[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#41
La repentina aparición del úrsido mink en el pasillo del arsenal, si bien fue lo más suave posible, hizo que el corazón de más de uno de los recién liberados rebeldes diera un vuelco. Algunos de ellos incluso tomaron posiciones defensivas, pensando que se trataba de un poderoso enemigo, pues acababa de atravesar el duro suelo de roca. Para la fortuna de aquellos a los que aquellos asustados hombres y mujeres podían considerar - seguramente con mucha razón si así lo hacían - sus salvadores, las tres jóvenes trillizas poseían más virtudes entre las que, además de conocimientos básicos sobre medicina y un gran dominio del arco, se encontraba una innata capacidad para disipar tensiones, dadas su extremadamente alegres e inocentes personalidades. Sin mucho problema lograron hacer entrar en razón a aquellas personas, explicándoles que aquel enorme mink que se reía de una forma tan curiosa era un poderoso aliado, y que él sólo había derrotado a la gran cantidad de guardias que había cerca de la sala de los cañones.

Una vez pasado ese pequeño susto y habiendo decidido que el monje sería quien asistiera a los rebeldes mientras el Comandante de los Ejércitos del Oeste y su fiel mano derecha se infiltraban en el castillo para apresar al tirano rey Juan, salieron todos de aquel enorme edificio, dejando allí a los inmovilizados guardias, custodiados por algunos rebeldes para que nadie aprovechara su precaria situación para causarles ningún mal.

Una vez fuera de las gruesas paredes de piedra, pudieron tener una mayor percepción de la situación en la que se encontraba Kamome. Había un ligero olor a humo en el ambiente, el cual provenía de las varias columnas que se alzaban por diversos puntos de la ciudad. Estas columans de humo se debían a pequeños fuegos causados por los numerosos disturbios que se habían formado, en los que rebeldes civiles atacaban a los guardias con aquello que tenían a mano, entre lo que se incluían botellas rellenas con alcohol o aceite que prendían fuego y lanzaban. Guardias que se movían desde el hospital y la reserva de alimentos en dirección a la plaza central, pues era el lugar en donde una gran cantidad de rebeldes se había comenzado a reunir para tratar de asaltar el castillo.

Stutely dio la orden de comenzar a moverse en dirección a la plaza. La orden fue acatada al instante por rebeldes y revolucionarios. Avanzaban a un ritmo relativamente rápido, pero mover tal cantidad de cañones suponía un esfuerzo colosal, por lo que, si bien mantenían un buen ritmo, seguían sin ir tan rápido como desearían, teniendo en cuenta que cada minuto que se retrasaran en ir a ayudar a sus compañeros y hermanos de batalla podía suponer un aumento de muertes. Lo que en un principio era un grupo de poco más de ciento cincuenta personas fue creciendo en tamaño, pues aquellos ciudadanos que los veían y estaban dispuestos a luchar por su libertad se iban sumando a ellos. Aquellos ciudadanos de a pie, armados con palos, escobas o tapas de barril que hacían las veces de escudos, no sólo caminaban junto a aquellos valientes que habían desafiado al orden establecido con el único propósito de lograr una vida mejor para todos. No. Lo más fuertes se unieron a aquellos que empujaban los cañones, relevando a aquellos que estaban más cansados, logrando de esa forma avanzar con mayor rapidez. De lo que en un principio parecía un simple murmullo, fue emergiendo una canción, comenzó a resonar cada vez más alto por las calles de Kamome a medida que el grupo crecía hasta convertirse en toda una multitud.


Podía parecer una simple canción, pero era mucho más. Aquella canción unía una multitud de voces, todas distintas, en una sola. Una sola voz que encendía la llama de la revolución en los corazones de quienes la escuchaban. Una voz que les llamaba a luchar por obtener aquello que era suyo y les habían arrebatado, su libertad.



La gente se fue congregando en la gran plaza, donde un gran número de forajidos y civiles se encontraba frente al ejército real. Ambos bandos se mantenían alejados, con una creciente tensión en el ambiente, pues nadie quería ser quien lanzara la primera piedra y convertirse en el causante de una verdadera carnicería. Los rebeldes se ocupaban en el centro de la plaza, así como la zona más alejada del castillo, mientras que los militares se posicionaban en el otro extremo, así como en las calles que daban a ese lado. Para tratar de evitar lo más posible un enfrentamiento directo, los rebeldes habían formado una gran barricada con muebles y demás cosas de madera, a la vez que habían lanzado leña y aceite en llamas, creando numerosas hogueras entre su posición y la de las tropas leales al rey.


La columna de humo que provenía de la gran plaza era cada vez más grande, lo cual solo podía significar que estaban cada vez más cerca. El más anciano de los líderes rebeldes entregó un papel a una de las tres trillizas, antes de darle un suave beso en la cabeza - Tened mucho cuidado, ¿entendido? - le dijo, preocupado, a la joven - Si véis que es muy peligroso, venid los cinco a la plaza - le puso suavemente la mano en la cabeza, a lo que la joven asintió antes de darle un fuerte abrazo - Tranquilas, no vamos a dejar que le pase nada a Robin - la joven asintió nuevamente, antes de llamar a sus hermanas e ir junto al mink y al pescador

- Seguidnos. Nosotras os guiaremos hasta el castillo - les pidió Lei con una sonrisa, aunque se podía percibir una gran seriedad en sus palabras. Tras asegurarse de que los cinco estaban listo y después de despedirse tanto del anciano y el sobrino de su amado Robin como del invidente monje, se alejaron de aquel gran grupo de personas. Se movían rápidamente, sin intención de perder un solo minuto, por aquellas calles que conocían como la palma de su mano. Stutely le había entregado a la joven de la cicatriz un mapa con indicaciones para sortear a posibles patrullas, pero no les hizo ninguna falta. Las calles estaban completamente desiertas. Todo aquel que no se había encerrado en su casa ahora estaba en la plaza central o se dirigía hacia allí, por lo que tras consultarlo con la pareja revolucionaria, optaron por tomar el camino más rápido.

No tardaron mucho en llegar al lugar indicado. No era nada especial. Era simplemente una calle más, pero se trataba de un punto lo suficientemente cerca de las murallas como para que el trayecto que tuvieran que hacer los revolucionarios no fuera eterno, y además les permitía sortear el foso que rodeaba varios ángulos del castillo.

