[Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas
#11


Ciudad Escarlata, Avenida de la izquierda
Grupo de Fuguwu y Apolo

Toparse con un duelo a muerte en una isla inspirada en el lejano Oeste, no debía estar dentro de los planes de Apolo o Fuguwu y, probablemente, su interés por evitar que se diera aquel derramamiento de sangre innecesario era lo que confirmaba esta teoría. Pero si había algo que el par de marines no podían subestimar, era el orgullo que sentía un cowboy ante su pericia, puntería y, sobre todo, ante su honor.

Conforme los dos vicealmirantes de la marina comenzaron a intentar detener este conflicto sin sentido, más allá de hacer caso a la petición de Weston Pork, el hombre robusto, entrecerró los ojos, frunciendo el ceño y haciendo una muesca de asco con su cara. Por el contrario, a Billy le salió arquear su ceja izquierda, quedándose atónito ante la reacción de los dos marines.

- ¡¿QUÉ CLASE DE COWBOY SE NIEGA A DAR FÉ DE UN DUELO ENTRE EL ORGULLO Y HONOR DE DOS HOMBRES?! - Respondió Pork con otra pregunta, exaltado, mientras intercalaba su mirada entre Fuguwu y Apolo.- PRIMERO DE TODO, NO SOY TU AMIGO - Rechazó la invitación de Apolo, al mismo tiempo que Billy levantaba la mano con discreción. -A mí no me importaría, se ve que eres un vaquero con estilo, nyoho. - Ofreció Billy su amistad al rubio, tuerto y arenoso hombre, interrumpiendo Weston cualquier acto de complicidad con una sonora tos.- Y SEGUNDO, ESTE MALNACIDO DE AQUÍ SE HA TRAJINADO A MI MUJER Y DEBE PAGAR POR FALTARME EL RESPETO. - Continuó vociferando, encarando a continuación a Billy, quién se encogió de hombros.- ¿Qué culpa tengo yo de querer montar a cualquier animal como buen cowboy que soy, nyoho? - Pensó con guasa, hasta que pasó a mirar de reojo al dúo justiciero, con una cara llena de seriedad.- Pero en algo ha dado el viejo Pork en el clavo, y es que no hay cowboy que se precie que se niegue a hacer de árbitro en un duelo. Es una tradición insular, algo que todo el mundo conoce, nyoho. - Siguió hablando, volteándose para mirar de frente a Apolo y Fuguwu, dedicándole una breve mirada de soslayo al furioso Weston Pork.- Y encima, sois lo suficientemente llamativos como para que no me acuerde de vosotros, ¡joder! Si es que derrochais más estilo que una vaca con botines rojos, nyoho. - Aplaudió vuestros currados outfits, sujetando el ala de su sombrero con su diestra, y colocándosela hasta taparle la vista. - ¿Quiénes sois y qué hacen unos forasteros como vosotros por aquí? - Preguntó, mientras levantaba levemente su sombrero de su rostro, mostrando tan solo su ojo izquierdo, convencido de que, los dos marines, por su comportamiento reacio a los dueños, debían venir de fuera. Y, por si fuera poca la tensión, la hora no acompañaba, rompiendo el silencio el estómago hambriento de Fuguwu que, desde que salieron en búsqueda de información, no había probado ni un ápice de comida.



Ciudad Escarlata, Avenida de la derecha
Grupo de Viktor y Karlglass

Por el otro lado, la otra pareja compuesta por Viktor y Karlglass, se habían topado por fortuna con el mismísimo y extravagante Sheriff de Ciudad Escarlata, la figura de autoridad que, lejos de imponer, de sus primeras intersecciones consistieron en enfocarse en las exhuberantes tetas de la semioni quién, no sólo no se lo tomó como un ataque, sino que se lo tomó como todo un piropo, proponiendo al rechoncho vaquero vestido de negro que fuera el precursor de un club de fans de la vicealmirante - quién malinterpretó completamente el nombre del jefe, pensando que había tenido un error al nombrarla -. Karglos, ante la propuesta de Karlglass, comenzó a darse palmadas en sus dos mejillas, de forma reiterada. - ¡Se me ha puesto el pito pino! - Exclamó, pasando a reunir toda su atención en la sensual mujer cornuda, la cuál comenzó a entrar en detalle sobre el motivo por el que estaban en la isla pasando a enseñarle un cartel de recompensa perteneciente de un tal Nimda Leyos cosa que, junto a la información de que estaban buscando a otro grupo de marines, hizo que las alarmas de Viktor saltaran por completo. Nunca se debía dar información de más a alguien a quién se acababa de conocer. Era algo que él Shichibukai que tenía interiorizado pues, en un mundo de bestias y monstruos, el hombre era un lobo para el hombre. Pero para bien o para mal, el Sheriff ya tenía en su cabeza toda la información que necesitaba escuchar.

- Nimda Leyos y un grupo de marines desaparecidos… - Dijo pensativo Karglos, agachando la cabeza, haciendo que la luz del sol se reflejaran en sus lentes, no dejando ver su mirada, pero si pudiendo ser palpable gracias al haki que, por alguna razón, el sheriff estaba nervioso. Pasó a mirar a su alrededor, cerciorándose de que no había nadie, y se acercó todo lo que pudo al peculiar dúo.- Escuchad a la ley de Ciudad Escarlata, os voy a decir esto porque lo que me quema la polla con esta mujer no es normal, pero nunca y digo NUNCA, digáis aquí que sois marines. - Hizo una pausa, esperando a que les quedara claro sobre el hecho de no revelar su identidad, momento en el que tanto a Viktor como a Karlglass empezó a rugirles el estómago. - Veo que las grapas están muertas de hambre. Seguidme a la taberna y dejadme que os invite a comer, allí os contaré todo lo que sé de Nimda. Os invitaría a mi casa, pero al parecer he olvidado las llaves. - Confesó, colocándose las gafas.

