[Presente absoluto] El capitán protege
#1
Día 45 de verano.
Año 13
 
Claro en el Bosque Arcoíris, Momoiro ~ 21:12


-¡¿Pero tú lo ves normal?! -gritaba cabreado mientras pateaba una piedra.
 
Aquella estancia en esta rosa y paradisiaca isla estaba siendo un completo infierno para mí. Lo primero de todo es que Kenzo, nuestro nuevo nakama, comía incluso más  que Jolyne y Sasha comía incluso más que Kenzo. Mi barco estaba en las últimas y aunque ya me había despedido de él con anterioridad no veía la ocasión de darle el descanso que se merecía. No me gustaba gestionarlo todo, no quería tener que encargarme de nada y por eso abracé la piratería. Vivir mi propia aventura, que mi mayor problema fuera encargarme de no morirme y aquí estaba, en una situación complicada. Mucha gente que me seguía, mucha gente a la que no podía fallar, un sueño que cumplir y una brutal falta de recursos. Nunca en mi vida había sentido este tipo de estrés y por eso precisamente me había traído a Tobias conmigo. Era la persona mentalmente más estable de la tripulación, o al menos lo aparentaba, y para mí eso era suficiente. Aparté con ambas manos unas ramas que se interponían en mi camino y recordé aquel grito. Un grito que aunque sonara eufónico y agradable fue molesto e inquisitivo. Sasha, Kenzo y Jimba gritándome al mismo tiempo que querían comer. ¡Y yo también quiero comer! Pero no fui capaz de contestar. Llevaba unos días sometido a un nivel de exigencia y estrés tan brutal para mí que simplemente me limité a obedecer y ahora me encontraba en un bosque buscando comida porque no teníamos dinero suficiente como para comprar en el mercado principal de la isla.
 
-¡Maldita sea! -me quejé en voz alta mientras pateaba otra piedra, de aproximadamente un metro y medio de diámetro con tanta fuerza que impactó contra el tronco de un árbol y lo tiró al suelo.
 
No teníamos un Berry y nuestra moneda de cambio, el Diamante de Icar, tampoco lo teníamos. Me enteré hace relativamente poco que Jolyne, estando yo inconsciente, se lo dio a Pawurs como pago por quitarme la Fruta del Diablo. Hasta ahora era la que se encargaba del dinero de la tripulación y eso era un trabajo que se le daba excelente, pero desde luego no era una buena comerciante. Continuamos avanzando por el bosque hasta que llegamos a un claro enorme. En aquel sitio no había absolutamente nada, un círculo sin árboles, plagado de hierba corta en mitad del bosque de al menos dos kilómetros de diámetro… un lugar en el que parecía que la naturaleza no quería sobrevivir. Avanzamos hasta el centro del mismo y ahí había un esqueje intentando crecer. Miré a Tobías para luego agacharme sobre mis propias rodillas, estirar ambos brazos hacia aquella planta en crecimiento y gritar:
 
-¡Y TÚ POR QUE NO CRECES!



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#2
El joven barba naranja no llevaba mucho tiempo con los Alas Negras, pero, más allá de la sensación de conocerlos de una manera sobredimensionada con tan pocos momentos vividos juntos, los amaba. Eran ya una gran familia que seguía aumentando tanto en miembros como en complicidad. No imaginaba un futuro sin ellos, la tripulación con la que daría la vuelta al mundo, el maremoto de extravagancia y felicidad que, irónicamente, había despejado todo su miedo y calmado el mar de sus dudas. 

