La vieja de la taberna estaba detrás de la barra tejiendo algo muy entretenida. Yo tampoco pensaba que a los ratones les gustara mucho ponerse esa ropa, pero al menos le hacía ilusión y estaba entretenida. Pocas más cosas había que pudiera hacer en aquel lugar. No me la imaginaba retando a pulsos ni jugando a los dardos con la clientela, y tampoco entablando amistad con ellos. La primera vez que vine se puso tan contenta que, si no le llego a decir que no, me hubiese tejido un gorro en aquel momento. Aunque es poca cosa teniendo en cuenta que al señor del piano ya le ha hecho dos gorritos, una bufanda y tres jerséis. Con este buen trato como para querer ir a otra taberna, si solo saben pedir y pedir.
No sé si será igual en todas las islas, pero yo no aguantaría tratar con gente tan codiciosa, siempre con tretas e intentando engañar. Esa era una de las razones por las que no me iría de aquí. Cuando le dije a Legan que no estaba muy segura de conocer su sitio favorito, me sorprendió con su optimismo. Ni siquiera había montado en barco antes y mentiría si dijera que no he pensado en salir de aquí para conocer mundo, pero teniendo en cuenta lo imprescindible que era en el pueblo se me hacía muy difícil pensar en irme algún día.
-¿Ramirals? No me suena, que nombre más raro – me preguntaba qué tipo de isla sería. A lo mejor era una en la que todos hablaban cantando o en la que se ponen gorritos divertidos. Le podría traer uno al Capitán Barks, que seguro que estaría muy gracioso. Antes de que pudiera seguir divagando, me habló de otra isla que también le gustaba. Aunque lo dijo con un aire triste, seguramente porque lo echaría de menos. Al parecer allí se crió con su vieja y con unos Tontattas que a saber qué era eso. - ¿Tontattas? Qué animales más agradables son esos y qué listos si son capaces de hacer esas cosas. Me gustaría ver alguno, qué suerte tienes.
También me habló de su maestro, Cromp, un gigante que no solo le enseño a pelear, sino que le contó historias para conocer este mundo. Yo tengo a los borrachos del pueblo que me cuentan historias de un ser medio reptil que le chupa la sangre al ganado y que me enseñan a jugar al póker escondiendo cartas, nada que envidiar desde luego.
Pareció gustarle mucho la historia sobre el diente que gané a los dardos. Y eso que no ha visto mi colección de patatas que parecían caras, lo malo es que ya empezaban a oler un poco raro. La belleza era tan efímera… al menos los dientes durarían más.
Cuando le pregunté sobre si era vendedor, soltó una pequeña broma que hizo que al principio le mirara un poco raro, pero que finalmente me provocó un suspiro de alivio. Me caía demasiado bien como para tener que pillarle manía. Según me dijo, estaba buscando una navegante para su grupo. A pesar de su tono serio, se le veía completamente emocionado. Mientras sonreía ampliamente, me lazó un guiño cómplice y me propuso explorar el mundo con ellos y unirme en la búsqueda de sus sueños. Percibí cómo u entusiasmo empezaba a contagiarme; sin embargo, unos pensamientos irrumpieron en mi cabeza. Estaba mi granja, mis animales, mis viejos, el Capitán Barks… no podía dejarlos a todos cuando aún me necesitaban.
-Me siento muy halagada de que quieras contar conmigo, de verdad. Pero aún tengo trabajo que hacer por aquí. No descarto salir algún día para conocer el mundo, pero ahora no es el momento. Me sentí un poco triste por tener que declinar su propuesta, ya que me hacía ilusión conocer a alguien entusiasmado como él, pero así eran las responsabilidades. -De todas formas, no serviría como navegante ni aunque tuviera tres ojos – intenté bromear para quitarle importancia.
Este golpe de realidad me hizo darme cuenta de que ya había estado holgazaneando mucho tiempo y que mis viejos se enfadarían conmigo cuando volviera. -Mientras tenga quehaceres aquí que dependan de mí, no puedo ir a ningún lado.
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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli
Estaba claro que a esta chica le gustaría muchísimo la isla Ramirals. Con lo peculiar y divertida que era ya me la estaba imaginando charlando con los caballos-loros. Sin embargo, no pienso revelarle absolutamente nada, la sorpresa merecía la pena. - ¿Tontattas? Qué animales más agradables son esos y qué listos si son capaces de hacer esas cosas. Me gustaría ver alguno, qué suerte tienes. – Me dijo con una cara llena de dudas pero divertida. Seguramente quería alagarlos al saber que eran importantes para mi aunque no supiese nada de ellos.
- Jajajajaja, si algún Tontatta te escucha decir eso, ¡Prepárate para la peor tortura posible! – Dije entre risas – Se colarán entre tus ropas para hacerte cosquillas hasta que llores a mares jajajajaja.- Tras la broma volví a dar otro trago y sonreí.
- Los Tontattas son como nosotros, o más bien como tú, aunque miden lo mismo que la palma de tu mano. – Le dije señalando su mano. – Aunque tienen muchas más peculiaridades, no son exactamente humanos, pero a efectos prácticos… sí, lo son.
No sé cómo no había caído antes en explicárselo, no conoce las razas de este mundo ni muchas otras cosas que hay allí fuera. Sin duda mi idea de invitarla a unirse a nosotros podría ser de su agrado. El mundo está lleno de emoción y gente interesante, incluso en este pequeño pueblo puedo encontrar a una compañera de aventuras.
No obstante, su respuesta me dejó algo triste, a pesar de entender perfectamente sus motivos. Podía entender lo que era tener sobre tus hombros una gran carga de responsabilidades, y no iba a insistir en ello más. Una pena, de seguro hubiese sido genial tenerla a nuestro lado.