- Vale, aquí estamos - dijo Lei, enormemente nerviosa - Si desde aquí hacéis un túnel y avanzáis doscientos metros en línea recta, emergeréis en el hall principal del castillo - les indicó, entregando el papel que el anciano les había dado al pescador. Se podía percibir sin ningún tipo de problema lo nerviosa que se encontraba, pues su brazo temblaba notablemente - Nosotras no podemos acompañaros más lejos de aquí - dijo, preocupada - Tened mucho cuidado - una de sus hermanas se acercó a ella, apoyando la mano en su hombro - No podemos deciros donde se encuentra el rey Juan exactamente, pero seguro que dentro podéis encontrar a alguien del servicio para que os guíe - la tercera hermana se acercó, apoyando la mano en el otro hombro - Ya nos habéis visto. Si os hacen alguna herida, no os preocupéis que cuando ganemos nosotras os curamos, ¿verdad Lei? - dijo Dima, mostrando el pulgar de la mano que no tenía apoyada en el hombro de su hermana con una sonrisa, haciendo que Rian hiciera lo mismo y provocando que Lei mostrara los dos a modo de despedida y deseo de buena suerte.



Lo único que restaba era infiltrarse en el castillo, pero lo que no sabía el dúo revolucionario era que lo duro que iba a ser esto. El úrsido mariscal revolucionario tenía que ir abriendo la tierra con sus poderes. Los dos revolucionarios avanzaban lentamente, teniéndose únicamente el uno al otro en aquella penumbra, con la dificultad añadida de que tenían que medir las distancias para emerger en el lugar correcto, pues hacerlo antes de tiempo podía suponer aparecer en un lugar lleno de enemigos y por ende echar a perder la infiltración. A medida que se acercaban a castillo podían sentir una creciente cantidad de presencias. No había ninguna que se destacara por encima del resto, y tampoco se movían de ninguna forma extraña. Cuando se acercaron más todavía, encontrándose a treinta metros del punto en el que emerger, podrían llegar a sentir a ciento treinta metros a cincuenta presencias bastante poderosas. No eran tan poderosas como ninguno de los dos, pero  sí que eran mucho más fuertes que cualquiera de los guardias que se habían enfrentado anteriormente. Además de esas cincuenta presencias, había una más, una notablemente más débil, algo más débil incluso que una persona normal. A juzgar por la disposición de esas cincuenta y una personas podían intuir que se trataba del Rey Juan y su guardia personal.

Gracias a las increíbles dotes de orientación que comandante y mariscal compartían, emergieron en el lugar indicado por Stutely. Fue la decisión idónea, sin duda, pues de haber continuado avanzando más podrían haber caído en las mazmorras del castillo.

Cuando los dos revolucionarios salieron, viendo de nuevo la luz del día, se percataron de que se encontraban en el enorme hall del castillo. Era una estancia enorme. A su izquierda, a algo más de diez metros, se encontraban las enormes puertas del castillo. A los lados de estas puertas había enormes ventanales que hacían del interior un lugar extremadamente luminoso. Ventanales que se elevaban más de una treintena de metros, pues el techo de la estancia, en el cual colgaban lujosas lámparas de araña, alcanzaba los tres pisos, a juzgar por los distintos balcones que había en las paredes laterales. Al lado derecho de la estancia, una puerta de madera de la mejor calidad y decorada con numerosos relieves daba acceso a la sala del trono, lugar en el que podían sentir a aquellas cincuenta y un presencias. A ambos lados de esta majestuosa puerta, dos grandes escalinatas con barandillas de mármol daban paso al piso superior.

En el centro del gran hall, se alzaba una lujosa fuente. En el centro de la fuente se alzaba una imponente figura de un león, de cuya salía un chorro de agua.

Y al lado de la fuente, de pie, se encontraba un hombre, quien parecía estaba esperándoles.


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#42
OST de la escena


Presioné el tenedor que sostenía en mi siniestra contra la salchicha hasta que las puntas perforaron la tripa de cerdo que mantenía su contenido en su sitio. Sujeté el cuchillo con mi diestra, utilizando para ello mis dedos índice y mi pulgar, mientras el corazón y el anular servían de apoyo y el meñique se encontraba estirado. Corté un pequeño trozo con delicadeza, ayudado por el tenedor, antes de llevarlo hasta mi boca. El sabor y la textura eran perfectos, tal y como acostumbraba el cocinero jefe de la corte. Tras limpiarme suavemente con la servilleta procedí con el hash brown. Dorado y crujiente por fuera, pero no en exceso, mientras que el interior estaba suave. Un intenso sabor a patata, con la cantidad perfecta de sal y sin una gota de exceso de aceite, hacían de aquello un verdadero manjar. Al igual que el hash brown, tanto el bacon como el huevo y los champiñones fritos tenían la cantidad justa de aceite, para que él sabor de éste no enmascarara el del resto de ingredientes. Al igual que los anteriores, éstos tenían un sabor exquisito. Como era de esperar, dejé para el final mi parte favorita, que consistía en los tomates fritos, el black pudding y sobre todo las beans. Terminé de esa forma de comerme mi desayuno, mientras continuaba dando pequeños sorbos a mi preciado té.

Breakfast. Era sin duda el momento más importante de la mañana, al igual que la hora del té es el más importante de la tarde. Un momento imprescindible para poder comenzar el día con gran energía. Un momento que sin duda debía ser tratado con la importancia que se merecía. Por ello, lo mejor era que se tratara de un Full Breakfast. Debía contener sus sausages, bacon, fried eggs, fried tomato, hash brown, toast, beans y fried mushrooms, e incluso black pudding, aunque este no era tan popular. Todo esto acompañado del mejor Tea, sólo o con leche si se trataba de alguien que no disfrutara tanto del amargor característico de esa bebida celestial. Cualquier persona conocía esto mismo y tomaban sus Full Breakfasts cada mañana. Bueno, cualquier persona no, únicamente aquella gente de provecho, pues los plebeyos preferían seguir con sus tristes y pobres desayunos. En este último grupo se incluían toda esa chusma que se dedicaba a ensuciar las calles pidiendo dinero, esa panda de maleantes que se escondían en el bosque y se dedicaban a asaltar a la gente de bien, y la odiosa mujer a la que me veía obligado a llamar esposa. Era una mujer acomodada, de alta cuna. Pertenecía a una de las familias más importantes del reino, por lo que era una persona que había recibido una buena educación. Era sin duda un gran partido, por lo que contraer matrimonio con ella fue una decisión sencilla.

