[Presente Abs - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas [Viktor]
#11
El banco de megalodones impactarían de lleno en su cuerpo, perforándole y arráncandole cada pedazo de su piel como si el propio mar le estuviera devorando, observando, además, como con cada impacto de cada proyectil hacía que su cuerpo retrocediera más y más, hasta al punto de llegar hacia dónde estaba mi escritorio, tirado en el suelo.

Con cada metro que retrocedía, el agua estancada que había por el resto de la sala y que, por tanto, no estaba congelada al estar fuera del alcance de la ventisca de Viktor comenzó a sufrir las consecuencias de la gélida aura y tormenta de mi contrincante pudiendo observar, además de sentir en mis carnes, que ni el daño ni el empuje de mi técnica había sido suficiente como para poder hacer que cesara de una maldita vez aquella tormenta tan molesta. Chasquée la lengua, sin dejar de mostrar y enseñar mi hilera de dientes, que seguro que debían hacerme ver como un auténtico psicópata. Sin embargo, al ver como el hielo se tornaba rojo por su propia sangre, sonreí. Y ahora que tenía la distancia en mi mano, sólo debía seguir haciéndole un colador. O eso creía.

Cuando comencé a acumular la humedad del ambiente en ambos brazos de nuevo, la postura de Viktor pareció relajarse o, mejor dicho, con su postura parecía que su sed de sangre se incrementaba, hasta el punto de que podía oler a la mismísima muerte a través de él. Comenzó a hablarme, preguntando si sabía algo mientras empuñaba su katana envainada, añadiendo que si para mi él era el plato principal. Se equivocaba, pues no era sólo él, sino que también el héroe, Joe Joestar, era objetivo de mi venganza, una venganza que era capaz incluso de hacer que retrasase mi plan de convertirme en uno de los mayores de traficantes de armas en el bajo mundo. Entonces, de forma centelleante, como si estuviera envuelto dentro de una red eléctrica, VIktor desenfundó su katana con una velocidad parecida al rayo si es que no lo era mismamente, dando la sensación de que con cada corte que asestaba al aire, se rasgaba el continuo espacio-tiempo. Y sin embargo, no sentía nada. No entendía nada, haciendo que mi risa se acentuara más ante aquel inservible juego de luces.

Antes de que pudiera mover un sólo músculo, antes de que pudiera decir una sola palabra, ensimismado en el movimiento de Viktor por enfundar una vez más su arma, al mínimo clic, pude sentir como en un abrir y cerrar de ojos todo mi cuerpo se desgarraba, en múltiples cortes procedentes de todos lados que me cercenaban como si estuviera dentro de una triturador.- - GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGHHHHHHH. - Grité de dolor, sintiendo como mi sed de sangre se desvanecía junto a todos mis sentidos, causando que cayera desplomado al suelo de frente. La muerte llegó a mí mucho antes de que pudiera darme cuenta siquiera. Pero no pasaba nada porque no tenían ninguna manera de salir. Todos esos papanatas de la marina, incluyendo Viktor, serían pasto para los peces. Si con mi muerte eso significaba llevarme a todos ellos… Moriría feliz de al menos haber matado a uno de los que una vez osaron frustrar mis planes. Estando frente a las puertas del infierno, sólo escuchaba los solemnes pasos de Viktor andar, el agua chisporrotear desde distintas partes y, de forma única, el sonido de una salpicura seguida de la colisión de algo contra el suelo. Y entonces, todo se volvió negro. Nos veremos en el infierno, Vik.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7746 - 9262 = -1516
Energia: 4106 + 0 = 4106
Espiritu: 407 + 0 = 407
#12


¿Cuánto hacía que llevaba parada en Risky Red? ¿Días? ¿Semanas? ¿O quizás meses? La cuestión es que había pasado tiempo, mucho tiempo recorriendo cada rincón de la isla en busca de Nimda Legos y, hasta el momento, no había tenido demasiado éxito. Habiéndome pasado de primeras por Ciudad Escarlata, pregunté a los distintos transeúntes y ciudadanos del lugar por su paradero, estando este en paradero desconocido incluso para la figura de autoridad del lugar. Afortunadamente, eran todos encantadores. Eso sí, pude ver que mantenían en el lugar una tradición algo ¿violenta?. Sí, soy la primera a la que le sale el instinto de lucha cuando la pelea comienza, pero también soy una fiel partidaria de que, entendiéndose y hablando, se puede solucionar cualquier problema.

