Día de caza para los Alas Negras [Presente Absoluto]
#1
Día 29 de Verano, año 13.
Bosque Arcoíris, Isla Momoiro.

No nos engañemos, formar parte de una tripulación, era de las cosas más guays que me habían pasado. No había intimado mucho con mis nuevos nakamas, pero me daba igual porque eso llevaba tiempo. Al principio, odiaba un poco a mi maestro Kumatetsu porque me hacía trabajar mucho, me daba unos golpes bastante potentes, y además, no me dejaba quejarme por ello. Pero poco a poco, le fui cogiendo cariño al ver que el, a su modo, me cuidaba. ¡Y me enseñó como pegarme de verdad! ¡Ahora era un todo poderoso guerrero del mar! ¡El pirata más grande que haya existido estaba en camino! Y con los Alas Negras iba a alcanzar todo mi potencial si Yojimbo me enseñaba como hacer aquel poderoso ataque que me hizo. ¡Podría tener el ataque más letal del mundo!

De cualquier modo, me levanté al amanecer, como solía hacer. Me puse unos simples pantalones cortos anchos que tenían algún que otro agujero, mis sandalias y una camiseta de tirantes blanca que como no, también tenían agujeros. A simple vista, podría parecer un vagabundo, pero bueno, ¿Que le podía hacer? Ir de compras como hacían los multimillonarios no era de mis cosas favoritas, así que iba como más cómodo me sentía. Me toqué el pecho, sintiendo aquel diente de dinosaurio que tenía de colgante que me dieron mucho tiempo atrás. Era increíble lo guay que me hacía sentir aquel accesorio del que nunca me separaba.

Una vez me bajé del barco, me giré y les grité a mis nuevos nakamas. -¡VOY A CAZAR LA COMIDA DE HOY! ¡QUIEN QUIERA VENIR QUE ME SIGA!- Y tras decir aquello, comencé a andar por la playa sin saber si alguno de estos chicos me seguirían, en dirección al bosque. Seguramente allí podría encontrar algún jabalí de verdad, no como lo de Sasha, que le confundí el olor. Quizás debía ducharse para que no le volvieran a confundir. Me adentré en aquel paradisiaco lugar rosado, y empecé a mirar el suelo, buscando pisadas y rastros que me pudieran servir para poder encontrar algún tipo de animal extravagante, pero desafortunadamente, no encontré nada.

Seguí adentrandome hasta encontrar un claro con un pequeño estanque, rodeado de árboles y matojos. Supe que ese iba a ser el lugar donde iba a cazar. Me subí a un árbol y me senté con las piernas cruzadas, para estar más cómodo. Ahora tenía que estar en el más absoluto silencio, aunque claro... Eso era muy dificil para mí. Giré la cabeza y ví a un mono pequeño de color rosado a mi izquierda, que me miraba con una fruta en la mano, también rosada. -Tranquilo, a ti no voy a cazarte. Al animal que más mal te caiga, a ese le cazaré, no te preocupes colegui.- Y dicho eso, volví a mirar al estanque, esperando que algún animal apareciera para atacarle de sorpresa.

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Alas Negras
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#2
El sol se alzaba, radiante, aquella mañana de verano en Momorio. Los pájaros trinaban, el oleaje mecía con sumo cuidado el casco del maltrecho barco y aquel inmenso arcoíris seguía… arcoirisando en el azulado cielo. Tras un profundo sueño reparador, me sentía revitalizado, más hermoso si cabía, y listo para abordar aquel nuevo día, más aquel no iba a ser una jornada corriente, ya que tenía un claro objetivo.

- Tengo que aumentar mi armario -pensé mientras mantenía la vista fija en un improvisado burro, del que pendían diversas y estrafalarias prendas de colores. Me sentía orgulloso de decir que confeccionaba mi propio vestuario, por lo que los límites de mis indumentarias eran prácticamente inexistentes, pero quería más: no, LO NECESITABA. Me aproximé al escritorio (si a una mugrienta caja de madera rectangular se le pudiese considerar como tal) y agarré la hoja que la noche anterior había estado estudiando. Era bien sabido por lo lugareños que existían criaturas en el bosque con aspectos de los más variopintos, destacando entre ellos el pequeño mico rosado. El mico rosado era un pequeño simio que destacaba, no solo por su hermoso pelaje rosa, sino por unas pequeñas plumas que crecían en forma de anillo alrededor de su larga cola y que mudaba en el inicio de la época estival.