Comenzó a caminar, pues, girando hacia su derecha, dirigiéndose hacia una calle perpendicular que daba a la avenida central y, en consecuencia, a la taberna. Era un edificio de madera rústica, de 20 metros de alto, 30 metros de ancho y 20 metros de profundidad, con las palabras “SALOON” sobre la puerta de la misma, con un color rojizo llamativo. Desde las cuatro ventanas de la fachada - dos a cada lado de la puerta - y junto al ruido que salía desde el interior del local, se podía ver qué era un local bullicioso, pudiendo sentir con el haki que fácilmente el aforo podía rondar la centena. Sus puertas batientes de la entrada - ubicada en la mitad de la fachada -, daban al interior del edificio, mostrando nada más entrar una barra de unos 10 metros de longitud al fondo de la pared contraria a la entrada, conectado entre sí por una gran alfombra roja. Frente a la barra, había plenitud de taburetes en los que la clientela se podía sentar para que el camarero - ubicado tras la barra, como no podía ser de otro modo - les pudiera servir el alcohol y las bebidas que tenía a su disposición, en la estantería detrás de él. Por su parte, había varias mesas redondas, de un tamaño tal que fácilmente podían sentarse 6 personas a su alrededor. Al fondo a la izquierda, había una zona de música, dónde una mujer cantaba a son de un hombre tocando el piano mientras que, al fondo a la derecha, había una zona de juegos, en las que se incluía un diana de dardos o una mesa verde en las que se podían jugar a juegos de cartas.


- Es aquí, you ladyboys. -. Dijo el sheriff, mientras posaba sus dos manos sobre las puertas batientes, empujándolas hacia adentro para abrirse paso al local y encontrarse, de este modo, el más pulcro de los silencios. Las miradas del personal se tornaron, primero, hacia la figura de autoridad de la ciudad y, en segundo lugar, hacia las caras poco-conocidas de la ciudad. Pronto comenzaron los cuchicheos, enfocados sobre todo en la aparición del sheriff en el antro, cuchicheos que nadie con un agudo sentido del oído podía ser capaz de captar. Sin hacer demasiado caso, Karglos siguió caminando hacia una mesa libre, ubicada en la esquina de la izquierda, más pegado a la pared de la fachada, haciendo que la muchedumbre poco a poco dejara de cotillear y volviera a sus quehaceres. En el camino hacia la mesa, todo aquel con un buen sentido de la vista, podía cerciorarse de presencias, visualmente, más llamativas, como un hombre vestido por completo de amarillo y blanco en la zona de juegos, un hombre con rastas, máscara robótica y un poncho en la barra y una mink vaca en la zona de música, siendo justamente la que llevaba la voz cantante en el local. Esas tres presencias eran, justamente además, las que poseían un aura que más destacaban dentro del garito.

Karglos, al llegar hacia la mesa designada, se sentó en una de las seis sillas que había alrededor de esta, quedando más cercano a espaldas de la zona que daba a la entrada.- Coged asiento y pedid lo que queráis, mis grapas, como os dije, la ley invita. -. Esperó a que tomarais asiento y a que pensaráis sobre que consumir cuando, antes de que un camarero os atendiera, tosió.- - Nimda Leyos... Es mi padre, my dad. -. Dijo sin ningún tipo de tapujos, de forma completamente seria y calmada. Por fortuna, el ruido del local era lo suficientemente grande como para que las mesas colindantes no se enteraran de nada y, para bien o para mal, el Kenbunshoku Haki podría advertir que, Karglos una vez más no estaba diciendo ninguna trola e iba completamente en serio. Que el sheriff estuviera de parte suya o del de la justicia, era algo que tendríais que comprobar más adelante.

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INFO
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#12
Si no fuera una puta vicealmirante, le cortaría la cabeza de un tajo.
¿Qué puta parte de “no nos van a dar información fácilmente” no se entendió? ¿Acaso hablo en sireno? No paraba de cuestionar el linaje histórico de Karl mientras me defecaba hasta en la primera generación de sus ancestros por revelar nuestras intenciones tan a la ligera. Mi cara era un verdadero poema y solo me faltó golpearla con la palma abierta, mas pude soportar el sopor de la situación. El rechoncho sheriff no paraba de exclamar cosas sobre el pecho de Karl mientras yo intentaba no desenfundar mi negro filo hasta que finalmente reaccionó, reconociendo el nombre de Leyos y pensando mientras miraba al suelo levemente hasta que nos advirtió, gracias a lo que la semioni despertaba en él, de que mostrar nuestro estatus como marines en la isla era un error que no debíamos cometer. Tras esto, nos invitó a acompañarlo a la taberna y comer algo ya que nuestras tripas rugían como un animal herido buscando comida, para acto seguido indicar que perdió las llaves de su casa. Vaya desastre de señor, todo sea dicho. Comenzamos a caminar hasta la taberna, tras una calle perpendicular a la central hasta que un edificio catalogado como “Saloon” anunció la llegada al lugar. El sheriff abrió las puertas indicando que habíamos llegado y se hizo el silencio. Sin embargo no parecía ser un silencio de respeto y admiración o miedo. Era un silencio de tensión. Uno de desconfianza, mas no tenía claro si hacia nosotros -las figuras forasteras en el lugar- o hacia el propio sheriff de Ciudad Escarlata. Algo no olía bien.

El lugar, estaba abarrotado y desde la puerta comencé a barrer con la mirada sin mover la cabeza el lugar. El “saloon”, lleno de mesas redondas con sillas alrededor, estaba repleto de habitantes de la ciudad que se amontonaban para comer, beber y celebrar. Hubo varias figuras interesantes que destacar mientras nos acercábamos tras el gordo sheriff a la mesa que había seleccionado. Una de ellas en la esquina izquierda, pegado a la fachada. Vestido de amarillo llamativo y blanco en la zona de juegos. Estaba claro que o era un hombre rico que no se manchaba las botas o era lo suficientemente rápido y eficaz para no llenarse del polvo y la mugre rojiza el yermo de Risky Red. Cantaba a peligro. El segundo, en la barra, con rastas, máscara metálica y un poncho. A todas luces con mejoras cibernéticas como las que fabricamos para Sohem. Por último, en la zona musical, una mink vaca cantando. Curiosa combinación de presencias.