No pasó mucho tiempo cuando vi que mi estancia en la ciudad no merecía la pena, cuando decidí partir hacia la población vecina, Ciudad Bermellón. Y tampoco hubo manera ninguna de dar con la ubicación de Nimda… Sabía que, sí había permanecido oculto tanto tiempo del ojo de la autoridad, no iba a ser tarea fácil dar con él. Pero el tiempo apremiaba y, ante todo, mis ahorros comenzaban a esfumarse. Si bien Bermellón era bastante parecida a Escarlata, opté por hospedarme más tiempo allí porque, primero, el alquiler estaba mucho más barato y, segundo, la comida estaba riquísima. Había hasta una taberna en la que servían pizzas, ¡era increíble! Y así estuve hasta el mismo día de hoy.

Tras comprobar el dinero que me quedaba en la cartera, pude ver que mis fondos se habían visto reducidos a la alarmante cantidad de 1.000 berries. El sólo dormir en la posada ya me costaba 500 berries. La comida, en cambio, fácilmente se podía ir a 1.500 berries. Suspiré. — Me niego a pasar hambre. — Cerré la cartera, y la introduje en uno de los bolsillos de mi gabardina. — Pero ante todo, me niego rotundamente a volver a estar endeudada. — . Sentencié, decidida y determinada, comenzando a andar para salir del poblado, dirigiéndome hacia el yermo desértico y, ante todo, hacia la parte del lago. Era de noche y, por fortuna, el rastro de calor se había disipado ya por el día de hoy. Con suerte, ante la entrada del frío de la noche, la fauna autóctona del lugar podía salir para poder saciar mi hambre. Y de paso, quizás, era capaz de averiguar algo sobre el escondite de Nimda.

Pero mi gozo en un pozo. Conseguí llegar hasta el oscurecido lago pero no había atisbado nada de vida a mi alrededor, ni una pequeña culebra aunque fuera. Tenía mi Kenbunshoku activado en un rango de 100 metros, pero no era capaz de dar con nada hasta que, mi vista, captó un movimiento en la superficie del agua. — Espera, ¿y eso? — Centré mi mirada hacia el centro del lago, llegando a ver un remolino en su interior que parecía estar tragándose todo el agua. En ese momento, por pura inercia, extendí el rango de mi haki de observación en 700 metros, pudiendo sentir y percibir el aura de varias entidades, todas ellas de gran poder. — ¡Jackpot! — Exclamé de alegría, dando un pequeño un brinco. Todo este tiempo estaban bajo tierra, razón por la cuál no había sido capaz de detectarlos en ningún momento. — Bien, está claro lo que tengo que hacer. — Me dije a mi misma, cogiendo carrerilla para, una vez llegada a la orilla, dar un salto que me zambulliría hasta los hombros el agua, salpicándome algo de agua en la boca y, notando de este modo, lo salada que estaba esta. Conforme me iba acercando al ojo del remolino, cerré los ojos, comencé a coger aire y, en ese momento, me sumergí. Si aquello estaba ocurriendo en la superficie, y considerando la existencia de personas bajo mis pies, sólo podía significar que había una guarida allí abajo y que, el propio agua se estaba filtrando en ella. — Prepárate Leyos… — Pensé, mientras me abría paso en el agua, nadando a braza para poder llegar antes hacia el lugar dónde desembocaba todo el agua.

