14-03-2024, 06:39 PM
Mientras caminaba, notaba la arena de la playa de Ballywood Beach amortiguar, suave, mis pies descalzos a cada paso que daba. Desde hacía unos diez años, el agua del mar era territorio prohibido para mí, pero a veces me daba el capricho de acercarme a ella y sentirla sin que me pudiese tocar. Un alto precio a pagar por quien era desde que mordí aquella akuma no mi.
No voy a mentir: a veces echo de menos sumergirme en las aguas saladas.
La brisa marina mecía mi cabello al viento cuando, de pronto, noté el sonido característico de aquella... cosa que nos permitía comunicarnos con otras personas a distancia.
Pere-pere-pere... Pere-pere-pere...
Eaa.
No voy a mentir: a veces echo de menos sumergirme en las aguas saladas.
La brisa marina mecía mi cabello al viento cuando, de pronto, noté el sonido característico de aquella... cosa que nos permitía comunicarnos con otras personas a distancia.
Pere-pere-pere... Pere-pere-pere...
Eaa.
—¿Qué quieres?
No me dejó hablar. Empezó disculpándose, lo que ya me hizo saber que iba a pedirme algo. Lo que no esperaba era que me pidiese que fuera... ¿a dónde? ¿La Ostra Azul? ¿Qué demonios era eso? No sé qué sitio en Ballywood Hills. No sé qué de una iglesia, no sé qué de no sé cuántos edificios... Joder, hablaba muy rápido. Que entrase por la ventana, dijo. ¿Se había vuelto loca? Iba a replicar, pero me dio las gracias y colgó. Todo esto con un sofoco importante.
¿Qué acababa de pasar?
—Joder, Eaa —maldije en voz alta.
Era evidente que algo había sucedido y que necesitaba mi ayuda para algo. ¿Para qué? No lo sé, no se había dignado a explicarme las cosas como era debido. Solo sabía que, si no iba, tal vez el problema, fuera el que fuese, empeoraría. Tampoco es que me dejara muy tranquila el estado de nerviosismo que ella parecía tener.
Chasqueé la lengua. ¿Es que una no puede tener un día calmado? Para una vez que no andaba en problemas...
Sin preocuparme en regresar al barco a por las botas, me transformé en buitre y eché a volar, importándome una mierda si había alguien alrededor a quien pudiese asustar.
Ballywood Hills. ¿Cómo cojones iba yo hasta ahí? Traté de seguir las indicaciones. Una iglesia, edificios, luces. ¡Joder, como cualquier ciudad! Traté de sacar alguna ventaja al ver las calles desde tan arriba, pero me resultaba difícil orientarme si lo que buscaba era algo tan genérico.
¿Qué acababa de pasar?
—Joder, Eaa —maldije en voz alta.
Era evidente que algo había sucedido y que necesitaba mi ayuda para algo. ¿Para qué? No lo sé, no se había dignado a explicarme las cosas como era debido. Solo sabía que, si no iba, tal vez el problema, fuera el que fuese, empeoraría. Tampoco es que me dejara muy tranquila el estado de nerviosismo que ella parecía tener.
Chasqueé la lengua. ¿Es que una no puede tener un día calmado? Para una vez que no andaba en problemas...
Sin preocuparme en regresar al barco a por las botas, me transformé en buitre y eché a volar, importándome una mierda si había alguien alrededor a quien pudiese asustar.
Ballywood Hills. ¿Cómo cojones iba yo hasta ahí? Traté de seguir las indicaciones. Una iglesia, edificios, luces. ¡Joder, como cualquier ciudad! Traté de sacar alguna ventaja al ver las calles desde tan arriba, pero me resultaba difícil orientarme si lo que buscaba era algo tan genérico.
Al cabo de más rato del que estaría dispuesta admitir, finalmente vislumbré una iglesia que pensé que podía encajar con la no-descripción de Eaa. Descendí varios metros. A ver dónde coño estaba ahora La Ostra Azul. Bien, por lo menos el cartel gigantesco de color azul, con forma de concha y donde se leía este título estaba bien visible. Una cosa menos. ¿Y ahora? Segunda fila por abajo, tercera por la izquierda. ¿O era cuarta? Ah, no perdería el tiempo contando, me dedicaría a asomarme a las ventanas mientras volaba, terminaría antes.
Después de unas cuantas habitaciones vacías, algunas otras con cortinas que no me dejaron ver nada, y otros pocos sustos de quienes no esperaban un buitre en su ventana, por fin encontré a Eaa. Había dejado abierto específicamente para cuando yo llegase, o eso pensé. Apoyé las patas en el alféizar y entré, regresando a mi forma original cuando toqué el suelo de la habitación con mis pies desnudos.
Se trataba de un cuarto entre negro y rojo, con papel pintado de rayas verticales gruesas con estos colores. La habitación era grande, así como la cama. Debía serlo para poder acoger a alguien con el tamaño de Eaa. Hasta ahí todo bien. Lo que ya no me pareció normal fue verla sin camiseta, sino con el pantalón, las botas, el sujetador y tres vendajes en su cuerpo (incluido el que lucía de forma habitual). Y no solo eso, sino que el aroma a whiskey, incluso con la ventana abierta, era demoledor. La sangre también cubría su cuerpo.
—Eh, salvaje —dije a modo de saludo haciendo referencia al nombre que ella utilizaba para la gente que bebía esa clase de alcohol, incluida yo—. ¿Me puedes explicar que es todo este estropicio? ¿Qué coño ha pasado?
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