18-03-2024, 06:35 PM
(Última modificación: 18-03-2024, 06:36 PM por Maeve Knox.)
Sí, mis manos frías solían causar ese efecto.
Pero me dijo que se sentía bien. Imagino que se refería al contacto, aquel que había roto por mi carencia en las relaciones interpersonales. Por eso y porque ella también tenía sus reparos al respecto. Pero le gustó, la reconfortó. Y yo me sentí bien, pues agrada tener un feedback positivo cuando no sabes muy bien cómo desenvolverte en ciertas situaciones. Sobre todo, si la otra persona no te importa una mierda.
Después, Eaa continuó hablando como respuesta a mi anterior intervención. Que me quedara. Insistió en llamarme ángel.
Después, Eaa continuó hablando como respuesta a mi anterior intervención. Que me quedara. Insistió en llamarme ángel.
No, el ángel que pude haber sido murió hace mucho tiempo, antes de mi primer asesinato, antes de mi primera agresión violenta. Murió en el momento en el que profanaron mi alma y yo no puse interés alguno en salvarla, condenándola a la oscuridad. Una oscuridad que me acogió en su seno, ofreciéndome más que quienes proclaman la luz.
Pero Eaa, de algún modo, ya sabía esto. O, al menos, lo suficiente. Pero no me juzgaba. Me acogía, como las sombras en las que tanto me gustaba refugiarme. Ellas tampoco emitían ningún juicio.
Me dijo que la ayudaba, que hacía su vida mejor.
Nunca había pensado en mí como alguien capaz de mejorar la vida de nadie. De hecho, solía empeorarla, a la vista estaban los crímenes que cargaba a mis espaldas. Pero bien era cierto que nunca había tenido una amiga como Eaa, cuya fortaleza y fragilidad vivían en equilibrio constante. Aunque la verdadera frase era: nunca antes había tenido una amiga, en femenino. Se sentía raro y... reconfortante a la vez.
No se me da bien gestionar emociones. Sobre todo, aquellas que me sitúan en una posición vulnerable. Y tener cualquier tipo de relación con alguien a quien aprecias, incluso quieres, por supuesto que te hace vulnerable. Quizá sea ese el precio a pagar por no estar completamente sola en el mundo.
Eaa también hacía que mi vida fuese mejor y ni siquiera era capaz de decírselo. Tal vez borracha como ella pudiera, pero no era el momento. Alguien tenía que encargarse de que no sembrase el caos de nuevo en aquellas condiciones. Así que decidí no volver a beber whiskey mientras estuviese en esa habitación.
"Con esos ojos tan bonitos". Tampoco era fácil para ella decirme eso, me quedó muy claro en la fiesta en el barco hacía ya varias semanas, aquella que hicimos como excusa de Año Nuevo, Barco Nuevo y Tripulación Nueva. Me asombraba que después de tanto tiempo aún le costase, aunque qué voy a decir yo, la tullida emocional.
"Sangre sobre la nieve". Su frase final me arrancó un escalofrío. Demasiado poética, y la poesía la entiendo muy bien. Pasa como con la música: un uso del lenguaje que se puede llegar a adentrar hasta lo más profundo de una. Si la canción merece la pena, claro, porque no a toda la basura se le puede llamar música.
Pero eso es otro tema.
Se estaba quedando dormida.
Pobre Eaa. Hay pasados que marcan a fuego y parecía que el suyo la perseguiría toda la vida. No puedo proteger a nadie de su pasado —ni siquiera a mí misma, que aún me acecha como un puto monstruo voraz—, pero sí de lo demás. Y me constaba que ella podía defenderse sola, pero ahí estaría yo si me necesitaba.
Hay muy pocas personas que merecen mi lealtad y ella se la había ganado. Quizá en eso consistía la amistad, qué sé yo. Era mi amiga. Y si alguien quería tocar algo que es mío, primero tendría que pasar por encima de mí.
Solo cuando ella cerró los ojos, me permití acercarme aún más. Aproximé mi mano diminuta a su —para mí— rostro enorme y le aparté algunos cabellos rojos sueltos que le caían sobre la cara, colocándoselos detrás de la oreja.
Sin decir nada, me senté en el suelo y apoyé la espalda en la gran cama, abrazándome las rodillas.
Definitivamente, los sentimientos me ablandaban. Y yo no soy blanda. Jamás, nunca nadie debía ser consciente de ello. Cargaría yo sola con esa certeza.
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