Se hallaba junto a su capitán merodeando por un frondoso y colorido (como todo en Momoiro) bosque, en busca de alimentos para la tripulación. Yojimbo refunfuñaba mientras pateaba piedras del tamaño de un ternero bien alimentado, aún midiendo cinco metros de altura, seguían viéndose enormes. No parecía muy entusiasmado con la tarea, el lunarian era un tipo más bien simplón, pero rebosante de coraje y con un potencial incalculable, al que no le gustaban mucho las responsabilidades. Tras unos minutos caminando por esa tranquila (si no fuera por Yojimbo) senda y algún que otro árbol derribado por la frustración del capitán, ambos piratas llegaron a un amplísimo y llamativo claro sin más vegetación que la tímida hierba que poblaba el suelo. Se miraron el uno al otro, extrañados por el sorprendente paraje que acababa de aparecer frente a ellos. Sin pensarlo mucho (nada), comenzaron a recorrer la explanada en dirección al centro de ésta, sin más motivación que proseguir con su tarea y algo de curiosidad. El lugar estaba en plena calma, solo un joven brote de lo que parecía un árbol llamó la atención de los muchachos. El lunarian miro al carpintero antes de acercar su cara a la poco desarrollada planta para preguntarle a grito pelado por que no crecía. ¿Había perdido la poca cordura que lo ataba a su apariencia de persona funcional? No, él era así, pero seguía sorprendiendo al joven barba naranja. Era la primera vez que se encontraba a solas con su capitán, una buena oportunidad para conocerlo mejor y hablar distendidamente sin que Garnet o Sasha o ambos a la vez, inundaran el ambiente con sus ruidosas y distractoras payasadas.

- La verdad es que este claro es curioso. Con tan exuberante vegetación alrededor, llama la atención. - Tobías echó un vistazo a la zona, el bosque estaba a unos buenos mil metros en cualquier dirección. No podía ver gran cosa más, el sol se acababa de poner y la luz residual iba disminuyendo en intensidad. 

- Deberíamos seguir, con suerte nos toparemos con alguna deliciosa bestia a la que asar, los depredadores suelen cazar de noche. - El carpintero detuvo su diálogo para sacar un cigarro y encendérselo mientras cavilaba. - Yo podría hacer de cebo, tu impones demasiado. Si recorro el margen del claro, mientras tu lo sobrevuelas, podría ser visto por alguna alimaña hambrienta que more el bosque. En cuanto se lance a por mi la atrapo con campo gravitacional y tu la noqueas. - No era un plan muy elaborado, pero podía funcionar. Tobías ajustó bien su sombrero a su cabeza y le dio una profunda calada a su cigarro. - Hoy cenamos carne, jish jish jish, ya verás. - 


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-Tripulación-
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#3
Cita:"El cuartel general de la marina, alertados por los regimientos de la Marina en Momoiro, han recibido un informe peliagudo: Tras un año desaparecidos, la banda de los Alas Negras y los Shogun Gari se han unido en una sola bandera. Han sido acorralados por la División 21, que los ha perseguido por todo este tiempo y clama por refuerzos al considerar que no podrían realizar una operación eficaz dada la condición de la isla y sus diezmadas tropas... y el Almirante Tucrow ha recibido el mensaje, y ha decidido moverse"

Estaba claro que el flow del almirante nos había guiado bien.
La noche se cerraba poco a poco en Momoiro y las órdenes del big broda Tucrow habían sido claras: capturar a los tigueres Alas negras y los Shogun Gari. Existían pocas cosas más suculentas que un manguito pero una de ellas era la posibilidad de hacer caer a dos tripulaciones pirata a la vez. — Er diablo, la foltuna me sonríe, voy a sacal los podere supremo — pensé mientras recordaba la fecha de verano. El viaje a la isla había sido turbulento, probablemente porque el drogadicto del navegante se habría fumado toda la hierba del buque él solo. Aunque eso me había permitido practicar mis “power moves” en cubierta con el trajín del barco. Aunque atrás quedaban los años de pandillas y maleantes, algo dentro de mí seguía buscando el conflicto. Solo la pericia y el estilo de nuestro big broda Tucrow me sacó de las calles para darme un lugar y un propósito. — Tamo ready to die, papi, flow buscar y destruir — dije mientras comenzaba a adentrarme en bosque, ya que mis hermanos Zoodiacool se habían ido en otras direcciones y quería ir a mi flow, yo solo con mis vainas del infierno. — Estamos en contacto, ¡broders! Si pasa lo que sea salto pal combate. — dije entusiasmado mientras realizaba un gesto de teléfono con mi mano derecha, extendiendo el meñique y el pulgar hacia mi oreja.

