Día de compras. [Presente Absoluto]
#11
Con la puesta del sol cerniéndose lentamente sobre sus cabezas, los dos piratas se giraron, percatándose de la presencia del sereno Mink. En cuanto esto sucedió, Hayato exhaló un suspiro, concentrándose todavía más en su habilidad perceptiva hasta alcanzar el siguiente nivel de ella. Si bien en sus auras podía detectar que ambos estaban por debajo de de él, sobre todo el más bajo de ellos, no era alguien que se tomase el trabajo a la ligera. Y mucho menos cuando el propio Almirante Tucrow les había encomendado la misión a él y sus compañeros. Uno de ellos, el que desprendía el aroma de un mono, alzó la voz llamándolo de forma muy chabacana, demostrando carecer de cualquier tipo de clase y añadiendo con una terrible risa que era hora de la fiesta. Ese comentario lo hizo imaginarse al admirable Tucrow, el cual probablemente habría contestado con algo como “PARA FIESTA, LA QUE TE VA A DAR ESTA, BABY”, moviendo la cola alegremente al pensar en ello. Las orejas del mink se movieron como si de antenas se trataran en cuanto su compañero se mostró confundido ante la idea de una fiesta, no comprendiendo a lo que el otro se refería. Hayato se mantuvo meditativo, todavía no acababa de encontrar la esencia para sus palabras. Desde su punto de vista, las palabras eran algo que requería de concentración y meditación. Las palabras eran el alma del entendimiento, las que forjan el futuro con quienes nos rodeaban, un arte en sí mismo. Sin embargo, aquellos dos no parecían entenderlo. Uno, simplemente vulgar y carente de estilo, y el otro hablando sin parar lanzando preguntas al aire sobre la dolencia del apacible mink. Fuese como fuese, tras aquella breve conversación, casi unilateral, entre ambos, pudo percibir como sus voluntades se torcían propiciando una batalla. El bajo se situó a un metro a la izquierda del otro, alzando sus puños en posición de pelea. Ante aquel cambio en el ambiente, sus instintos primaron sobre lo demás.

—Electro. —habló finalmente el mink, a la vez que de su cuerpo comenzaban a surgir chispas eléctricas, cargándolo con una fuerza ancestral, erizando todo su pelaje y haciendo danzar las holgadas ropas sobre su cuerpo— Soru. —añadió tras sus anteriores palabras, casi al instante.

Con la empuñadura todavía sostenida con su mano derecha, Hayato se abalanzó a una velocidad vertiginosa hacia el hombre alto.

—Tenken. —alzó la voz de nuevo, sin un solo atisbo de variación en su tono, sereno como el rumor de un río.

Hayato, en un movimiento que, de haber podido ser visto, hubiese mostrado la habilidad de un experimentado espadachín formado en cientos de batallas, desenfundó a Hauru con el filo electrizado y bañado en un color oscuro como la misma noche, pasando la hoja de esta por el muslo derecho de su objetivo. El movimiento, certero a la vez que veloz, fue lo suficientemente preciso como para que el mink pasase por su lateral, finalizando el ataque a 5 metros por detrás de este. Como si de una revelación se tratara, al haber hundido la hoja en su enemigo, finalmente halló las palabras que tanto le había costado encontrar. Alzó la espada al cielo, todavía envuelta por ese murmullo eléctrico, colocando su mano izquierda ante su hocico, con los dedos extendidos y abiertos como un abanico.

—Vosotros, piratas, hacedores del mal, villanos que propician el fin de toda bondad habida y por haber. Os encontráis frente a The Paw, miembro de los aclamados y soberbios Zodiacool. —dijo de espaldas a ambos y manteniendo su noble pose con la katana alzada— Bajo la atenta mirada de mi señor, el Almirante Tucrow, me ha sido encomendada la ardua, pero justa, tarea de llevaros ante la inexpugnable ley. Abandonad toda la esperanza, aquellos que se opongan a ella. Rendíos ahora y mostraré clemencia. Awoooooof.