No obstante, al poco tiempo me percaté del craso error que acababa de comenter. Aquella mujer no sólo rechazaba algo tan importante como un Full Breakfast, cosa que podría llegar a pasar por alto, dado lo mucho que mencionaba el estar tratando de mantener su figura, si no fuera porque su desayuno consistía en un vulgar café. Toda clase de manjares a su alcance y lo único que deseaba era café. Ni siquiera un té, un sabor intenso, un cuerpo exquisito, sólo o con un poco de leche. No, lo único que le gustaba era ese horrible café con leche y una ingente cantidad de azúcar. Y para colmo, no sólo no sabía cocinar, si no que era algo que detestaba. Y eso sí que era algo que alguien como yo no podía pasar por alto.

En cambio, Elizabeth era su antítesis. No sólo era mucho más atractiva y hermosa, si no que la comida que preparaba era exquisita. Conocía todos los platos tradicionales y los cocinaba a la perfección, como el Fish and Chips que a mí tanto me gustaba, y además el té que preparaba era un verdadero elixir digno de los mismísimos dioses. Y por si aquello fuera poco, no sólo cocinaba casi mejor que el chef principal de la corte, si no que cocinar era algo que le encantaba. La misma pasión que mostraba conmigo en nuestros secretos encuentros la mostaba también frente a los fogones, y aquello era algo que me volvía loco.


- Capi... Sir Capitán - mis pensamientos fueron interrumpidos por un soldado. Giré la cabeza levemente, para encontrar al nervioso hombre de pie junto a la puerta de mi comedor privado - Sir Capitán, lamento interrumpirle en su desayuno - se disculpó. Negué con la cabeza - Ya he terminado - le indiqué que continuara con lo que tenía que decir, pues parecía algo cuanto menos importante - Sí, disculpe. Han llamado desde el arsenal. Dicen que se encuentran bajo ataque - expresó con gran preocupación - Parece que al final han decidido hacerlo - pensé, mientras terminaba el té de mi taza y alejaba la silla de la mesa sin arrastrarla, para poder levantarme. Había recibido tiempo atrás cierta información que hablaba de que ese Robin de los Bosques y su panda de maleantes del tres al cuarto buscaban hacerse con los cañones que se custodiaban allí, como si de esta forma el rey Juan fuera a rendirse ante su poder y cederle la corona. Era una completa estupidez, pues estaba realmente seguro de que aunque por alguna razón lograran capturarlos, no tendrían ni de lejos los efectivos suficientes para hacer algo razonable con ellos. Iba a ordenarle al soldado que enviara refuerzos cuando éste me informó que el Comandante Revolucionario Kisuke Kageyama era quien estaba asaltando el arsenal - Así que se trataba de él al que sentí ayer - me llevé mi siniestra a la barbilla, pasando con los dedos índice y pulgar por mi perilla - Alista a las tropas y mantenedme informado. No aviséis al rey para que no entre en pánico - dije, aunque me quedé en silencio un par de segundos - Avisadle de que no tiene de qué preocuparse, pues yo mismo velaré por su seguridad - con esas palabras salí del comedor con presteza, caminando por los pasillo en dirección a mis aposentos, donde comencé a ponerme mi armadura.



Fui tras eso a la sala de mando, donde los altos cargos militares me informaron de que el arsenal y la prisión habían sido tomados. Para empeorar todavía más las cosas, los disturbios se sucedían por la ciudad, y un creciente grupo de personas se dirigía hacia el castillo - ¡Atención todos! - hablé, haciendo que todos se callaran. Era hora de tender mi trampa - Desplegad a todas las tropas e interceptarlos en la plaza principal - di la orden, señalando el lugar en el mapa de la ciudad - Desviad hacia allí todas las tropas. Que no consigan acercarse al castillo - la trampa era realmente sencilla, pero estaba seguro de que sería efectiva. Conocía lo suficiente a ese tal Robin, y esa estúpida idea suya de que "todas las vidas importan". Conociendo cómo había actuado hasta ahora él y la escoria que dirigía, harían todo lo posible por evitar una confrontación directa, por lo que cuando se enterara de que no quedaba nadie defendiendo el castillo - y se iba a enterar, puesto que aunque no pudiera señalarlos directamente, sabía a la perfección que había varias de esas alimañas infiltradas en el castillo - tratarían de acabar todo de la manera más pacífica posible, tratando de secuestrar al rey para, valiéndose de la cobardía que le caracterizaba, lograr que abdicara.

Disolví aquella reunión y todos acataron mis órdenes sin rechistar. Puede que alguno de ellos fuera un sucio traidor, pero por lo menos sabía guardar las apariencias y respetar la cadena de mando. Mientras volvía a mis aposentos para aprovisionarme con mis tres preciadas armas, todas las tropas del castillo, a excepción de la guardia personal del rey, salieron en dirección a la plaza central, con la orden de evitar que aquellos rebeldes se acercaran.

La trampa estaba puesta. Únicamente tenía que sentarme y esperar.



No sabía por dónde llegarían aquellas alimañas, pero habiendo un comandante revolucionario con ellos debía de tomar unas mínimas precauciones. Mantuve mi Haki de Observación extendido a una distancia de novecientos ochenta y cuatro pies, para poder percibir de esa forma cualquier presencia que se acercara mínimamente. No tardé mucho en sentir a cinco personas que destacaban sobre las demás. Tres de ellas poseían un aura practicamente idéntica, y supuse que las otras dos eran el líder revolucionario y algún otro miembro de aquel grupo de envidiosos que se dedicaba a tratar de quitar a la gente honrada aquello que habían logrado con su esfuerzo. Sin perder un instante hice desaparecer mi presencia, antes de reducir el rango que abarcaba mi Haki hasta los doscientos treinta pies.

Era sólo cuestión de tiempo que esos muertos de hambre llegaran en su heróico intento de infiltración, por lo que me dediqué a estar sentado junto a una de las barandillas que daba al hall principal, en el tercer piso. Mataba el tiempo tomando el delicioso té que preparaban en el castillo que, si bien estaba lejos de ser tan delicioso como el de Elizabeth, seguía siendo una excelente y revigorizante bebida.