Al llegar a la mesa, Karglos se sentó y nos invitó a acompañarle y pedir lo que quisiéramos mientras acudía un camarero. Fue entonces que reveló el verdadero dato que me descolocó. Leyos era su padre. — Una polla como un campano. — pensé. Había visto el cartel de Leyos mil veces. O era un Gyojin, o usaba un disfraz la mar de convincente. No había manera de que esa bola de sebo humana fuera su hijo. ¿Hablaría en sentido metafórico? ¿Un hijo de alguien que fue criado y no concebido? Ese hombre no parecía tener ningún vestigio de hibridación. ¿Hablaría de un juramento de sangre o es un delirio de orfandad? Aun con esa posibilidad, me escamaba. Cuando el camarero acudió, invité a Karl a sentarse con la mano. — Yo pediré por todos en la barra. — dije mirando a Karl y luego a Karglos — Quiero comprobar si hay un licor en particular, necesito un buen trago para asimilar esto. — aseveré girando hacia la barra y caminando con absoluta parsimonia y tranquilidad hacia la barra como si el bar fuera mío, sin despegar la vista de ella. Cuando hubiera llegado a ella, poniéndome justo al lado derecho del hombre de rastas -al que no fijé mi vista en ningún momento- a unos dos metros, planté las manos sobre la barra y busqué al camarero con la mirada. El bar es la zona neutral. Aunque Karglos fuera realmente el hijo de Leyos y mis sospechas sobre su reputación el pueblo fuera cierta… solo había una manera de obrar. Solo una forma de diferenciar a un cazador de tres al cuarto de un Ōka Shichibukai.

— Dos bocadillos de cecina para el Sheriff y una ración de estofado para mi y mi amiga. Paga “la ley”. —

Mi voz al camarero fue firme y la acompañé de un gesto con la cabeza hacia la mesa donde nos sentábamos. Poco tardó en poner la comida sobre la barra, los dos bocadillos sobre un plato y el cuenco con estofado por otro lado. Así ambos y me giré hacia la mesa de nuevo, apartando la silla a la siniestra de Karlglass con el pie izquierdo, arrastrándola lenta y sonoramente, dejando los platos sobre la mesa: el estofado a escasos centímetros del sheriff y los bocadillos entre el espacio entre mi compañera y yo. Entonces me senté de manera brusca y cogí uno de los dos bocadillos, llevándomelo a la boca y dando un bocado de media barra de pan. — Somos todo oídos, sheriff. — finalicé, mirando al sheriff con entusiasmo.
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Resumen
Info bélica
Haki
Karmas
Off comida
#13
Parecía que mi invitación a la amistad no había resultado efectiva en aquel vaquero pelirrojo. No hacía falta recurrir al haki para observar en su mirada que, además de estar enfadado y obcecado en su carácter, no le resultábamos demasiado agradables. Pronto empezó a gritarnos sin motivo y, pese a ello, yo simplemente me limitaba a observarlo con calma para tratar de analizar a ambos. Que el pelirrojo tuviese un percance con el rubio era problema suyo, así como su actitud. No me podía importar menos lo que le causásemos o lo que quisiéramos hacer, tan sólo quería enterarme de qué historia había entre ambos. En cuanto mencionó que el rubio había hecho algo con su mujer, no pude más que entrecerrar los ojos y morderme el labio inferior para no reírme en alto.

El rubio parecía más amigable y más cuerdo a la hora de socializar, algo extrañado por el hecho de que Fuguwu y yo hubiésemos preferido ir a la taberna en vez de participar en el duelo del que tanto hablaban. No pude evitarme reírme entre dientes cuando destacó nuestra apariencia, definitivamente me caería mejor él que el pelirrojo al que llamó Pork. Cuando preguntó quiénes éramos y a qué habíamos venido, entendí que era hora de empezar mi show, pues prefería seguir permaneciendo en perfil bajo, antes de que traer la tormenta del desierto a ese rústico pueblo.

Aparté mi chaqueta de cuero hacia los lados con ambos brazos para meter mis manos en los bolsillos de mi pantalón, adoptando una postura relajada. — De donde yo vengo los duelos consisten en una batalla musical. El que mejor cante, insulte y rime suele ser quién gana... por eso no entiendo muy bien vuestra situación. Sin embargo, por mi parte aceptaría a dar fe, así podría ver de qué va y quizás me pueda servir de inspiración para mis canciones, ¿me seguís?. Mi nombre es Helios Cabohausen — llevé mi diestra al ala de mi sombrero, a modo de saludo. — metrosexual y músico errante en busca de la inspiración y de dar a conocer mi arte en todos los lugares que visite. Este de aquí es mi compañero Overqwil, — señalé con mi dedo índice derecho a Fuguwu. — Nos conocimos en una de mis giras en la Isla Momoiro, la Girahausen que lo llamo yo... allí invité a una mujer a bailar bachata y Overqwil me salvó la vida después de que me metiesen una paliza. A partir de ahí, se convirtió en mi amigo, médico, carpintero, cocinero... lo mismo te arregla un disparo en un ojo, que te hace una omelette, que te arregla una valla en un jardín. — suspiré notando como mi mente trabajaba al triple de velocidad de lo habitual. — Luego tuvimos más actuaciones en Isla Chika... — miré a Fuguwu. — ¿Te acuerdas de aquel lugar? Olía a mierda y tuvimos un problema con una enana, un león y un músico borracho, ¡kakahaha!. Pero al menos pudimos ganar unas monedas, comida y alojamiento en una posada a cambio de un par de shows nocturnos... ya sabéis, la música trae a la bebida, la bebida al lado oscuro y allí uno no ve nada. — Miré de nuevo al vaquero rubio. — Y a partir de ahí más viajes y conciertos. Sabaody, el Reino Ryugu de donde Overqwil viene... y ahora el Nuevo Mundo. Esta isla es nuestra primera parada... y aquí estamos. — volví a llevar mis manos al interior de mis bolsillos — Mi amigo se muere de hambre y yo tengo ganas de saber qué es eso del duelo ¡kakahaha! — Finalicé mi historia con calma, siempre se me había dado especialmente bien el mentir y el vender humo.

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Bélico

Calor

Karmas aplicados
#14
El estómago me traicionó con un gruñido que resonó en el silencio tenso de la calle justo cuando Pork terminaba de vociferar sobre el honor de los cowboys – “Perfecto” – pensé avergonzado – “como si la situación no fuera ya suficientemente incómoda.” – mantuve mi haki de observación expandido a trescientos metros mientras observaba la escena desarrollarse. Las emociones de ambos hombres eran claras como el agua, el del chaleco naranja brillante ardía en furia bastante a tono con su chaleco y su cabello, Billy, por el contrario, estaba curiosamente relajado, casi divertido por toda la situación, como un claro en un bosque que combinaría perfectamente con el verde de sus ojos y sus labios. En estas situaciones, estando solo era un completo desastre, pero por suerte había elegido bien a mi pareja y dejé que Apolo hablara, miedo me daba el pensar qué hubiera pasado si hubiese venido Karl en lugar de mi compañero arenoso, seguramente el pelirrojo ya habría sido noqueado.
 
