30-06-2024, 03:29 PM
(Última modificación: 30-06-2024, 03:36 PM por Maeve Knox.)
OST DE LA ESCENA
Ensanché mi sonrisa. Habíamos ganado. ¡Habíamos ganado! Yo había caído derrotada, sí, pero Hunter no se había salido con la suya. Eaa y Gin habían terminado lo que yo no pude. Me sentí bien.
—Estoy... orgullosa de ti, Eaa... —Miré de reojo a Gin, aunque apenas nada me unía a él, salvo una emboscada y una nota escrita con la sangre de Peteiro—. De vosotros...
Solemos dar por sentados estos mensajes, no transmitirlos a las personas que nos importan por pudor u orgullo. Pero las palabras portan la magia de dañar, pero también de sanar, de hundir, pero también de salvar. De odiar. También de amar.
Al parecer, Eaa también se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Intentaba salvaguardar mi energía ahorrándome las palabras. Trataba de que no cerrase los ojos por si acaso no volvía a abrirlos. Pidió materiales, creyendo que suturando mis heridas conseguiría retenerme allí, en el barco. Pero cuando la vida se escapa, cuando se escurre entre los dedos como la arena en un reloj, no hay aguja e hilo que pueda remediar lo irreversible. Y ver a Eaa tan rota quebraba mi huidiza alma.
Ensanché mi sonrisa. Habíamos ganado. ¡Habíamos ganado! Yo había caído derrotada, sí, pero Hunter no se había salido con la suya. Eaa y Gin habían terminado lo que yo no pude. Me sentí bien.
—Estoy... orgullosa de ti, Eaa... —Miré de reojo a Gin, aunque apenas nada me unía a él, salvo una emboscada y una nota escrita con la sangre de Peteiro—. De vosotros...
Solemos dar por sentados estos mensajes, no transmitirlos a las personas que nos importan por pudor u orgullo. Pero las palabras portan la magia de dañar, pero también de sanar, de hundir, pero también de salvar. De odiar. También de amar.
Al parecer, Eaa también se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Intentaba salvaguardar mi energía ahorrándome las palabras. Trataba de que no cerrase los ojos por si acaso no volvía a abrirlos. Pidió materiales, creyendo que suturando mis heridas conseguiría retenerme allí, en el barco. Pero cuando la vida se escapa, cuando se escurre entre los dedos como la arena en un reloj, no hay aguja e hilo que pueda remediar lo irreversible. Y ver a Eaa tan rota quebraba mi huidiza alma.
Volví a derramar lágrimas negras.
—El Grand Line... —repetí al escucharla.
Cuna de promesas, territorio de gestas, morada de sueños.
"¿Y tú, Maeve, qué quieres hacer?", me había preguntado Eaa en aquella taberna, junto a Peteiro, hacía lo que parecía eones. "Dejar huella. Que mi paso por este mundo no sea fútil, que signifique algo", le hube respondido entonces. Mi sueño, truncado. ¿Qué huella había dejado más allá de mi sangre en el barco de aquel cazador? ¿Habría dejado, al menos, huella en Eaa, en Peteiro? ¿En Zorak? Quería pensar que sí, aunque mi crítica voz interior intentara convencerme de que no la suficiente. Una huella que se borraría del mundo demasiado pronto, pues las aguas del Grand Line apenas me habían recibido y ya iba a abandonarlas sin la oportunidad de conocerlas mejor. Tal vez fuese mejor así, o así pensarían todas aquellas familias que habían perdido algún miembro bajo mis manos. Esas huellas sí serían permanentes.
Que no haya confusión, no me estoy arrepintiendo de mis crímenes para que algún dios benévolo tenga a bien considerarme para su paraíso. Tengo bien claro que serán los infiernos quienes me acojan entre su fuego o lo que demonios encuentre allí, pues de allí ningún testigo ha vuelto para contar lo que aguarda en tan aciago lugar. No espero otra cosa, es lo que merezco y recibiré mi castigo con dignidad, asumiendo mis actos. Los volvería a repetir si pudiera, pues esa fue mi vida, una vida pirata de saqueos y asesinatos, de atrocidades sin remordimientos. Allí me esperarán todos aquellos que quieran saldar cuentas conmigo, y yo aceptaré esas cuentas con gusto.
Eaa habló de mi plato favorito, de la próxima isla. No habría próxima parada para mí salvo la desconocida eternidad. ¿Cómo podía decirle eso? ¿Cómo, si mi corazón sangraba, y no por las estocadas de Hunter? Eaa, mi Eaa, demasiado buena para este mundo, cuyo caos es lo único que la protege de este.
"No te vayas".
Eaa... Mi pobre Eaa... Me habló de Mandarina. Me habló de Zorak. Pero se le olvidó mencionarse a ella. Hizo que mi llanto encontrase la forma de abrirse paso a través de la sonrisa que aún mis labios vestían.
"Mi única amiga. Mi ángel de la guarda. La única luz de mi vida. Te amo".
Nunca le he tenido miedo a la muerte, pues me parece un precio justo por el tipo de vida que había escogido. Porque nunca consideré que tenía algo que perder. Solo ahora me daba cuenta de que quería quedarme allí un poquito más, una última cerveza, un último abrazo, una última confidencia. Solo una.
Mi expresión se quebró debido al dolor de las heridas y de mi alma. Pero volví a sonreír. Sería muy egoísta si no lo hiciese.
—Eaa —comencé con dificultad—, mis ojos no son tan bonitos, siempre fueron los tuyos... que me miraban. Gracias por tanto y... perdón por tan poco... Escúchame... Vas a... viajar por todas... esas islas, que dejarán... de ser un sueño para... ser tu realidad. Vas a... acabar con cualquiera que intente... evitarlo... Vas a ser... la Reina de los Piratas y... tu nombre será temido en cualquier... lugar del mundo. Te quiero, amiga mía... Siento no haber sido... podido... Mi preciosa Eaa... tendrás... el mundo a tus pies...
¿Había comenzado a nevar? Pero si el sol... Vaya, parecía que era verdad aquello que decían del Grand Line, de la volatilidad de su clima. Quedaban tantas cosas por descubrir...
Me costó un mundo girar la cabeza para poder mirar a Gin. Poco me importaba que Eaa me hubiese despojado de mi ropa de cintura para arriba y el hombre pudiese ver lo que se encontraba debajo.
—Me habría gustado... conocerte en otras circunstancias, pareces.... buen tipo —le dije a duras penas—. Protégela. Por favor.
Se acababa el tiempo. Volví a mirar a la pelirroja que me acunaba. Desde mi posición, la veía como una deidad.
—Zorak... Díselo a Zorak... Dile que lo esperaré... al otro lado...
El frío por fin se llevó cualquier rastro de dolor en mi cuerpo. Cerré los ojos, pesaban como toda una vida.
Me embriagó una dulce sensación de felicidad al pensar en que tuve la oportunidad de ver a Zorak por última vez. En el infierno habría otro lugar para él, pues nuestros monstruos allí pertenecen. Reclamaríamos nuestros tronos cuando el tiempo nos volviese a unir.
—Eaa...
Sentía los copos de nieve sobre mi piel.
Mi querida amiga sería una buena capitana, la mejor. Llevaría nuestra bandera a lo más alto, nuestro barco al mar más lejan
LA RÉMORA FATUA
OFF

