18-03-2024, 01:21 PM
Esta chica está fatal, pensé al escucharla referirse a mí como un ángel. Un momento...
—¿Estás borracha? —Pregunta absurda donde las haya: olor a whiskey, botellas de whiskey, Eaa confirmando que se había bebido una botella y media.
Se tumbó en la cama. Rectifico: se tiró a la cama. Fue boca abajo y su cuerpo pegó unos botes que la hicieron gritar. Estaba hecha mierda. Me acerqué unos pasos a ella, cautelosa, algo me advertía de que la situación podía resultar impredecible. Luego pareció quedarse tranquila.
Comenzó a contarme su aventura en la biblioteca. Joder, jamás pensé que un lugar como aquel terminaría siendo la cuna de una masacre de marines. No solo me importaban una mierda esas muertes, sino que me conocerlas me estaban quitando el mal humor. Eaa siendo Eaa, me encanta.
—¿Comeniños? ¿A cuántos niños te has comido para que te llamen así? —Yo lo sabía: ninguno. Pero recordemos que la inmensa mayoría de la gente es gilipollas—. Tranquila —dije cuando comenzó a gritar ofendida por ese apodo—, igual tienes suerte y hasta te suben la recompensa por supuestamente comer niños. —Dejé escapar una risita. Luego, alcé las cejas—. ¿Veinte marines es el límite? Será el tuyo, a mí me llegan veinte marines a la vez y, por muy inútiles que sean, fácil no sería. —Reconocer esas cosas no era agradable, pero ser realista daba buenos resultados—. Quizá veinte para alguien de cinco metros está bien y aun así estás aquí un poco perjudicada. ¿Por qué no me llamaste antes?
Comenzó a contarme su aventura en la biblioteca. Joder, jamás pensé que un lugar como aquel terminaría siendo la cuna de una masacre de marines. No solo me importaban una mierda esas muertes, sino que me conocerlas me estaban quitando el mal humor. Eaa siendo Eaa, me encanta.
—¿Comeniños? ¿A cuántos niños te has comido para que te llamen así? —Yo lo sabía: ninguno. Pero recordemos que la inmensa mayoría de la gente es gilipollas—. Tranquila —dije cuando comenzó a gritar ofendida por ese apodo—, igual tienes suerte y hasta te suben la recompensa por supuestamente comer niños. —Dejé escapar una risita. Luego, alcé las cejas—. ¿Veinte marines es el límite? Será el tuyo, a mí me llegan veinte marines a la vez y, por muy inútiles que sean, fácil no sería. —Reconocer esas cosas no era agradable, pero ser realista daba buenos resultados—. Quizá veinte para alguien de cinco metros está bien y aun así estás aquí un poco perjudicada. ¿Por qué no me llamaste antes?
Lógicamente, porque estaba demasiado ocupada pegándose y coger el Den Den Mushi quizá no estaba entre sus prioridades. Parecía que Eaa era de pegar primero y disculparse después. No disculparse con esa escoria, en este caso, sino conmigo. Por meterme en líos, a mí, cuando ella era la que estaba sangrando sobre aquella cama.
Me había pedido que la curase.
De inmediato, vi varios productos sanitarios en la mesita que que encontraba al lado de la cama. No sabía de dónde los había sacado, pero parecía bien surtida: vendas, agujas, hilo, agua e incluso alcohol, uno diferente al whiskey que Eaa bebía.
Solo existía otra ocasión en toda mi vida en la que yo había curado a alguien que no fuese yo. Pestañeé fuerte. No quería eso en mi mente. Ni era el momento ni tenía ganas de volver a sacar eso a flote.
Terminé de acercarme a la cama y me fijé en las heridas que aún sangraban. No parecían profundas ni peligrosas, así que no creía que me diesen muchos problemas. Aun así, yo no era médico, pero haría lo que pudiese con lo que tenía. No eran lesiones grandes.
Suspirando por tener que enfrentarme de nuevo a esa situación, aunque con varios años de diferencia, cogí una de las agujas, enhebré un hilo, les eché alcohol etílico a ambas y... En fin, esperaba no cagarla demasiado.
Empezaría por la de su costado izquierdo.
—Voy —avisé.
Y le eché alcohol a la herida sin anunciar que lo haría. Ese escozor debió de ser terrible, pero pensé que así, sintiendo ese dolor, no repararía tanto en los pinchazos con la aguja. Y también era preciso desinfectar.
Di una puntada tras otra intentando no torturar a Eaa más de lo que la misma acción causaba.
Cuando terminé, colocarle la venda fue complicado, pues debía recorrer su cuerpo enorme y los brazos no me daban para más, así que tuve incluso que ponerme de pie en la cama.
Luego fui a proceder con las de la espalda. Menudo pequeño desastre le habían hecho en la zona superior derecha, a la altura del omóplato. En fin, menudo pequeño desastre era Eaa, en general. Y menudo pequeño desastre le causaba a mi corazón de piedra.
—No te asustes, voy a bajarte el tirante despacio, ¿vale? —Siempre que necesitaba tocar a Eaa por lo que fuera, le avisaba o le pedía permiso, pues a los monstruos de otras personas hay que tratarlos con respeto.
Seguí mis propias instrucciones, tratando de no rozarle las heridas en el proceso.
Puta gente. Igual ella no los comía, pero yo no lo descartaba, así que solo necesitaba un pequeño empujoncito para salir a buscar a aquellos gilipollas y arrancarles la carne del hueso.
Volví a coser. Volvía a hacerle daño, pero no me quedaba otra si quería cerrar esas heridas, por poco graves que fuesen. Luego, la venda.
Un impulso un tanto estúpido me hizo acariciar la piel del brazo de Eaa, como si así fuese darle algún tipo de consuelo tras ser apuñalada varias veces. Retiré la mano enseguida. No se me dan bien esas cosas.
—Será mejor que te quedes aquí hasta que te sientas mejor, hasta que se te pase la borrachera o hasta que se calmen los ánimos un poco. O las tres juntas. No pasarás muy desapercibida ahora, quizá deberíamos esperar hasta la noche. Puedo quedarme contigo, no tengo otra cosa mejor que hacer y no creo que a Peteiro le moleste estar a sus cosas.
Acto seguido, cogí la botella de whiskey que Eaa tenía por la mitad y me la llevé a los labios, dándole un generoso trago. Cerré los ojos con fuerza.
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