Pero con Apolo la cosa era diferente. Él tenía mejor don de gentes que yo, eso lo sabíamos ambos desde la primera vez que nos conocimos allá en las lejanas playas rosadas de Momoiro. Mientras mi compañero empezaba a tejer su historia, yo me quedé quieto, asintiendo levemente a cada detalle como si fuera el compañero silencioso y obediente que simplemente seguía a su músico errante. Helios Cabohausen, metrosexual y músico. Cuando hablo de la bachata en Momoiro me mordí el interior de la mejilla para no sonreír cuando mencionó la paliza que nos habían dado, pues no era mentira que Marcia nos había noqueado aquel día. Luego, cuando Apolo me señaló y empezó a listar mis “habilidades”, mi mano derecha se movió automáticamente – “...médico...” – saqué unas vendas limpias del bolsillo interior derecho de la gabardina, las mostré brevemente, y las guardé de nuevo – “...carpintero...” – unos alicates salieron del bolsillo de la cadera izquierda y desaparecieron de vuelta en la gabardina – “...cocinero...” – de otro bolsillo de la gabardina saqué la comida que había preparado antes de salir del barco – “...lo mismo te arregla un disparo en un ojo, que te hace una omelette, que te arregla una valla en un jardín.” – asentí a todo lo que dijo, a esto último con más énfasis, como confirmando que sí, efectivamente, era un hombre de muchos talentos y poca conversación.
 
Cuando Apolo mencionó isla Chika con la enana (que claramente era Ryze), el león (James) y el músico borracho (a quien le recordaba y tenía su cartel de Wanted en el barco, pero no me sabía su nombre de memoria), dejé escapar un suspiro resignado y asentí una vez más. Cuando Apolo terminó su elaborada mentira, llevé mi mano derecha al ala de mi sombrero e incliné la cabeza levemente en un gesto de saludo, imitando el movimiento que había hecho mi compañero musical momentos antes. Dejé caer la mano de nuevo y miré a Billy y a Pork alternativamente. Mi estómago eligió ese preciso momento para gruñir otra vez, más fuerte esta vez, como si protestara por toda esta pérdida de tiempo cuando podríamos estar comiendo – “Muero de hambre” – les confirmé, como si hiciera falta mencionar lo evidente. Mi haki seguía expandido, monitoreando cualquier cambio en las emociones de ambos hombres y de cualquier otra presencia en los trescientos metros a la redonda.
 

 
Resumen

Haki

Calor y Deshidratación

Off
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13967 + 0 = 13967
Energia: 9098 - 12 = 9086
Espiritu: 3714 + 0 = 3714
#15
Viktor intentó interrumpir mi conversacion con aquel rechoncho fan mio, claramente molesto conmigo aunque tranquilo. "Es verdad, tengo que ser mas cuidadosa, pero no he podido evitarlo, no todos los dias se encuentra uno a un fan" pensé.

Aquel "Sheriff" fan mio seguia haciendo comentarios que se pasaban un poco de la raya ya - Oe, si eres fan mio sabras la mala hostia que tengo, calmate un poco, vaquero o te pongo a dieta de una hostia le dije seriamente, una cosa era alabar mi precioso busto, cosa que le agradecia y otra muy distinta que me hablara de su asqueroso pene, algo que jamas rozaria mi precioso y esculpido cuerpo. Pero por el bien de la mision y de la informacion que pudiera tener este tipo no le solte la hostia directamente. Bien por mi. Aunque no sabia si podria aguantar muchas mas insinuaciones de mi fan, esperaba que en mi club de fans no todo el mundo fuera asi. Ademas era culpa mia, por la propuesta que le habia hecho.+

Mi fan entonces nos recomendó no ir aireando por ahi que eramos marines (aunque tecnicamente, Viktor no lo era y creo que encajaba bastante bien con esa isla, la verdad) y tras decirnos que habia perdido las llaves de su casa nos dijo que le acompañaramos al bar, que nos invitaria a comer, cosa que agradeci, pues entre el calor y el hambre me iba a morir, me rugian las tripas.

Acompañamos al tipo hasta llegar a la taberna del pueblo, habia estado en mas sitios como aquel, pero este se sentia mucho mas hostil, gracias a mi Waki podia sentir que la gente, como minimo, se habia percatado de nuestra presencia y no le gustaban los forasteros. Me senté enfrente de nuestro regordete anfitrion y entonces el tipo dijo que era el hijo del hombre que buscabamos mientras Viktor iba a pedir algo de comer.

- Y una putisima polla.


Entonces Viktor llego sentandose a mi lado pidiendole al Sheriff que se explicara, poco despues llegó la comida, asi que a carrillos llenos del hambre que tenia, empecé a comer uno de los bocatas que me ofrecio Viktor y le deje a el interrogar al tipo.

- Esho, esplicate, pofque aunque no noto que nfos fientas, ef fififil de crefer


La comida me calmo un poco, aunque seguia atenta a lo que pasaba sin desactivar mi Waki, atenta al entorno y lo que pudiera pasar. Nada alli parecia normal, pero mi fan desde luego lo decia completamente en serio. Escuchariamos su historia. Aunque el lugar no me daba buena espina.

resumen

otros


[Imagen: 9GdOzk1.png]
#16


Ciudad Escarlata, Avenida de la izquierda
Grupo de Fuguwu y Apolo

La tensión se podía palpar en el ambiente. Los dos residentes de Ciudad Escarlata, en un principio enemistados, prestaban atención a cualquier gesto o palabra que pudieran salir de la dupla de marines pues, un paso en falso y, toda la furia de Weston podía ir redirigida hacia los dos forasteros. Apolo, con la intención de buscar apaciguar las aguas y, a su vez, responder a las exigencias de los dos lugareños, comenzó a dar explicaciones sobre quienes eran y, si bien los nombres otorgados eran mentira y, por supuesto, había decidido omitir varios detalles de gran importancia, lo cierto era que todo lo que estaba diciendo, a grandes rasgos, era una verdad como un templo. Si bien, cuando "Helios Cabohausen" confesó venir de fuera, causó que los dos pistoleros llevaran con suavidad sus manos hacia sus respectivas armas, conforme continuaba contando su increíble y verosímil historia, aquella hostilidad que sentían ambos se fue desvaneciendo haciendo que incluso, Weston Pork, comenzara a llorar debido a lo emotivo de su narrativa.