Por ello, el objetivo del día era introducirme en el bosque, buscar la zona donde habitasen aquellos pequeñines y recoger las plumas mudadas de sus escondites. Con esas plumas, podría crear un hermoso abrigo del rosa más intenso jamás visto, ¡y sin crueldad animal! Además de guapo, era buena persona. Me vestí con mis habituales pantalones cargo color caqui, un top de tirantes blanco, unas gafas de sol afiladas como mi lengua y un pañuelo de estampado militar con el que cubrí mi cabeza.

- Yo solo quiero lo mejor -dije mientras miraba mi perfecto reflejo en un agrietado espejo de pie que había logrado incorporar a mis pertenencias. Mis labios y párpados lucían un intenso color verde neón, y mis pestañas eran más largas que las historias de Jolyne- ¿y acaso yo no merezco lo mejor? HUUUUUUJUJUJUJUJUJUJUJU

Fue entonces cuando la ahogada voz de Kenzo, la nueva incorporación a la banda, me sacó de mi ensimismación. El chico parecía fuerte y decidido, pero su corta edad hacía que, en ocasiones, sintiese que el barco se había convertido en un patio de recreo. No alcancé a escuchar lo que había dicho, pero seguramente había madrugado para hacer cosas de niño, como comer arena o molestar a ancianas en el mercado. Cogí un pequeño macuto verde, salí de mi camarote y me deslicé por la escalerilla hasta plantar mis pies en la arena. Decidido, me dirigí hacia el bosque y me introduje entre su denso follaje para cumplir el sueño de cualquiera: ser más hermoso.

- Moniiiiiiitooooos -dije ahuecando las manos delante de mi boca, a modo de amplificador- ¿Dónde estaaaais, marichochoooooooooos?


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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#3
Aquel pequeño mono rosa no paraba de mirarme mientras se comía lentamente aquella fruta de color rosado (Valga la redundancia), y eso, realmente me ponía nervioso. -Eh, amigo, para de mirarme. Se que me ves como tu macho alfa porque soy más fuerte que tú, pero en serio, me estás poniendo nervioso.- Le dije, mirándole a los ojos. Mi pequeño amigo dio dos pequeños saltos sobre el sitio, mientras hizo un par de sonidos agudos. Fruncí el ceño, y le imité. Salté un par de veces y emití el mismo sonido que había hecho. Acto seguido, el monito saltó y se posó en mi hombro, lo que me hizo sonreir. -Te llamaré Oscar y serás mi nuevo mejor amigo. Quizás juntos podamos tener una colección entera de bichos para entrenarlos y tener un ejército de bichos. ¿Que me dices? ¿Amigos?- Le ofrecí la mano para sellar nuestro pacto de mejores amigos, y él la tomó y comenzó a balancearse en mi mano, colgándose sobre mi brazo con aquella larga cola llena de plumas.

Iba a empezar a enseñarle como pelear, pues, si iba a ser mi amigo, tenía que aprender a pelear, pero de repente, escuché una voz, y no era ni más ni menos que... -¡Aspros!- Comencé diciendo cuando lo reconocí. Dando un par de saltos entre algunas ramas, conseguí bajar hasta donde se encontraba mi nuevo nakama, quien estaba gritando por la selva. Me paré frente a él, con los brazos en jarra, y mi nuevo amigo Oscar, se posó en mi cabeza, observándolo con curiosidad. -Wow, Aspros, no esperaba que vinieras conmigo a cazar. ¿Que te gusta más? ¿La carne de ciervo o la carne de jabalí? Yo prefiero la de pollo, pero aquí no veo.- Bajé mis brazos y le señalé la cara. -¡Me gusta tu pintura de cara! ¿Como lo has hecho? ¿Podrías pintarme algún día la cara a mí? ¡Así podríamos camuflarnos mejor para cazar!- Le dije con una amplia sonrisa en mis cara.

