Sentía que tenía el poder para doblegarla. Sentía de nuevo que volvía a tener el control sobre la batalla y que mi descuido había sido sólo eso, un único descuido puntual que había torcido las cosas en mi contra momentáneamente. Nada que no pudiera revertir, y nada que no pudiera enfrentar, pero no podía seguir bajando la guardia sólo por haber tenido enfrentamientos interesantes a mi favor anteriormente. Sasha fue capaz de imponerse a la potencia de mi golpe, al igual que esta mujer, así que era claro que me faltaba entrenamiento. Aun necesitaba hacerme más fuerte, concretamente, más fuerte físicamente. Más músculo. Más potencia. Pero mis ensoñaciones se disiparon como un diente de león al viento cuando al apartar el kanabo del rostro de mi enemigo, ella seguía clavando sus ojos en mi. Por un momento abrí los míos de par en par, alzando las cejas. Esa determinación no era normal. Esa mirada de odio, esa capacidad de sobreponerse, y encima la entereza de querer aguantar la mirada en mi... estaba inmóvil pero no estaba derrotada.
— ¡Ja! — grité con sorna, sonriendo tras el yelmo y chasqueé la lengua — ¡¡Wry ha ha ha!! — reí alegre mirándola, ignorando por un momento la sangre drenándose por mis cortes, pues realmente su acción sorprendentemente me había gustado — Bien hecho, Triana —la halagué, sin trucos, mientras bajaba mi arma a mi costado y sólo se escuchaba el crepitar de sus llamas y mi presencia imponente sobre ella se iba relajando y yo volvía a descender las escaleras caminando tranquilamente, revelándola en un lenguaje no verbal que tenía el control absoluto de la situación — Normalmente me encuentro con mierdas que se desmayan en uno o dos movimientos, pero tú... — y para ese momento ya estaba dándole la espalda, en mi posición inicial, a seis metros de ella — ... alguien como tú es la clase de compañeros que hay que tener — entonces me giré, ofreciéndola el costado izquierdo y la apunté con el arma en llamas — Ese capitán tuyo tiene suerte de tenerte, y visto lo visto en nuestro encuentro, más le valdría conservarte — dije, y entonces la presión desapareció por completo de una forma completamente inconsciente pero que pude sentir, liberándola de las ataduras y dejando que pudiera moverse de nuevo. Ahora estaba de buen humor.
Volví a recolocar el kanabo en posición de bateo. Pies a la altura de las caderas, rodillas semiflexionadas, espalda recta, hombros fijos, arma apuntando al cielo y sujeta por ambas manos a la altura de mi cara. Estaba listo para zanjar esto.
Triana había sido la primera persona en tanto tiempo que no era capaz ni de recordarlo, en ponerme en verdaderos aprietos. La primera en mucho, mucho tiempo que había conseguido recordar, obviando a Sasha y su caso especial, y la primera en mucho más que me había hecho sangrar de forma incontenible como esta. Era un oponente digno y en el futuro traería de vuelta esta sensación multiplicada por mucho más aun. Y aunque podría haberla intentado rematar con una tormenta de golpes cuando la tuve a mi merced, mi propio código de honor me instaba a comprobar si era la clase de oponente que estaba buscando, y de serlo, ver hasta donde era capaz de llegar. No iba a marcharme de ahí hasta que uno de los dos no cayese al suelo inconsciente, o muerto. Y todo se decidiría en el siguiente movimiento. Un movimiento que determinaría si Triana volvería a entretenerme un día más, o sus amigos recogerían su valiente cuerpo de estas escaleras... o quizá, el fin de mi tortuosa trayectoria. Fuera lo que fuera lo que el destino deparase, lo abrazaría con respeto.
— ¿Ya te rindes? — pregunté con sobrada sorna, chasqueando la lengua de nuevo, aguardando en aquella posición.
— ¡Ja! — grité con sorna, sonriendo tras el yelmo y chasqueé la lengua — ¡¡Wry ha ha ha!! — reí alegre mirándola, ignorando por un momento la sangre drenándose por mis cortes, pues realmente su acción sorprendentemente me había gustado — Bien hecho, Triana —la halagué, sin trucos, mientras bajaba mi arma a mi costado y sólo se escuchaba el crepitar de sus llamas y mi presencia imponente sobre ella se iba relajando y yo volvía a descender las escaleras caminando tranquilamente, revelándola en un lenguaje no verbal que tenía el control absoluto de la situación — Normalmente me encuentro con mierdas que se desmayan en uno o dos movimientos, pero tú... — y para ese momento ya estaba dándole la espalda, en mi posición inicial, a seis metros de ella — ... alguien como tú es la clase de compañeros que hay que tener — entonces me giré, ofreciéndola el costado izquierdo y la apunté con el arma en llamas — Ese capitán tuyo tiene suerte de tenerte, y visto lo visto en nuestro encuentro, más le valdría conservarte — dije, y entonces la presión desapareció por completo de una forma completamente inconsciente pero que pude sentir, liberándola de las ataduras y dejando que pudiera moverse de nuevo. Ahora estaba de buen humor.
Volví a recolocar el kanabo en posición de bateo. Pies a la altura de las caderas, rodillas semiflexionadas, espalda recta, hombros fijos, arma apuntando al cielo y sujeta por ambas manos a la altura de mi cara. Estaba listo para zanjar esto.
Triana había sido la primera persona en tanto tiempo que no era capaz ni de recordarlo, en ponerme en verdaderos aprietos. La primera en mucho, mucho tiempo que había conseguido recordar, obviando a Sasha y su caso especial, y la primera en mucho más que me había hecho sangrar de forma incontenible como esta. Era un oponente digno y en el futuro traería de vuelta esta sensación multiplicada por mucho más aun. Y aunque podría haberla intentado rematar con una tormenta de golpes cuando la tuve a mi merced, mi propio código de honor me instaba a comprobar si era la clase de oponente que estaba buscando, y de serlo, ver hasta donde era capaz de llegar. No iba a marcharme de ahí hasta que uno de los dos no cayese al suelo inconsciente, o muerto. Y todo se decidiría en el siguiente movimiento. Un movimiento que determinaría si Triana volvería a entretenerme un día más, o sus amigos recogerían su valiente cuerpo de estas escaleras... o quizá, el fin de mi tortuosa trayectoria. Fuera lo que fuera lo que el destino deparase, lo abrazaría con respeto.
— ¿Ya te rindes? — pregunté con sobrada sorna, chasqueando la lengua de nuevo, aguardando en aquella posición.
Resumen
Bélico

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