[Presente relativo] Para las heridas, alcohol y sal
#1
Las noches me gustaban increíblemente más que los días.
Pero las noches de buenas comidas y bebida, me gustaban mucho más incluso. La playa de Shells Town había sido testigo de la primera pelea, aunque fuera más un ejercicio de práctica que un combate, de la dupla de cazadores. De alguna manera que tampoco comprendía muy bien estaba... ¿feliz? Mostrar mi transformación no era plato de buen gusto, pero, había sido una buena manera de contrarrestar a los dos marines. Después de agotar las horas de sol que quedaban tras el enfrentamiento, buscando como locos un tablón de anuncios donde fichar una nueva presa que con suerte el enmascarado querría compartir para celebrar nuestro buen trabajo en conjunto. Sin embargo, pasamos horas andando y recorriendo las principales calles de la ciudad sin suerte. Plazas abarrotadas, calles transitadas pero... ni un cartel. Demonios, ni que no hubiera piratas en el mundo.
 
Cuando, bien entrada la noche, estábamos cansados de andar, había 3 necesidades imperiosas que solucionar: Comer, beber y encontrar un puto cartel antes de que decidiera tirar algún edificio abajo. Así que, nos pareció buena idea acudir a la posada más cercana que sirviera algo de carne y alcohol. El tugurio, que se ubicaba en una gran plaza cerca del centro de la ciudad, estaba construido como unas antiguas casas adosadas de madera que se unieron bajo un mismo cartel como local de ocio y restauración. Dentro el ambiente era distendido. La barra estaba a la derecha según entrabas, y en ella, una serie de taburetes invitaban a degustar la primera ronda que una mujer entrada en años podía servirte.
El salón era amplio y tenía mesas para pequeños grupos, a excepción de la zona superior, que tenía una barandilla que ofrecía vistas al salón, a la que se podía acceder por unas escaleras, y que sí tenía mesas más grandes y espaciosas. Al fondo, junto enfrente de la barra, un hombre mayor tocaba briosamente un piano que sonaba más a animal sufriendo que a instrumento musical. Por alguna razón, nadie en la sala parecía molesto o extrañado, lo cual me indicaba que o estaban acostumbrados... o el alcohol era bueno.
 
- Coge mesa y voy a por algo. - Enuncié a mi testarudo amigo, sin despegar la mirada de la barra, a la que comencé a dirigirme derecho a la camarera. - Dos cervezas. Y alguien que vaya a tomar nota de comida. - 
 
La mujer, que apenas posó la mirada sobre mí, se limitó a responder vagamente con onomatopeyas. Tal era su hastío que ni había reparado en mi apariencia. Espero que tardara menos en servirme que en percatarse de mis cuernos. Y de la carne ni hablemos.
 
Escena
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#2
Tanto Vulkan como yo fuimos a la enfermería del cuartel de Shells Town antes de que anocheciera por completo. Menos mal que aquella noche era libre, no teníamos ninguna tarea que hacer. En la enfermería nos atendieron, y alguno que otro se llevó alguna sorpresa - Madre mía, vaya heridas, ¿Sí que habéis entrenado fuerte, eh? - Dijo el enfermero. Miré de reojo rápidamente a Vulkan y contesté al enfermero - Sí... Ha sido intenso, pero eficaz - Conteste tímidamente. Realmente tenía razón, así fue el entrenamiento, solo que obviando que fueron otros los que nos hicieron morder el polvo. Pero en teoría, no estaba mintiendo. Debido a los golpes de Sohem, me pusieron unas vendas alrededor de la cabeza en diagonal, tapándome el ojo izquierdo. Una vez que acabaron, le dije a Vulkan de ir a dar una vuelta y así distraernos un poco de todo lo que pasó por la tarde.