- ¡OVERQWIL ERES UN VERDADERO HOMBRE BUAHAAAAH! - Gritó el robusto pelirrojo a los cuatro vientos. El como el gyojin, Overqwil, llegó a su vida, salvándosela y convirtiéndose en su más leal amigo desde ese entonces. Por el contrario, Billy, que se mostraba con mayor indiferencia pero, no por ello, entusiasmado por la historia, fue hacia Weston Pork, dándole palmadas en la espalda mientras lloraba desconsoladamente.- Ya pasó, ya pasó... - Le dijo, pasando a mirar a los dos transeúntes.- Así que es eso, ¿eh? Parece cuanto menos convincente así que perdonad el mal rollo de antes, nyoho. - Se apartó de Weston y fue hacia los dos marines, sin ningún ápice de hostilidad, agarrando el ala de su sombrero con zurda.- Billy Cliffo para servirles, forasteros. - Se presentó formalmente, tras lo cual señaló con su pulgar derecho hacia atrás.- El grandullón de atrás es Weston Pork, es algo intenso pero no es mal tipo, nyoho. - Miró seguidamente hacia atrás, viendo como el señor Pork se secaba las lágrimas con la manga de su camiseta.- Ya ni me acuerdo de por qué estaba enfadado... - Se sonó los mocos de su nariz, mientras se volvía a dirigir Billy hacia Pork, posándole la diestra en su hombro izquierdo.- Por tirarme a tu mujer. - Le recordó el motivo de su reciente ira, no importándole en absoluto la situación.- Es cosa del pasado, amigo mío, ¡hazlo las veces que haga falta, WIGIGIGIGI! - Se rió, para pasar a encarar a la increíble dupla.- ¡Vosotros! ¿Por qué no venís con nosotros a la taberna y nos seguís contando más historias de vuestra inquebrantable amistad? - Preguntó amablemente, comenzando a caminar junto a Billy en dirección al local, no sin antes pararse para mirar al tuerto hombre de rubios cabellos.- Ahora mismo estará cantando allí la vaca de mi mujer, como artista que se precie, no querrás perdértelo. - Se ajustó el cinturón, con ambas manos y prosiguió caminando.



Ciudad Escarlata, Taberna
Grupo de Viktor y Karlglass

La sorprendente revelación del sheriff Karglos, no había dejado indiferente a nadie. Es más, aquellas palabras habían dejado tan atónito al Shichibukai encubierto que, Viktor, decidió irse por su cuenta a pedir que comer y que beber en nombre de todos. Al llegar el lupino espadachín a la barra, éste se situó justo a la derecha de uno de los llamativos hombres que se encontraban en el lugar, el hombre de la máscara. Sus ojos, ocultos tras aquel armazón de metal, se deslizaron cautelosamente hacia Viktor. Al ver quién era la persona que estaba apoyado en la barra junto a él, sin llamar la atención, en su interior pudo sentir como un nerviosismo se apoderaba de él. Y aunque ante el ojo humano, era imposible ver como aquella persona perdía su temple, fuera por la razón que fuera, nada se escapaba ante el Kenbunshoku Haki.

Mientras tanto, una nueva presencia, con un aura más notoria que la del resto de personajes que se hallaban el local - sin contar a la vicealmirante y al shichibukai -, entró en el local, de forma silenciosa y sosegada. Era un hombre que no medía más de metro noventa, de pelo moreno corto y puntiagudo, y que vestía enteramente de negro, así como su sombrero vaquero - en el cuál había adherido una estrella - como su gabardina. De su espalda, sobresalían las culatas de dos grandes escopetas lo cuál, un hombre armado, nunca era señal de un ambiente pacífico. Al entrar en la sala, algunos clientes que se encontraban más cercanos a la puerta, y sin hacer un sólo ruido, comenzó a señalar con la cabeza hacia dónde estaban sentados tanto Karl como Karglos. El nuevo cliente, de forma calmada se desplazó hacia la mesa que había tras la espalda del sheriff, sentándose en una silla de forma que quedó espalda a espalda con Karlglos.

Por el otro lado el camarero llegó pronto hacia dónde Viktor, siendo este un hombre de calva reluciente y mostacho prominente, que vestía una camisa blanca con una pajarita roja.- ¿Qué desea tomar el caballero? - Preguntó el hostelero, obteniendo la comanda directa por parte del hombre peliblanco. El camarero, al escuchar la palabra "sheriff", arqueó la ceja extrañado, mirando consecuentemente hacia la dirección a la que marcaba la cabeza del antiguo cazador. Al ver en esa dirección, lo entendió todo.- ¡Ah, claro! ¡Por supuesto, caballero! - Exclamó, intentando mantenerse firme, y corriendo directo hacia la cocina para compartir la comanda.

Mientras tanto, el admirador número uno de la vicealmirante, comenzó a dar explicaciones una vez que, el Shichibukai, volvió a la mesa con, consecuentemente, la comida y bebida que habían pedido. El sheriff miró con gula los bocadillos de gula que, para su desgracia, fueron devorados por Viktor y Karlglass. Comenzó entonces a contar su historia.- Veréis... - Metio lpa mano en el estofado que había ordenado Viktor, pringandome las manos al no hacer uso de ningún cubierto.- Todo empezó cuando mi padre, my dad, le quemó la polla y le hizo el dis dis a train a mi madre. - Dio un eructo, consecuentemente.- Del amor de mis grapas, nací yo, Karglos, un humilde servidor. - Prosiguió comiendo como un cerdo de su aperitivo.- Yo admiraba a my father pero, con el tiempo, descubrí que mi grapa era un criminal, matando a mi madre a sangre fría cuando nos dimos cuenta del chiringuito que llevaba... - Tosió.- Fue, en ese momento, que decidí hacerme sheriff, para poder pararle los pies a Nimda Leyos, my dad. - Siguió narrando su historia, en el momento en el que, el hombre que se había sentado justo a la espalda de Karglos se levantó.