Tardé más de lo esperado, pero no tanto como para que supusiera un problema, en volver a percibir a alguien. Se trataba únicamente de los dos revolucionarios, quienes se acercaban con una pasmosa lentitud. Aquello suponía una ventaja para mí, pues tendría tiempo de prepararme para su llegada. Terminé el contenido de mi taza y volví a mirar a la tetera. Me tomé mi tiempo con aquella tetera de porcelana, antes de volver a dejarla sobre la mesa y levantarme de la silla con delicadeza. No tenía tampoco tiempo que perder, pero perder los modales era algo peor.


Me acerqué a la barandilla, donde se encontraban apoyadas mis tres armas. Cogí a Preypiercer con mi diestra, tan liviana como siempre. La coloqué en mi espalda, antes de coger a Lion's Bane con mi siniestra. Se trataba de una maravillosa lanza. Un retorcido regalo del actual rey por ayudarle a subir al trono. Con Hopekiller en mi diestra, apoyé una pierna sobre la barandilla y, tras impulsarme con esta, me dejé caer.


En el centro del hall principal, el cual medía doscientos sesenta y dos por doscientos sesenta y dos pies, se encontraba aquella lujosa fuente, a la par que innecesaria. Una fuente de mármol blanco, con aquella horrible figura del león. Le había dicho al rey Juan en incontables ocasiones que se deshiciera de ella, pero él seguía empeñado en que la gente lo asociara al león como hubieran hecho anteriormente con su estúpido y cobarde hermano Ricardo. Caí de pie, como era de esperar, a veinte pulgadas del borde de la fuente, y comencé a caminar lentamente en la dirección en la que se encontraban los revolucionarios quienes, para mi sorpresa, parecían viajar bajo tierra.

Volteé a Hopekiller, apuntando su punta hacia el suelo, mientras la de Lion's Bane seguía apuntando hacia el techo. Seguí caminando, sintiendo como a cada paso los pelos de mis brazos se erizaban. Los dos revolucionarios no tardaron en atravesar el suelo y aparecer frente a mí, por lo que me mantuve alerta para evitar cualquier problema.

- No esperaba que alguien tan... importante como el Comandante Kisuke Kageyama fuera a honrarnos con su presencia - dije, con un tono de notable burla - Parece que es cierto eso que dicen de que el Ejército Revolucionario acepta a cualquier cosa entre sus filas - miré con una gran mueca de asco a su enorme compañero. Si bien no soportaba los estúpidos gustos de aquella a la que me veía obligado a llamar esposa, o su incompetencia y falta de aprecio por la cocina, había algo que más que rechazo me provocaba un inmenso asco, y eso eran los animales que se creían humanos. Los animales son seres inferiores, que sirven únicamente como alimento o trofeo, y había algunos que, en su afán por ridiculizarnos a nosotros, los humanos, trataban de hacerse pasar por tales, vistiendo ropas humanas o hablando como nosotros. Volví a mirar a Kisuke, pues no soportaba mantener mi vista en aquel engendro de la naturaleza que lo acompañaba - Dicen que la gente se junta con los de su calaña y, viendo que os habéis aliado con Robin y su panda de ratas de campo, parece que tampoco van desencaminados - le miré a los ojos con decisión - Pero eso termina aquí.

Pues yo, SIR If Nottingham, me encargaré de ajusticiaros en nombre del rey


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12470 + 0 = 12470
Energia: 5535 + 0 = 5535
Espiritu: 2550 - 1210 = 1340
#43
No tardaron mucho en ponerse en marcha. El plan estaba establecido y las decisiones tomadas. En principio las muchachas trillizas, les harían de guías hasta las proximidades del castillo donde entraría en juego la habilidad del mariscal úrsido, que aprovecharían ambos revolucionarios para infiltrarse en el castillo. Por su parte, Beto iría como apoyo a los rebeldes que estaban atacando en la plaza, para distraer al grueso de las fuerzas militares del reino. Una vez llegaron a un punto cercano, las jóvenes se despidieron entregándoles el rudimentario plano que había entregado a las chicas, y que le serviría como referencia a Kisuke y Panda para saber donde emerger. No dudaba de las capacidades de la gente de Robin pero sería mejor confiar en la información que pudiese aportarles el kenbunshoku para complementar lo que el mapa indicaba.

-Tened cuidado mujerzuelas, y nos vemos cuando el país sea libre y de la gente de nuevo...

Con su tacto habitual se despidió de las chicas y, junto con Panda se adentraron en la tierra para infiltrarse en el castillo. Durante el trayecto, Kisuke llevaba activo el haki básico de visión para poder detectar las presencias de los soldados en un radio de ciento cincuenta metros. Conforme iban acercándose al punto de salida que les había marcado el viejo Stutely, el antiguo pescador podía ir sintiendo una gran masa de presencias, seguramente correspondientes con la guarnición del castillo.

"Bien, por ahora todo va según lo previsto...."

Cuando, después de lo que a Kisuke le pareció una eternidad, estaban a treinta metros del punto de emersión, aparecieron en su radar de presencias cincuenta "auras", más poderosas que todo lo que habían enfrentado hasta aquel momento, pero nada que no fuese manejable por ellos, aunque pudo sentir también una pequeña minúscula, extrañamente menor que la de cualquier persona normal, por lo que no dejaba de ser sospechoso, y le hizo preguntarse al revolucionario si no se trataría de alguien tratando de disimular su poder. Cabía aquella posibilidad, aunque lo lógico era pensar que se tratase de aquel que, según los forajidos, había usurpado el trono, puesto que los cobardes suelen esconderse detrás de gente fuerte. Llegados a un punto concreto, le tocó en el hombro a Panda y le hizo un gesto señalando hacia arriba para emerger en el punto indicado. Antes de subir le dijo a su compañero:

-En cuanto salgamos, nos separaremos para no ser blanco fácil... Cuidado, compañero... no sabemos que sorpresas nos pueden haber preparado...