Era una buena noche y se notaba en la ciudad. La gente había salido a disfrutar, los bares y restaurantes estaban llenos, se respiraba felicidad, incluso me daba la sensación de poder oler la propia felicidad. Todo estaba en calma. Cuando llegamos a la plaza, pudimos atisbar una taberna grande y muy rural. Comenté a Vulkan de entrar a ella y tomar algo. Al entrar, el ambiente era normal. Olía a alcohol, por supuesto, pero a la vez pude oler a hollín como olor más diferente y fuerte. Era raro, ese olor ya lo había olido antes, pero tampoco le presté mucha atención.

Vulkan y yo nos acercamos a la barra, donde una señora mayor estaba atendiendo a los clientes. Entonces, de espaldas, vi una silueta que podía reconocer a una distancia mayor. Taka. ¿Quién podía haber en esta isla que midiese más de 4 metros? Y eso que en un sitio tan cerrado y al ser alto, apenas se le llega a poder ver sus cuernos. Cuando estaba detrás de Taka y fui a incorporarme a su izquierda, le escuché que pidió dos cervezas. - Que sean 4, y yo las pago - Le dije a la anciana camarera y miré a Taka con mi ojo libre, el derecho. - Sé que no es lo que buscáis, pero es lo que ahora puedo ofreceros. Déjame al menos invitaros en señal de vuestra victoria - Hice un leve gesto de afirmación con la cabeza a Taka. A su vez, me giré para mirar a Vulkan y ver que todo estaba bien con él.

ACLARACIONES
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#3
El día no estaba saliendo como tenía previsto, la verdad. Lo que cordialmente era un saludo y un ofrecimiento a ejercitar y mejorar en combate a un compañero, se había convertido en una especie de paliza improvisada organizada por un par de cazadores. Estos no tenían malas intenciones, pero sin duda dejaron ver nuestras carencias y defectos a la luz, generadas por nuestra inexperiencia y falta de pericia, al aceptar semejante reto contra dos  desconocidos.

Igualmente y sacando algo en positivo, mis lazos con Joe, el compañero marine al que invité a entrenar, se crearon de forma fructífera y, con semejante experiencia, las raíces de la relación empezaron fuertes y profundas. El primer ladrillo del equipo de marines más fuerte de la historia, estaba puesto, pensaba en aquel entonces. Puede que tuviera la realidad completamente alterada por mi edad joven, pero eso ya lo diría el destino y se vería en el futuro.
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El paso por la enfermería fue la mar de interesante. Yo apenas tenía que ser atendido. Me limité a ver como el enfermero me hacía un breve chequeo y me comentaba que tenía un par de contusiones leves, sobretodo en la espalda, debido a una caída. En ese momento solo podía tener la cabeza gacha, sin mediar palabra y mirando mi reflejo en el suelo de baldosas brillantes, que dejaban descubrir a un marine avergonzado de su fuerza y sus capacidades.

Al acabar esperé a Joe. Lo esperé fuera, en una especie de salita de blanca con revistas y sillas algo desgastadas. Entramos juntos, pero debido a la cantidad de lesiones que este había recibido, se quedó más tiempo en manos de los profesionales. En una de las revistas habían carteles de "Se Busca" bastante recientes. Tanto de patéticos piratas como de gente que estaba formando su leyenda a base de saquear y matar. Vergonzoso... Decidí arrancar las hojas de la revista y guardarlas en uno de los bolsillos interiores de la chaqueta.
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La noche ya había caído y se olía a festejos. No es que fuera un gran día especial ni nada parecido, pero la temperatura y el ambiente de paz en la isla animaban precisamente a eso, festejos de bar y compañía.
Joe sabía de mi estado anímico, así que no dudó en convencerme para disfrutar de la noche joven. Yo accedí con algo de reticencia, pues en mi cabeza ya no sonaba la derrota, sino los siguientes pasos en mi objetivo. Igualmente accedí.

