El bien siempre triunfa al final, y como no podía ser de otra forma, gané en los juegos. Durante mi estancia en Skypiea, en un momento indeterminado, Navur me entregó una carta sin mediar palabra alguna. Abrí la misiva con cuidado y la leí detenidamente. Se me citaba en el Palacio para recibir el premio por ganar en los Juegos de Zarutsuki. Sin decir una palabra a nadie, guardé la carta en mi bolsa y comencé a caminar hacia el palacio, bordeando el lado derecho del área de los juegos. Tras lo acontecido en el evento, esperaba que los residentes se hubiesen alertado o reaccionado de alguna forma por quedarse inconscientes, pero actuaban todos como si aquello hubiese sido lo más normal del mundo. Era extraño, cuanto menos. Si habían estado bajo el control de un pirata por tanto tiempo seguro que eso se debía a que no era la primera vez y que los tenía sometidos a la fuerza. Por supuesto que debía ser así. “Pobres gentes... Llevan tanto tiempo oprimidos por el yugo de un pirata que han olvidado lo que es la seguridad.” pensé, mirando con compasión a los residentes que me cruzaba durante el transcurso de mi trayecto. Pero no podía juzgarlos, para nada. ¿Cómo podría si aquel mono de feria era capaz de tumbarlos a todos sin mover un dedo? Aquellas personas merecían vivir en un país con seguridad, con marines como nosotros que velasen por ellos y gozando de su libertad. Todo parecía un maquiavélico plan para tenerlos en cautividad, amansados como perros con la falsa ostentosidad de una jaula de oro. Con el amor que profesaba a la Marina, no podía sino sentir vergüenza por tener que permitir aquello... Por ahora. Cuando tuviese más poder, aboliría a los Shichibukais y enviaría a nuestras tropas a liberar a aquella desamparada y desdichada gente. Una Marina fuerte y justa que no toleraría a ningún criminal ni permitiría que la gente sufriese como en aquel infierno en los cielos. Esa era la Marina que construiría, algún día.
Pero bueno, por ahora me reuniría con el Líder de aquella opresión. Tenía un premio para mí, ¿verdad? Si fuese un deseo incondicional, le diría que renunciase a su título de Shichibukai y se entregase ante la justicia. Mi segunda opción era que me entregase en bandeja a la semioni llamada Sasha, con una recompensa más que suficiente para labrarme por fin un nombre y ganarme un ascenso. Pero claro, no era tonta, seguro que había condiciones en los deseos o incluso unos preestablecidos, pronto lo sabría.
Llegué a las puertas del Palacio, un lugar prohibido para cualquiera, pero no para una diosa como yo, claramente. Estaban custodiadas por los que debían ser los Primarcas, información que conocía gracias a mis eruditas artes de la información. Ambos contaban con una apariencia angelical, con más alas de las que deberían y portaban armadura. ¿Tal vez Zarutsuki se dedicaba a hacer extraños experimentos con los Lunarians y Skypieans? Me planté frente a la puerta abierta y saqué del bolso la correspondencia recibida.
—Mi nombre es Ikirami Kuroichi, Teniente de la Marina y miembro del equipo ganador de los juegos. —declaré levantando la cabeza para mirar a la cara a ambos.
Al no encontrar respuesta, asumí que todo estaba bien así que continué adelante y atravesé las enormes puertas. Sí, era un palacio enorme, de oro además, y en otras circunstancias me habría detenido a analizar su arquitectura y realmente habría disfrutado de la visita. Era un lugar a mi medida en absolutamente todo. A excepción de lo que se sentaba en el trono. Estaba en la provisional casa de un pirata, cosa que me desagradaba en demasía. Aun así, fui incapaz de contener cierta parte de mi curiosidad y revisé las salidas y entradas de la habitación, por si veía algo interesante más allá de ellas. Lo que sí pude apreciar fue a la enorme pirata adolescente, que debía haber llegado poco antes que yo, frente al trono donde estaba Zarutsuki con dos de los Primarcas a sus lados.
Avancé por la alfombra, de un color rojo hermoso, aunque no tanto como mi pelo, y me coloqué a la derecha de Sasha.
—Ikirami Kuroichi, miembro del equipo ganador. Gracias por concederme el honor de visitar su hogar, Shichibukai y Emperador Zarutsuki. —dije con un tono cordial y haciendo una leve reverencia con la cabeza.
Tras aquello, giré la cabeza hacia Sasha y le sonreí amistosamente saludando con la mano.
Pero bueno, por ahora me reuniría con el Líder de aquella opresión. Tenía un premio para mí, ¿verdad? Si fuese un deseo incondicional, le diría que renunciase a su título de Shichibukai y se entregase ante la justicia. Mi segunda opción era que me entregase en bandeja a la semioni llamada Sasha, con una recompensa más que suficiente para labrarme por fin un nombre y ganarme un ascenso. Pero claro, no era tonta, seguro que había condiciones en los deseos o incluso unos preestablecidos, pronto lo sabría.
Llegué a las puertas del Palacio, un lugar prohibido para cualquiera, pero no para una diosa como yo, claramente. Estaban custodiadas por los que debían ser los Primarcas, información que conocía gracias a mis eruditas artes de la información. Ambos contaban con una apariencia angelical, con más alas de las que deberían y portaban armadura. ¿Tal vez Zarutsuki se dedicaba a hacer extraños experimentos con los Lunarians y Skypieans? Me planté frente a la puerta abierta y saqué del bolso la correspondencia recibida.
—Mi nombre es Ikirami Kuroichi, Teniente de la Marina y miembro del equipo ganador de los juegos. —declaré levantando la cabeza para mirar a la cara a ambos.
Al no encontrar respuesta, asumí que todo estaba bien así que continué adelante y atravesé las enormes puertas. Sí, era un palacio enorme, de oro además, y en otras circunstancias me habría detenido a analizar su arquitectura y realmente habría disfrutado de la visita. Era un lugar a mi medida en absolutamente todo. A excepción de lo que se sentaba en el trono. Estaba en la provisional casa de un pirata, cosa que me desagradaba en demasía. Aun así, fui incapaz de contener cierta parte de mi curiosidad y revisé las salidas y entradas de la habitación, por si veía algo interesante más allá de ellas. Lo que sí pude apreciar fue a la enorme pirata adolescente, que debía haber llegado poco antes que yo, frente al trono donde estaba Zarutsuki con dos de los Primarcas a sus lados.
Avancé por la alfombra, de un color rojo hermoso, aunque no tanto como mi pelo, y me coloqué a la derecha de Sasha.
—Ikirami Kuroichi, miembro del equipo ganador. Gracias por concederme el honor de visitar su hogar, Shichibukai y Emperador Zarutsuki. —dije con un tono cordial y haciendo una leve reverencia con la cabeza.
Tras aquello, giré la cabeza hacia Sasha y le sonreí amistosamente saludando con la mano.
