RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 45
#11
La joven había aguantado estoicamente los impactos de mi espada. De hecho, el combate había logrado que me cansara más de lo que me había acostumbrado a sentir desde hace mucho pues, pese a su apariencia juvenil, era una rival formidablemente fuerte. Sin embargo, parecía que la muchacha no había aprendido de los hechos acontecidos pues, una vez derribada y lastimada en el suelo, volvió a intentar herir con sus palabras lo que su arma no podía. No quería oírla. Quería que cerrase los ojos y la boca. Que se durmiese y callase para poder irme y olvidarme de esta pelea que me estaba dejando el peor sabor de boca desde Skypiea. Volvió a mencionar a Sohem, como dando por sentado que quería matarlo por haberle hecho un corte similar. La muy ilusa desconocía que fallé mi ataque, ya que, de no haberlo hecho, habría quedado ciega irremediablemente. Aun así, cansada y casi derrotada, su estampa me molestaba, me enfurecía y sus palabras desataron de nuevo al lobo que me obligó a coger mis espadas. Antes de que volviera a abrir la boca, desenfundé los filos negros, que casi parecían haberse vuelto los protagonistas de esta pelea en detrimento de Saba y lancé el mismo ataque que comenzó la pelea. El quinto principio, Gokyo. Desenfundando las espadas en horizontal, a apenas un metro de ella, las ondas cortantes recorrieron la poca distancia que nos separaba antes de que la rubia pudiera hacer ningún movimiento y cortando sus palabras en el acto. Su herida fue el punto de impacto de nuevo, profundizando el corte mucho más y finalizando conmigo delante de ella con ambos brazos extendidos en cruz, sujetando las espadas de negro filo en paralelo al suelo. Inmóvil y mirando al suelo pues, de alguna manera, no quería verle la cara a la muchacha mientras caía derrotada.

No fue hasta que escuché el golpe de su cabeza contra el suelo que alcé la mirada y enfundé ambas espadas al unísono para observar a mi rival con tristeza. — ¿Hasta dónde vamos a llegar? — me pregunté murmurando, buscando una respuesta que no estaba seguro de si quería escuchar. El combate había finalizado pero por alguna razón el lobo dentro de mi no terminaba de sentirse saciado con la pelea. La pregunta era: ¿era el lobo, o era yo?


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#12
Sasha no pudo hacer el plan que tenía en mente, quería ganar más tiempo lanzando a Viktor con su dial y así poder levantarse del suelo. Pero nada más jugó su carta de Sohem, el cazarrecompensas la atacó de nuevo impidiéndole hacer nada más. Fue un golpe certero y fuerte que hizo que su cabeza impactara de nuevo contra el suelo, aunque esta vez quedando inconsciente. De nuevo había perdido, seguía aguantando y peleando con cabeza, pero parecía que no había sido suficiente. El archipiélago de Sabaody tenía ahora mismo un sabor agridulce para la semioni: por una parte había destrozado el robot del Gobierno Mundial, pero por otra, seguía sin ganar ella sola contra alguien. Cada vez aguantaba golpes más fuertes y estaba de pie más tiempo. Mas no era suficiente. Todavía tenía que mejorar mucho, y aunque no había podido enseñar todas sus cartas todavía, podía seguir aprendiendo. Su meta seguía siendo ser la más fuerte, y aunque siguieran apareciendo adultos delante de ella más fuertes, la rubia haría todo lo posible para que en algún momento dejara de caer k.o. en todos sus combates. Iba a tener mucho de lo que pensar cuando se despertara fuera donde fuera.
  