Oscar me agarró de los pelos y me giró la cabeza hacia mi izquierda, haciendo que viera aquel pequeño pantano. Uno de los matorrales comenzó a moverse y de él salió una serpiente de tonos rosados. Giré la cabeza para mirar a Aspros, mientras señalaba aquel animal. -¡Mira Aspros! ¡Es una serpiente! ¿Será venenosa? ¡Voy a cazarla y vamos a averiguarlo!- Grité mientras me giraba sobre mí mismo y encaraba a la serpiente, quien me miró y se hizo un rosco para defenderse. Eso significaba que me miraba como un rival, y me estaba retando. -¿Es que acaso buscas pelea pequeña culebra? ¡Voy a destrozarte y hacer una barbacoa contigo!- Oscar comenzó a dar botes en mi cabeza y a gritar, como animándome (Aunque realmente estaba asustado). -¡Claro que sí Oscar! ¡Vamos a hacer barbacoa de serpiente esta noche! ¡Shajajajajajajajaja!- Agarré una piedra y me coloqué a unos cinco metros del reptil. Sin pensarlo demasiado, le tiré la roca, pero no le dí. Era realmente obvio, mi puntería era malísima. Miré a Aspros. -¿Que hago ahora, maestro? ¿Me abalanzo sobre ella o espero que venga para hacerle una llave y estrangularla?- Pregunté, esperando la respuesta de mi nakama.

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Alas Negras
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#4
- Moniiiiitoooooos, monitos boniiitooooooos…

Avanzaba a trompicones por el bosque, por entre las enormes raíces serpenteantes, las ramas bajas y las criaturas de aspecto variopinto. Tal vez todo aquello fuese el paraíso Okama, una ilusión de color de rosa y arcoíris con glitter, pero no debía olvidar que una araña venenosa no dejaba de serlo por poseer una apariencia bonita- Solo habría que verme a mí, UUUUUHUHUHUHUHU.- La humedad y el calor me asaltaban con rudeza, obligándome a sacar un bonito abanico de estampado de cebra y darme aire como si no hubiese un mañana. El sonido del abanico chocando contra mi pecho tan solo era interrumpido por el piar de los pájaros más madrugadores, que armonizaban como si de un grupo pop se tratase.

- ¿Si fuese un bonito mono rosado de cola emplumada… -me dije a mi mismo mientras observaba los alrededores, una imagen totalmente dominada por altos árboles, matojos, flores y masas de agua ocasionales- …dónde me escondería? - De pronto, desde la espesura, mi nombre rompió la paz del momento. Unos veloces pasos y acrobacias dieron paso a Kenzo, la pequeña nueva incorporación a la banda, tan enérgico y jovial que cada vez que me topaba con él sentía que envejecía por momentos.

- Hola pequeño Kenzo, yo no caz… -antes de poder continuar con mi negativa ante la propuesta de Kenzo de cazar animales en el bosque, y agradecer su cumplido hacia mi maquillaje, vi que uno de aquellos monitos rosados de cola emplumada reposaba plácidamente sobre la cabeza de mi nuevo nakama. Si sus plumas me parecían bellas en una triste y polvorienta imagen de enciclopedia, en persona aquel intenso color rosa captaba totalmente mi atención- ¡EL MONO! -señalé con mi largo y estilizado dedo, culminado por una uña afilada de color verde neón, a la cabeza de Kenzo- ¡NECESITO A ESE MONO!

Mi mente solo podía centrarse en el hermoso aspecto del pequeño simio rosado, por lo que hice caso omiso al nerviosismo del mismo, a la presencia de la serpiente y a las palabras de Kenzo. No fue hasta que el mono gritó ante la ofensiva de la serpiente que reaccioné. La víbora buscaba abalanzarse contra el mono, presumiblemente para atacarlo y devorarlo siguiendo las tristes leyes de la naturaleza donde ganaba el más fuerte y hambriento. En un veloz desplazamiento, me interpuse entre la trayectoria de la serpiente y Kenzo y le propiné una patada en el lateral de su cabeza mientras describía una pirueta de ballet. La serpiente regresó, confusa, al interior del pantano del que había salido.

- Agh -exclamé, dramático, mientras caía de rodillas contra el suelo, dejando caer mi peso a un costado, casi tumbándome. Con una de mis manos tapé mi boca, como si intentase reprimir un sollozo-. A mí no me gusta pelear.- Me encontraba frente a Kenzo, el cual buscaba que yo, un alma pacifista, un ser de luz en contra de la violencia y de la caza, que no quería ver sufrir a ningún animal hasta que se lo sirviesen en un bonito plato, momento en el cual se lo comería sin miramientos, cazase. - Kenzo, no hay que hacer daño a los animales, por muy bonita que sea la piel de esa serpiente para hacerme un bolso…o unos tacones…mmmm.

Dando la espalda al pantano, mis pensamientos volvieron a focalizarse en el pequeño y nervioso mono rosado que se encontraba sobre la cabeza de Kenzo. Fueron aquellos pensamientos los que me aislaron en mi mismo y me impidieron notar la presencia de una serpiente aun mayor que la anterior, de aspecto agresivo y enormes colmillos que clamaban venganza por su cría.