Tras sus palabras y el leve aullido lobuno, con la electricidad fluyendo por su cuerpo todavía, el mink bajó su izquierda hasta la funda y volvió a guardar en ella su espada con su diestra, en un movimiento delicado y sumamente sosegado. No deseaba pelear, aquellos jóvenes, tal vez, y solo tal vez, pudiesen ser reformados algún día y convertirse de nuevo en miembros de la sociedad.

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#12
- ¿Qué yo que?

Me sentía ligeramente aturdido, como si me acabase de despertar o aún siguiese sumido en un extraño sueño. Nos habíamos topado con la marina, el brazo de la ley, los “buenos”, los que perseguían a personas como yo. Y es que en muchas ocasiones se me olvidaba nuestra condición de piratas: éramos los “malos”, no podíamos deambular por ahí sin consecuencias, porque ya no era una estrella de los medios, no al menos de la misma forma que antes. Y para más inri, Kenzo. Aunque no despegase la mirada de aquel imponente desconocido y su katana, podía ver con claridad al pequeño, apostado a mi lado en posición de pelea. Me consideraba alguien pacifista, no muy versado en la pelea, y con cero ganas de estropear la maravillosa manicura que días antes me había hecho una okama barbuda por un precio estratosférico, pero Kenzo era un niño, por muy valiente y fuerte que fuese, así que en gran parte me sentía responsable de él.

- ¿Mi apoyo? Más bien necesito a alguien que nos saque de aquí -pensé, recuperando poco a poco la consciencia sobre mi mismo y la situación. No tocaba otra que afrontar la realidad, de que era muy probable que tuviésemos que pelear y, peor aún, que me iba a romper más de una uña; malgastar el dinero me ponía furioso. De pronto, durante el transcurso de un fugaz parpadeo, sentí una fuerte punzada de dolor en mi muslo derecho, la cual me hizo tambalear y ladearme para caer arrodillado sobre dicha pierna. Ahora tenía de frente a Kenzo, a un metro de mí, y a mi derecha al marine, a unos 5 metros de distancia. Un desagradable hormigueo recorría mi pierna derecha, similar a cuando me daban calambres tras los largos y tediosos ensayos de ballet. Tras frotar brevemente la pierna afectada, sin despegar la vista de Kiba, alargué mi mano para extraer uno de mis pintalabios de la pernera ensangrentada. Tras quitar la tapa del mismo con una sola de mis manos, me pinté los labios de un potente color fucsia y los apreté para después chasquearlos con un sonoro ruido seco-. Hablas demasiado, marichocho. Además, no pienso entregarme a una banda con un nombre tan feo.

Coloqué la palma de la mano sobre mis labios y lancé un beso al aire, haciendo que unos enormes morros de glitter surgiesen- The Deadly Glitter Kiss -dije coqueto mientras los labios se desplazaban en línea recta hacia la espalda del marine. Entregarnos no era una opción, por lo que ofrecer pelea era lo único que se me ocurría. No podía dejar que nos apresaran y menos a Kenzo; ¿es así como se siente una madre soltera?



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#13
Me quedé mirando a aquel perro gigante ciego, sorprendido por su elegancia y postura. A pesar de que tenía dos cicatrices en sus ojos y parecía completamente temible, su postura recta y presencia intimidaba y exigía respeto. Durante apenas un momento, pude percibir cómo se rodeaba de unas chispas electrizantes, que seguramente al mínimo contacto provocarían una descarga que te dejaran en el mismo sitio y sin vida. Parpadee y esa fue la última vez que lo vi en esa posición, no sabía donde estaba y lo noté detrás de nosotros, y a Aspros con un corte en la pierna derecha.


Abrí los ojos completamente alucinando de lo que acababa de pasar. No terminaba de entender que la velocidad de aquel mink perro fuera tan enorme, ni que en apenas un parpadeo se hubiera desplazado tan rápido. Giré la cabeza y escuché lo que comenzó a decir. Hablaba con unos términos que no entendía. ”¿Hacedores del mal? ¿Ardua? ¿Inexpugnables? ¿Es acaso una biblioteca andante? ¿Quien usa esas palabras a día de hoy?”. Me pregunté mientras hablaba, y por ende, no lo escuché ni le saqué sentido a lo que dijo.