La joven solo esperaba que sus compañeros de tripulación, los Alas Negras, no se hubiesen encontrado con un problema como el suyo. De ser así, quería pensar que les había ido mejor y que podrían salir de ese problema, incluso que con el poco tiempo que había conseguido pudieran escapar de aquel loco archipiélago lleno de marines, robots y, parecía, que cazarrecompensas. Por un lado le habría gustado ver a Sohem, pero en el fondo la semioni agradecía que no la viera así de mal, necesitaba entrenar más. Volvía a quedarse atrás y no podía permitirse el lujo que alguno de sus compañeros, o incluso ella misma, fueran acompañantes de celda de Yojimbo.
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#13
Se terminó.
Me acerqué, recortando la nimia distancia que separaba el cuerpo, aparentemente inconsciente, de la semioni hasta quedar a escasos centímetros. Desde ahí, empujé con mi pie derecho su hombro, moviéndola y esperando la reacción. De haberse resistido o tardado en caer, esperaría un contraataque, pero, casi como un saco de patatas tirado en el suelo, esta se dejó mover ligeramente sin oponer resistencia y volvió a la posición de inicio. Resoplé amargamente, enrollando los ojos hacia atrás mientras llevaba la cabeza en arco derecha a izquierda. Me acuclillé y busqué con mi diestra el cuello de la rubia, buscando signos vitales. Aunque débiles, su latido permanecía ahí, como un constante tambor que golpeaba intermitentemente. Sentí cierto alivio. 
  
— Por un momento pensé... — dije entre dientes mientras me aliviaba saber que no había otra muerte sobre mi espalda. — Lamentablemente, señorita, aunque ha sido un buen combate... — dije mientras, aun en cuclillas, tiré del cuerpo de la semioni agarrando de la solapa de su chaqueta para ponerla boca arriba y comenzar a registrar sus bolsillos. — tengo que volver con algo al barco o el jefe me considerará inútil. — dije metiendo la mano en un bolsillo tras otro hasta dar con el dial de rechazo. Lo observé unos segundos en mi mano. Ya había visto alguno de estos, pero de otros colores, como el de Sohem que emitía su calor. Lo guardé en un bolsillo de mi abrigo y continué rebuscando hasta dar con su bolsa de dinero. Tras agitarla sentí que pesaba poco y la introduje de nuevo donde estaba. — Por suerte, para ti, no soy un asesino. — dije mientras me erguía de nuevo y sacaba mi libro, buscando un poema concreto, que arrancaba de él y doblaba varias veces para acto seguido meterlo en el bolsillo donde el dial estaba.


Cita:
Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
Y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
el místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.


Tras esto observé a la chica, tendida en el suelo. Era plenamente consciente de que poseía el poder de una Zoan prehistórica y, sabiendo que su capacidad para recuperarse sería inferior a la mía, pero superior a la de una Zoan común y corriente, no podía dejar que se despertara y fruto de la rabia volviera a por nosotros. No quería ensañarme con aquella muchacha pues, de alguna manera, me molestaba pelear contra ella. Pero entendía mi deber. Caminé lento y con pasos firmes hacia la mano que hasta ahora había portado su enorme arma, mirándola fijamente con determinación. El kanabo, de aproximadamente cuatro metros de largo, similar en esencia al de mi jefe, yacía en el suelo, hendido en el barro. Con un gesto fugaz de mi espada, desenvainé  el funesto filo negro de Shimei Kaeru dirigiendo mi filo a su acero. El sonido, ahora con el silencio tras el combate, pudo percibirse como un enorme vacío por la velocidad de mi ataque, solo seguido de un clink metálico que reveló como su gigantesca arma se separaba en dos.

Tras esto comencé a andar y mi Den Den Mushi sonó. Sohem.
— Estoy en el 45. — dije serio, mirando a los árboles cercanos para localizar mi posición exacta y tratando de que la conversación fuera breve — He tenido que sacar la espada de paseo, pero no llevo cabezas. — maticé mientras me ajustaba el abrigo con un movimiento de hombros y volvía lentamente a mi forma humana — Vuelvo al barco, y nos reorganizamos, tiene que haber más piratas por aquí, aunque mi presa se escapó y la perdí de vista. — finalicé, colgando y andando hacia el Panzer sin antes parar para mirar hacia atrás, recordando mis palabras hacia la inconsciente Sasha.