OST


Tras ascender, se encontraron en una estancia grande. Kisuke tardó unos instantes en acostumbrarse a la nueva iluminación, puesto que venían de la oscuridad del túnel, pero lo que hizo dispararse sus instintos fue la enorme presencia que había aparecido de repente, en cuanto emergieron del suelo, por lo que incrementó la potencia de su haki reduciéndolo a 20 metros de radio, achinando los ojos hasta que sus pupilas se contrajesen para adaptarse a la nueva luminosidad. A la izquierda de donde se habían aparecido los dos revolucionarios, estaban las enormes puertas del castillo, flanqueadas por ventanales enormes que alcanzaban la friolera de treinta metros de altura, de la que se podían diferenciar tres niveles, haciendo la estancia sorprendentemente luminosa. Del otro lado podían verse dos escalinatas que flanqueaban unas afiligranadas y lujosas puertas, tras las que Kisuke había podido detectar antes de cambiar su haki, las cincuenta y una presencias que había percibido desde hacía un rato. Y, en el centro de la estancia, había una gran fuente con un enorme adorno de león, junto a la que estaba un hombre del que debía provenir aquella presencia tan poderosa.

"Ese tiene que ser el Jamones...."

Enseguida empezó a hablar con ellos, en tono burlesco y con una mueca de asco cuando sus ojos se posaron en su compañero mink, lo que le hizo esbozar una sonrisa siniestra a Kisuke, mientras el tipo que tenían delante seguía con su soliloquio particular. Mientras hacía esto, Kisuke echó a correr en dirección hacia las puertas quedando a unos dieciocho metros y medio del hombre que acababa de declarar que se encargaría de ajusticiarlos. Llegado a ese punto, Kisuke posó su mano derecha en la empuñadura de Yamigiri, sujetándola con fuerza, sin quitar el ojo de encima del soldado.

-Lamento mucho que tengas que rebajarte a "ajusticiar" a unos pordioseros como nosotros, Capitán Jamones... si es que puedes hacerlo...

No solía mostrarse tan burlesco, incluso siendo tan faltón como solía serlo el antiguo pescador, pero no pensaba permitir que aquel ignorante hablase así de su compañero o de la pobre gente que luchaba por sobrevivir y tener un lugar digno en su tierra.

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9690 + 0 = 9690
Energia: 4372 + 350 = 4722
Espiritu: 1974 - 300 = 1674
#44
Su repentina aparición con los poderes de su fruta causó un cierto revuelo entre los rebeldes recién liberados, dado que evidentemente no se esperaban ni a un oso, ni a un oso que pudiera salir del subsuelo con tanta facilidad. Además era un panda, que a algunas personas les altera todavía más que los osos pardos o los osos polares. Bambúfobos, los llamaba el panda. Los revolucionarios partieron con los rebeldes en dirección a la plaza. El horizonte se teñía del gris de las humaredas provocadas por los incendios de la libertad. El avance era lento y pesado debido a los cañones que tenían que empujar los rebeldes. Con las mejores intenciones, Max cargó con dos de esos cañones, uno en cada brazo, elevándolos a la altura de su cabeza mientras se unía a la canción de los rebeldes. —¡Honhonhonhon! ¡Así me gusta, ciudadanos! ¡LOS VENCIDOS VENCERÁN A LA MISERIA Y SU DOLOR! ¡HASTA EN LA NOCHE MÁS OSCURA AMANECE EL SOOOL! —Muy animado por la liberación que estaba viviendo el Reino de Mogaro, el panda fue cantando hasta que finalmente llegaron a la plaza, donde dejó los cañones en el suelo y las tres hermanas acompañaron a los dos revolucionarios hasta su destino: una calle como todas las demás, pero que se dirigía directa hacia el castillo del rey. —Un túnel de doscientos metros. Lo tengo. Tened cuidado, muchachas. Salud y República. —Las saludó con el saludo marcial oficial de la revolución, tan estrambótico como era, sacando bien la lengua y todo, e hizo el túnel tal y como le habían indicado. El trayecto fue lento, pero seguro. A medida que se acercaban hasta el castillo, su percepción extrasensorial le iba chivando las auras que poco a poco iban aparecieron en su rango de visión. Detectó las poderosas auras de lo que debía de ser la guardia real y seguramente, cerca de ellas, también debía de estar el aura del rey. A quien no detectaba, al menos de primeras, era el aura que más le interesaba. Jamonada, ese bastardo cabrón que acabó con la vida de su querido camarada. Era a él a quien más ganas tenía de ver, seguido muy de cerca por el rey de Mogaro. —A las órdenes, comandante, pero no le dejaré pelear sólo contra Jamonada. —El plan de separarse estaba muy bien, pero teniendo en cuenta cómo de fácil acabó con la vida de un revolucionario como Oxxy, lo mejor era no precipitarse.

En cuanto emergieron a la superficie y Don Bambú empezó a quitarse la tierra de encima, una presencia de increíble poder hizo acto de presencia. —Pero si hace un momento no estaba... —La sorpresa le dejó sin palabras. Allí delante, a treinta y cinco metros de los dos revolucionarios, el asesino de su camarada esperaba con paciencia junto a una fuente. Empezó su discurso burlándose de la importancia de su comandante y refiriéndose al panda como una "cosa" en términos despectivos. Un especista, cómo no. Mientras el caballero hablaba, aunque sus palabras le cautivaban en cierta manera y no se animaba a cargar de frente para cerrarle la boca a puñetazos, Don Bambú se concentró especialmente en el aura del capitán de la guardia para leer sus intenciones a través de su espíritu. Kisuke emprendió acciones inmediatamente, empezando a moverse hacia las puertas y Max, con tal de no permanecer próximo a su comandante por si pudiera perjudicarle con su haki del conquistador, se movió en diagonal hacia la izquierda a toda velocidad, recortando la distancia con el capitán hasta los 8 metros, esperando a ver qué movimiento hacía.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9864 + 0 = 9864
Energia: 5099 + 147 = 5246
Espiritu: 2373 - 500 = 1873
#45
Como era de esperar ninguno de los dos revolucionarios, ni el hombre ni el que pretendía serlo, se quedaron quietos mientras me presentaba. Al primero lo pude ver a simple vista pues su velocidad, si bien era más alta que la mía, dejaba bastante que desear. Era bastante, como decirlo, decepcionante. Yo portaba una armadura pesada mientras que él parecía que acabara de salir de un antro de esos que visitan los pordioseros para emborracharse. Y aun con tamaña diferencia estaba completamente seguro de que no me tendría tanta ventaja en una carrera, una decena de pies a lo sumo. A pesar de ello, aquel hombre era un Comandante del Ejército Revolucionario y salvo que le hubieran entregado aquel puesto por pena o por realizar favores... personales... a la gente indicada, no sería descabellado pensar que lo que le faltaba de maniobrabilidad lo tendría de capacidad ofensiva o defensiva.

