29-06-2024, 05:41 PM
(Última modificación: 29-06-2024, 06:18 PM por Maeve Knox.)
Día 12, en algún momento de la tarde, otoño, año 12
Red Line | Cabos Gemelos
Continuación de "[+18] Hunter's Gate"
Continuación de "[+18] Hunter's Gate"
OST DE LA ESCENA
La brisa me rozaba el rostro mientras, con los ojos cerrados, surcaba el cielo. ¿Estaba volando? No sentía mis alas. No podía sentirlas, pues ahora eran brazos pobremente cruzados sobre mi abdomen. Un poco más arriba, el pecho me dolía como si perteneciese al averno. Y, sin embargo, volaba. ¿De verdad volaba?
Luego, un golpe. El parón seco me hizo mucho daño. Dejé escapar un gruñido.
¿Qué ocurría?
Hacía un momento había... El suelo del galeón. Sangre. Hunter Wolf. Más sangre.
Eaa. Dios mío —el que fuera que me escuchase—, Eaa. Debía, tenía que... ¿Estaba bien? ¡Eaa!
"Ni se te ocurra volver a hacer eso..."
Su voz... Era su voz... Estaba bien...
"No necesito que nadie se pre...o..."
¿Qué necesitas, Eaa?
Entonces, entendí. Estaba conmigo. A pesar de recibir su voz como a través de una neblina, la escuchaba a mi lado. Para verla, necesitaba abrir los ojos. ¿Cuándo los había cerrado? La luz del día incidía sobre esos finos músculos que los cubrían. Fruncí el ceño al intentar abrirlos y el alud de sol los hirió, obligándome a parpadear varias veces para acostumbrarme.
La brisa me rozaba el rostro mientras, con los ojos cerrados, surcaba el cielo. ¿Estaba volando? No sentía mis alas. No podía sentirlas, pues ahora eran brazos pobremente cruzados sobre mi abdomen. Un poco más arriba, el pecho me dolía como si perteneciese al averno. Y, sin embargo, volaba. ¿De verdad volaba?
Luego, un golpe. El parón seco me hizo mucho daño. Dejé escapar un gruñido.
¿Qué ocurría?
Hacía un momento había... El suelo del galeón. Sangre. Hunter Wolf. Más sangre.
Eaa. Dios mío —el que fuera que me escuchase—, Eaa. Debía, tenía que... ¿Estaba bien? ¡Eaa!
"Ni se te ocurra volver a hacer eso..."
Su voz... Era su voz... Estaba bien...
"No necesito que nadie se pre...o..."
¿Qué necesitas, Eaa?
Entonces, entendí. Estaba conmigo. A pesar de recibir su voz como a través de una neblina, la escuchaba a mi lado. Para verla, necesitaba abrir los ojos. ¿Cuándo los había cerrado? La luz del día incidía sobre esos finos músculos que los cubrían. Fruncí el ceño al intentar abrirlos y el alud de sol los hirió, obligándome a parpadear varias veces para acostumbrarme.
Lo primero que vi fue su bello rostro. En comparación con el mío, era enorme. Así que estaba en sus brazos. Allí estaba a gusto, me pregunté por qué no le había dejado nunca acogerme de aquella forma, su cuerpo parecía estar concebido para sostener el mío. ¿Por qué me estaba sosteniendo?
Hunter.
—¿Qué ha pasado? —conseguí decir. Un nuevo arroyo de sangre abandonó mis labios—. ¿Dónde estamos? —Sobre la cabeza de mi amiga, en lo alto, la bandera de los Piratas del Brillante Infortunio ondeaba bajo los vientos del Grand Line. Boca arriba como estaba, podía verla entre los rayos de sol.—. ¿Hemos vuelto a la Rémora? ¿Dónde está Hunter? ¿Hemos ganado?
Hay victorias que arrancan lágrimas, pero el rastro carmesí en las mejillas de Eaa se veían más amargas que dulces. Solo entonces sentí las mías, resbalando por mis sienes. ¿Estaba llorando? Nunca me gustó que me viesen llorar, lo aborrecía. Sin embargo, ahora no podía frenarlas, como si una fuerza mayor guiase las gotas teñidas de negro. El dolor podía llegar a ser un acompañante muy cruel, bien lo sabía, pero nunca me había castigado de aquella forma. Y ahora que era más consciente de mi propio cuerpo, notaba cómo la sangre aún lo abandonaba. Ese cabronazo me había jodido pero bien.
"Permiso para abordar, capi..."
Otra voz. Otro rostro. Ah, sí, Gin. Rapax Gin, si mi memoria no me fallaba. ¿Por qué estaba en nuestro barco? Tal vez Eaa le hubiese invitado. Su luz siempre me había resultado extraña, pues donde yo veía obstáculos en la gente, ella siempre vio oportunidades. Sin embargo, siempre fue una luz que, sin haberlo planeado cuando la conocí, me guio entre las tinieblas. No me molesta la oscuridad, la prefiero, pero cuando la oscuridad reside en el corazón de una, a veces es más difícil. Eaa siempre hizo fácil lo difícil.
—Eaa, estás bien. —Traté de esbozar una sonrisa, pero el terrible dolor del pecho las absorbía todas.
Todavía podía sentir la espada de Hunter hundirse en mí, cortar mi interior con cada centímetro avanzado. Podía sentirlo derrotarme. Porque, sí, aquello había sido una bochornosa derrota. No sabía lo que había sucedido hasta nuestra presencia en La Rémora Fatua, pero que ese cazador me había cazado era una apabullante evidencia.
Derrotada como una cualquiera, indigna del cargo que Eaa y Peteiro me habían...
Peteiro. Oh, Peteiro. Nuestro peculiar amigo cuyo cuerpo había sido mancillado por las perversiones de aquel hijo de puta. ¿Perversiones? Tremenda hipocresía por mi parte considerar el canibalismo como una perversión cuando yo misma había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho. La forma de buitre no me excusaba, pues mi alma era humana. O tal vez un demonio, pero ese era otro debate. La cuestión es que el mismo acto no puede ser considerado una cosa u otra solo por quién es la víctima. Lo es o no lo es. Así que, a fin de cuentas, yo no era tan diferente de Hunter como para atreverme a juzgarlo. Por mucho que hubiese asesinado y comido a Peteiro. Por mucho que me hubiese vencido en combate. Yo había sido peor adversaria, punto. La ley del más fuerte.
¿Qué pensaría Zorak? Una punzada de vergüenza atravesó mi pecho maltratado. Pude recrear su rostro en mi mente, dibujando en él una mueca de decepción producto de mi imaginación. ¿Estaría decepcionado si supiese que me habían vencido? De ser así, tan amargo sentimiento no superaría al que yo misma guardaba por haber caído.
Zorak. Pensar en él, de pronto, me hacía mucho daño. No tardé en averiguar por qué.
Había conocido a la muerte en numerosas ocasiones siendo yo la que portaba su guadaña. Fueron muchas las veces en las que segué las vidas de mis enemigos o, simplemente, de aquellos que se cruzaron en mi camino, habiendo estado en el lugar inadecuado en el momento más inoportuno. Culpables o inocentes, según mi juicio. Un juicio nada objetivo, pero el único que tengo. Así, demasiados asesinatos bajo mi firma. Tantos que sé reconocer a la Parca cuando la tengo delante.
Volví a cerrar los ojos. El dolor me consumía. Nuevas lágrimas oscuras abandonaron mis ojos, siguiendo la misma estela que sus predecesoras. El mismo camino. El único posible. Solo entonces pude sonreír.
Me estaba muriendo.
