05-06-2024, 08:16 PM
Tras desaparecer la presión sobre ella su acometida no se hizo esperar y se precipitó hacia mi de nuevo, por tercera vez, con ese ataque en forma de cruz que ya me había hecho cuatro cortes: dos en el pecho y uno en cada triceps. Parecía no tener mucha diversidad de ataques - al igual que yo - pero lo podía usar con una cadencia tan alta que realmente no parecía necesitar más que eso. Era una mujer desconmensuradamente fuerte y capaz, como ya había visto en los juegos del rey mono, pero al poder comprobarlo en mis propias carnes, la cosa cambiaba considerablemente. Aquel ataque era peligroso, y asumirlo tantas veces iba a ser un problema.
Lo vi venir prácticamente a cámara lenta. Lo había usado tantas veces que ni tan siquiera tuve que escuchar aquella palabra para saber que se trataba del mismo movimiento. Un movimiento exageradamente desesperado y frontal, un todo o nada, con la cara llena de frustración, el cuerpo humeante y varias quemaduras nuevas sembrando su cuerpo... pero su determinación no flaqueaba — ¡Bien! — bramé al mismo tiempo que pronunciaba su técnica, sonriendo bajo el casco, realmente contento de que ella quisiera seguir peleando y no se rindiera o se marchara por estar en una peor condición, y mientras ella descruzaba sus espadas frente a mi casco yo movía lateralmente el kanabo en llamas liberando una oleada de calor desde mi cuerpo al mismo tiempo, impactando con Ein Hauch en su costado derecho con todas mis fuerzas y tratando de poner fin a esto mientras ella partía mi yelmo en cuatro partes triangulares, produciéndome un corte en equis en el rostro y pudiendo ver mi cara bullente de felicidad, como un niño disfrutando de su juego favorito, sonriendo y con los ojos como platos — ¡Triana Tempesta! — grité mientras se producían ambos ataques.
El golpe de mi kanabo desplazó lateralmente a la mujer y la lanzó contra el suelo, dejándola inconsciente en el proceso mientras que su doble corte no sólo cortó de raíz mi explosión de calor o las llamas de mi arma, si no que me hizo retroceder un paso y llevarme la mano al rostro, jadeando, sangrando y viendo como los pedazos de mi máscara yacían en las escaleras, completamente ensangrentados. Ahora el astro rey bañaba tanto mi cabello rosado como mi piel normalmente oculta, y dos cortes diagonales formaban una equis perfecta en mi rostro, conjuntamente con la enorme cicatriz horizontal que habitualmente estaba ahí. Quien sabe si serían cicatrices nuevas. Lo que estaba claro es que la perdida de sangre era cada vez más notoria, y necesitaba curarme cuanto antes o podría obtener un prematuro sino.
Miré a Triana en el suelo, escupí un poco de sangre frente a mis pies y alcé la mirada al palacio, respirando pesadamente con la vista casi nublada — Sigue creciendo — sentencié, refiriéndome a mi contrincante, dándome la vuelta y comenzando a caminar dejando pisadas ensangrentadas en mi camino — Vendré a por tu cabeza cuando valgas lo suficiente como para volver a pasar por esto — finalicé, adentrándome en el poblado con paso débil pero decidido, asombrando a las personas que allí se encontraban y se quedaban mirándome pasar, dejando aquel reguero de sangre.
Tenía que llegar a la playa. Debía llegar al barco. No iba a morir aquí.
Lo vi venir prácticamente a cámara lenta. Lo había usado tantas veces que ni tan siquiera tuve que escuchar aquella palabra para saber que se trataba del mismo movimiento. Un movimiento exageradamente desesperado y frontal, un todo o nada, con la cara llena de frustración, el cuerpo humeante y varias quemaduras nuevas sembrando su cuerpo... pero su determinación no flaqueaba — ¡Bien! — bramé al mismo tiempo que pronunciaba su técnica, sonriendo bajo el casco, realmente contento de que ella quisiera seguir peleando y no se rindiera o se marchara por estar en una peor condición, y mientras ella descruzaba sus espadas frente a mi casco yo movía lateralmente el kanabo en llamas liberando una oleada de calor desde mi cuerpo al mismo tiempo, impactando con Ein Hauch en su costado derecho con todas mis fuerzas y tratando de poner fin a esto mientras ella partía mi yelmo en cuatro partes triangulares, produciéndome un corte en equis en el rostro y pudiendo ver mi cara bullente de felicidad, como un niño disfrutando de su juego favorito, sonriendo y con los ojos como platos — ¡Triana Tempesta! — grité mientras se producían ambos ataques.
El golpe de mi kanabo desplazó lateralmente a la mujer y la lanzó contra el suelo, dejándola inconsciente en el proceso mientras que su doble corte no sólo cortó de raíz mi explosión de calor o las llamas de mi arma, si no que me hizo retroceder un paso y llevarme la mano al rostro, jadeando, sangrando y viendo como los pedazos de mi máscara yacían en las escaleras, completamente ensangrentados. Ahora el astro rey bañaba tanto mi cabello rosado como mi piel normalmente oculta, y dos cortes diagonales formaban una equis perfecta en mi rostro, conjuntamente con la enorme cicatriz horizontal que habitualmente estaba ahí. Quien sabe si serían cicatrices nuevas. Lo que estaba claro es que la perdida de sangre era cada vez más notoria, y necesitaba curarme cuanto antes o podría obtener un prematuro sino.
Miré a Triana en el suelo, escupí un poco de sangre frente a mis pies y alcé la mirada al palacio, respirando pesadamente con la vista casi nublada — Sigue creciendo — sentencié, refiriéndome a mi contrincante, dándome la vuelta y comenzando a caminar dejando pisadas ensangrentadas en mi camino — Vendré a por tu cabeza cuando valgas lo suficiente como para volver a pasar por esto — finalicé, adentrándome en el poblado con paso débil pero decidido, asombrando a las personas que allí se encontraban y se quedaban mirándome pasar, dejando aquel reguero de sangre.
Tenía que llegar a la playa. Debía llegar al barco. No iba a morir aquí.
Resumen
Bélico
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