30-06-2024, 06:31 PM
Leyenda
Mantengo la misma OST
- No hace falta que te disculpes - no quería que Maeve hablara. Tenía miedo. Estaba aterrada. Sus palabras sonaban a una despedida. Tal vez si no se despedía algo o alguien decidiera que no era el momento del adiós, y pudiera seguir a mi lado más tiempo. Un día, una hora, un minuto... lo único que me importaba era poder tener a Maeve a mi lado, poder molestarla con mis bromas, ponerme nerviosa con sus insinuaciones, anotar en la libreta su creciente lista de crímenes, verla disfrutar cuando comía lo que le cocinaba, ver cómo se enfadaba por dormirme tras convencerla de que me dejara leerle los libros que me regaló, hablar de mil y unas cosas estúpidas, ponerme roja como un tomate por cruzar miradas con ella.
Pero no podía pedirle que dejara de hablar, pues en el fondo, yo también lo sabía. Sabía que no habría más bromas ni insinuaciones. Que la lista de crímenes no iba a crecer más ni iba a volver a enfadarse por dormirme, pues no iba a leerle más libros. Sabía que no habría más ojos de panda, que no volvería a tener problemas por mirarle a los ojos. Esos ojos grises, tan claros como la nieve de invierno. Un leve tono rojizo, una mancha de sangre en la nieve. Una mancha de sangre y una nieve que perdían su brillo a cada segundo que pasaba. Por mucho que me aterrara, yo también sabía que este era el final.
A pesar del infinito dolor, las palabras de mi amiga hicieron que en mi rostro se dibujara una ancha sonrisa. Afirmó que sería la Reina de los Piratas, que mi nombre sería temido en cualquier lugar del mundo - Ya me llaman Demonio Comeniños en Ballywood - murmuré, soltando una amarga risita. Me dijo que me quería - Ya lo sé tonta, me lo demuestras todo el rato - Una mota blanca se posó sobre el rostro de Maeve. No era una de mis lágrimas, si no... ¿nieve? Había comenzado a nevar. Los copos blancos caían sobre la negra cubierta de la Rémora, sobre nosotras. Me pidió que le contara a Zorak lo ocurriodo. Que le diera un mensaje de su parte - No hace falta que me lo pidas, ya iba a hacerlo
Los ojos de mi amada amiga volvieron a cerrarse. Sentí algo pasar rozando mi costado. Un leve maullido y se tumbó junto a Maeve, hecho una bolita apoyado sobre el costado derecho de la albina. No podía siquiera llegar a imaginarme el dolor que estaba sintiendo mi pequeñín.
Escuché cómo mi amiga me llamaba - Maeve - respondí a su llamada, pero no obtuve más que silencio como respuesta. Había dejado de respirar y su corazón de latir. Me acerqué lentamente, sin soltar su mano ni un instante. Acerqué mi rostro al suyo, el cual mostraba una sonrisa que irradiaba una inmensa paz - Te voy a amar por siempre, Maeve - susurré - Muchas gracias por todo - le di un suave beso en la frente, antes de abrazar el cuerpo sin vida de mi amiga y romper a llorar desconsoladamente.
Referencias
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