— No soy un asesino… ¿Verdad? —


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#14
Según la guía de Reputación al ganar Viktor, éste obtiene el nivel de su adversario x5 y Sasha, al haber sido derrotada, el nivel de su rival x3.

Viktor Obtiene:
  • Calidad del rol: 2
  • Personaje: 2
  • Estrategia: 2
  • Rolear acorde a las guías: 2
  • Total: 8

  • Reputación conseguida: 31*5=155 + 15 (karmas) = 170
  • Mugiwaras conseguidos: ((33 + 0) * (8 / 2)) / 1,5 = 88 -> 88 mugis
Sasha Obtiene:
  • Calidad del rol: 2
  • Personaje: 1.75
  • Estrategia: 1,25
  • Rolear acorde a las guías: 0.75
  • Total: 5,75

  • Reputación conseguida: 33*3=99 + 15 (karmas) = 114
  • Mugiwaras conseguidos: ((31 + 2) * (5,75 / 2)) / 1,5 = 63 -> 63 mugis

  • Adicional a esto, ya que Viktor ha robado a Sasha y roto su arma:


    Viktor Obtiene de Sasha:
    • 1 Dial de rechazo
    Sasha pierde:
    • Stardust
    Sasha gana:
    • Karma en Desajustes de la Balanza: Herida Permanente (Corte horizontal cruzando su cara de lado a lado, bajo los ojos)

    Anotaciones

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#15
Los acontecimientos en el archipiélago Sabaody parecían ser un evento ya histórico al menos para la nueva generación que aquí se estaba fraguando, pero nada más lejos de la realidad comparado con lo que aun quedaba por venir. Y es que, como un trueno, una estruendosa y potente voz, que pareciera salir del mismo infierno resonó por todo el lugar.


—  B A T S U  —

Se escuchó bramar en la distancia, sembrando un ligero silencio que se esparcía como la pólvora. Una tensión extraña, una sensación como de angustia y malestar al mismo tiempo, similar a cuando el vómito advierte con aparecer, la ansiedad aprieta tus pulmones y el aire parece escasear. Una intimidación que, al igual que el origen de la voz era desconocida, pero que traería una réplica que ayudaría a esclarecer mucho más la situación.
Y lo que pasó después no fue mucho más tranquilizador...

—  ¡ G A I D E N ! —

Primero un silbido potente, después un corto y agudo flashazo, y finalmente un enorme estruendo que iba de la mano de una gran nube de hongo que empezó a hacerse visible si se seguía la dirección del ruido, acompañado de una brutal embestida de viento, similar a la que antes había movido a todos los presentes.
Una explosión que impactaba contra un manglar y lo partía de lleno, lo tumbaba, levantando sus raíces y generando un caos aun mayor y sin precedentes. El fuego se extendía por todo el árbol caído y este se consumía rápidamente, fruto de un ataque que parecía no tener un origen claro ni definitivo.

Había habido una explosión en - aunque pocos sin la orientación necesaria sabrían - era el Manglar 30 y este había sido completamente dinamitado y destruido, y sólo aquellos con la capacidad de expandir sus sentidos a casi un kilómetro, serían capaces de determinar la inmensa presencia que venía en la lejanía, mar adentro, pero sólo los que tuvieran la fuerza suficiente podrían soportar tal presencia durante más de unos pocos segundos antes de empezar a caer desmayados como moscas.

En el mar, un enorme galeón con madera rojiza y tres mástiles, con velas blancas y una Jolly Roger ondulando en el viento avisaban de la llegada de alguien no deseado por ninguno de los presentes, y desde luego, alguien que absolutamente nadie, ni el mismísimo Yugu Dimípalo, querrían enfrentar.