Para quitarle hierro al asunto fingí que su respuesta me había afectado, casi como si llorase. Aunque era evidente que era todo teatro exagerado. Pero por si las moscas rompí rápido ese teatro riéndome un poco para después devolverle una sonrisa. - No te preocupes Jolyne, entiendo lo que me dices. Al final todos tenemos algo que hacer ¿Verdad? – Le comenté mientras me levantaba estirando mis brazos. Volví mi mirada hacia el exterior, contemplando el paisaje y sonreí de oreja a oreja.
- El mundo es un lugar inmenso Jolyne. A penas he visto muy poco, y estoy deseando conocer al mundo entero. – Dirigí mi mirada bromista hacia ella riendo un poco para preparar mi siguiente frase. – Y el mundo a mí, ¡Claro!
Di unos pasos hacia la salida dejándole el pago por las bebidas a la señora en la barra del bar, observando la gran belleza que había allí en los colores tan vivos que poseía el lugar.
- Si alguna vez te decides por salir al mundo, puedes contar conmigo. Será un placer tenerte a nuestro lado jajaja. – Le contesté sonriente de oreja a oreja, esperando volver a encontrarme con ella algún día.
Me percaté entonces de la posición en la que estaba el sol y suspiré un poco pensando en que ya era mi hora de irme si no quería que el barco se fuese sin mí. Era momento de despedirme, y en esta ocasión podía decir con total sinceridad que había sido un placer. Siempre recordaré esta tierra, las historias de sus vecinos, y a Jolyne.
Seres pequeños como ratas eran los Tontattas, seguramente vivan en flores o dentro de las setas, coman bayas y usen cubiertos pequeñitos. No dejaban de ser criaturas raras y extraordinarias. Si vivieran en la granja sin duda yo les dejaría mis cosas para que se hicieran una de sus casitas diminutas. Conforme Legan me contaba, era maravilloso escuchar lo diverso que era el mundo. Qué envidia no tener responsabilidades en un sitio concreto. Aunque, si lo pienso, tal vez me gustara escuchar todas esas historias ya que no me hacían sentir tan diferente con dos alas y antenas de bicho en la cabeza. Vivir en el mismo pueblo y rodeada de la misma gente hacía que mi visión del mundo fuera bastante limitada.
Aunque no pudiera marcharme de aquí por el momento, su propuesta me hizo tener más presente la idea de salir a conocer mundo. Me alegré de que se tomara tan bien mi respuesta. Entendió a la perfección que mi vida estaba aquí y que no podía dejarlo todo tan fácilmente. Él sabía muchas cosas y aun así estaba convencido de que lo había visto era muy poco. Entonces yo sí que tenía trabajo por hacer y mundo por recorrer.
Se levantó para darle a la vieja lo que parecía ser dinero. Hace tiempo que no me cobraba nada de lo que me servía. Dios sabe lo que llevarían las bebidas para que me las diera gratis. Pero al menos, sé que a ella el dinero le vendrá bien para poder vestir a sus gatos.
Parecía que la conversación había llegado a su fin y que tendría que irse a su próximo destino. -Si es que vuelves por aquí, pásate por mi granja a saludar – me levanté y empecé a sonreír, pero me entró un ataque de tos y tuve que escupir de nuevo. – Y si no, estoy segura de que nos encontraremos en alguna parte del mundo. Me acerqué a la puerta del viejo granero y con otra sonrisa, esta vez sin tos, me despedí con la mano de Legan con la esperanza de volver a verle. Conocerle me sirvió para darme cuenta de muchas cosas, entre ellas, que la libertad estaba más a mi alcance de lo que yo creía. Lo había pasado muy bien, pero definitivamente era momento de volver al trabajo. Los animales me estarían esperando para comer y, si tenía tiempo, podría jugar un poco a disparar botellas.
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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli
- Si es que vuelves por aquí, pásate por mi granja a saludar.– Me dijo Jolyne, quien hábilmente había leído mis intenciones de marcharme ya.
Me giré sonriente, un poco emocionado por despedirme de esta breve pero bonita amistad, sin embargo verla toser como un señor mayor y escupir hizo que ese momento tan bonito que estaba sintiendo se viniese un poco abajo.
- Y si no, estoy segura de que nos encontraremos en alguna parte del mundo. – Me contestó de inmediato con una gran sonrisa en su rostro.
No pude contener la mía y se la devolví, estrechando la mano que me había ofrecido con cuidado de no apretar demasiado. Recordé brevemente todo lo que había vivido con ella en el día de hoy y decidí dedicarle unas últimas palabras antes de que nuestros caminos se separasen. - Estaré esperándote ahí fuera, Jolyne. No sé qué será de mí allá fuera, pero si algún día necesitas ayuda, puedes contar conmigo, prometido. – Le dije dedicándole mi mejor sonrisa.
Dicho esto, empecé a darme la vuelta y comenzar mi camino mientras estiraba los brazos un poco. Les contaré sobre mi nueva amiga a Terence y Mihasy, aunque seguro que este último se alegrará de que no haya llevado conmigo a más gente al barco. - ¿Qué habrán hecho estos dos en mi ausencia? – Pensé en ese momento volviendo a preocuparme. – Por favor, que no se hayan enemistado con los del barco o toda la isla, por favor.
En el fondo me divertía con mis compañeros, me gustaban, aunque fuesen un poco especiales, y me encanta conocer mundo. Ojalá pudiese compartirlo con ellos en más ocasiones, así como conocer más personas por el mundo y nuevos compañeros de viaje.