Tras un año de desaparición, parecía que los novatos de la División 21 habían logrado dar con el premio gordo y nos tocaba a nosotros cobrar. Parece que el big broda había entablado buena relación con el estirado comodoro de la División 21. Hasta lo apodó Joestar, diablos. — Ojalá el bigotudo tuviera un poco de flow, le podría enseñar unos buenos “freezes”, RIRIRIRIRI — decía mientras caminaba realizando el clásico movimiento de running man y bailando entre los árboles. Había múltiples objetivos y el plan era encontrarlos, que sientan el flow y llevarlos al cuartel, si era posible, pero las cosas a veces salen como salen. — Check it out, los tiguere se esconden, pero yo los encuentro — pensaba mientras extendía mi Kenbunshoku en búsqueda de cualquier individuo lo suficientemente fuerte como para ser susceptible de investigación conejil. Tras un largo rato,

Con la noche acechando, y yo con ella, pude alcanzar un claro en el bosque. La luz aún era suficiente para ver sin problemas y además estaba bañada por la maravillosa luz lunar para dar un extra de iluminación. El extenso claro estaba repleto de hierba que apenas alcanzaba mi tobillo de conejo con flow, y solo los árboles que lo cercaban hacían la vez de muralla externa. En el centro, un par de individuos andaban y mientras uno gritaba al suelo, el otro fumaba y parecía intentar consolarlo de su desesperación. No tuve que afinar demasiado la vista para reconocer, mientras observaba apoyado en un árbol del círculo externo del claro, a la dupla: Tobías Murray y Yojimbo Lemarcus Corn… — Er diablo, que nombre má largo para un tiguere tan feo, ririririri. — pensé mientras me encogía de hombros y caminaba hacia ellos hasta posicionarme a cincuenta metros de ellos dos para mirarlos fijamente y dirigirme al emplumado capitán de los Alas negras. — ¿Tú ere el que llaman Yojimbo? No hay que hablá. — enuncié seco y tras esto dirigí mi mirada a la luna. A ver como bailan los tigueres.

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#4
Las llamas de mi espalda crepitaban con calma, como si del fuego de una chimenea poco avivada se tratase. El lugar, cada vez más oscuro, se veía iluminado únicamente por mi luz y por la de la Luna. Tras gritarle a aquella planta, la voz del sosiego y la lógica se abrió paso a través de las montañas de la locura de las que estaba compuesta mi mente. Quitándole hierro al asunto el calmado Tobias dijo que el lugar en el que nos encontrábamos era curioso por su escasa vegetación y que debíamos seguir caminando. Mientras me explicaba el plan de caza se encendía un cigarro y reía intentando calmar la situación, afirmando que hoy cenaríamos carne.

Desde el suelo miré a Tobias sonriendo, mucho más relajado. El orden mental que tenía era envidiable, una persona que lo tenía todo bajo control, o al menos lo parecía. Estar con Tobias me estaba ayudando a no volverme loco. Sin que yo lo quisiera estaba sometido a un estrés tremendo, y el principal culpable era yo. Mi padre ya me intentó avisar de esto, pero no le hice caso, es lo que tiene seguir tus propias convicciones y tener demasiado orgullo. Quise decirle que si lo que queríamos era cazar debía entonces apagar ese cigarrillo, pero entonces alguien apareció en la escena preguntando si yo era Yojimbo. En ese momento me puse alerta, expandiendo mi aura y haciendo uso del Haki de Observación. En cuanto mi aura hizo conexión con su espíritu pude notar que no era un cualquiera que se había perdido en aquel bosque. Me puse en pie, reduje el tamaño de mi llama hasta hacerla desaparecer, introduciéndola dentro de mi cuerpo, y sin quitarle ojo de encima le susurré a Tobias:

-Vamos a ser cautos, noto algo extraño en él.

¿Era emoción lo que sentía aquel conejo trajeado de extraño acento? ¿Convicción? Tenía un objetivo en mente y estaba dispuesto a cumplirlo.

-¡Si! -grité para que me escuchara con claridad. –¡Vete por donde has venido y te prometo que no te pasará nada! -le grité de nuevo, con la intención real de no pelear contra él, pero con la firme sensación de qué mis deseos hoy no se harían realidad.