[Imagen: cKKdWfA.png]





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#16
Todavía no estaba perfectamente seguro de como funcionaba el curioso aparato que le había afanado a la rubia navegante de los Alas negras pero, me parecía que era de una factura mucho mejor que otras caracolas que había visto. Era consciente de que el mismo enmascarado usaba una para llevar en recarga algunas de sus técnicas más poderosas para atacar de manera sorpresiva, así que me preguntaba si el que yo había conseguido tendría la misma capacidad. Habría tiempo para verlo. Lamentablemente y, aunque ya había tomado distancia del lugar del enfrentamiento y había comunicado a Sohem mi intención de volver al barco para reagruparme con ellos, un poderoso estruendo de manera sorpresiva inundó todo el archipiélago, haciendo que todos los que allí estuvieran sintieran el terror de la incertidumbre por el qué hubiera pasado. 

— ¿Qué demonios ha sido eso? — me pregunté en voz alta con tono de insólita sorpresa. Nunca había escuchado una explosión así. Había visto seres poderosos pero jamás capaces de producir tales poderes destructivos, incluso para una Akuma no mi. — No puedo identificar donde está... Será mejor que me apresure y me reagrupe con Sohem y Shoto. — sentencié aligerando el paso mientras sentía como los signos vitales de Sasha también parecían restablecerse, seguramente porque su capacidad regenerativa como Zoan prehistórica estaba haciendo su trabajo, devolviéndola a la batalla. Solo esperaba estar lo suficientemente cerca cuando recuperase la consciencia pues no creía posible que en otro encuentro pudiera sostener mi espada lo suficiente como para no terminar con su vida dadas las heridas causadas.

Comencé a aligerar el paso de camino a buscar a jefe, con toda la prisa que podía mientras dejaba la zurda sobre Saba, corriendo como alma que llevaba Diablo y esperando que fuera lo que fuera que hubiera detonado estuviera lo más lejos posible de mis compañeros pues, ni Sohem y yo juntos seríamos capaces de hacerle frente a tal poder destructivo, fuera de quien fuera, perteneciera a quien perteneciera. — Que no sea demasiado tarde... — murmuraba mientras mis zancadas se hendían en la tierra del manglar 45, camino a buscar a mi jefe y mi joven compañero, esperando que, al menos quien no podía defenderse, no estuviera implicado ni cerca de la explosión. 


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#17
Un fuerte estruendo hizo que Sasha abriera los ojos de golpe y apoyara las manos para incorporarse parcialmente mientras su cuerpo seguía boca abajo en el suelo ¿Qué había sido eso? La semioni miró a los lados confusa hasta que sintió un punzante dolor por todo su cuerpo, girando sobre sí como si fuera una croqueta volvió a estar completamente en el suelo pero boca arriba, con ambas manos en su abdomen y una mueca de dolor en la cara, mirando el cielo que se empezaba a teñir por la oscura nube de la explosión en el manglar 30. Intentaba hacer memoria de cómo había terminado así, de nuevo, parecía que había una fuerza que la obligaba siempre a terminar por los suelos. La rubia llegó a pensar alguna que otra vez que era una chica con suerte, pero a veces le costaba verla como en aquellos casos, empezaba a estar harta de tener que lidiar con esos encuentros con monstruos que la dejaban inconsciente, ella solo quería ser más fuerte pero parecía que seguía faltándole experiencia. De repente un flash pasó por su mente haciendo que la joven se llevara la  mano a la cabeza y se volviera a quejar por el dolor, esta vez en su cara. Empezó a repasar con cuidado aquella línea que había notado y que tenía bajo sus ojos ámbar, notó con el tacto de las yemas de sus dedos la herida profunda y como le escocía ¿Cómo había pasado? Otro flash pasó por la mente de Sasha y en este pudo recordar un perro y que hacía frío. Las piezas empezaban a encajar poco a poco, así que se esforzó un poco más y por fin recordó todo. Viktor. El cazarrecompensas la había atacado, al principio le había parecido que era una broma porque al ser del mismo grupo de Sohem y siendo él su amigo pues era lógico para su inocente cabeza que quisiera gastarle una broma. Por suerte se había preparado para aguantar el primer golpe, lo demás había ido a peor, ella sabía lo lenta que era y siempre había esperado que el otro atacara, pero su cuerpo en aquella ocasión había decidido moverse solo y atacar, un impulso que la había obligado a improvisar y adaptarse a ese estilo de combate.
 