Tras la respuesta de Aspros, que parecía que lo había entendido todo, le lanzó un ataque y ahí supe que tenía que actuar. Me puse tras aquellos labios gigantescos, y preparé mi puño derecho, cargándolo hacia atrás para que, cuando recorrí la distancia que nos separaba lanzarle aquel golpe en la boca del estómago. -¡RYUKEN!- Grité tras lanzarle aquel golpe que, realmente, esperaba que le impactara al perro gigante ciego.

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#14
Muy a su pesar, en el aire todavía flotaba el hedor de la batalla. Pese a la desmedida clemencia que Hayato había mostrado al pedir con amabilidad que se rindieran, los corazones de aquellos dos sujetos todavía ardían con fiereza. Así lo sintió él y, rehusando por completo la idea de rendirse y hacer caso a su advertencia, ambos se lanzaron al ataque, aprovechando que el mink se encontraba de espaldas. Y por si fuera poco, el alto de los dos osó insultar el nombre de su grupo, otorgado por ni más ni menos que su admirado Tucrow, haciendo que el canino frunciera muy ligeramente el ceño en señal de desagrado. “Almas ingenuas… Ni siquiera son capaces de darse cuenta que esto ni siquiera puede llamarse una batalla.”, pensó negando con la cabeza de espaldas a ellos. El herido, al que acababa de atacar hacía un momento, hizo un movimiento para pintar sus labios de los cuales salió una extraña bola carente de forma que se deshizo manchando el suelo con una sustancia parecida a la tinta justo frente a él. El pequeño, a su vez, confiando en las acciones del otro, se lanzó al ataque, interponiéndose entre ambos para después avanzar a través de la mancha de tinta que su compañero había dejado en el suelo. Las intenciones de este eran claras, queriendo avanzar hasta él para golpear en su espalda, pero antes de que pudiera desplazarse lo suficiente, el mink entró en acción.

—Nanbatai. —dijo mientras flexionaba las piernas reduciendo su altura de manera drástica en tal manera que podría parecer imposible para un cuerpo como el suyo.

De un salto, paralelo al suelo, dando este a una velocidad superior incluso a la que había tenido un momento atrás y todavía con la electricidad fluyendo por su cuerpo, el mink se desplazó tres metros en diagonal hacia atrás a su derecha. Al llegar a la posición, apoyó únicamente su pierna derecha en el suelo y rotó sobre ese eje para lanzar una patada al aire con la izquierda aprovechando toda la inercia de su desplazamiento acumulada hacia ambos objetivos separados por exactamente cuatro metros de distancia.

—Rankyaku. —sentenció el mink a la vez que de su patada surgía una poderosa onda de viento que avanzó en dirección a sus dos enemigos a la altura de la cintura del alto y del pecho del bajo.

Al terminar el ataque, con la pierna del marine todavía alzada, a través de sus anchos ropajes, se pudo ver bajo la anaranjada luz del sol como relucía algo metálico, mostrando que sus piernas estaban ahora compuestas por unos muelles en un tono negro que enseguida pasaron al color grisáceo del acero en lugar de carne y pelaje. Cruzó sus brazos frente a su pecho, formando puños con sus manos y levantó el mentón al cielo, señalando hacia ambos con su pierna alzada y manteniéndose en la posición con un leve balanceo de arriba a abajo por el muelle en el que se sostenía.

—Dejad la lucha,
mi fuerza os domina,
venga la paz.
—declaró el canino estoico, sin alteración alguna en su semblante, recuperando sus piernas a su forma original y volviendo a alzarse sobre ambas, dejando la mano derecha descansar en la empuñadura de su katana y con los rayos desapareciendo de su cuerpo— Es deleznable que continuéis con vuestra afrenta, con esta batalla sin sentido. No deseo vuestra muerte, más tampoco soy ajeno a ella. Debatíd, comentad, llorad a los cielos si lo deseáis, mas con estas palabras espero que comprendáis mis intenciones. No soy más que uno de los brazos de ley, una más de las espadas de nuestro amado Almirante Tucrow. Ahora, si sois tan amables, hincad la rodilla para mostrar vuestra buena fé paraconmigo y esto no tiene por qué terminar en una tragedia. Awoooooof.