El conejo, de pie frente a nosotros, no mostraba señales de agresión, simplemente miraba hacia la Luna. Pero en su calma, en su quietud, había una intensidad que me ponía en guardia. Mi Haki de Observación estaba en su máxima alerta, intentando captar cada mínima fluctuación en el ambiente, cada pequeño cambio en su aura, en la energía que lo rodeaba. Pero cuanto más trataba de descifrarlo, más confuso me sentía. Su presencia era como una sombra que se deslizaba por entre las grietas de la realidad, un ser que no podía ser comprendido completamente a través de los sentidos normales.

Y aquí estaba yo, frente a una extraña criatura que parecía haber salido de mi isla natal, un conejo con porte humano y una mirada que escudriñaba hasta el rincón más oculto de mi alma. Había recorrido suficientes islas como para saber que el mundo estaba lleno de cosas inexplicables, pero incluso en mi larga y ardua experiencia, este encuentro se sentía diferente. Había algo en el aire, algo que superaba la simple extrañeza de la situación. Era como si el universo estuviera conspirando, como si todas las decisiones que había tomado me hubieran llevado a este preciso momento, a este bosque oscuro, bajo la fría luz de la luna. Estaba inquieto, tenía miedo, y el miedo comenzó a mezclarse con una especie de aceptación tranquila. No tenía todas las respuestas, pero sabía que, por raro que sonase y fuese lo que fuese, este encuentro debía ocurrir. Había algo en este conejo, en su acento, en su mirada, en su ropa, que me decía que estaba aquí para enseñarme algo, para desafiarme de una manera que no había sido desafiado antes. Y así, mientras el silencio se prolongaba entre nosotros, supe que no podía dar marcha atrás, que debía enfrentar lo que estaba por venir, sin importar el coste.

Lo que tenga que ser, será.



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#5
Parecía que Yojimbo se había calmado un poco, una sincera sonrisa lo denotaba. La noche era siniestramente tranquila, ni una brizna de viento, solo se podía escuchar el crepitar de las llamas del lunarian. La calma que precedía a la tormenta. Una extraña voz, con un acento peculiar, irrumpió en la escena, provocando un leve respingo en el joven barba naranja, el cual se giró hacia su origen impulsado por el sobresalto. Un trajeado conejo, de unos tres metros de altura, se erguía detrás de la dupla de piratas con la mirada clavada en la luna. Parecía conocerlos, al menos al capitán. Se había detenido a una distancia prudencial y eso denotaba experiencia y saber hacer. Tobías no le quitaba los ojos de encima, no sabía exactamente que pensar de aquel individuo, lo único que tenía claro era que parecía peligroso, no era un donnadie. ¿Cuáles eran sus intenciones? El carpintero dejó de escuchar las llamas de Yojimbo, la tensión iba en aumento. Un susurro salió de la boca del capitán invocando a la prudencia, él también había percibido que aquel tipo no se había tomado la molestia de interceptarlos por nada. Tobías asintió en silencio. 

La respuesta del lunarian fue firme y a la vez tensa, no había intención de pelear por parte de los piratas, aunque esa decisión no iba a tomarse de manera unilateral. Por su parte, Tobías no iba ha hacer nada que incitase al enfrentamiento, ese conejo parecía seguro de si mismo, el valor para plantarse frente a ellos debía ir respaldado de una cualidades remarcables para el combate. Aún así, no podía dejar de estar alerta, pues lo mencionado anteriormente, no solo ellos podían decidir entablar más que palabras. Estaba preparado para lo que pudiese pasar. Lo primero era conocer las verdaderas intenciones de esa visita, pero no quería forzar nada, así que se mantuvo en silencio y en guardia, esperando a que el trajeado conejo moviera su primer peón. Mientras, el joven barba naranja analizaba la situación. 