Tras estar un tiempo prudencial nadando y aguantando la respiración bajo el agua, finalmente vi la luz. El agua, que llegó a su fin de recorrido en forma de una columna descendente de agua, me expulsó desde el techo de una sala en la que parecía reinar el invierno y la tormenta. Mi haki, que detectaba antes dos seres vivos, justo en ese momento percibía que uno de ellos había acabado con el otro. — ¿Qué? — Me pregunté, cayendo agazapada contra el suelo que, lejos de ser tierra o agua, era como una especie de bloque de hielo. Lejos de buscar a entender en el motivo del hielo, mi vista se quedó fijada en un lobo antropomórfico de pelaje blanco como la nieve y de la que salía emitida una borrasca de nieve a su alrededor. No sabía si era una zoan, o un mink con el poder de alguna paramecia, pero estaba claro que debía ser él el causante de todo el hielo a nuestro alrededor. A sus espaldas, estaba el cuerpo sin vida de Nimda, decapitado y, cuya cabeza, residía atada en una suerte de látigo. — Muy tarde, Selene, muy tarde… — Por una parte sentía rabia por no haber sido ella misma la que acabó con la vida de ese maníaco… Pero en parte se alegraba de que su reinado de locura y el ciclo de continua sangre derramada por él y sus esbirros hubiera llegado a su fin.

No fue hasta que me percaté del estado en el que estaba aquel hombre lobo, que no vi lo verdaderamente malherido que estaba. — Oye, ¿estás bien? ¿Necesitas que te ayude con algo? — Corrí hacia él, preocupada y dispuesta a ayudarle con lo que sea, por poco que fuera. Presentaba múltiples hemorragias en distintas partes de su cuerpo, hasta el punto de pintar el hielo bajo nuestros pies con su sangre. Pero si había algo más frío que la tormenta que salía emanada de aquella persona, mi sangre se heló por completo, conociendo un invierno más gélido que el que nos rodeaba cuando vi aquella katana empuñada en su mano derecha.— ¿Shimei Kaeru? — Mi mente viajó al momento en el que madre, portando aquella katana, cargada de tanto valor sentimental, me dejó de polizón en ese barco para alejarme de padre.— ¿Qué haces tú con ella? — Se me quebró la voz, desviando mi mirada hacia el rostro del lobo de las nieves, centrándome ahora aún más en sus rasgos aún estando transformado, siendo su característica más emblemática su pelo, del mismo color que él mío. Una lágrima descendió de mi ojo izquierdo, sin siquiera saber demasiado el por qué.— ¿Acaso tú..? — Mi corazón me decía que debía ser él, pero mi cabeza no quería creer en que aquello fuera real, que era una alucinación.

Pero antes de que pudiera confirmarlo, un temblor resonó en lan guarida y, con ello, el agua que parecía seguir inundando ese habitáculo comenzó a penetrar con mayor intensidad. Por el momento, la tormenta provocada por… El portante de Shimei Kaeru, estaba reteniendo el torrente de agua. Pero, al mismo tiempo, sería ese mismo hielo el que nos sepultaría y aplastaría. Estarse quieto no era una opción por el momento. Me limpié la lágrima con mi brazo derecho.— Ya hablaremos cuando salgamos de aquí. Tengo una idea. — Expresé, mirando hacia el lupino hombre, pasando a empuñar el mango de Aura con ambas manos, manteniéndola posicionada hacia mi derecha— Si generamos un corte en la tierra lo suficientemente grande como para que llegue al fondo del lago, haremos que el agua se filtre por mucho más espacio. — Mirando ahora hacia el techo, flexioné mis piernas, cargando todos mis músculos tanto en ellas como en mis brazos.— Confía en mí, si unimos fuerzas ahora, saldremos de esta, portador de Shimei Kaeru. — Concluí, con una sonrisa de oreja a oreja. Mi corazón me decía que volvía a estar en casa.