Tras decir aquellas palabras, Hayato quedó en la posición relajada con ambos oponentes frente a él, kenzo a 2 metros en diagonal al frente a su izquierda y Aspros a la misma distancia en diagonal al frente a su derecha

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#15
Mi mente a penas podía seguir el ritmo de la batalla pero, lejos de sentirme asustado o enfadado, me consumía una extraña sensación, como si mi cuerpo fuese ajeno a mí y no me perteneciese. Nunca había peleado junto a Kenzo aunque, a decir verdad, casi nunca había peleado por mí mismo. Las batallas siempre habían sido mi asignatura pendiente, mi tarea por tachar. Y es que a pesar de ser alguien ajeno a la lucha, un pacifista, no podía ser ajeno a aquello en lo que yo solo había decidido convertirme: un pirata, y los piratas deben pelear, ¿no?

Antes de que pudiera percatarme, me encontraba de nuevo siendo golpeado, ahora por lo que parecía una onda cortante que se desplazaba a gran velocidad por el aire. Rezagado en el suelo, no pude más que encarar el golpe y ladearme aún más, quedando prácticamente tendido, apoyado sobre mi hombro izquierdo. ¿Qué había sido aquel fugaz brillo entre los extremadamente anticuados ropajes del marine? ¿Otro poder? No podía saberlo a ciencia cierta, puesto que tras recibir el golpe, mis pensamientos se detuvieron y el mundo comenzó a girar.

- Yo... -dije, o al menos creí decir, mientras agarraba con el puño zurdo un puñado de tierra del suelo para, segundos después, volver a soltarlo. Me sentía impotente y preocupado, no por mí, sino por Kenzo, por lo que pudiese ocurrirle si no escapábamos de aquella situación. Al fin y al cabo era un crio. Luego estaba yo, un bombón celestial al que se iban a rifar en el calabozo, pero en peores plazas había toreado-. ...yo... soy yo... la que sigue...aquí.

Tras aquellos momentos en lo que sentía que se me había ido la cabeza, una extraña sensación emergió de la boca de mi estómago. Sentía mi piel erizada, fría y caliente a la vez, insensible y a la vez receptora de muchas sensaciones. Sentí como mi cuerpo intentaba empujar algo fuera de mí, expandiéndome como un globo. No podía despegar la mirada de aquel marine tan hortera y charlatán, ¿qué estaba diciendo ahora? ¿llorar al cielo? ¿hincar rodilla? ¿Acaso quería que me casase con él? Era la única opción lógica.

- Pero cómo voy a hincar rodilla yo... -dije al fin, aún tendido en el suelo sobre mi codo izquierdo. Junto a mis palabras, sentí mi cuerpo estallar, como una fuerte exhalación de glitter, perfume y rosas que se abalanzó por doquier, como si fuese consciente de todo y de nada, como un oleaje sin control. No podía dejar de pensar en Kenzo, en los Alas Negras, en mis padres, en mi maestra, en mí...yo.- ... MARICHOCHOOOOOOOOOOOOOOOO
 

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#16
Me quedé completamente sorprendido cuando el ataque de Aspros quedó dibujado en el suelo, como un mal graffiti; pero me quedé aún más sorprendido cuando finalicé aquel golpe, pensando en que le iba a dar, pero aquel perro redujo tanto su tamaño que fue imposible darle, mientras que saltó para alejarse completamente de mí. Antes de querer girar la cabeza para seguir su trayectoria, recibí una potente patada en mi pecho, que me hizo abrir los ojos de par en par por el dolor que recibí.