"Hace apenas un par de minutos que he oteado el claro y no he visto nada pese a su tamaño, el tipo es sigiloso y rápido. Hay que andarse con mucho ojo. Por suerte Yojimbo es el tío más rápido que conozco, solo espero que el conejito no lo sea más, si no yo solo seré un estorbo. Calma Tobías, no adelantes acontecimientos, mantente firme y confía en tus capacidades." Esos breves segundos de meditación tranquilizaron al carpintero de los Alas Negras, llevándolo a un estado de alta concentración. Fuera lo que fuera a pasar, él estaba preparado para afrontarlo, estaba junto a su capitán y juntos representaban un gran reto para quien fuera ese ser que se alzaba frente a ellos. Dio una última calada a su cigarro antes de tirarlo al suelo y apagarlo con su pie izquierdo. Aunque no se reflejara en el exterior, por dentro se dibujaba una muy leve sonrisa inspirada por la confianza recientemente adquirida tras la reflexión que acababa de esbozar y arropada por la presencia de su capitán. "Que pase lo que tenga que pasar."       


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#6
La dupla se sobresaltó con mi aparición. Primero, el vuelca piedras del lunarian se giró hacia mí. El tiguere tenía valor al no esconder su identidad, aunque poco podía hacer un pollo con patas de cinco metros. Desde que vi sus llamas en la noche, estaban identificaos y capturaos. El desgraciado tuvo la increíble desfachatez de decirme que si me iba, no me pasaría nada. Estaba claro que ese desacato le venía de familia, pero le faltaba flow. El otro pirata, tras lanzar su cigarro al suelo y pisarlo, se puso en guardia. Este, al contrario que el capitán de la tripulación, esbozó una sonrisa confiada y simplemente se dispuso en alerta. Pobres tigueres, no sabían que los podere supremo estaban conmigo. El cielo estaba claro y sin una sola nube. El gigantesco y despejado claro que amenazaba con continuar así en esta apacible noche de verano otorgaba una visión clara y sin obstáculos hacia la luna, lo que aseguraba mi transformación. Mientras Yojimbo realizaba su inútil advertencia, mi cambio tenía lugar. Que el malnacido lunarian se dirigiera a mí de esa manera me transportó de repente a mi adolescencia, donde me medía la cola con lunarians en la guerra de bandas del barrio. Ya había decidío que estos tigueres iban a pagar por su insolencia.

En unos pocos segundos mi tamaño creció, pasando de medir unos tres metros a casi el doble de mi estatura habitual. Mi blanco pelaje, que en otro mink cualquiera cambiaría a un color impoluto, simplemente comenzó a alargarse y ocupar mucho más espacio. El pelo de mi cuello se alargó sobremanera, cayendo por mi pecho como si una enorme barba fuera y mis facciones se intensificaron. Mis ojos, excitados por la visión lunar, se enrojecieron mucho más y adoptaron una forma mucho más maligna y salvaje. Los podere supremo habían sido completados, la forma Sulong. Cuando la transformación se completó, miré hacia la dupla y sonreí con malicia. — Flow de barrio, mi helmano. — pensé con satisfacción a la vez que realizaba una de las técnicas más versátiles del Rokushiki: el Soru. Con un fugaz movimiento de zancada atlética salí disparado hacia la dupla. Tras aparecer como un parpadeo, crucé mis brazos por delante del pecho con ambas manos extendidas y sus palmas mirando al cielo, generando dos brazos sobre el suelo mientras me lanzaba a girar sobre ellos. Usándolos como potenciador, la fuerza centrífuga aumentó mi poder de combate y giré hasta golpear con las garras sobre el hombro derecho del vaquero. Un golpe vertical desde su hombro a su axila que atravesó el cuerpo del carpintero hasta llegar al suelo, seccionando en un instante el miembro que comenzó a sangrar profusamente desde lo que era su hombro

Tras este movimiento, aproveché la inercia del increíble Windmill con doble tirabuzón invertido para rodar agarrando el brazo amputado del pistolero y terminar a dos metros detrás de él. — Tamo activo, mi broder. ¿Necesita que te eche una mano? Check it out! — dije con sorna hacia el vaquero mientras, agarrando desde lo que antes era su bíceps, movía su brazo de lado a lado y como si le saludara con mi propia mano. Hace mucho que le prometí al big broda Tucrow que no usaría más estas artimañas de barrio, pero… puedes salir del barrio, pero él no sale de ti.

— Er diablo, qué épico. — pensé mientras me cruzaba de brazos y asentía con más flow del que las alas del capitán tiguere podía cargar. 