INFO
#13
Todo se volvía un poco más frío. Un poco más negro a mi alrededor.
Cuando intenté avanzar hacia la puerta por la que entré a la guarida del tiburón mis pies fallaban. Las heridas del último ataque de Leyos habían sido mayores de lo que esperaba e iba a pagar por ellas. Tosí de manera ronca y atragantada, escupiendo una bocanada de sangre y clavando mi rodilla izquierda en el hielo bajo mis pies, teniendo que apoyar a Shimei Kaeru enfundada como apoyo para evitar caer sobre el hielo. Sabía que si seguía vivo era por la suerte de mi poder de la fruta del diablo que le robamos a Blackmore en su día. Sin el invierno del Lobo Blanco, estaría de agua hasta el cuello y no habría manera de salir de aquí. No podía permitirme perder el conocimiento ahora, aunque, estaba cerca. Me costaba respirar y mi vista se hacía borrosa. Tanto que justo entonces creí ver a alguien caer de una de las columnas de agua, aterrizando grácilmente frente a mí y acercándose a socorrerme preguntando si estaba bien. Achicando un poco los ojos para centrar mi vista, pude ver a una mujer de pelo cano portando pistolas y una gran espada con un abrigo color carmesí que se acercaba hasta a mí con cara de preocupación. Durante un segundo quise desenvainar, pensando que se tratara de algún esbirro más de Leyos viniendo a socorrerlo pero… sentía que no era necesario. Usé la concentración que me quedaba para activar mi Kenbunshoku e intentar detectar lo que había a nuestro alrededor y, con ello, descubrí el aura de la mujer. Rojiza, intensa, cálida. Cuando se acercó a mí, me sentí reconfortado. Casi como esa sensación en invierno cuando, tras una mala tormenta, el sol aparece y te calienta levemente entre las nubes. Cuando desaparece el frío y el calor te abraza con un sus rayos. Casi era como volver a casa.

Mientras ella farfullaba intentaba recomponerme, irguiéndome empujando la espada de mi madre contra el suelo y tensando mi tren inferior. La mujer era mucho más pequeña que yo en mi forma híbrida pero, mirándola, vi mis ojos en los suyos. El mismo dolor pero no el mismo frío. De una manera que no sabía explicar, sabía que la conocía, que debía confiar en ella. Que ya estaba a salvo. Tras esto, la mujer se desenfundó su arma y la sujetó firmemente, colocándose a mi lado en pose de ataque. Sugirió atacar al techo para que, con un ataque potente, rompiéramos todo y pudiéramos salir a la superficie y entonces podríamos hablar con tranquilidad. En ese momento, sentí mi energía resurgir. Era casi como volver a mi niñez cuando… cuando, ¿qué?. No lo sabía bien. Coloqué la espada de mi familia en mi cinturón, al lado opuesto de Saba y golpeé con mi diestra tres veces mi torso a la altura de las heridas que el Karate Gyojin de Leyos me había causado con la base del puño cerrado. El dolor me mantendría consciente.

La mujer entonces me pidió que confiara en ella y que saldríamos de aquí, mencionando el nombre de mi espada de alguna manera que desconocía pero que, no me extrañaba. Me posicioné a su zurda, sujetando ambas espadas con firmeza y apretando los dientes para, acto seguido sonreír levemente. No había sentido algo así desde que peleaba con Sohem o Joe y estaba feliz. Muy feliz. — ¡Hagámoslo! — dije flexionando mis piernas a su lado. Con un potente salto, me lancé de cabeza contra el techo, saltando en vertical tanto como las piernas del lobo me permitían mientras adoptaba la posición idónea para lanzar mi ataque. — Rekkū... — con toda la confianza de que la mujer de carmesí sabría exactamente lo que hacer, desenfundé mis armas, una hacia cada lado, friccionando sus filos uno contra otro y generando una corriente eléctrica que aceleró mi movimiento de manera antinatural para, finalmente, lanzar un potente corte imbuido en todo mi busoshoku hacia el techo antes de comenzar a caer de nuevo.


— ...¡SŌZAN! —


Resumen
Info bélica
Haki
Karmas
Gasto y daños
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5605 - 212 = 5393
Energia: 3723 - 1637 = 2086
Espiritu: 3159 - 27 = 3132
#14


No hizo falta ningún método disuasorio para hacer ver al lobo antropomórfico que era necesaria la cooperación para poder salir con vida de esa trampa mortal. Aparentemente, no nos conocíamos respectivamente el uno al otro pero, aún así, la sensación de que podía confiar plenamente en él… Y de que él podía confiar plenamente en mi. Ni siquiera era cierto eso de que fuera un total desconocido para mi. En el fondo de mi corazón tenía la certeza de que eso no era así.