El paseo fue breve. Joe hablaba de temas no relacionados con el trabajo a pesar de ir vestidos con el uniforme. No sabía si su intención era no marear con ese tema más o si genuinamente quería tenerlo apartado en su vida privada. Sea como fuere, al llegar a la plaza, avistó un local para sentarnos y poder beber algo.
Al entrar, me percaté de poca cosa. El local estaba algo caldeado por la masa de grupos y gentes en las mesas. No era mi bar de confianza, pero la musiquilla de fondo tocada en directo y un par de huecos en la barra, colocados casualmente frente a nosotros, no me hizo fijarme en el tipo de transeúntes del local, a diferencia de mi compañero, más perspicaz que yo.
Nos acercamos a la barra para pedir y Joe percibió un par de transeúntes vistos con anterioridad. Los cazadores apalizadores cabrones, Taka y Sohem.
Estaban colocados en una mesa cerca nuestro y Joe, ni corto ni perezoso, pidió un par de cervezas más. Lo más probable era hacer amistad y alianza. Y sinceramente tenía razón. Mientras los miraba tenía en mente la actitud de mi compañero. Sin resentimiento y con actitud positiva. Debía de hacer lo mismo... Así que me lancé a la piscina. Debía utilizar la situación en el beneficio de la justicia y no vengarla como un crío, otra vez.
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Antes de que la bebida fuera servida, di un pequeño golpe en la barra con la palma de la mano, mientras negaba con la cabeza y echaba mis pensamientos negativos, tocaba negociar.

Me lancé hacia su mesa y sin pensar mucho en la jugada, decidí llamar su atención. Contaba con que Joe caería con nosotros junto a las bebidas nada más fueran servidas, y que con eso ganaríamos gratitud eterna.
Le di un giro a la silla vacía antes de sentarme en ella. 360 grados sobre su eje. Aunque antes de caer con fuerza y hacerme hueco en la mesa, saludé jovial:

- Mira por donde, que pequeño es el mundo. Dos de los hombres más fuertes que he conocido, coinciden en el mismo día dos veces junto a un par de marines ambiciosos. Os importa que compartamos mesa? Tengo un par de cosas que os pueden interesar... Negocios y bebidas gratis- Señaló a Joe con la mano abierta, casi haciendo una reverencia a la idea de que traía alcohol para todos.-
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#4
Tras el desafortunado encuentro en la playa con aquellos dos marines, que me demostró que no podía confiar en la eficiencia y fuerza de la Marina visto lo visto, y que de una forma u otra hacer equipo con Maca me garantizaba un mínimo éxito al menos contra dos usuarios de frutas Zoan, reflexioné durante algunas horas. Tenía que conseguir algún atajo para obtener más poder. Un poder que fuera lo suficiente como para poder despachar a esos dos tipejos yo sólo sin esforzarme demasiado. Es decir, necesitaba algo contundente y eficaz en poco tiempo... pero conseguir esa clase de poder toma bastantes semanas, a no ser que jugara con las ventajas que ellos mismos - los tres - habían demostrado en la batalla. Extrañamente me imaginaba convirtiéndome en un hipopótamo o alguna mierda así... por lo que tenía que ser más selectivo o intentar ser más cuidadoso que ellos.

Grapa decidió que iría a comer a la taberna local y obtuvo mi compañía: poder descansar en un sitio caliente, tener una comida en la mesa y optar por un catre era la mejor opción después de nuestro día. No fuera a ser que los dos marineritos fueran a por refuerzos y no respetasen el honor de un enfrentamiento apalabrado.
Chasqueé la lengua. La idea de las represalias de la Marina era algo que me seguía sin agradar en lo más mínimo, así que de ahora en adelante limitaría mis encuentros con ellos al mínimo, así como los intercambios de golpes, pues no podía garantizar que alguien con el orgullo flojo quisiera hacer caer el peso de la ley sobre mi o se tomase la venganza de destruir mi carrera poniéndole precio a mi cabeza.