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#5
El bueno de Aspros me fue a responder, pero justo en ese momento se percató de Oscar, diciendo que lo quería. Fruncí el ceño y me crucé de brazos. -¡No te puedes comer a Oscar! ¡Es mi nuevo mejor amigo! Esta noche me va a despiojar y yo a él. Tenemos planes, ¿Sabes?- Le respondí para que entendiera que Oscar también era un nakama, y que los nakamas no se comen entre ellos. ¿Que iba a ser eso si no? ¡No éramos salvajes! O al menos, ellos no eran unos salvajes. Yo estaba en proceso de convertirme en una máquina perfecta mejorada de Yojimbo, el capitán de los Alas Negras, para que cuando llegara el momento, desafiarle y ganarle algún duelo y convertirme en el capitán de esa tripulación.

Una vez que le tiré la piedra, Aspros con una velocidad completamente asombrosa, golpeó la cabeza de aquella serpiente, mandándola de nuevo al pequeño estanque del que salió. Sonreí ampliamente y comencé a aplaudir, al igual que Oscar, quien daba saltos de alegría en mi cabeza. -Wow Aspros, pues para que no te guste pelear, golpeas muy bien, y además muy fuerte. ¡Eres el número uno!- Oscar saltó al hombro derecho de Aspros. -¿Ves? A Oscar ya le gustas. Pero no te preocupes, si no quieres pelear, yo lo haré por tí. Seré el guerrero más temido de los Alas Negras. ¡Sólo dame tiempo!- Dije, dándome un golpe en el pecho, y dibujando una sonrisa llena de confianza.

Lo que parecía una conversación de confraternización, se acabó en el momento en el que Oscar comenzó a gritar y a señalar a nuestras espaldas, pudiendo ver una serpiente aún mayor, mirándonos para comernos. La encaré, poniéndome ahora yo entre mis nakamas y la criatura, y apreté los puños, para luego posicionarme y prepararme para atacarle. Aquel animal se abalanzó sobre mí, pero la esquivé dando un pequeño salto hacia la derecha, para acto seguido abalanzarme yo sobre ella, y hacerle un "mataleón". La criatura se revolvía y su cola se agarraba a mi pierna izquierda, pero yo iba a aguantar más. Aguanté hasta que dejé de sentir presión en mi pierna, y la serpiente perdió la consciencia, y quizás la vida. -¿Quién es el cocinero o cocinera en el barco? Creo que podríamos hacer una excelente comida con esta serpiente.- Decía mientras me deshacía de su agarre en mi pierna. Luego la agarré y me la coloqué entre mis hombros, como si de una bufanda se tratara. 

-Además, creo que podré hacerte un colgante con uno de sus colmillos, como el que yo tengo. Aunque el mío es mucho más guay porque es de un dinosaurio gigante y que cazaba otros dinosaurios mas grandes.- Dije mientras me acercaba a él y agarraba a la serpiente de la cabeza para enseñarle el colmillo de la criatura. -¿Tu que dices Oscar? ¿Te vienes con nosotros a comer serpiente? ¿O prefieres más fruta?- Oscar no parecía muy encantado con la idea de comer serpiente, por lo que se quedó en los hombros de Aspros, donde se sentía, seguramente, mucho más protegido. -Aspros, ¿Nos vamos antes de que vengan más depredadores a por nosotros? Estaría bien no tener que acabar con toda la fauna de aquí... ¡Shajajajajajajaja!-

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#6
Sabía que Kenzo no era un crio normal, no por nada se había ganado el respeto de Yojimbo y unido a la tripulación de las Alas Negras, pero verle en acción frente a mi hizo que me sorprendiese sobremanera; a tan temprana edad poseer esa templanza y tenacidad en el combate se me antojaba fascinante. Y es que mientras yo estaba ocupado diseñando el perfecto abrigo de pluma de simio rosado en mi cabeza, el joven Kenzo se había abalanzado contra una serpiente de mayor tamaño y fiereza, presupuse dispuesta a atacarme en venganza de la pequeña serpiente que había pateado segundos antes. Tras un breve encuentro, Kenzo ahora sujetaba el cuerpo inerte de la considerable víbora, la cual dispuso sobre sus hombros a modo de boa de plumas.