La semioni se fue incorporando poco a poco hasta quedar sentada y poder ver mejor sus heridas, con cuidado usó su mano izquierda para inspeccionar los cortes con la katana, tenían mala pinta pero por lo menos habían dejado de sangrar y eso consiguió sacar un suspiro de alivio en la rubia. Dentro de lo mal que estaba no era muy grave. Subió su mano derecha para guardar el kanabo en su sitio cuando lo notó más ligero, estaba agotada y dolorida así que no le debería resultar tan ligero. Lo miró con el ceño fruncido encontrándose con su querido Stardust completamente destrozado, Sasha entró en shock durante unos minutos que le parecieron horas. El kanabo de su madre, su tesoro más preciado y querido, aquel que la había acompañado desde que salió de su isla y había vivido muchas batallas juntos. Una lágrima se asomó por el ojo izquierdo de la rubia y fue descendiendo hasta que cayó sobre el arma, tras esta la siguió otra – en esta ocasión del ojo derecho – y así empezó un río de lágrimas para la chica que había perdido un objeto muy preciado y querido para ella, aquel vinculo que la mantenía conectada con su madre estaba completamente roto. No pudo evitar abrazarlo, estaba inservible pero estaba en negación. Tenía que ser un sueño, no podía estar pasando eso. Sasha intentó transformarse en forma híbrida de triceratops, pero no podía, se negó a pensar que la habían humillado tanto y siguió intentando transformarse sin dejar de hacer el esfuerzo. Los gritos de dolor y el llanto no paraban ¿Cómo le habían hecho eso? ¿Por qué siempre tenía que acabar humillada? No podía estar pasando todo aquello, quería sus garras, necesitaba sentir que el dolor era real y que no estaba soñando. Con otro grito desgarrador que ya le hacía notar que su garganta le quemaba y le dolía decidió parar de intentar transformarse. Se detuvo unos segundos consiguiendo un silencio absoluto. Volvió a un estado de shock momentáneo en el que su mente se negaba a procesar todo, su mirada, escasa de vida miraba al suelo, estaba totalmente inmóvil como una muñeca que estaba expuesta en una tienda. Con los ojos rojos por la irritación y todavía con lagrimas descendiendo por ellos. Gritó con todas sus fuerzas, notando como le quemaba la garganta hasta el punto de notar sangre en ella, dejó ir el kanabo y con ambas manos golpeó su abdomen y lo arañó. Solo le quedaba usar la fuerza que tenía para comprobar que aquello estaba siendo real, que de verdad Viktor la había dejado en aquel estado. La sangre empezó a salir de nuevo de su abdomen y llenó sus dedos junto a las uñas de la chica, donde notaba como había desgarrado la carne y como había arrancado sus dos piercings ante tal arrebato mientras los gritos y el llanto de la chica no cesaban en ningún momento. Sus cuerdas vocales suplicaban por un poco de tregua mientras ella seguía hundiendo las uñas en su carne ¡No podía ser real! Había perdido completamente el control de sí misma, solo quería despertar de nuevo en el hotel con la gallina de Jolyne cacareando, con Garnet cantando como acompañamiento, que Kenzo fuera a buscarla a su habitación para molestarla consiguiendo que Tobías sonriera mientras pedía calma a todos y que aquel espectáculo terminase de golpe por los gritos de Triana. Cualquier cosa, cualquier otra maldita cosa antes de estar allí, tirada en el suelo mientras se arañaba la piel en busca de no estar viviendo aquella situación con sus gritos como único acompañamiento.
 