Caí al suelo, y me llevé la mano izquierda de manera inconsciente al lugar donde había recibido el golpe. Me costaba casi respirar, e incluso enfocar el lugar en el que estaba, sintiéndome algo aturdido y desorientado. Con esa mano, me dí un fuerte golpe en el pecho, para recuperar un poco el norte y saber donde estaba y en la situación que estaba. Antes de levantarme, pude enfocar las piernas de mi rival, que ya no eran piernas sino muelles, que pasaban de color oscuro a color grisáceo. ”O estoy flipando del golpe que me ha dado, o es un usuario.” Pensé mientras me levantaba y le encaraba, esperando a poder ver el siguiente movimiento que iba hacer.

Sin embargo, lo que hizo fue comenzar a hablar sobre el Almirante Tucrow y que nos rindiéramos arrodillándonos. Esbocé una media sonrisa cuando finalizó de hablar, negando con la cabeza, pero justo cuando iba a responder, algo impresionante sucedió.Aspros se levantó, y le respondió que como iba él a hincar rodilla, para acto seguido, lanzar un grito del que salió una especie de onda expansiva que movió mi cabello y mi ropa, pero además, algo dentro de mí hizo que me entrara bastante miedo, estaba realmente acojonado, como solía decirse, y eso que era mi compañero. ¡Menudo bestia tenía que ser!

Entre que me sentía bastante lento, y que no me veía preparado para realizar algún ataque de nuevo, teniendo en cuenta que el perro era mucho más rápido que yo y que me volvería a golpear decidí dejar la batalla a los verdaderos animales y bestias. Por eso, cogí todo el aire posible y me llevé la mano izquierda a la fosa nasal derecha, tapándola, para acto seguido, expulsar de mi otra fosa nasal lo que parecía un moco, y que poco a poco comenzó a crecer y crecer hasta convertirse en una enorme burbuja a la que me subí, para luego, con la mano izquierda, hacer un gesto para que subiera tan rápido como me fuera posible y subir hasta ponerme a nueve metros de altura sobre ellos, escapando de aquel lugar que respiraba locura.

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#17
Tras aquella muestra de poder, Hayato, de todo corazón, deseaba que sus enemigos aceptasen la derrota. Mas, por segunda vez consecutiva, rechazaron su oferta. De una forma u otra, ambos habían acabado en el suelo, sin haber sido capaces de impactar un solo ataque sobre el mink. ¿Realmente creían que podían hacer algo contra él? Pues así debía ser, pues el alto se negó a hincar la rodilla y aceptar pagar por sus pecados. El marine se dispuso a dar un paso al frente comenzando a desenvainar su arma, pero antes de hacerlo, siguiendo a las palabras de aquel pirata, una ominosa aura se expandió atravesando su cuerpo como una ventisca en mitad del invierno. Por un momento, Hayato sintió miedo, un miedo visceral e innato en todos los seres vivos. Era la misma sensación que sentirías al ser acorralado por una bestia, por un monstruo que te mira sonriente y relamiéndose los labios, dispuesto a acabar contigo en cualquier momento. La mano que sostenía la katana comenzó a temblar, pero reafirmó su agarre con la contraria. Aquel poder… era Haoshoku. Eso significaba… que aquel pirata tenía el poder para convertirse en alguien peligroso. Por el momento, con el Kenbunshoku activado a su alrededor, podía sentir su aura y quedaba claro que todavía le quedaba mucho por delante para convertirse en alguien verdaderamente temible. Todavía podía evitarse una desgracia mayor, todavía podía erradicarse la ponzoña que iba a contaminar el lago. Al sentir la resolución fluir de su pecho, su mano dejó de temblar y desenfundó el arma mientras su compañero expulsaba de su nariz una sustancia extraña y generaba una pompa. El mink flexionó sus rodillas y blandió velozmente la hoja, que tomó de nuevo un color azabache, hacia el alto, cruzando su pecho desde abajo hacia arriba y seguidamente, con un rápido movimiento de muñeca, giró la espada para cortar de nuevo hacia abajo, dejando una X en el pecho de su enemigo postrado en el suelo apoyado sobre su codo. El hedor metálico de la sangre inundó las fosas nasales del canino, el cual finalizó el ataque doblando la pierna derecha y pasándola por encima de la rodilla contraria, flexionada, quedando esta apoyada sobre la otra. A la vez, colocó su mano izquierda ante su morro con el índice y corazón extendidos hacia el cielo y con los demás dedos contraídos.