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7053 + 0 = 7053
Energia: 3208 - 1456 = 1752
Espiritu: 1296 + 0 = 1296
#7
Y como por arte de magia, el conejo dobló su tamaño. Aquel ser misterioso comenzó a mutar frente a mis ojos, transformándose en una criatura grotesca y aterradora. Su cuerpo se expandió hasta alcanzar una altura que sobrepasaba con creces la mía, y cada centímetro de su piel se cubrió de un pelaje espeso y salvaje. Sus ojos ahora ardían con un resplandor carmesí que solo podía describirse como la encarnación misma de la locura homicida y aquella sonrisa torcida, apenas visible en la penumbra, revelaba una hilera de colmillos afilados que brillaban con una malevolencia siniestra.

Pese a mantener mi mirada fija en aquella criatura, en un parpadeo, el conejo desapareció de mi campo de visión. El corazón se me paralizó por un instante, hasta que sentí el sonido de su voz cargada de malicia. Estaba detrás de mí, helándome la sangre. Sin pensarlo, pivoté sobre mi pierna derecha en un movimiento tan rápido como me fue posible, pero ya era demasiado tarde. Allí estaba, mirándome con esos ojos inyectados en sangre, como si estuviera disfrutando de este momento, como si eliminarnos no fuera más que un macabro juego que se había inventado… ¿quién era este tipo y qué quería de nosotros? ¿Acaso era un loco que sólo quería jugar con nuestras vidas? Pero ese tío me conocía de algo, había venido expresamente a por mí… por qué.

Mis ojos buscaron a Tobias con la esperanza de que estuviera ileso, pero lo encontré tendido en el suelo, inmóvil, sobre un enorme charco de sangre. La escena me dejó sin aliento. Y antes de poder asimilar el horror, vi a la criatura sosteniendo el brazo de Orenjihige como si fuera un simple juguete de trapo. Un grito de rabia se ahogó en mi garganta mientras la desesperación se apoderaba de mí.
Actuando por puro instinto, di una rápida zancada hacia adelante, agachándome sobre mis rodillas junto al capitán herido. Canalicé mi energía, haciendo arder mis extremidades con un calor abrasador, y con la mano derecha presioné el muñón del fiero capitán. Sabía que le provocaría un dolor insoportable, pero también sabía que era la única manera de sellar la herida y evitar que se desangrara.

-Retírate y no te mueras, es una orden -le dije con firmeza, mi voz estaba cargada de una autoridad que no admitía réplicas. En un aleteo ágil, me elevé en el aire, manteniendo mi mirada fija en la bestia mientras me mantenía suspendido en el cielo, entre la luna y él, estudiando cada uno de sus posibles movimientos e intentando ayudarme con el Haki de Observación,  poniendo mis brazos en cruz delante de mi pecho.

Aquel bicho era increíblemente rápido y peligroso, un adversario que superaba con creces a cualquier enemigo que hubiera enfrentado antes. Como capitán, era mi deber y mi responsabilidad eliminarlo, proteger a mi tripulación y asegurarme de que nadie más cayera en combate. Conocía bien las habilidades de Tobias, sabía lo valioso que podía ser en esta lucha, pero el riesgo era demasiado alto. No podía permitir que otra muerte pesara sobre mi conciencia. Tobias debía retirarse, al menos por el momento. El capitán protege. Y yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para cumplir con ese deber.

-Eh tú, métete con alguien de tu tamaño. -le reté



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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6429 + 0 = 6429
Energia: 2776 - 356 = 2420
Espiritu: 1026 + 0 = 1026
#8
Aquel conejo, sin dejar de mirar a la luna llena, comenzó a hincharse y a aumentar de tamaño, como si fuera a estallar. Nada más lejos de esa idea, su crecimiento se detuvo una vez alcanzó el doble de su altura original, además de adquirir un pelaje mucho más largo y frondoso. Su mirada se había vuelto más inquietante todavía, Tobías estaba boquiabierto y sin dejar de mirarlo desapareció. Sin ser capaz de localizar al orejudo de seis metros, de pronto sintió un fortísimo golpe en su hombro derecho, desplazando de inmediato todo su cuerpo hasta impactar en el suelo. Y ahí estaba Tobías, decúbito prono, atontado y con un fuerte dolor en su hombro derecho, incapaz de entender que acababa de suceder. Tuvieron que pasar tres segundos para que recuperara un poco la entereza y advertir que definitivamente aquel tipo no era uno cualquiera, se estaba desangrando por donde antes estaba su brazo diestro. Detrás de él sonó la voz de su enemigo mofándose de su situación, ofreciendo echarle una mano. Su capitán no dudó un segundo y se acercó para cauterizarle la herida con sus llamas concentradas en una mano.