Pero para Sasha el dolor había sido suficiente como para saber que estaba despierta y que todo había sido real, nada se comparaba con la rabia que sentía de levantarse cada vez peor de cada enemigo. Sohem la había quemado, el mono le hizo dos agujeros en el abdomen y ahora Viktor la había cortado sin parar hasta que había quedado ko. La semioni se llevó las manos a la cara y se inclinó hacia adelante – hasta que el reverso de la mano tocó el suelo – intentando controlar el llanto, estaba harta de perder, ella era fuerte y no entendía como existía gente tan monstruosamente fuerte en el mundo y se dedicaban a ponerse delante de ella una y otra vez. Con Ginny se sintió impotente porque no pudo hacer nada, ni siquiera la pudo tocar, pero con los demás solo había podido defenderse como había podido, necesitaba pensar más sobre todo lo que le estaba pasando: de su aventura, de su fuerza, de sus ataques y de lo que estaba siendo ella para sus compañeros.
 
Cuando la rubia se comenzó a calmar y a controlar su respiración – muy a duras penas –  empezó a buscar en sus bolsillos para ver si Viktor se había ido solo rompiendo su kanabo, pero de nuevo no tenía la suerte de su parte pues no encontró el dial que le regaló el mono de fuego en Skypiea. En su lugar notó una especie de papel que no prestó importancia, ahora mismo estaba muy enfadada y le daba igual que tuviera algo extra. Solo pudo maldecir internamente mientras que daba un fuerte puñetazo al suelo del archipiélago. Pensaba que después de la isla del veneno no podría odiar más una isla, pero siempre había una excepción, si el universo quería que las cosas fueran a peor así iba a ser. La joven se mordió el labio con fuerza mientras apoyaba ambas manos en el suelo y se ponía de pie de forma lenta – procurando no perder el equilibrio – asegurándose que sus piernas no le iban a fallar. El cabello rubio de Sasha se mecía suelto y bastante desordenado, por lo que se pasó los dedos entre los mechones intentando domarlo ni que fuera un poco, pero hasta ella sabía que aquello era una perdida de tiempo y de esfuerzo. Suspiró antes de agacharse para recuperar lo que le quedaba de kanabo. Los dos estaban hechos polvo ahora mismo y los habían humillado demasiado. La semioni apretó con fuerza el kanabo entre sus manos y se mordió el labio. No quería llorar más. Cuando lo puso a su espalda notó las dos katanas que seguía llevando, ya había olvidado que se las había quitado a la marine. Agarró una y la quitó de su vaina viendo su reflejo en la hoja, el pelo tapaba gran parte de su cara pero podía llegar a ver en su reflejo que tenía los ojos rojos y tanto las pupilas como los iris apagados, además de manchas de sangre por toda la cara. No le gustaba verse así. La gran herida viajaba por todo su rostro de forma horizontal – si ya sabía con solo tocarla que tenía mala pinta – ahora veía sin ningún tipo de dudas, y solo estaba mirando una pequeña parte del corte. Se mordió más fuerte el labio inferior hasta que notó el sabor metálico de la sangre en su boca. No quería seguir mirándose. Así que soltó el labio y decidió coger su den den mushi con la mano izquierda, tras volver a dejar la katana en su sitio. Una vez lo sacó de la chaqueta se lo quedó mirando. Necesitaba ayuda, pero sobre todo necesitaba un médico. Sasha bajó la mirada apenada ¿Cómo podría seguir mirando a sus compañeros de tripulación? Suspiró mientras guardaba el Den Den Mushi en su bolsillo y empezó a caminar hacia la casa de subastas, tenía que verlos tarde o temprano y habían dicho que se iban a dirigir a aquel sitio por lo que llamar no tenía sentido. De todas formas no sabía lo que estaba pasando y aquella explosión no parecía traer nada bueno. Lo mejor era encontrarse con los demás y elegir lo que debían hacer, porque aunque no supieran llegar a la isla gyojin estaba claro que tenían que marcharse del archipiélago de Sabaody.
 
 

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