—Awoooooof. —ladró el mink manteniendo su posición— No me complace tener que acabar con tu camino, rey, mis palabras son sinceras. —elevó su cabeza en dirección al pequeño, que se elevaba sobre la pompa que había creado y lo apuntó con la katana ensangrentada sostenida en su diestra— Asume tu derrota, no queda otra, o juro que mi próximo ataque acabará con la vida de tu rufián compañero. La elección queda en tu mano, pero déjame decirte que la vida, aunque cautivo te encuentres, sigue siendo vida, y ese es un destino mucho más clemente que la fría e inexorable muerte.

Con la sentencia emitida, Hayato esperó, sosteniendo la espada extendida hacia el joven elevado. Sus vidas, en sus manos. Él no era juez. Él no era verdugo. Él tan solo era una espada.


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#18
- Siento…no ser tan fuerte…Kenzo – desconocía si había logrado emitir sonido alguno o si aquellas palabras solo existieron en mi mente, entumecida. Me sentía cansado, desorientado, pero extrañamente tranquilo, como si todo aquello no fuese conmigo. Segundos antes había sentido surgir de mi interior un poder inconmensurable, que había sido capaz de causar temor en mi adversario, pero el cual no era capaz de controlar del todo por el momento; era débil, y eso me molestaba. No porque quisiera pelear, sino porque quería ser fuerte para defender a mis nakama.

Tras el último golpe del mink, igual de veloz e impredecible que los anteriores, me encontraba recostado, con la espalda apoyada en el suelo y la vista puesta en el cielo. Haciendo alarde de un extraño poder, seguramente originado por una fruta del diablo, Kenzo se había elevado unos cuantos metros sobre nosotros, montado en una burbuja de un líquido oscuro y oloroso. ¿Era alcohol? ¿Se trataba de un niño alcohólico? ¿Nos perseguía ese marine, avisado por los servicios sociales, por la presencia de un niño alcohólico en la banda? Seguro que era por eso.

- Ay por favor, cállate ya marichocho -dije quejoso mientras apretaba el arco de mi nariz con el índice y el pulgar de mi diestra, expresando un enorme fastidio ante la constante verborrea del marine. Acto seguido extendí los dedos de esa misma mano para comprobar que todas mis preciosas y brillantes uñas seguían en su sitio. - Perfecto, toda una victoria -pensé, contento de no tener que volver a gastarme un pastón en manicura y tener que dar explicaciones al capitán sobre aquel gasto extraoficial. Aparté la mano de mi rango de visión para enfocar de nuevo a Kenzo, que montado en aquella burbuja parecía una especie de aparición creada por mi imaginación delusional.- ¿Si me voy contigo…-dije, ahora mirando al marine- …dejarías en paz al crio?


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#19
Una vez que Aspros desató ese aura que tanto me acojonaba, la reacción de aquel mink no se hizo de esperar, y en menos de un parpadeo, se posicionó frente a mi compañero y le propició un par de cortes en el pecho que lo dejaron caer al suelo. Con el ceño fruncido, mi cabeza comenzó a funcionar a mil por hora. "¿Y que hago ahora? Quería recuperarme un poco, pero por mi culpa, ha atacado a Aspros y ahora está ahí, sin nada que hacer... ¿Si le lanzo un palo saldrá corriendo detrás de él?" Me pregunté muy seriamente. "¡No es momento de pensar tonterías, Kenzo! ¡Hay que derrotar a ese marine como sea! ¿¡Pero como!? ¡Yo que se! ¡Buscate la vida, pero yo que tu huiría!" Discutía conmigo mismo, pero claro... ¡Apenas podía hacer nada contra ese animal!