De este modo y tras tomar esa decisión, ya entrando en el establecimiento, Japan se fue a por la bebida a la barra y yo localicé una mesa que daba contra la pared y desde la cual se podía ver la barra y la puerta del garito. Quería poder disfrutar de unos breves instantes de paz pero no era estúpido, no iba a dejar de vigilar por mis espaldas ni mis bolsillos. Recliné la espalda cruzando los brazos en mi pecho en el asiento y dejé el arma en el suelo, apoyando su cabeza en este y quedando en vertical, con fácil acceso.
Lamentablemente mi paz se vio truncada rápidamente cuando dichos pajaritos extraños aparecieron en el bar, haciendo que tensase la espalda y descruzase los brazos, mirando con atención sus movimientos y no perdiendo ojo de la puerta. ¿Nos habían seguido? ¿Vendrían con más? Parecían recién tratados en la enfermería, y por la actitud del bigotes no estaban demostrando hostilidad... ¿estaban pidiendo más bebida? Suspiré y negué con la cabeza... no quería tener que pasar más rato con gente que no podía aportarme nada, y su rango no era el suficiente como para darme ventajas o privilegios... y eso suponiendo que no estuvieran tratando de tendernos una trampa, claro está.

Parecía que la noche iba a ser movidita.





Aclaraciones
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#D86700
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#5
No hay bares en Shells Town. Se ve que no hay.


Cuando estaba esperando una reacción, fuera la que fuera, de la camarera, a justo a mi lado apareció el marine del bigote. Ahora que lo recuerdo, nunca llegó a presentarse. Ninguno de los dos lo hicieron. Se limitaron a agradecer la paliza y largarse a lamer sus heridas. Ahí se ven los modales. Sea como fuere, el bigotudo se acercó a mí por mi izquierda y solicitó dos bebidas más, autoinvitándose a beber con nosotros. Me limité a visualizar en mi mente a Sohem bateando las jarras de cerveza en dirección a los dientes de los marines y suspirar profundamente. Acto seguido, apareció el pelirrojo, más o menos con la misma cantinela. Ofrecía compañía, bebida y trabajo. Puede que esa sea la única cosa por la que mi compañero no lo mandara a la enfermería, pero esta vez en camilla. En el peor de los casos, a la morgue. Esa era la única posible razón: Por trabajo.
 
Cuando la camarera, que por algún motivo atendió al marine instantáneamente, puso sobre la barra cuatro jarras de cerveza, cogí la mía y la de Sohem y giré 180º, dando la espalda a la barra. Miré fijamente a ambos marines durante un par de segundos mientras me apoyaba ligeramente en la barra. El gesto del mayor era conciliador. El pelirrojo tenía algo entre manos. Por alguna razón, no creí en que fuera una trampa. Pero podía serlo. Tras esto, localicé a Sohem. Se había ubicado, como era natural, en una posición segura y que podía vigilar. El lugar parecía seguro, pero ese hombre no descansa nunca.
 
- Pagad y venid conmigo. - enuncié mientras comenzaba a andar hacia la mesa, donde mi compañero estaba, a paso lento – y tenéis diez segundos para contarnos ese trabajo – proseguí subiendo mi tono de voz considerablemente para que mi compañero pudiera oírlo y no se sorprendiera de que dejara a los marines acercarse a nuestra mesa – o vais a salir por la ventana.
 
Llegado a la mesa, solté las jarras delante de Sohem y delante de una silla que se ubicaba a su derecha, al lado contrario del kanabo para no entorpecerlo si llegaba a calentarse la cosa, y me senté allí, ligeramente apartado de la mesa.
 
- Dispara. - dije mirando al pelirrojo, con un gesto burlón.
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#6
Ofrecí pagar las bebidas a Sohem y Taka por el "entrenamiento" y golpe de realidad que necesitábamos. En ningún momento el grandullón se quejó. La camarera puso las 4 jarras y procedí a pagar la cuenta. Dejé un billete encima de la barra y esta lo cogió deslizándolo por la barra. Muy higiénico no fue por su parte. Vulkan entró en escena con su comportamiento habitual, dicharachero, quitando hierro a lo ocurrido anteriormente, pero al menos no mostraba malas intenciones. Dijo algo sobre negocios que podían interesarles.