Cuando escuché su voz, llena de dicha y felicidad, aceptar mi petición mientras flexionaba sus piernas. Una sonrisa de oreja a oreja se dibujaba en mi rostro, mientras apretaba con más fuerza el empuñe de mi espada.— ¡Bien! — Exclamé, poniendo todos mis sentidos en los movimientos en el lobo de las nieves, para coordinarme lo máximo posible con él. La emoción del momento me causaba que no me diera ni cuenta del frío que afligía cada uno de los músculos de mi cuerpo, no pudiendo extraer al máximo mi potencial. Pero no sería necesario.

Conforme la figura lupina saltó hacia el techo hice lo mismo, a su izquierda y haciéndolo a mayor velocidad, recubriendo al mismo tiempo mi espada con Busoshoku Haki y mientras aunaba toda mi fuerza en todos los músculos del tronco superior de mi cuerpo. Una vez la fuerza de la gravedad detuvo mi avance - estando aún a unos metros del techo de la pared -, mi compañero de ataque siguió avanzando, pudiendo sentir el poderoso ataque emergería de sus dos espadas.— Sai... —  Comencé a pronunciar, impregnando la hoja de mi espada de una especie de halo de color rojizo, al mismo tiempo que el portador de Shimei Kaeru enunciaba la primera parte de su técnica.

Y, en el mismo momento en el que desenfundó sus dos katanas, abaniqué a Aura hacia el frente, realizando un arco ascendente que iría desde mi espalda hacia el techo, que cortaría brutalmente el aire que nos separaba, hasta el punto de generar una onda de corte de color rojizo que viajaría hasta la cúspide del techo.

— ¡..BAN! —


Nuestras voces se fundieron en una sóla de forma unánime, a la par que de sus katanas salían emitidas una onda de corte, de mismas dimensiones pero del color del propio rayo, complementando ese color con el de mi propia técnica.

Mientras descendía, podía admirar el resultado de nuestra combinación, impactando nuestros dos ataques de manera simultánea el techo produciendo, en una primera instancia, una pequeña grieta por la que se colaron las dos ondas de corte para, seguidamente, y de forma abrupta, partirse éste en dos partes, separadas por un corte lo perfectamente recto y lineal.— ¡Vamos! — Animaba a nuestro propio ataque, sin dejar de ver como el corte del techo se seguía profundizando, hasta el punto de que la misma corteza terrestre que separaba la guarida de la superficie, se abrió en canal mientras seguía el recorrido de nuestro ataque, pudiéndose ver a la perfección la nocturna noche del exterior.

El agua, en ese preciso instante, comenzó a filtrarse, no sólo por la guarida, sino por otras cavernas, cámaras o poros subterráneos que podía haber por debajo del lago. Momentáneamente, un gran torrente de agua se precipitó por la habitación, empapándonos por completo, además de causar que el nivel del agua ascendería nuevamente. Sin embargo, al tener ahora una salida al exterior y, además, contar con el hielo creado por el hombre de pelaje albino que servía como plataforma, eso ya no suponía ningún problema.

Aterricé sobre el hielo, sonriente y pletórica, envainando a Aura en su funda.— Lo hicimos… — Musité, en una primera instancia, pasando a mirar al portador de la espada que poseía madre.— ¡Lo conseguimos! — Corrí a darle un abrazo al lobo, sin haberlo pensado lo suficiente, sin importar el frío que le envolviera y sin darme cuenta en una primera instancia de que igual aquella acción podía incomodarle.— ¡P-perdona! ¡Me dejé llevar! — Me separé, alzando mis manos a la altura de mi cabeza.— Ahora salgamos de aquí y vayamos a tratar tus heridas. — No podía dejar pasar desapercibida las múltiples heridas de bala que tenía por todo el cuerpo.— Una vez estés bajo peligro y descansado, hablemos, ¿vale? — Le prometí, con una sonrisa genuina, dándole una palmada en su hombro izquierdo con mi mano derecha.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13900 - 1933 = 11967
Energia: 8901 - 1289 = 7612
Espiritu: 4230 - 675 = 3555
#15
✓
Combate
completado



Valoracion Viktor

— Calidad del rol: 2

— Personaje: 2

— Estrategia: 1,8

— Rolear acorde a las guías: 2

— Total: 7,8


Viktor obtiene

— Puntos Mugiwara: 120

— Reputación: 264

— Puntos de atributo: 22



STAFF DE NAKAMA NO MI


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