- ¡UHMMMM¡ - El esfuerzo para no gritar del dolor fue sobrehumano, produciendo un gemido sordo directo desde su garganta, sin llegar a abrir la boca, no quería darle a ese conejo la satisfacción de verlo sufrir. La orden de Yojimbo fue clara y concisa, tenía que alejarse de aquel tipo cuanto antes. El lunarian emprendió el vuelo entonces, situándose sobre los dos que se quedaban en tierra. Al joven barba naranja le tocaba incorporarse como pudiera y alejarse de aquella peluda bestia. No iba a ser fácil, ni cómodo, ni seguro, pero tenía que hacerlo. La voz había sonado a escasos metro de él, pero contaba con la cobertura de su capitán desde los cielos. Tobías giró sobre su lado izquierdo para quedar bocarriba y semi incorporarse como pudo, apoyándose en su único brazo. Ahí estaba la mala bestia, frente a él, a un par de metros, sonriendo como un psicópata. La rabia le incitaba a dispararle, pero en su cabeza resonaron las palabras de Yojimbo, justo antes de escucharlo retando directamente a su peludo rival. Ese era el momento, Tobías se incorporó como pudo por completo, todavía aturdido, y corrió en dirección contraria al epicentro de la batalla hasta que no pudo más y se giró de nuevo hacia la acción. Metió la mano en su zurrón y sacó el botiquín para colocarse un vendaje en la herida, ya cauterizada, torpemente con su zurda.  

Ahora tocaba esperar el devenir de los acontecimientos. La ira iba en aumento, pero no podía perder la compostura, sin la mente clara esa pelea estaba perdida. Estaba preparado para lo fuera a pasar, colocó los pies debajo de los hombros semi flexionando las rodillas, a un leve gesto de asir su arma. El dolor era casi insoportable, pero no podía flaquear en una situación como aquella. No acababa de asimilar lo sucedido, ya habría tiempo para eso.




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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3449 - 2751 = 698
Energia: 2364 + 0 = 2364
Espiritu: 960 + 0 = 960
#9
Parece que el tiguere de las alas quedó en estado de shock demensial.
Cuando saludé al tiguere con flow bacano que había perdido el brazo por mi increíble y bailongo ataque, el capitán de los alas negras se lanzó hacia él para usar sus llamas escapulares y cauterizar la herida. Se me había olvidado totalmente que los palomos del barrio pueden usar el fuego para muchas cosas. Llevan el infielno en las espaldas, pero jamás pensé que se atreviera a hacer eso con un compañero. — Er diablo, ese tiguere es bien bravo. — pensaba mientras soltaba el brazo, saltaba hacia atrás mientras observaba la escena, cruzando los brazos de nuevo para continuar el ataque. Aprovechando que estaba curando a su compañero, ambos juntos, era el mejor momento para un ataque en masa que arrasara con todo. El capitán se veía nervioso y afectado por el daño de su compañero, pero esto solo hacía que mis podere supremo se incrementaran. Los rayos de la luz lunar me bañaban y estaba ready to die tonight. Parece que había tocado un nervio y que estaban nerviosos, cosa lógica, por otra parte, pero tenía que hacerles sudar más si quería que sacaran el flow bacano. Big broda siempre dice que hay que ser de lo bueno lo mejor y no sé qué más charlatanería. Pero lo importante es hacerlo con tremendo desacato. Así, cuando el tiguere alado terminó de quemar el hombro de su compadre, se lanzó al cielo a una velocidad increíble mientras las piernas emergían en círculo para atacar.

