[Presente relativo] - Rumbo al horizonte
#5
     No puedo decir que caminaba absorta en mis pensamientos porque habitualmente suelo mantener un estado de hipervigilancia que no me lo permite, así que, cuando percibí una presencia a mi lado, noté cómo mi mala hostia comenzaba a ascender como el mercurio en un termómetro. ¿De verdad no había calle, pueblo, país, Blue, mundo como para que el susodicho o la susodicha caminase a mi lado? Es que cómo me joden estas cosas.
     Intenté seguir mi propósito de no liarla allí, pues no merecía la pena, pero es que la gente se empeñaba en buscarme, coño.
     No pude demorarlo más y me giré, dispuesta a soltar alguna maldición por la boca a quien parecía no conocer el significado de espacio personal.

     El mundo se paró.
     De pronto, parecía que todos los relojes se sincronizaron para que sus agujas cayesen inertes, todas marcando para abajo, sin segundos que reclamasen seguir avanzando en el continuo del tiempo.
     Mi corazón se detuvo unos instantes, solo para, justo después, comenzar a latir con extrema violencia bajo mis costillas.
     Olvidé cómo se pensaba, cómo se hacía para que las neuronas trabajasen de un modo eficiente.
     Olvidé que me encontraba en medio de la calle, rodeada de seres sintientes, porque la única que podía sentir allí era yo.
     Mis piernas no recordaban cómo sostener mi peso y, aun así, lo siguieron haciendo tan solo por la función automática del cerebro.
     Ese cabello rojo.
     Esos ojos azules.
     Esa forma de mirar que atravesaba.
     Zorak.
     El maldito Zorak.
     El puto Zorak, delante de mí. Allí, en Ohara, en el último jodido sitio donde esperaba encontrármelo. Y encontrármelo era lo último que esperaba, porque el tiempo me enseñó a dejar de esperar verlo de nuevo.
     Me acordé de respirar.
     Esos putos ojos. Los iris del océano.
     Con voluntad propia, porque gobernar mi propio cuerpo se convirtió en una ardua tarea, mis dedos se cerraron, convirtiendo mis manos en puños. Un pequeño temblor se nutría de lo acumulado, de lo que no había sido dicho. De la absoluta sorpresa de un encuentro imposible de haber previsto.
     Apreté la mandíbula.
     Mi puño derecho se hizo con el control incondicional. Con la celeridad de un parpadeo, surcó el aire y fue a morir al rostro de Zorak, al lado izquierdo. El impacto le giró la cara, mientras que en la mía comenzaba a emerger una expresión de furia que ni me molesté en camuflar. Me ardieron los nudillos.
     —¡Hijo de puta!


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RE: [Presente relativo] - Rumbo al horizonte - por Maeve Knox - 18-03-2024, 07:32 PM

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