Una nota de manos de uno de los Cumsoldier me citaba a palacio para poder obtener el tan ansiado deseo de manos del Emperador en persona. Una situación un tanto atípica y seguramente tensa, ya que por sus palabras al separarse de mi tras mi victoria en sus juegos, no parecía muy contento conmigo o muy a favor de establecer una amistad. No obstante, su intervención nos había llevado a descubrir ciertos factores que, de no ser por la explicación de Viktor, habría pasado completamente por alto. Parecía que a estas alturas de nuestro viaje no contaba sólo nuestra capacidad, fuerza o incluso nuestros poderes de fruta. Parecía que a partir de ahora, las ligas se desarrollaban a raíz de ese concepto espiritual, y sólo unos pocos teníamos la oportunidad de exprimir el máximo de su potencial, yo entre ellos, al igual que aquel macaco ígneo.
Me era completamente imposible no pensar en mi familia. ¿Alguien más de mis hermanos tendría acceso a esta clase de poder? Sin duda el primogénito de la familia, Aurum Pluto y mi cuarta hermana, Verus Aturn, tendrían la capacidad para lograrlo, pues las historias de batalla del abuelo parecían hacer encajar que quien era su viva imagen y quien apuntaba a ser la mejor combatiente de la familia, pudieran heredar sus mejores capacidades. Pero, si yo que era el más inútil de todos ellos tenía dormido esa clase de poder dentro de mi ¿qué pasaría con el resto de mis hermanos? ¿sería esto algo insólito por mi parte? ¿algo único?. Preguntas y más preguntas, revotando en mi cabeza con furia como si mi casco no las dejase salir al exterior. Mis ojos se movían inquietos apuntando entre los agujeros de mi máscara mientras avanzaba en dirección al palacio, pudiendo observar algunos metros por delante de mi, entre la muchedumbre de las calles que realizaban sus quehaceres sin muchos problemas, a una pelirroja con uniforme de Marine. No sabría decir si era la mujer que formó parte de mi equipo en las pruebas, la tal Pilimari, pero por su dirección similar a la mía parecía caber la posibilidad de que así fuera.
Algo más adelante en las puertas del palacio descansaban dos colosos enormes, multi-alados y pertrechados con armaduras resplandecientes y escudos enormes, de casi el doble de mi altura. Buenos guardias. E interesante el concepto de no portar armas, proyectando la imagen de que su cometido es la defensa y la proyección, y no el castigo o el enfrentamiento... pero mi atención se escapó al ver una melena rubia flanqueada por dos grandes cuernos entrando dentro de aquellas puertas. Esa cabeza si podía reconocerla bien, y mientras la veía desaparecer cruzando las puertas pude apreciar como aquella pelirroja seguía el mismo camino. Sin detener mis pasos, con las manos en los bolsillos y sin portar mi arma, Ein Hauch, el cual estaba bajo el cuidado de Chloe y Viktor, me aproximé hasta dicho umbral cruzando entre ambos guardias sin mirarlos directamente, manteniendo el rostro fijo y firme hacia el interior de la puerta, pero observándolos celosamente a hurtadillas entre los múltiples agujeros de mi casco.
Al entrar en el palacio, Sasha estaba frente a un trono presidido por el simiesco Emperador , y flanqueado por dos guardias más, exactamente iguales a los dos de la puerta. Junto a Sasha, se presentaba la Marine como, evidentemente, Pilimari, mientras mis pasos se aproximaban a ellas con calma. Al mismo tiempo, bajando por las escaleras que había tras el trono, una espadachina rubia llena de heridas se aproximaba al grupo, y podría jurar que se trataba de Cipriana, si las cuentas no me fallaban, el miembro restante de mi equipo, quien saludó con una escueta palabra. Me gustaba esa actitud, directa al grano y sin miramientos, economizando tiempo, saliva y formalismos. Pero a juzgar por el supuesto origen de su recorrido, ella no precisaba presentarse al provenir del piso superior del palacio y tener mejor calidad de trato por parte del mono de fuego, pero yo no dejaba de estar en la sala del trono, o de recepción, o lo que coño fuera, de un Gobernante de un reino y a su vez Shichibukai y aunque no podía jugarmela a caer en una trampa, por más que confiase en la buena fe de su invitación y mi gesto de aparecer desarmado, no podía ser menos ante los presentes.