— Ese tiguere es bravo y bien veloz... — pensé mientras echaba la vista arriba medio segundo intentando seguir su estela. — … Pero no muy inteligente. — volví mis ojos enrojecidos y llenos de furia hacia el vaquero que se giraba como tortuga fuera del agua, ahora más pasado de cocción que poco hecho, mientras el gran círculo de piernas gigantes de mi fruta der diablo atacaron en perfecto círculo a Tobías en el centro con un gesto de patada poderosa lanzaban un vórtice de muerte y destrucción a través de Rankyakus potenciados directos hacia el pirata manco, aún tendido en el suelo, justo cuando el lunarian me reclamaba desde el cielo, al que miré acto seguido, pues sería mi próximo objetivo. Aquellas ondas de corte eran los suficientemente fuertes como para cortar por la mitad a cualquier desacatao' que intentara meterse con tiguere más ágil de los Zodiacool: Lil The Stomp Yamp.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7053 + 0 = 7053
Energia: 1752 - 814 = 938
Espiritu: 1296 + 0 = 1296
#10
Ya había logrado detener la hemorragia de Tobias de la manera más cruda, rápida y, sorprendentemente, efectiva que conocía. La habilidad innata que había desbloqueado tiempo atrás, el poder de manipular el fuego, tenía infinitas aplicaciones. No solo me servía para atacar, aumentar mi velocidad, y volverme más resistente. Era un poder que, usado con destreza, podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. Había cauterizado la herida con la esperanza de que Tobias pudiera vivir un día más. Sin perder tiempo, alcé el vuelo para enfrentar al enemigo desde el aire, donde mi velocidad y versatilidad alcanzaban su máximo esplendor. Pero en cuanto mis pies dejaron el suelo, algo me golpeó, una extraña sensación que me sacudió hasta la médula. El conejo no apartaba la vista de Tobias. Al seguir su mirada, mis ojos se encontraron con el vaquero, y entonces lo vi: emergiendo del suelo, unas patas rodeadas de hojas rosadas, como todo en esta maldita isla. Una sentencia de muerte. En el primer ataque le había arrancado el brazo; en este, le arrancaría la cabeza. Sin pensarlo, abandoné mi trayectoria, lanzándome en picado hacia Tobias. Lo envolví con todo mi cuerpo, cubriéndolo con mis grandes alas negras. Nuestra diferencia de tamaño era mi única ventaja, suficiente para ocultar al ex capitán de los Shogun Gari bajo mi sombra protectora. Me convertí en una cúpula viviente, un escudo de carne y plumas.

El impacto fue brutal, salvajemente innecesario. Si no hubiera desviado mi mirada hacia Tobias, si hubiera seguido ascendiendo, ahora mismo estaríamos lamentando una pérdida irreparable. Los sentimientos se agolpaban en mi mente como una tormenta, mientras me levantaba, tambaleante, sangrando, con el corazón martilleando en mis oídos. Miles de pensamientos caóticos me atacaban al mismo tiempo, pero solo uno sobresalía con claridad. Di un paso al frente, extendiendo mis alas como un manto de sombras que apartaba a Tobias de la mirada hambrienta del conejo. Yo era el capitán, y mi deber era evitar que alguien más sufriera el destino que Peixe había enfrentado. No permitiría que volviera a suceder. Desde lo más profundo de mi ser, una voz surgió, una energía pura y ardiente como el mismísimo sol. Mis ojos se clavaron en el conejo, cargados de una determinación inquebrantable. Sentí que el poder brotaba de cada célula de mi cuerpo, y con un rugido que retumbó en el aire, desaté esa energía en un grito:



¡YO SOY TU RIVAL!



El grito fue seguido por una explosión de viento que se expandió en todas direcciones, azotando mi largo cabello, agitando mi ropa, la de los presentes, y la hierba salvaje que nos rodeaba. Con una determinación más férrea que nunca, mantuve mi mirada fija en nuestro rival. Coloqué ambos brazos frente a mí, en posición de defensa. El brazo izquierdo cubría desde mi abdomen hasta el mentón, mientras que el derecho se adelantaba ligeramente, listo para el combate. El capitán protege. El capitán lucha. Y hoy, el capitán no dejará que nadie más caiga.




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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6429 - 1587 = 4842
Energia: 2420 + 48 = 2468
Espiritu: 1026 - 577 = 449


Salto de foro:


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