[Presente relativo] Operación Biblioteca
#9
Leyenda


- Perdón por no llamarte antes - me disculpé, mirando hacia la ventana. - No quería molestarte, y me daba miedo que te enfadaras - confesé. Era algo que seguramente nunca hubiera dicho en otra situación, pero el dolor y el alcohol parecía que querían hacerme hablar más de la cuenta. Inconscientemente me tensé cuando la mujer subió a la cama. Era algo que me superaba. Siempre me sentía enormemente desprotegida y vulnerable cuando alguien se acercaba a mí por la espalda, y más todavía cuando me encontraba tumbada en una cama. Sabía que esta vez era diferente. La mujer que se encontraba detrás de mí era alguien quien sabía que no iba a hacerme daño. La conocía lo suficiente para afirmarlo sin temor a equivocarme, y me lo había demostrado en varias ocasiones con anterioridad. Pensar en aquello me ayudó a calmar mis demonios internos, tanto como sus palabras. Bueno, fue una única palabra, pero su voz y el tono me hacían ver que todo iba a estar bien.
Me permitió relajar los músculos, aunque aquella sensación duró más bien poco. Se me escapó un grito (un poco vergonzoso a decir verdad) y apreté con fuerza los puños tan pronto el alcohol tocó mi piel. Apreté los dientes durante todo el proceso, soltando el aire cuando la albina comenzó a vendarme. Le ayudé como pude,  sin moverme demasiado para evitar que las costuras se saltaran y tratando de que me doliera lo menos posible. Me sequé como pude el sudor de la frente mientras jadeaba. - Sí, está bien. - respondí a su aviso acerca de bajarme el tirante. - Gracias por avisar, de verdad - sabía perfectamente la razón por la cual me avisaba, pues habíamos hablado de ello anteriormente, y suponía que ella por su parte querría recibir ese agradecimiento, para saber que apreciaba su gesto.

La "operación" de la zona del hombro fue bastante más dolorosa que la del costado. Posiblemente se debía a lo cerca que se encontraba la marca, o porque llevaba ya un tiempo sin darle un trago a la botella. Esta vez sentí cada una de las puntadas que dio Maeve. Diría que fueron diecisiete, pero no estaba para nada segura, pues estas me habían hecho ver las estrellas un par de veces. Para mi fortuna, todo pasó bastante rápido. - Menos mal que solo ha sido eso - esta vez ni siquiera tenía fuerzas en los brazos para secarme el sudor. No tenía fuerzas para secarme el sudor, pero sí que tuve fuerzas suficientes para reaccionar con un gran escalofrío cuando mi amiga me tocó el brazo derecho. - No, no - le dije. Parecía haberse asustado con mi reacción, pues retiró la mano enseguida. - Es solo que tienes la mano fría. - expliqué. No mentía. Maeve tenía por lo general las manos frías, y debido a la reacción de mi cuerpo antes las heridas y la tensión de hacia unos minutos, el contraste era mayor. Aun así, aquel contacto me transmitió una calidez que hacía mucho tiempo que no sentía. - Es... se... - buscaba en la mejor forma de formularlo. - Se siente bien - dije finalmente. - ¡Vamos tonta, díselo! - la voz de mi cabeza era clara. Quería que volviera a acariciar mi brazo. Volver a revivir esa calidez que acababa de sentir, pero algo dentro de mí me lo impedía. Sabía lo poco que le gustaba a mi amiga el contacto físico, y este momento excepcional no era más que eso, una excepción. Había abusado ya demasiado de su confianza como para pedirle algo tan infantil y egoísta como eso.

Entonces la mujer comenzó a hablar de que era mejor que me quedara en aquella habitación hasta la noche.
- Sí, por favor - respondí tan pronto esta puso sobre la mesa la opción de quedarse. Era casi como si la crítica voz de mi cabeza hubiera hablado por mí. - Quédate - le pedí, sin escuchar el final de su frase. Giré un poco la cabeza para mirar a al mujer bebiendo whisky. - En verdad eres como un ángel - hablé, sonriendo. En efecto, el dolor y el alcohol me habían ablandado bastante. - Ah, claro. Eso sí - como siempre, las críticas volvían. No les hice el más mínimo caso. - Siempre estás ahí para ayudarme, y para hacer mi vida mejor - la mujer me miró entonces. - No me mires así - me quejé. Como siempre, mirar a esos ojos fijamente era un reto titánico. Esta vez no armé ningún escándalo. Seguía doliéndome todo y el cansancio se apoderaba de mí, por lo que en vez de apartar la mirada me limité a cerrar los ojos. - Con esos ojos tan bonitos - suspiré. Ni siquiera me percaté de haber dicho esa última frase, pues si hubiera sido consciente de ello no hubiera llegado a decirla. En mi mente tan solo había cansancio y la tranquilidad que me proporcionaba estar en buena compañía. - Sangre sobre la nieve - sonreí inconscientemente


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[Presente relativo] Operación Biblioteca - por Eaa - 08-03-2024, 08:03 PM
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