Una vez que el mink perro atacó, comenzó a hablar, pero no lo escuchaba bien, así que descendí dos metros y me puse justo sobre él con un simple movimiento de dedos. Volvía a insistir en que nos rindiéramos. ¿Es que no le había quedado claro que no lo íbamos a hacer? Preferíamos perecer en batalla a rendirnos ante la marina. ¡Éramos piratas y nos dedicábamos a esto! Sonreí levemente al imaginar como sería ese capítulo de mi libro en el que escribiría como conseguimos escaparnos de aquel vil marine en las últimas, pero claro, para eso teníamos que escapar, y tenía que dejar de pensar en tonterías.

Esperaba una respuesta de Aspros en la que le volvía a rechazar la propuesta de rendición, pero fue todo lo contrario. Se ofreció a sí mismo para que me dejara libre a mí. Fruncí el ceño con fuerza, enfadado completamente. Es verdad que tenía miedo, y que me dolía un poco el cuerpo, pero eso que dijo no me gustó ni un pelo. -¡NI SE TE OCURRA DECIR ESO ASPROS! ¡SI TU TE VAS, YO TAMBIÉN ME VOY CONTIGO!- Sin embargo, a pesar de mis palabras, seguía ahí, sin moverme, presa aún del miedo. Golpeé, fruto de la rabia e impotencia, la burbuja en la que estaba flotando, y, sin esperarlo, aquella burbuja explotó y me caí.

Caía en picado sobre marine, aún sorprendido por lo que acababa de pasar, con la cabeza por delante. Sentía el aire en mi cara, y mis mofletes moviéndose a una velocidad algo inusual. Mi brazo derecho algo retrasado, y con mi brazo izquierdo, desvié la katana hacia otro lado para que no me ensartara, y así impactar mi cabeza contra la cabeza del marine, para decidir en apenas unas milésimas de segundo, que era el momento oportuno para lanzarle el golpe más potente posible y hacerle el máximo daño posible. -¡RYUKEN!- Grité tras hacer acopio de todas mis fuerzas para proyectarle un derechazo en la cara. Tras eso, puse el brazo izquierdo para dar una voltereta en el suelo y caer sin hacerme ningún daño, mientras lo encaraba y me interponía entre Aspros y mi rival. Alcé los puños, que me temblaban a causa del miedo que sentía, y lo miré con una débil sonrisa, que más bien parecía una mueca. -Recuérdanos, perro. Somos Aspros y Kenzo, los nakama del futuro Rey de los Piratas. El que debe rendirse eres tú.- Y tras eso, solo quedaba esperar... ¿La muerte? No, no seamos tan negativos. Tras eso solo quedaba esperar a que alguien nos consiguiera echar un cable. Así mejor.

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#20
En su posición extraña de sentadilla, el sabueso prestaba atención a sus dos enemigos, apuntando con su arma al que levitaba sobre él. A esas alturas ya debían comprender con claridad su situación, o eso esperaba él, de nuevo. Tumbado en el suelo, el alto se quejó, dirigiendo su voz hacia el marine para preguntarle si dejaría en paz al joven si se entregaba.

—… —se mantuvo el mink en silencio, meditando sobre lo que implicaba aquello.

Por un lado, uno de ellos pagaría por sus crímenes y sería llevado ante la justicia, pero por el otro quedaría uno libre. No era una opción válida, por desgracia. Y menos cuando se trataba de tan solo un crío. Para el perruno, capturar al joven era hacer lo mejor para el chaval, por muy mal que pudiese sonar. Tal vez podrían ser más permisivos y reformarlo para reincorporarlo a la sociedad. Incluso, pensó, tratándose de un usuario, podría aspirar a convertirse en un marine y que sus crímenes fuesen arrojados al olvido. Podría tener un gran futuro… Mientras cavilaba sobre la situación, el joven le gritó a su compañero, que si él se iba, él iría con él. El perro suspiró, y, algo que escapó a su percepción sucedió, haciendo estallar la bola que flotaba por encima de él. El niño se precipitó hacia él, directo hacia su espada, e intentó desviarla. En cuanto sintió la mano posarse sobre su espada, rotó sobre si mismo deshaciendo su pose y dio un paso alejando tanto el arma como su cuerpo un metro, acortando la distancia hacia su enemigo tumbado en el suelo, quedando ahora a un metro de él. El chaval se estampó de bocas contra el suelo frente a él al no encontrar nada más con lo que impactar. En ese momento, Hayato blandió la hoja de su katana en un veloz movimiento, a la vez que su arma se envolvía en un color negro. Impactó su hoja directamente en la espalda del chico frente a él en el suelo, repitiendo el ataque que hacía unos momentos había sufrido su compañero y dejando en su espalda una X marcada en ella. Envainó la katana y dio una vuelta de trescientos sesenta grados, llevando su diestra al centro del pecho, cogiendo entre sus dedos su kimono y llevándolo hacia afuera para abrirlo ligeramente hacia la derecha. Apoyó la mano izquierda en su cadera del mismo lado y flexionó las rodillas ligeramente.