- Yo… - el pequeño mono Oscar, apoyado en mi hombro izquierdo y agarrado al pañuelo que llevaba atado a la cabeza con una de sus pequeñitas manos, y yo nos miramos perplejos ante lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo de normal era que un niño se cargase una serpiente con sus propias manos? ¿Hasta dónde alcanzaba su fuerza? ¿Los Alas Negras teníamos cocinero? ¿Bajaría el precio del aguacate? Desconocía la respuesta a aquellas preguntas- …sí, gracias. Será mejor que nos vayamos al barco, creo que podemos apañar algo con… eso, sí. Buen trabajo, Kenzo-dije mirando de refilón por última vez a la serpiente que cargaba Kenzo, imaginando la cantidad de bolsos que podía hacerme con ella-. Total, ya está en el otro barrio, ¿no? Creo que es una afrenta no aprovechar su bonito cuerpo para que su legado perdure para toda la eternidad cubriendo otro hermoso cuerpo, UUUUHUHUHUHUHU.

Me levanté pesadamente, me espolsé el polvo de la ropa y comencé a recorrer de nuevo el camino que había empleado para llegar hasta allí. Había encontrado al tan ansiado simio, cuyas plumas me ayudarían a confeccionar prendas de lo más estilosas, pero no era lo único que había descubierto en aquel frondoso bosque- ¿Verdad que me vas a ayudar a tener un abrigo bonito? -le susurré a Oscar que, ante mi pregunta, expresó el mayor pánico posible con sus diminutos ojos negros-. Tranquilo marichocho, solo con algunas de las plumas de tu cola, y las que se caigan, no te arrancaré ni una, UUUUUHUHUHUHUHU- ante la aclaración, Oscar no pudo mas que suspirar y apoyarse en mi cabeza, aliviado.

Proseguí el camino, echando un vistazo de refilón para asegurarme de que Kenzo me seguía. Volví a mirar al frente y, con media sonrisa, no pude evitar confesarle a Oscar mis primeras impresiones del joven. Era valiente, enérgico y charlatán, y desde luego parecía tener buen corazón. Rápidamente llegamos de nuevo a la costa, donde el barco esperaba dormido sobre la arena rosa-. Va a ser un gran guerrero, el más temido, ¿no crees?


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#7
Sonreí ampliamente cuando escuché como Aspros me decía que había hecho buen trabajo. Era bastante gratificante ver como mis compañeros me valoraban... ¡Y apenas me conocían! Estaba deseoso de verlos cuando me conocieran, y conocerlos bien a ellos. Estaba seguro que todo iba a ser tan sumamente guay... ¡Nos lo ibamos a pasar genial! ¡Vivir muchas aventuras y conseguir muchos tesoros! ¡Estaba deseando empezar a buscar tesoros! -Oye Aspros, ¿Cuándo vamos a salir en busca de los tesoros y todas esas cosas? Estaría super genial encontrar un cofre llena de monedas de oro... ¡De joyas! O inclusive con algún arma mitológica... ¿Te imaginas una espada de oro? ¡Eso sería increíble! ¿No crees?- Le pregunté de repente.

Me percaté de que Oscar se llevaba mejor con Aspros que conmigo, y en cierta parte me daba igual, pero yo quería seguir haciendo planes con mi querido amigo mono. ¡El me iba a despiojar! ¡Y yo a él! Nos íbamos a cuidar mutuamente, y quien sabe, dormir como mejores amigos en la misma cama. Bueno, era muy temprano para decidir que es lo que iba a hacer Oscar... Quizás no nos lo dejaban subir al barco. Anduve por el bosque tras de Aspros, con la mirada gacha, pensando en todas esas cosas. A cada paso que daba, la cabeza de la serpiente que había cazado, me golpeaba en el pecho, totalmente inerte mientras entrabamos en la costa.

-Oye Aspros... ¿Crees que comeremos todos con esta serpiente o tendré que cazar alguna otra cosa?- Pregunté, adelantándome hasta su altura. Antes de que me respondiera, chasqueé la lengua y negué con la cabeza. -El maestro Yojimbo es muy grande, quizás necesite comer como nueve serpientes de este tamaño... Más todo lo que coma el resto. Creo que dejaré esto en el barco y volveré para cazar alguna que otra pieza.- Dije mientras comenzaba a trotar hasta el barco. -¡Ha sido un placer cazar contigo! ¡La siguiente vez iremos a la ciudad y haremos lo que tu quieras! ¡Dile a Oscar donde está mi habitación para que se acomode allí!- Y tras decir aquello, me dirigí al barco corriendo para luego volver a adentrarme en el bosque o selva para cazar más cosas. ¡Que día tan guay!

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#8
TEMA CERRADO


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