- Qué bonita historia, ¿me la puedes repetir de nuevo, señor sheriff? - Dijo con cierto retintín el misterioso hombre, haciendo hincapié en la palabra "sheriff", haciendo que muchos de los clientes se voltearan hacia el lugar de la escena. Al escuchar esa indistinguible voz, Karglos se levantó de su asiento, dándose una palmada en sus dos mejillas.- ¡Uyuyuyuy! ¡Fui wasted! - Y, en ese momento, comenzó a correr como un loco hacia la salida del local, causando que la nueva figura posara sus dos manos sobre su cintura, exhalando un profundo suspiro. Al salir del restaurante, muchos de los clientes volvieron a lo suyo, cuchicheando brevemente sobre la situación.- Perdonad, forasteros, pero me temo que os la ha jugado el loco del pueblo, así que cualquier milonga que os haya contado, no os la creáis. - Comentó, posando su diestra sobre el respaldo de la silla en la que se sentaba previamente Karglos, ocupando en esos momentos su lugar.- Aquí Colt, el verdadero sheriff de Ciudad Escarlata. - Agarró la cuchara sin usar que se hallaba junto al plato de estofado y la introdujo en lo que quedaba del guiso.- Si no sabéis quién es el sheriff, algo me dice que de aquí no sois. - Espetó, pasando a que sus ojos se volcaran en Viktor.- Aunque... ¿No te he visto por aquí hace cosa de unas semanas? - Se quedó mirando fijamente al hombre, en silencio, hasta que se encogió de hombros.- Bah, olvídalo, creo que me he confundido... ¿A qué habéis venido a mi ciudad? - Preguntó, justo en el momento en el que entrarían en la taberna Weston Pork y Billy, con o sin compañía.

COLT


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INFO
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#17

Todo mentira. — “Qué inesperado giro dramático de los acontecimientos” — pensé. Ya había notado al llegar a la barra que el hombre cyborg se acobardaba ante mi presencia. Lo había ignorado por completo pero, era terriblemente palpable para mi darse cuenta de que me reconocía y, lo más importante, sabía quién era y el peligro que representaba. Además, una figura se acercaba desde la lejanía hace unos instantes, mucho más fuerte que los demás en el bar, entrando a este mientras yo me había sentado y Karglos nos contaba su historia. Todo un fraude. La nueva figura en el local se acercó a él con tono irónico pidiéndole que repitiera la dramática historia, haciendo que el supuesto Sheriff saliera del local corriendo mientras el hombre de pelo negro se acercaba a nosotros suspirando. Él era el verdadero Sheriff de Ciudad Escarlata: Colt. Este nos dijo lo evidente, habíamos sido engañados por el loco del pueblo y, junto a él se esfumaba una sarta de mentiras que bien podía hacer que Karl entrara en barrena buscando a Leyos por todos lados. Para nuestra suerte, este hombre era mucho más serio, calmado y educado pues, mientras se sentaba en la silla que Karglos había dejado se presentó y comenzó a comer del estofado que el rechoncho loco había dejado. Dijo lo evidente: no éramos de aquí y, no, obviamente no lo conocíamos. El Sheriff, de metro noventa y ataviado con ropajes negros y rojizos, portaba un sombrero a juego con la estrella dorada y varias armas de fuego. Estaba claro que este sujeto sí sabía pelear por su fuerza. En circunstancias normales, me habría caído bien por lo educado pero… su cara me recordaba terriblemente a alguien y me producía un rechazo atroz.

— Para nada. — dije contestando al Sheriff — Somos habitantes del mundo, y estamos de paso. — dije sonriendo con ironía dando un golpe sobre el hombro de Karl en signo de camaradería. Fue entonces cuando el hombre tocó algo que no debía. Una tecla extraña y difusa que cambió el devenir de los acontecimientos de manera inmediata. En un intento estúpido de marcar su territorio, Colt espetó que mi cara le sonaba y que si me había visto por la zona hace tiempo. — ¿Que me has visto? — pensé. Casi en un instante barajé mil opciones. Frené en seco. — No es improbable. Es imposible. — espeté mentalmente — Sería imposible que alguien hubiera usado una Akuma no mi para copiar mi apariencia. Aun así no podría copiar mi presencia, si mis conocimientos no fallaban. Yo no había pisado Risky Red en mi vida y, desde luego, si el Sheriff estaba usando una táctica barata de interrogatorio conmigo, era más estúpido de lo que parecía usando un traje a rayas verticales midiendo metro noventa. — finalicé.

— Lo dudo encarecidamente, Sheriff. Estoy plenamente seguro de que si alguien como yo hubiera pisado su isla… la autoridad lo sabría. Llámelo presentimiento. — dije sonriendo para acto seguido echar un vistazo al plato que había probado, pensando que pudiera estar adulterado — Y, ¿sabe?, ese idiota nos prometió invitarnos y nos la coló. Me siento un poco estúpido así que, qué le parece si invito yo... — dije alzando la voz — ¡¡…a todo el mundo a una ronda!! ¡¡JA JA JA JA!! — alcé la voz tanto como pude mientras me levanté sacando de mi chaqueta un fajo de Berries que dejé sobre la mesa y reía a grito pelado. — Por lo demás, ¿sabe qué estaría bien ahora que somos amigos y nos vamos a tomar algo juntos? — dije sentándome de nuevo y acercándome a la mesa con el cuerpo hasta apoyar mis codos y entrecruzar mis dedos delante de mi cara muy lentamente. — Que nos ayude a encontrar a alguien muy peligroso que estamos buscando para que su ciudad sea más segura. — con un tono serio, mas no amenazante, clavé mis ojos sobre el Sheriff de Ciudad Escarlata y emití, de manera involuntaria, el poder que llevaba latente y no controlaba: el Haoshoku. Apenas unos metros a mi alrededor, proyectando la presión de mi espíritu de pelea. Si el Sheriff era tan inteligente como su apariencia le hacía ver, podría captar lo evidente: yo había venido a por una presa, y si no me ayudaba a cazarla, él era otra presa.


