22-05-2024, 08:08 PM
Sasha miraba desde la entrada del palacio el gigantesco y elegante edificio con la boca abierta. La semioni no había podido apreciar su altura desde la arena y las gradas, pero ahora su mente solo podía pensar en mil y una cosas que quería hacer en aquel lugar tan refinado, que podría dejar de serlo a manos de la rubia. Con un brillo infantil en la mirada, la adolescente se dispuso a entrar lista para recibir su deseo. El ángel que los había recibido en la ciudad antes de empezar los juegos y que había estado con ellos le entregó una nota en silencio. Sasha lo había mirado con la ceja derecha alzada ante tanto secretismo, pero cuando vio que de lo que se trataba - una cita en el palacio a esa hora - no pudo evitar que una sonrisa de oreja a oreja se apoderase de su rostro, solo esperaba encontrarse con Sohem y Triana allí. Pudo ver a dos ángeles con muchas más alas y con aspecto más fuerte e imponente, gracias a sus cinco metros de altura, la ropa y el escudo que llevaban. Sasha se acercó hasta Nawi con una sonrisa mientras le enseñaba la nota de Navor. — Un viejo me ha dado esto y me ha dicho que venga. Soy Sasha, entro — dijo sin más avanzando por la inmensa puerta abierta y guardaba la nota.
La semioni giró sobre sí misma mirando hacia arriba mientras pasaba por la puerta de treinta metros de alto. Era de oro, además que tenía un dibujo bastante impresionante. — Le diré a Tobías que me haga algo parecido en la puerta de mi camarote — pensó la joven llevándose ambas manos a la boca intentando contener una pequeña risita por los dibujos que le iba a pedir. La rubia inclinó la cabeza hacia la derecha con curiosidad por el grosor de los muros, no era tonta, sabía lo que era el oro y parecía que habían usado demasiada cantidad del material para hacer el lugar. Bajó la mano izquierda de la cara - sin parar de caminar - dejando solo la derecha cerrada a excepción del dedo índice que lo tenía en los labios, dándole un aspecto pensativo e inocente. — En la mina conseguimos mucho dinero, pero aquí parece que hay más… — reflexionó para sí misma imaginando como podría usarlo para comprar un kanabo nuevo o incluso un peluche como el que había visto en isla Toko.
La joven apreció una alfombra carmesí y empezó a marchar por ella tambaleándose como si de un juego de equilibrio se tratara. Entonces, la rubia por fin llegó a una estancia gigantesca e imponente, haciéndola parar en seco. No le gustaba verse tan pequeña en aquel lugar, por lo que como pudo infló tu pecho con orgullo y elevó ligeramente el mentón, sintiéndose confiada con su kanabo en la espalda. Siguió el camino marcado y pasando entre las columnas, teniendo tres a su izquierda y tres a su derecha. Sasha paró quedándose delante de estas y mirando a ambos lados de las columnas de la izquierda para hacer lo mismo con las de la derecha, mirando curiosa todo a su alrededor, no las veía muy prácticas ahí en medio. Ella siempre se había considerado muy alta, pero todo ahí era de la altura de gigantes, o incluso mayor.
Miró con curiosidad al mono sentado en un trono - parecido al que le llevaron a la arena durante la pelea - junto a otros dos ángeles que estaban de pie a cada uno de su lado y que parecían gemelos con los dos de la puerta, mientras que otro subía con pasos pesados por las escaleras de la izquierda que había detrás del trono. Una sonrisa pícara apareció en la cara de Sasha pensando en lo divertido que sería tirarse por esa escalera, pero negó con la cabeza, se tenía que centrar ahora que estaba delante del emperador. Por lo que lo miró seria y segura de sí misma lista para pedir su deseo. — Soy Sasha de los Shogun Gari, gané la prueba de resistencia y soy del grupo de Sohem. Vengo a por mi deseo — contestó la joven de forma firme, sin temblar, juntando su mínimo atisbo de madurez en esa frase. Pero, de pronto, recordó lo que había estado pensando desde que vio a los Alas Negras en acción en la arena. — ¿Sabes dónde está Yamamura? Garnet y yo queremos jugar con él — preguntó con inocencia al mono emperador recordando el juego que había pensado en hacer con la habilidad del lunarian. Si los Shogun Gari y Don Bambú habían tenido su propia casa eso significaba que los Alas Negras también tendrían su propia casita.
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