En ese momento estaba confuso, no sé de qué se trataba, ni me hacía la más remota idea de que podría ser. Vale que los cazadores y los marines puedan llevarse "bien" - y hasta cierto punto - pero de ahí a hacer negocios... No sé qué tenía en mente Vulkan. Dada un poco la situación, decidí mantener la calma y esperar a ver que ocurría. Taka nos invitó a sentarnos con ellos tras la petición de Vulkan. Incluso hasta nos amenazó. Me sentí hasta mal. Yo no sabía qué estaba pasando, mi única intención era invitarles a un par de jarras de cerveza y no molestarles más, cada uno a lo suyo, pero el comentario de Vulkan parece ser que le llamó la atención y nos dijo, o más bien sonó a obligación, que nos sentáramos con ellos.

Al llegar a la mesa, Sohem estaba allí sentado, reclinado, con los brazos cruzados en el pecho sobre la mesa. - Buenas noches y salud - Le dije a Sohem cordialmente. Obviamente, se percató de nuestra presencia en cuanto me acerqué a Taka, estoy seguro. A su izquierda, su kanabo. A su derecha, se sentó Taka dejando un pequeño espacio entre el y la mesa. Yo procedí a dejar mi jarra en la mesa y sentarme enfrente de Sohem en otra silla. Crucé los brazos y mi pierna derecha por encima de la izquierda, en posición recta y firme con la silla.

Taka estaba muy interesado en escuchar lo que Vulkan tenía que decir. Y yo, en cierta manera también, no comprendía por qué dijo eso. Me limité a mirar fijamente a la mesa con las bebidas, sin perder de vista - o más bien oído - de lo que Vulkan iba a decirles.
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#7
Todos parecían tener su sitio en la mesa. Y en mayor o menos medida, todos parecían prestarme atención, o eso quería creer. 
No estaba nervioso. Realmente sabía que de esta situación no podía sacar nada negativo, solo ganancias o quedarnos en el estado previo a la negociación. Así que con la orden se Taka y con la atención de todos, comencé mi discurso:

Bien... Bien bien bien... - decidí tomar asiento en mi lugar correspondiente de la mesa y coger aire para ponerme en situación. Con las manos por encima de la mesa en todo momento y con un tono de voz amistoso proseguí - Últimamente la Marina ha estado algo ajetreada. No solo hay poco movimiento oficial en la busqueda y captura, sino que parecen estar reclutando a mucho personal nuevo y joven. Algo contradictorio, verdad? Yo no soy de fisgar mucho ni me considero un cotilla, pero mi apuesta es que se están preparando para algo gordo, algo gordo y masivo. Y ahí entramos nosotros - Cambié mi tono a uno más serio. Mi postura corporal era algo cerrada para aquel que mirara desde fuera. Con la espalda algo más arqueada y pareciendo contar un secreto. Pero desde dentro era lo contrario, teniendo gestos corporales abiertos y generando interés entre mia oyentes. Algo positivo que pude aprender de mi charla con Terence Blackmore... - Nosotros somos solo un par de marines que, aunque podamos presumir de más experiencia que el resto, no dejamos de ser lo último en jerarquía. Y vosotros sois un par de cazadores al margen de la normativa, brutalmente poderosos, pero que queréis el dinero y no acatar ordenes o burocracia.-

En ese momento dejé de hablar por un segundo, miré a mis tres oyentes con interés y levanté el dedo índice en señal de que iba a proseguir:

-!Es perfecto! - dije en un tono de voz más alto, como si hubiera terminado de encajar a un gran puzzle. - No solo os podríais llevar casi el total de la pasta de los piratas eliminados, sino que nosotros nos llevaríamos gran parte de la reputación y así ascenderiamos.
Al pelear juntos los cuatro contra los piratas, nosotros nos beneficiamos de vuestra fuerza y obtenemos justicia y estatus. Vosotros en cambio, conseguís la mejor parte, una gran suma de dinero y aliados en las altas esferas de la Marina. Con lo cuál, grandes ventajas de tener contactos en esta.- Di un golpe con la palma de mis manos en la mesa, no muy fuerte, pues era más un freno que un impacto.
Guau... - pausé un segundo, pues toda la carrerilla me había dejado sin aire- Espero haberme explicado bien... Que os parece? Hablemos y preguntad lo aue queráis.- Me dirigí a Taka y sohem con mi pregunta.