Quien me sorprendió por unos instantes fue el otro. Aquel animal desapareció momentáneamente de mi vista, aunque tan pronto como atravesó la invisible barrera de los sesenta y cinco pies y medio pude percibir sus intenciones de alejarse de su amigo y recortar distancias. Había cazado bestias más veloces anteriormente, por lo que sabía perfectamente que no siempre se puede confiar en los sentidos. O mejor dicho que no se puede confiar únicamente en los sentidos. Me alegraba ver que las precauciones que había tomado habían sido efectivas, aunque ello indicara que tenía que mantener mi atención puesta en el animal más que en el hombre que lo comandaba.

En vistas de que ninguno de esos dos iban a acercarse en exceso, pues el oso parlante se detuvo a veintiséis pies de mi persona, procedí a colocar en mi espalda a mi preciada Hopekiller con celeridad. Podía aprovechar esta ocasión que habían decidido brindarme, quizá por miedo o por alguna estrategia, para recobrar un poco de energías. Por ello, tan pronto como terminé de hablar, saqué una de las dos tazas de aquel preciado té que había guardado con anterioridad, comenzando a beber aquel líquido celestial.

El hombre de negro terminó su movimiento a poco más de sesenta y dos pies de donde me encontraba, casi treinta y tres pies por detrás de aquel animal. Trató de provocarme, pero alguien como yo estaba muy por encima de esa calaña como para caer en una treta tan pobre como aquella. Ignorando su comentario y manteniendo mi plan inicial, seguí bebiendo el contenido de aquella lujosa taza de porcelana, sintiendo como mi mente se revigorizaba con cada sorbo, pues mi cuerpo ya se encontraba en perfecto estado.

Info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12470 + 0 = 12470
Energia: 5535 + 0 = 5535
Espiritu: 1340 - 232 = 1108
#46
OST


Kisuke era consciente de sus limitaciones, y sabía que no era rápido desplazándose, pero lo que no esperaba era que aquel tipo se pusiese a beber algo mientras ambos miembros del ejército revolucionario hacían su movimiento de aproximación. El antiguo pescador era plenamente consciente de que Panda era mucho más rápido que él, más aún si empleaba su electro, seguramente sería capaz de moverse a más del doble de su propia velocidad de desplazamiento.

"Probemos a ver qué tal se maneja este cabrón...."

Cuando inició su carrera desplazándose en línea recta, redujo su haki de vision a cinco metros a su alrededor, porque al tener menor alcance que su enemigo, lo mejor era reducir al máximo las distancias, para que no pudiese aprovechar su mayor rango de ataque, por lo que con ese radio de haki podría manejarse de momento, y desenvainó sus dos mejores katanas, Yamigiri y Onikiba.

"Veamos si estás en forma, Yamigiri..."

Era la primera vez, desde que había recibido de vuelta su tesoro familiar por parte del espadachín albino, Viktor Evans, que sacaba de la vaina la katana. Desde que la recibió de vuelta, sabía que su querida espada había pasado por su particular "entrenamiento" y podía percibir que su poder se había incrementado. No acababa de entender por qué el cazarrecompensas había decidido devolvérsela así sin más, pero no era algo que le preocupase. Lo importante es que volvían a tener la oportunidad de luchar juntos, y, había decidido no desenvainarla hasta que no fuese estrictamente necesario.

"Llegó el momento, Yamigiri... Volvamos a luchar juntos..."

El momento había llegado, después de tanto tiempo de enarbolar su katana en pos de la revolución, como había hecho tantas y tantas veces en el pasado... Como en Akarui, durante su viaje por todo el Grand Line, en su llegada a Báltigo, y hasta que la había perdido en su primer "enfrentamiento" con Viktor. En parte, todo ese tiempo se había sentido vacío, pero también había aprendido y mejorado a niveles insospechados cuando aquello ocurrió. Y, por fin, estaban juntos de nuevo. Así que sin pensarlo, estando a apenas cinco metros de Notthingham, saltó hacia adelante abalanzándose contra el soldado, con Onikiba en su zurda y Yamigiri en su diestra imbuyéndolas en haki de armamento, en posición horizontal y paralelas al suelo, con toda la potencia de la que fue capaz de acumular en la musculatura de sus brazos, y gritó su técnica más característica, como un conjuro, liberando la tensión que tenía acumulada desde el día anterior cuando vio caer el cuerpo inerte de Oxxy del hombro de Beto:

-¡¡Nitoryuu nigiri: Furiko Nage...!!

Lanzó un tajo doble horizontal de izquierda a derecha buscando herir el costillar del soldado, tras lo cual retrocede un paso quedando a dos metros del soldado del reino, con las espadas alzadas, con el pie izquierdo adelantado, el torso ligeramente ladeado y Onikiba en su zurda en vertical, y Yamigiri en su diestra, en horizontal, con la hoja a la altura de su pecho con la mirada fija en su enemigo. Aquello no había hecho más que comenzar.

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9690 + 0 = 9690
Energia: 4722 - 439 = 4283
Espiritu: 1674 - 305 = 1369
#47
Nada más finalizar su movimiento, Don Bambú pudo percibir a través de su poderoso kenbunshoku las intenciones de Jamonada de "guardar" su lanza a sus espaldas y, una vez terminó de hablar, logró percibir de la misma forma su intención de sacar algo y acercárselo a la boca. No le dejaría proceder con sus artimañas, pues no sabía qué clase de sustancia podría querer consumir ni qué ventajas podría darle esta en el combate, y si no era capaz de impedírselo por lo menos le haría sudar para lograrlo. El pelaje de Don Bambú empezó repentinamente a desprender una poderosa corriente eléctrica que estimulaba tanto su musculatura como su sistema nervioso. Desde su posición a ocho metros del capitán de la guardia, el panda flexionó sus piernas y se propulsó hacia delante con una carrera extremadamente veloz. Al mismo tiempo que hacía esto, reducía la acción de su kenbunshoku a un radio de 10 metros, más que suficiente para percibir las intenciones del caballero y las de su camarada si este se acercaba a pelear.