Resumen
Info bélica
Haki
Karmas y oficios
Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12645 + 0 = 12645
Energia: 8755 + 0 = 8755
Espiritu: 4392 - 39 = 4353
#18
Sabía que, desde el momento en que abrió la boca para tejer aquella historia elaborada, Apolo lo lograría, supe que estos dos cowboys se la tragarían entera. Yo solo tuve que asentir, sacar cosas de los bolsillos, y mantener la boca cerrada. Caminamos hacia la taberna siguiendo a Pork y Billy, manteniéndome dos metros detrás de ellos con Apolo a mi lado, separados por aproximadamente un metro. Mantuve mi haki de observación expandido a trescientos metros mientras avanzábamos por la calle de doce metros de ancho. El hambre me carcomía las entrañas, pero no conocía la ubicación exacta del establecimiento, así que no tenía más opción que seguir el ritmo del grupo. Overqwil, el compañero silencioso. El hombre de pocas palabras. El que seguía a su músico errante sin rechistar. Luego de varios minutos de caminata mi haki de observación detecto aproximadamente un centenar de personas concentradas dentro de un edificio, sus emociones mezclándose en un bullicio de alegría alcohólica, curiosidad, aburrimiento, y... dos auras familiares: Karl y Viktor. Sus presencias eran inconfundibles, estaban dentro, cerca de la entrada a juzgar por las ubicaciones de las demás auras que no llamaban la atención en nada. A excepción de un par más. Una presencia llamativa por su poder en lo que parecía ser la zona posterior derecha del edificio. La otra, una presencia poderosa, más fuerte que el resto de los presentes sin contar a Karl y Viktor, y se movía hacia ellos. Me acerqué con calma a Apolo estando a doscientos metros del edificio al que nos dirigíamos y le dije al oído – “Parece que el ave y el lobo encontraron a alguien interesante, o peligroso.” – mi voz baja y suave como quien quiere despertar a alguien tranquilamente de un sueño apacible.
 
La taberna apareció a doscientos metros de distancia, era un edificio de madera rústica de veinte metros de alto y treinta de ancho del cual destacaba la palabra "SALOON" en letras rojas sobre la puerta. Cuatro ventanas en la fachada, dos a cada lado de las puertas batientes. El ruido del interior confirmaba lo que mi haki ya me había dicho, el lugar estaba lleno. A cien metros, mi estómago gruñó con fuerza. El olor a comida cocinada empezaba a llegar, mezclado con el aroma del alcohol y el humo de tabaco, por lo que aceleré el paso ligeramente, adelantándome hasta quedar dos metros por delante de Pork y Billy. Overqwil tenía hambre y Overqwil no esperaba cortesías. Cuando llegué a la entrada, no esperé a los demás, saciar mi hambre era mi único objetivo a corto plazo, avancé los últimos metros y empujé las puertas batientes con ambas manos, entrando primero. En el interior una alfombra roja se extendía desde la entrada hasta la barra del fondo en unos diecinueve metros en línea recta a su vez que varias mesas redondas se encontraban distribuidas por el espacio, cada una con capacidad para seis personas. Al fondo a la izquierda una mink vaca cantaba acompañada de un piano y al fondo a la derecha un hombre completamente vestido de amarillo y blanco jugaba a las cartas. A mi izquierda inmediata, a unos cuatro metros de la entrada y pegada a la pared, la mesa donde Karl y Viktor se sentaban. Y con ellos, la presencia poderosa que había detectado era de un hombre de pelo moreno corto vestido enteramente de negro, sombrero vaquero con una estrella adherida, gabardina negra, y las culatas de dos grandes escopetas sobresaliendo de su espalda, pero no dirigí la mirada hacia ellos ni una vez. Mantuve la vista al frente, caminando con paso decidido por la alfombra roja hacia la barra pasando entre las mesas hasta llegar donde los taburetes alineados frente al mostrador de diez metros de longitud se presentaban como lo hicieran en cualquier otra barra de bar. El camarero, un tipo calvo con mostacho prominente y camisa blanca con pajarita roja, atendía a varios clientes detrás de la barra. Me posicioné en el centro de la barra en uno de los taburetes que estaban libres, justo frente a donde el camarero se movía detrás del mostrador. Desde aquí, la mesa de Karl, Viktor y Colt quedaba a unos quince metros diagonalmente a mi espalda izquierda. Levanté la mano derecha para llamar la atención del camarero. Cuando se acercó mi hambre hablo por mi – “Muero de hambre, necesito comida, lo que tengan disponible. Y agua, mucha agua, al menos un litro, por favor.” – el camarero asintió y desapareció hacia lo que debía ser la cocina detrás de la barra.
 
Me quedé sentado, apoyado levemente en el mostrador con ambas manos sobre la madera, el sombrero vaquero echado ligeramente hacia atrás, manteniendo el haki activo a trescientos metros, monitoreando cada presencia, cada emoción, cada movimiento. El camarero regresó unos minutos después con una jarra grande de agua seguido de un plato con una hamburguesa con papas fritas. El agua estaba al tiempo, sin hielo, sabía espantosa bajo este calor, pero era lo que había – “Gracias” – murmuré, y comencé a devorar la hamburguesa. El primer mordisco me supo a gloria, el segundo también. Luego del tercero entendí que más valía una buena hambre a una buena comida.
 

 
Resumen

Haki

Calor y Deshidratación

Off
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13967 + 0 = 13967
Energia: 9086 + 12 = 9098
Espiritu: 3714 - 145 = 3569
#19
Todo este tiempo...ni club de fans...estaba formado...por una persona mentalmente inestable, por un, por un...por un retrasado mental, que tras contarnos una milonga salio huyendo ante la presencia del verdadero Sheriff -¡¡ Vuelve aqui cobarde pervertido!! ¡¡ Te prohibo adorarme me oyes !! ¡¡ Te demandare como sigas usando mi nombre gordinflon  !! aseveré mientras el falso Sheriff huia sin remedio mientras me levantaba de la silla.

Pero por mucho que me apeteciera darle una leccion a aquel pobre farsante que me habia hecho falsas ilusiones, la cosa se volvia seria. El verdadero Sheriff si parecia un Sheriff, emanaba un aura mas poderoso que el del resto de presentes en el bar aparentemente, al menos en mi rango de Waki activo y ademas, el ambiente estaba como decirlo..cargado, habia nerviosismo ante nuestra presencia y la del Sheriff y estabamos en terreno desconocido. Asi que me mordi la lengua y volvi a sentarme a observar la situacion. Ante la pregunta del Sheriff de que haciamos alli mi respuesta fue simple y llana, pues no sabia si seria capaz de aguantar mas gilipolleces y no estaba dispuesta a ser interrogada. Tras contestar Viktor a la pregunta de forma no muy convincente, conteste yo.  -Yo soy su acompañante. . No era mentira, era el barco de Viktor quien nos habia traido hasta aqui. Pero aunque el falso fan regordete y retrasado no dijera mas que tonterias, desvelar ahora mismo que pertenecia a la marina y mi identidad igual no era lo mas inteligente.