Realmente esperaba haberme expresado bien. Sea como fuere, eran horas de negocios.
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#8
Lacra se acercó a la mesa con dos jarras de... ¿cerveza?. Odiaba esa mierda. Pareció no importarle ni preguntar, ni traerlo, pero por el mismo camino que lo había traído se lo tendría que llevar, o acabar bebiendo por su cuenta.
Tras el parecieran venir dos hombres que como referencié, eran de la marina, pero no terminaba de ubicar bien de qué me sonaban. Sabía que los conocía, pero no los ubicaba del todo. También venían con bebidas, y todos decidieron que era una buena idea sentarse en la misma mesa que estaba yo, y molestar un poco. Eso, o había sido una idea de Gata, que avisaba a los presentes de que tendrían unos segundos para contarnos sus ideas.

Fue bastante literal, sentado a mi lado, con el tio con un bigote rarísimo delante de mi, y con un chaval pelirrojo a su lado, quien empezó a hablar y a contarnos sus divagaciones comerciales y proposiciones de "negocios" - o lo que él consideraba una proposición de negocios - sin ningún tipo de tapujo.
Mientras hablaba, aparté con dos dedos la jarra de cerveza que Vaca había puesto frente a mi — Yo no bebo esta mierda — sentencié firmemente, deslizando la jarra hacia el tío del bigote — Traed leche. Y una pajita. — ordené, no sabía a quién ni por qué - supongo que gajes de toda la vida - y me quedé más ancho que largo mientras el más joven de la mesa seguía con su discurso y sus delirios de grandeza.

— En resumen — intervine de forma tajante cuando pareció terminar de hablar — Que no tenéis la fuerza suficiente para haceros un nombres y quieres beneficiarte de la nuestra para conseguir ascender puestos en... — dije señalándole con el dedo índice de la diestra de arriba a abajo, en círculos — ... vuestro club de pijamas — añadí — Y nos estás ofreciendo lo mismo que podríamos tener por nuestra cuenta: Quedarnos con las recompensas de las personas que capturemos — me encogí de hombros y volví a reclinar mi espalda en el asiento — Así que tendríamos que hacer lo mismo que hacemos siempre, pero renunciando alegremente a la reputación en vuestro beneficio — añadí, mirando a Paca hacia la cara — Reputación que necesitamos para entrar en algún gremio — y volví a mirar al pelirrojo, haciendo una pequeña pausa y chasqueando la lengua dos veces.

— Es una oferta de mierda — sentencié firmemente girando mi cara para mirar hacia la barra con algo de desgana — Piérdete — concluí.
Observaba el movimiento del bar, gente normal, cantidad normal, un día bastante ordinario. Por lo general el consumo de bebidas era vino, ron o cerveza... un antro normal, en una ciudad normal con, para sorpresa de nadie, lo normal en la Marina: Inútiles cobardes que buscan refugiarse en otros para conseguir las cosas que por si mismo no pueden alcanzar.
Suspiré. Estaba hasta los huevos de encontrarme a gente sin coraje, sin determinación, y sin sangre.
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#D86700
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#9
Decisiones.
Hay quien decide si comprar una casa o no. Qué trabajo quiere realizar. Si quiere mermelada de fresa o melocotón. Yo, por mi parte, no sabía si reír o llorar.
 
Lo que el pequeño marine nos proponía era, a fin de cuentas, lo mismo que hacemos pero, sin llevarme el mérito de hacerlo. A mí no me importa trabajar en la sombra, pero, qué cojones, si hago algo bien, quiero que sepas que es mío. No me he pasado años aprendiendo a romper huesos para que le den el mérito a un marine recién llegado. Ni a un puto almirante. Sohem mostró su disconformidad con su formalidad habitual: cagándose en las palabras del interlocutor de turno. Todo antes de decir que pasaba olímpicamente de la cerveza. Hubiera jurado que habíamos bebido esto en algún lugar barato en alguna ocasión… delirios, quizá.
 