— Alteza — y chasqueé la lengua, sacando las manos de mis bolsillos y cruzando los brazos frente al pecho, hinchando el mismo un poco, parado junto a Pilimari observando al Emperador en primer lugar — Parece que ya estamos todos — sentencié, pasando mis ojos de un guardia al otro para estar al tanto de cualquier acción, mientras focalizaba especial atención a mi agudo sentido del oído para tratar de advertir algún tipo de trampa o estratagema por la espalda — Vengo a reclamar lo que se me debe — finalicé, clavando finalmente mis ojos en el Emperador y manteniéndome firme en mi postura, contento por no haber tenido que decir su nombre... porque no me acordaba de cómo se llamaba este tío.
Me era completamente imposible no pensar en mi familia. ¿Alguien más de mis hermanos tendría acceso a esta clase de poder? Sin duda el primogénito de la familia, Aurum Pluto y mi cuarta hermana, Verus Aturn, tendrían la capacidad para lograrlo, pues las historias de batalla del abuelo parecían hacer encajar que quien era su viva imagen y quien apuntaba a ser la mejor combatiente de la familia, pudieran heredar sus mejores capacidades. Pero, si yo que era el más inútil de todos ellos tenía dormido esa clase de poder dentro de mi ¿qué pasaría con el resto de mis hermanos? ¿sería esto algo insólito por mi parte? ¿algo único?. Preguntas y más preguntas, revotando en mi cabeza con furia como si mi casco no las dejase salir al exterior. Mis ojos se movían inquietos apuntando entre los agujeros de mi máscara mientras avanzaba en dirección al palacio, pudiendo observar algunos metros por delante de mi, entre la muchedumbre de las calles que realizaban sus quehaceres sin muchos problemas, a una pelirroja con uniforme de Marine. No sabría decir si era la mujer que formó parte de mi equipo en las pruebas, la tal Pilimari, pero por su dirección similar a la mía parecía caber la posibilidad de que así fuera.
Algo más adelante en las puertas del palacio descansaban dos colosos enormes, multi-alados y pertrechados con armaduras resplandecientes y escudos enormes, de casi el doble de mi altura. Buenos guardias. E interesante el concepto de no portar armas, proyectando la imagen de que su cometido es la defensa y la proyección, y no el castigo o el enfrentamiento... pero mi atención se escapó al ver una melena rubia flanqueada por dos grandes cuernos entrando dentro de aquellas puertas. Esa cabeza si podía reconocerla bien, y mientras la veía desaparecer cruzando las puertas pude apreciar como aquella pelirroja seguía el mismo camino. Sin detener mis pasos, con las manos en los bolsillos y sin portar mi arma, Ein Hauch, el cual estaba bajo el cuidado de Chloe y Viktor, me aproximé hasta dicho umbral cruzando entre ambos guardias sin mirarlos directamente, manteniendo el rostro fijo y firme hacia el interior de la puerta, pero observándolos celosamente a hurtadillas entre los múltiples agujeros de mi casco.
Al entrar en el palacio, Sasha estaba frente a un trono presidido por el simiesco Emperador , y flanqueado por dos guardias más, exactamente iguales a los dos de la puerta. Junto a Sasha, se presentaba la Marine como, evidentemente, Pilimari, mientras mis pasos se aproximaban a ellas con calma. Al mismo tiempo, bajando por las escaleras que había tras el trono, una espadachina rubia llena de heridas se aproximaba al grupo, y podría jurar que se trataba de Cipriana, si las cuentas no me fallaban, el miembro restante de mi equipo, quien saludó con una escueta palabra. Me gustaba esa actitud, directa al grano y sin miramientos, economizando tiempo, saliva y formalismos. Pero a juzgar por el supuesto origen de su recorrido, ella no precisaba presentarse al provenir del piso superior del palacio y tener mejor calidad de trato por parte del mono de fuego, pero yo no dejaba de estar en la sala del trono, o de recepción, o lo que coño fuera, de un Gobernante de un reino y a su vez Shichibukai y aunque no podía jugarmela a caer en una trampa, por más que confiase en la buena fe de su invitación y mi gesto de aparecer desarmado, no podía ser menos ante los presentes.
— Alteza — y chasqueé la lengua, sacando las manos de mis bolsillos y cruzando los brazos frente al pecho, hinchando el mismo un poco, parado junto a Pilimari observando al Emperador en primer lugar — Parece que ya estamos todos — sentencié, pasando mis ojos de un guardia al otro para estar al tanto de cualquier acción, mientras focalizaba especial atención a mi agudo sentido del oído para tratar de advertir algún tipo de trampa o estratagema por la espalda — Vengo a reclamar lo que se me debe — finalicé, clavando finalmente mis ojos en el Emperador y manteniéndome firme en mi postura, contento por no haber tenido que decir su nombre... porque no me acordaba de cómo se llamaba este tío.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)