Pero algo en las palabras del verdadero Sheriff inquietó a mi "acompañante", pues de repente, se volvio loco. De repente gritó que invitaba a una ronda a todo el bar y despues desvelo el pastel, pero de manera muy amenazante. El tambien tenia el Waki elegido. Como Fuguwu y yo. De alguna manera parece que ese poder  nos atraia entre nosotros, pues estaba completamente seguro de que no era nada normal. Y no debio sorprenderme, pues Viktor era amigo de Joe y sobretodo...de Sohem. Sin embargo no me lo esperaba y un terrible miedo me invadio de repente, una sensancion del todo desagradable.

- Compañero ¿Que estas haciendo? no creo que sea lo mas adecuado en este momento usar esto.


Mi voz sonaba temblorosa y evite llamar a Viktor por su nombre, levantandome poco a poco de la silla, como con miedo a lo que pudiera suceder. Pero si yo sentia miedo, la gente a nuestro alrededor debia estar paralizada de terror. ¿Estaba Viktor marcando territorio? ¿Que le habia hecho reaccionar asi? ¿Las palabras del Sheriff u otra cosa? No lo sabia, pero tenia que calmarse, el mismo nos habia dicho que estabamos de incognito pero ahora mismo, no habia hecho nada mas que poner el foco de atencion de toda la taberna sobre nosotros. Tragué saliva, cruji mis nudillos y me preparé para cualquier cosa, manteniendo mi atencion en el sheriff

Contenido Oculto


resumen


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#20
Miré de soslayo a Fuguwu a la par que guardaba ambas manos dentro de los bolsillos de mi pantalón, adoptando una postura relajada. Sonreí ampliamente, intentando no reírme en cuanto escuché los llantos del tal Pork: mi historia había entrado en ellos de forma limpia y perfecta, igual que cuando entraba de forma ágil con mi tabla de surf dentro de un tubo. A este ritmo quizás debería cambiar mi relación con la música para hacerme cuentacuentos.

El vaquero rubio finalmente se presentó, no sin antes disculparse por el breve momento tenso de antes. Disculpa a la que respondí liberando mi mano diestra del bolsillo para hacerle un ademán quitándole hierro al asunto. — Ni lo menciones, lo entendemos perfectamente. Hay gente muy extraña por el mundo con ganas de bronca, ¿me seguís?... a mí una vez un hombre me recibió con un puñetazo en un barco turístico. ¿Te acuerdas, Overqwil? el estúpido de Jose... ¡kakahaha!. — Mi historia de hermandad y camaradería había calado hondo en esos extraños personajes y pronto ambos estaban consolándose como si fuesen grandes amigos. Ladeé mi cabeza a mi derecha hacia una ventana aleatoria, clavando mi mirada fijamente como si hubiese algún tipo de den den mushi imaginario grabándonos, mientras elevaba mis cejas y apretaba los labios para adoptar una mueca que acabó siendo una amplia sonrisa. Otro caso resuelto por el ingenioso Apolo Bahía.

La idea del duelo se había desvanecido y Pork nos ofreció continuar hacia la taberna con ellos, algo que sabía que Fuguwu agradecería. — ¡Estupendo! — dije mirando a Pork. — tengo historias de todo tipo, y así también podréis contarnos cosas de este lugar... uno nunca sabe cuando puede llegar la inspiración para componer una nueva canción. — Miré a Fuguwu para que me siguiese el rollo. — Además... ¿una vaca cantando? — me dije sorprendido, comenzando a caminar al lado de mi compañero, detrás de nuestros nuevos amigos. — Eso sí que no quiero perdérmelo ¡kakahaha!

A medida que nuestras pisadas sobre el terreno seco y arcilloso nos hacían avanzar hacia la famosa taberna, pronto recordé la canción que había dejado a medias. — Que en su caaaaballo, cabalgaaaabaaa to' los díaaaaas. — comencé a entonar, evadiéndome y divirtiéndome bajo un sol abrasador que hacía que casi olvidase el motivo por el que estábamos en esa isla. — Y desde su barrio, hasta la plaza de la alegriiiiiaaaaaa, donde encerraba el pasaaadoooo, dentro de una papeliiinaaaaa. — A medida que cantaba, notaba como Fuguwu se acercaba a mí para susurrarme que había detectado a Viktor y a Karl en la taberna. — No los conocemos — le susurré de vuelta, de forma breve. — Donde soñar es tan caro, como barata la luz del diiiaaaaa. — seguí cantando hasta que Fuguwu aceleró el paso y se adelantó a todos, entrando en el local. — ¡Kakahaha! Cuando mi amigo tiene un hambre voraz no espera, ya lo vais a ver. — Me situé al lado de Pork y Billy para prepararme y entrar también en la taberna en la que mi haki ya había detectado a Viktor y Karl junto a otra persona.

Entré con mucha calma, empujando una de las puertas con mi mano diestra mientras mi zurda seguía dentro del bolsillo de mi pantalón. Avanzaba con parsimonia dentro de la taberna, notando como el pisar de mis botas hacían crujir las tablas del suelo, amortiguadas por la alfombra roja que avanzaba hasta la barra. Mi anosmia no identificaba ningún olor, pero el pesar del aire que se respiraba me daba a entender que allí dentro se fumaba. Simplemente caminaba con mi cabeza firme hasta la barra, haciendo un barrido con mi ojo izquierdo por toda la sala: mi haki no mentía, Karl y Viktor se encontraban ya en la taberna junto a un hombre armado vestido de negro. No me detuve hasta que finalmente me senté en un taburete en la barra, a la izquierda de Fuguwu que ya se encontraba comiendo. — Tráeme lo mismo que a él. — Hablé hacia el tabernero, señalando el plato de Fuguwu. — Pero con una jarra de zumo de piña... una buena jarra, ¿me sigues? — hice un gesto con las dos manos, poniendo mi zurda a la altura de mi barbilla y mi diestra sobre mi ombligo. Tras esperar que me sirvieran y que Billy y Pork nos acompañasen, comencé a comer. — Tengo preguntas. Necesito conocer este lugar para componer mis canciones ... ¿a qué os dedicáis normalmente en esta isla?, ¿qué tipo de música y bailes os gustan? Y la más importante... ¿quién es el tipo más peligroso de esta zona?. No nos gustaría cruzarnos con la gente equivocada y hacer algo que les enfade, Overqwil y yo no queremos recibir más palizas ¡kakahaha! — comencé a reírme con trozos de hamburguesa dentro de mi boca, bebiendo luego de la jarra mientras esperaba a que los vaqueros pudiesen contarnos algo.

Resumen

Bélico

Calor

Karmas aplicados


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