18-03-2024, 03:00 PM
La seguridad en Pueblo Engan —y, por lo que parecía, en Ohara en general— no era lo que llamaríamos brillante, precisamente. De hecho, acostumbrada a otros lugares donde la gente en general se mostraba más suspicaz, robar allí me parecía casi un juego. No bajaba la guardia, claro, porque lo que menos me apetecía era meterme en ningún problema, y no porque no me viese capaz de manejarlo, sino porque me daba una pereza infinita. Algunas cosas las pagaba, claro, pero tenía su truco: si les daba berries por lo que pedían, sospecharían aún menos que me había guardado algo que no sabían. Aunque a todas luces conocían mi cartel de recompensa, para ellos me estaba comportando como una buena ciudadana.
Pero una no es pirata por nada.
Así, conseguí muchos de los productos, ingredientes y alimentos de los que me encargó Eaa, y algo cayó para Peteiro también. Para mí, rosquillas tiernas cubiertas de chocolate fundido. Ah, me encanta el chocolate, es como una pequeña debilidad. Por esas sí pagué, quien las había preparado merecía cada maldito berry que pedía por ellas. Compré varias de esas rosquillas y guardé la caja en el macuto de cuero junto con las demás adquisiciones, pero no pude resistirme y cogí una. El sabor del chocolate junto con la masa blandita y caliente de la rosquilla me hizo cerrar los ojos e incluso detenerme para saborearla. Fui feliz.
Intenté no comérmela muy rápido para disfrutar más tiempo, pero fue difícil: la tentación me pudo.
Reanudé la marcha y, mientras caminaba, pensé en limpiar los restos de chocolate de la comisura de mis labios con cuidado de no llevarme por delante el pintalabios negro. De hecho, como necesitaba alguna superficie reflectante para no armarme un estropicio en la cara, me paré de nuevo delante de la primera tienda que me quedó cerca y utilicé su escaparate. D&G se llamaba. Bueno, no es como si estuviese delante de un espejo, pero serviría. Parecía que era de ropa, así que aproveché las prendas oscuras del interior del escaparate para reflejarme ahí y verme mejor. Funcionó.
Luego, continué con mi camino.
Pero una no es pirata por nada.
Así, conseguí muchos de los productos, ingredientes y alimentos de los que me encargó Eaa, y algo cayó para Peteiro también. Para mí, rosquillas tiernas cubiertas de chocolate fundido. Ah, me encanta el chocolate, es como una pequeña debilidad. Por esas sí pagué, quien las había preparado merecía cada maldito berry que pedía por ellas. Compré varias de esas rosquillas y guardé la caja en el macuto de cuero junto con las demás adquisiciones, pero no pude resistirme y cogí una. El sabor del chocolate junto con la masa blandita y caliente de la rosquilla me hizo cerrar los ojos e incluso detenerme para saborearla. Fui feliz.
Intenté no comérmela muy rápido para disfrutar más tiempo, pero fue difícil: la tentación me pudo.
Reanudé la marcha y, mientras caminaba, pensé en limpiar los restos de chocolate de la comisura de mis labios con cuidado de no llevarme por delante el pintalabios negro. De hecho, como necesitaba alguna superficie reflectante para no armarme un estropicio en la cara, me paré de nuevo delante de la primera tienda que me quedó cerca y utilicé su escaparate. D&G se llamaba. Bueno, no es como si estuviese delante de un espejo, pero serviría. Parecía que era de ropa, así que aproveché las prendas oscuras del interior del escaparate para reflejarme ahí y verme mejor. Funcionó.
Luego, continué con mi camino.
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