Presente relativo] Operación Biblioteca - por Eaa - 12-03-2024, 08:47 PM

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