Una vez a un metro y medio de distancia del capitán, suficiente para alcanzarle con cualquier extremidad, Max flexionó su brazo derecho hacia atrás y colocó su gigantesca mano en forma de palma, apuntando directamente al rostro de Jamonada. La mano se recubrió rápidamente de su haki de armamento y con gran potencia el panda lanzó su ataque directamente al rostro de su enemigo, tratando de impedir que consumiese ningún tipo de sustancia. Si su ataque impactaba, le causaría además un mareo considerable, permitiéndole a Kisuke proceder con su ofensiva con mayor probabilidad de éxito, aunque el comandante no necesitaría tal ayuda en ninguna circunstancia.



Tras el ataque, Don Bambú se alejaría un par de pasos de su contrincante, quedándose a tres metros de él con la guardia alta, listo para continuar con el combate.



Datos


Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9864 + 0 = 9864
Energia: 5246 - 636 = 4610
Espiritu: 1873 - 130 = 1743
#48
Pude sentir a la perfección la hostilidad proveniente de aquella peluda bestia mientras me llevaba aquella lujosa taza llena de té a la boca. Había podido comprobar la velocidad de aquel ser con anterioridad, y, si bien podía utilizar a Lion's Bane para propinarle un buen golpe en la pata y hacer que se postrara en el suelo, mostrando así un poco de respeto como el ser inferior que era, vi más conveniente dejarle ver que ninguno de sus golpes sería suficiente para penetrar la armadura que llevaba puesta, mostrándole de esa forma la abismal diferencia que había entre nosotros. Seguí bebiendo mi preciado té, dejando que su característico amargor se convirtiera en el deleite de mis papilas gustativas. Estaba tan preparado para recibir el golpe de aquel despreciable animal que ni siquiera me digné a defenderme usando mi Busoshoku Haki en el torso de manera preventiva.

Si bien estaba preparado para recibir un golpe de aquel animal, lo que no me esperaba era que el golpe fuera directo a mi cara. Aquel golpe me impactó de lleno, como era de esperar. Aquella palmada no era un simple bofetón, pues al fin y al cabo quien la ejecutaba no dejaba de ser una bestia de casi cuatro metros de alto, pero estaba lejos de ser el mayor golpe que hubiera recibido nunca. Lo que sí que fue un duro golpe, en cambio, fue la consecuencia de aquella palmada. La lujosa taza de porcelana se hizo añicos, los cuales salieron volando en todas direcciones, al igual que le pasó a lo que le restaba a ésta de contenido. Ver aquella obra de arte rota y la preciada bebida desperdiciada hicieron que mi sangre hirviera como el agua a la hora de preparar un buen té.

Había sido culpa mía por pensar que aquel despreciable ser podría llegar a mostrar un mínimo respeto por algo como una taza de té - He sido un estúpido - pensé. Da igual cómo se vista o todo lo humano que quiera parecer. Al final del día no deja de ser un sucio animal. Un animal salvaje incapaz de comprender algo tan básico como el valor de las cosas, y qué decir del respeto - Seguro que hasta se dedica a lamerse sus partes - no pude evitar pensar en aquello mientras toda mi ira se centraba en aquel engendro de la naturaleza. Le iba a dar su merecido. Iba a acabar con él, pero lo iba a hacer de forma que se diera cuenta, si es que algo como eso era capaz de ello, de lo que acababa de hacer y lo lamentara hasta su último aliento. O lo hubiera hecho si aquella palmada no me hubiera golpeado de lleno en la cara. Recibir un golpe como ese en la nariz hizo que mis sentidos se embotaran, no demasiado, pero sí lo suficiente como para que ese animal se alejara antes de que le diera su merecido.

Cuando aquel despreciable ser se apartó y como si se estuviera escondiendo en su sombra, pude ver sin problemas al comandante revolucionario. A diferencia de su bestia de combate, este seguía siendo realmente lento. Seguía acercándose a mí, con claras intenciones de atacarme con las dos katanas que acababa de desenfundar. La de su siniestra no tenía ningún tipo de interés, pero la otra, en cambio, era otro cantar. Una negra hoja, con algo grabado que no llegué a distinguir, que sin lugar a dudas de una calidad impresionante.

Reduje el radio de acción de mi Haki a treinta y tres pies, sabiendo que no me iba a hacer falta más, pues los revolucionarios parecían querer acortar distancias. El Comandante de los Ejércitos del Oeste, una vez alcanzada la marca de los dieciseis pies, saltó en mi dirección. Colocó ambas katanas en horizontal, orientadas hacia su flanco izquierdo, en preparación para un inminente corte. Ambas katanas se tornaron en el característico color negro del Haki, al igual que lo hizo Lion's Bane, quien continuaba en mi siniestra.

El ataque de aquel hombre parecía peligroso, bastante más que el anterior golpe del animal. Aunque ese tipo había pasado por alto demasiadas cosas. Primero de todo, había subestimado mi notable aguante, o tal vez es que esperaba que el golpe de su bestia de batalla fuera más efectivo. Segundo, había obviado su increíble lentitud o simplemente la coordinación entre amo y animal dejaba bastante que desear. Y por último y más importante, se había lanzado de frente ante un oponente que le superaba en rango de ataque. Aunque, siendo el hombre un espadachín que seguramente no hubiera tocado una lanza en su vida, era algo completamente esperable.

Yo, en cambio, había perfeccionado durante toda mi vida el noble arte de la lanza, lo cual me había dotado de una increíble capacidad para manejar distancias. No por nada cada una de mis tres lanzas era diferente al resto en longitud y peso, pues estaban diseñadas específicamente para cumplir sus respectivos roles. La que portaba en estos instantes, Lion's Bane, era el término medio entre las tres, midiendo en total nueve pies y nueve pulgadas y con un peso de cinco libras y ocho onzas, era la más letal de todas ellas.