La cosa se había puesto, como poco, tensa. Y mientras Sohem contestaba al pelirrojo, yo miraba al otro marine con cara de circunstancia. Finalmente, y con la sentencia de Sohem mandando a paseo a la dupla de marines, apoyé mis manos sobre las rodillas lentamente, echando mi peso hacia delante y con un leve impulso me puse de pie. Tras un paso que me acercara a la posición del pelirrojo, flexioné mi cadera, agachándome lentamente hacia él, colocando mi cara muy cerca de ellos. Tras una pequeña inspiración de control, advertí:
 
- Ya he contado diez. - dije con sorna, dibujando una media sonrisa en mi cara. Tras esto, volví a colocarme erguido y cogí la jarra de Sohem con la mano izquierda para llevarla a la barra. - Volveré. - sentencié con tono solemne.
 
Caminé a la barra a cambiar la dichosa bebida del enmascarado y, de paso, pedir una ensalada, no pude evitar fijarme en un grupo de ancianos jugando a algún tipo de juego de mesa. Apoyado de nuevo en la barra y tras solicitar el cambio, me quedé apoyado en ella mirando a aquellos caballeros jugar alegremente con sus bebidas. Por alguna razón, me llamaba poderosamente la atención. Quizá me recordaba a la ternura de mi hogar.
 
Quizá.
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#10
Todos estábamos sentados en la mesa con nuestras respectivas bebidas. Aunque parece ser que a Sohem no le gustó que su compañero le trajera cerveza. Es más, pidió leche y una pajita. Por un segundo me ha parecido enternecedor, lo dijo de tal manera que parecía un niño chico. Pero eso no era el tema importante. Estaba intrigado por lo que Vulkan tenía que proponer a los dos cazadores.

Vulkan comenzó a soltar cosas por la boca que no me gustaron. Básicamente, les propuso trabajar juntos ambas parejas. Así ellos se llevaban la recompensa de los piratas capturados, y nosotros ascenderíamos dentro de la Marina sin apenas esfuerzo. Resumidamente, y literalmente, esto fue lo que dijo. No daba crédito a lo que el joven estaba proponiendo. En respuesta a esto, Sohem directamente despreció a Vulkan con comentarios fuertes y directos, alegando que es una oferta de mierda. Y Taka se acercó a nosotros, agachó su cuerpo y sentenció con la frase que nos dijo anteriormente, que ya había contado hasta diez, y tras esto se fue a la barra agarrando la cerveza de Sohem.

Yo seguí sentado en mi silla, con la pierna derecha cruzada por encima de la izquierda y de brazos cruzados. Pero los demonios me estaban llevando. Este Vulkan no era el que conocí esa mañana. Puse mis piernas rectas, tocando ambas el suelo y pegué un manotazo fuerte a la mesa. Mi jarra, que estaba al lado, se cayó y, por lo tanto, derramó toda cerveza en el suelo. Mi golpe, aunque fue con fuerza, apenas sonó 2-3 metros alrededor nuestro debido a todo el alboroto y fiesta formado en la taberna. Tras esto, miré a Vulkan a la cara.

- ¿Se puede saber qué demonios estás diciendo joven? - Le dije enfadado - Puede que en cierta manera los cazadores y los marines podamos "llevarnos bien", ya que lo que hacemos es cazar piratas, cada uno por su motivo, pero cazar piratas al fin y al cabo - Me levanté de la silla - Te estás confundiendo mucho muchacho. Los cazadores, como has podido escuchar, les da igual lo demás. Pero al menos son fieles a su código y manera de trabajar - Miré a Vulkan a la cara - Nosotros, como marines, tenemos nuestro código y nuestro honor. Nosotros hacemos justicia por nuestra cuenta, sin ayuda directa de nadie, y mucho menos usar esas estrategias para ascender sin mérito propio - Recogí la jarra tirada de la mesa con mi mano izquierda y miré a Vulkan fijamente, moviendo los ojos hacia abajo - Esta no es la justicia que buscamos joven -
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