—Se acabó, awoooooof. —sentenció el marine alzando el hocico al cielo, donde la luna asomaba ya en el cielo— La huelo… —murmuró el mink casi para si mismo— Siento que la jornada llega a su fin, al igual que vuestros días de fechorías. Lamentablemente, y muy a mi pesar, no puedo permitir dejaros a ninguno en libertad. La órdenes son absolutas, y en algún futuro lo agradeceréis. Decidme, ¿podéis verla en lo alto? —preguntó retóricamente acompañando la pregunta con un suspiro— Su luz de plata baña ahora este reino impío. Esquiva mi mirada cada noche, pero la siento. ¿Bañará también la piel de mis compañeros en su lucha contra vuestros compinches? Me pregunto como les…

Las orejas del can se irguieron en un instante a la vez que su cola se extendía, tensa. Volvió a una posición serena, apoyando la mano derecha sobre la empuñadura de su arma. Levantó el labio superior a la vez que un gutural gruñido surgía de su garganta, dejando entrever su dentadura blanca ligeramente por un instante. ¿Era posible aquello que notaba? La presencia de varios de sus compañeros había desaparecido por completo, se habían extinguido como pequeñas cerillas en mitad de un vendaval. En completo silencio, recuperando su imperturbable expresión, Hayato emprendió la marcha hacia su derecha, dejando atrás a ambos piratas. Sus pasos eran sosegados y el silencio de la calle hacía que no se escuchara más que el repiqueteo de sus geta de madera sobre los adoquines.

—La parca ha acudido hoy a Momoiro. Su hoja ya ha dictado sentencia de muerte… —dijo el mink alejándose a paso lento— pero no la vuestra. Sanad vuestras heridas, buscad cobijo en la noche. Vuestra carne volverá a probar mi hoja… mas no hoy.

Hayato se dirigió hacia una de las calles laterales, frenando un momento antes, como si quisiera mirar hacia ambos, a pesar de no poder hacerlo.

—Luna en lo alto,
sombras llevan la muerte,
silencio eterno… —finalizó antes de desaparecer tras la esquina.

Tras haber dejado a sus enemigos atrás y haberse alejado a través de uno de los callejones, Hayato metió la mano izquierda en su bolsillo, buscando cuidadosamente un utensilio que no había esperado tener que usar. En ella, ahora reposaba lo que parecía una gruesa bara rojiza del tamaño de una botella de vino, que tenía en un extremo lo que parecía un botón en color blanco. Elevó la mano en dirección a las estrellas y accionó el botón. Un fogonazo, que de haber mantenido su visión, lo hubiera cegado, surgió de la punta inferior del utensilio y, como un géiser, la parte superior salió despedida a lo alto. Cuando dicha punta llegó a alcanzar los 200 metros de altura, dejando tras de sí una línea de humo blanco, esta estalló en pedazos como si de un fuego artificial se tratase, dejando una marca en forma de pata canina que iluminó el cielo nocturno de la ciudad, visible desde cualquier punto de la isla, como si de una constelación se tratase, y acompañada de un fuerte estruendo por la explosión. Después de lanzar la bengala, aceleró su paso con un destino muy claro en mente.

Aclaraciones

Invasion
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6381 + 0 = 6381
Energia: 992 + 0 = 992
Espiritu: 926 - 888 = 38


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