Sin dejar a aquel hombre tiempo a acercarse a una distancia que pudiera suponer el más mínimo peligro, efectué una precisa punzada contra su hombro derecho, lejos del alcance de sus dos katanas. La dureza del impacto fue tal que detuvo el salto del revolucionario en seco, mientras la punta de plata se clavaba en su carne. Extraje rápidamente la lanza, de forma que el hombre quedó de pie a diez pies de mi persona y a trece de su bestia. Llevé la siniestra a mi espalda, donde agarré a Preypiercer. Esa lanza, notablemente más liviana que sus dos compañeras, requería que la agarraran con gran delicadeza. Y eso hice. Agarrando su mástil con los dedo índice y pulgar de mi diestra, mientras mantenía el meñique extendido, dejé que se deslizara suavemente hasta alcanzar su posición ideal, mientras retrocedía veinte pies, quedando a treinta de ambos revolucionarios

Ahora que volvía a recobrar por completo mis fuerzas, era momento de cazar a esa bestia salvaje.


Info


Contenido Oculto
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12470 - 2157 = 10313
Energia: 5535 - 827 = 4708
Espiritu: 1108 - 232 = 876
#49
OST


Demasiado lento. Panda había conseguido golpear a aquel sujeto, pero los movimientos de Kisuke habían sido demasiado lentos para seguir el ataque de su amigo. Pudo percibir como el soldado iba a atacarle, para evitar su técnica, pero no fue capaz de reaccionar a tiempo para defenderse siquiera de la estocada que este le propinó, clavando su lanza en el hombro derecho del antiguo pescador. Había crecido en fuerza y poder, de eso no había duda, pero aún le quedaba un largo camino por recorrer, y aquello era una prueba de eso mismo.

"Mierda puta... ese cabrón tiene demasiado alcance y velocidad..."

Sin duda alguna, no era el mejor de los comienzos para el enfrentamiento que debería ser la clave de aquella rebelión. La herida estaba sangrando profusamente, aunque de momento no era algo significativo, sin duda supondría una fuente de desgaste importante. El impacto había sido bastante fuerte además, dejándole un tanto embotado. Miró a su compañero un instante y lamentó que su falta de velocidad fuese a ser un lastre en aquella batalla. Los pensamientos se amontonaban en la mente del revolucionario, buscando la manera de traspasar el alcance de las lanzas del soldado, pero no encontraba una manera de poder hacerlo.

"Céntrate... estúpido lanzacañas..."

Sacudió la cabeza para deshacerse de aquella sensación, activando de nuevo su haki de visión en un radio de 5 metros, y, tras esos breves segundos de confusión tras el enorme golpe recibido, echó a correr hacia la derecha y tratando de acortar la distancia con el soldado real, reduciendo su separación a 4 metros y separándolo a 12 metros de su compañero mink. No quería precipitarse y lanzarse sin más al ataque así que focalizó su mente en sus katanas centrando toda su atención en el asesino de Oxxy, tensando la musculatura de sus brazos, imbuyendo de nuevo su haki de armamento en sus preciadas compañeras, y se lanzó hacia adelante para embestir con sus katanas en forma de cruz hacia el soldado.

-Nitoryuu: Arashi no nami...

Tras esto, impulsándose con su pierna izquierda, saltó hacia atrás y hacia su propia derecha poniendo cuatro metros de distancia entre él y el lancero, con sus espadas en alto, observando atentamente a su enemigo, que era más peligroso de lo que habían estimado, pero no podían fallar en aquella misión.

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9690 - 3144 = 6546
Energia: 4283 - 712 = 3571
Espiritu: 1369 - 120 = 1249
#50
Su ofensiva había resultado efectiva. La mano de Bambú impactó con su palma directamente en la cara de Jamonada, destruyendo la taza de té que se estaba bebiendo y desparramando parte de su contenido por el suelo. No todo se había perdido, pero tampoco todo se había bebido. Tras el impacto, el brillante panda eléctrico pudo notar en su mano la dureza de su objetivo. Su piel parecía estar hecha de cemento, porque había resistido su ataque con total entereza. Fue entonces cuando el comandante se lanzó a por el enemigo, sin embargo Jamonada estaba preparado. Demostrando que el ataque del panda no había sido gran cosa, reaccionó perfectamente al ataque de Kisuke y le propinó una punzada con su enorme lanza antes de que este siquiera pudiera llevar a cabo su ofensiva. —¡Comandante! —Vociferó ante el despropósito que estaba viendo. El capitán no sólo había resistido su ataque, sino que además, haciendo gala de una osadía sin parangón, se había atrevido a atacar a un comandante de la revolución. Nottingham aprovechó el momento para guardar la lanza con la que le había pegado y sacar otra más pequeña, que sostuvo con el pulgar y el índice como su fuera una suerte de palillo. Acto seguido, retrocedió seis metros quedándose a nueve de ambos revolucionarios mientras el comandante luchaba contra el dolor de las heridas recibidas.

La expresión que compuso Bambú fue de rabia absoluta, pero el revolucionario no se caracterizaba por actuar llevándose por la ira. —Pagarás por esto, Jamonada. —Sabía que no le gustaba ese apodo. Con el comandante herido y sangrando, lo lógico sería ir ahora a por el panda. —No puedo aplastar a este malnacido con el haoshoku, puede que le de a Kisuke... —La idea cruzó su mente, pero tendría que esperar a un momento más adecuado. Ni siquiera sabía qué efectos tendría su aura sobre los presentes. Había entrenado duro, pero tanto Kisuke como Nottingham eran excepcionalmente fuertes.

En cuanto Kisuke se recompuso del dolor de sus heridas y parecía listo para la acción, Don Bambú percibió en su aura sus intenciones hostiles. Se preparó, dejando que Kisuke se alejase, para atacar al mismo tiempo que él y así impedir que Jamonada se centrase en él para defenderse como acababa de hacerlo. En cuanto el samurái se colocó a cuatro metros del capitán y se dispuso a atacarle, Don Bambú se lanzó hacia delante a una velocidad incluso más elevada de lo normal, extendiendo ambos brazos hacia los lados y doblando ligeramente los dedos para apuntar con sus garras al enemigo. Ambas manos se tiñeron de negro según el panda avanzaba y en el mismo instante en el que el ataque de Kisuke sucedería, desde una distancia de metro y medio, Don Bambú lanzó dos zarpazos de nuevo hacia la cara del capitán. En esta ocasión, no se alejó después del ataque, invitando al capitán a centrarse en el animal y no en el espadachín.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9864 + 0 = 9864
Energia: 4610 - 476 = 4134
Espiritu: 1743 - 180 = 1563


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