[Pre. Abs] ¿Qué es el destino?
#11
Pensé que era mi momento de poder devolverle un poco de la misma medicina al capitán de los Alas Negras, pero volví a fallar, aunque esta vez a medias. Aunque conseguí impactar mis golpes, no fue con el resultado esperado. Al menos se llevó una bonita herida en el hombro, aunque parece ser que este tío aguanta mejor de lo que pensaba mi veneno. Ahora más que nunca me apetecía investigar un poco en aquella biblioteca, pero algo me decía que no era el momento. Bloqueó mi puñetazo con su gigantesco antebrazo, mitigando así gran parte del daño, pero lo peor no era eso, lo peor es que fue capaz de agarrarme completamente de la cabeza, tapando totalmente tanto mi boca como mis fosas nasales, dificultándome a muerte el poder coger aire, ni siquiera podía pronunciar algún tipo de palabra. Estaba totalmente en una posición de desventaja, pero no iba a rendirme, lo tenía ya muy claro, si moria allí, iba a ser con todo.

Con mis manos, agarré su enorme brazo para intentar escaparme de allí, dejando ver mi desesperación, pero era imposible, tenía más fuerza que yo. Aparte de pirata, parece ser que era todo un cómico, pues afirmó que de donde viene, las serpientes podían ser capaces de moverse sin la cabeza, y si yo era capaz de hacer algo así. Estaba claro que quería comprobarlo el mismo, pero no iba a dejarle que fuera tan fácil. Me hubiera gustado responderle, pero me resultaba imposible. Lo único que pude hacer es golpearle tres veces con mis puños a su propio antebrazo, primero el derecho, luego el izquierdo, y para finalizar otro con el derecho. Aún podía mantener la respiración más tiempo, pero era una cuenta atrás, estaba totalmente a su merced, pero no se lo pondría fácil. Juré que iba a darle batalla hasta mi última gota de vitalidad y así sería.

Adopté una posición defensiva. Mi brazo izquierdo echado hacia adelante, un poco elevado, y mi brazo derecho más abajo y atrás, con ambos puños cerrados. No podía decir ni una palabra, pero estaba claro que era una intención de hacerle saber que no me iba a ir, que aquí le esperaba.

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#12
Teniendo a aquel marine preso de su cuello, sentía que tenía el famoso futuro de la justicia en la palma de la mano, literalmente, y que sólo con apretar mis dedos con fuerza podría partir ese gaznate y acabar con esta caza de brujas... pero no quería que fuera tan sencillo. Quería ver como su vida se apagaba lentamente con cada segundo que el aire escaseaba en sus pulmones, pero parecía que aun le quedaban fuerzas para resistirse... para retorcerse, golpeándome de forma frenética y en apariencia patética dada su situación, dándome tres golpes con sus puños en el antebrazo que le agarraba el cuello. ¿Qué más podría hacer? Pero mi gesto se ensombreció y endureció aun más ante la constante y ferviente obsesión por continuar de aquel hombre... su necesidad de continuar de pie, esas fuerzas redobladas que sólo obtienen aquellos que están al borde de la muerte. Pero cruzaría ese borde pronto.

Entonces, cuando hubo terminado de golpearme, comencé a hacer lo mismo yo -Deja- dije, dándole el primer puñetazo en la cara -de- añadí con el segundo golpe -GOLPEARME- dije dándole el tercer impacto, devolviéndole los tres puñetazos pero en su rostro, buscando impactar en la zona quemada y aumentar el impacto y el dolor de los mismos -¡Cae de una vez!- grité furioso haciendo que mi voz resonase y rebotase en toda la estancia, que junto al incendio de mi espalda y la presión de mi esencia se cernían sobre aquel marine. Un poco más... y a juzgar por el estado de su rostro y la apariencia en general de su destrozado cuerpo por la batalla, el siguiente golpe sería definitivo.
Aquí se acababa la leyenda de Joe Joestar.


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#13
Mi intento de ofensiva era más bien un ataque desesperado. Pues no encontraba la fuerza para poder salir de allí. Cada segundo que pasaba, notaba como Yojimbo se enfadaba más y más, apretaba más, la ira le estaba consumiendo por dentro de alguna manera. No quería verme muerto, quería torturarme hasta morir, y empezaba a creer que lo iba a conseguir.

Tras mi pobre ataque e intentar estar preparado para defenderme, Yojimbo hizo su respuesta de la misma manera. A una velocidad que no pude ver, me propinó un primer puñetazo en la cara, golpeándome de lleno. En ese momento, por puro instinto, levanté los brazos por supervivencia, llevándolos a una posición de equis, notando antes, otro golpe más de nuevo en mi rostro, mientras podía escuchar la furia y la rabia del capitán de los Alas Negras, diciéndome que dejase de golpearle, parecía hasta ofendido por mis palabras, cuando el que tendría que estarlo, era yo. Una vez ya pude levantar los brazos del todo, cubriéndome la cara, anteponiendo mis brazos en forma de equis, pude parar un tercer impacto que venía de nuevo hacia mí — ¡ughh! — Exclamé como pude, ya agotado, lleno de dolor, cansado, sin energías. Estaba claro que o hacía algo, o Yojimbo me iba a matar en apenas segundos. Tras ese último golpe que pude bloquear, no dejaba de intentar salir de allí moviendo todo mi cuerpo, aunque sin resultado positivo, pero, pude notar, llegando a tocar y sentir con la cola de serpiente que, detrás de mí, y no muy lejos, tenía lo que parecía ser la parte de atrás de una estantería de libros. No fui consciente de que aquella trifulca que se había iniciado allí, podía destrozar o mover el inmobiliario de la biblioteca. Durante ese pequeño segundo en el que pude notar detrás de mí una superficie, pude ver una luz de esperanza al final de este túnel.


Así que, tras poder notar su furia, actué sin pensar, saqué un poco de fuerzas extra para darlo todo y salir de aquella situación que me tenía contra las cuerdas. Eché hacia atrás mis brazos, y pude plantar mis manos en aquella superficie plana. A pesar de que estaba completamente sujeto por el cuello, pude ejercer fuerza tanto en mis brazos como mi cola de serpiente y usar esta como si fuera una hélice, haciendo un barrido alrededor mío, y así propinarle a Yojimbo un terrible golpe en su torso. Fue un sobreesfuerzo para mí realizar aquel movimiento, pero era necesario. Al golpearle, pude notar como su mano aflojaba mi cuello rápidamente, casi instantáneo. Había conseguido derribarle con mi ataque, y en cuanto noté que una sola gota de oxígeno entraba en mi cuerpo, sabía que ya podía liberarme del todo. No le di tiempo ni a que cayese al suelo, y aprovechando su altura y mi posición, en cuanto me soltó, le di un mordisco con mis colmillos en su mano, que era lo que más cerca tenía de mí, dañándole un poco más e inyectándole el veneno que era capaz de producir, para rápidamente dejarme caer.

— ¿Sabes que cuanto más grande es una presa... — Dije, mientras ambos caíamos al suelo, él por mi golpe que lo derribó, y yo para colocarme y prepararme — ... más fácil es de cazar? — Dije, aterrizando en el suelo con mi cola de serpiente. Según lo tocaba, agaché mi parte superior del cuerpo, con el brazo izquierdo metido en mi bolsillo, y el derecho estirado hacia fuera, mirándole fijamente como su enorme cuerpo caía al suelo. Me gustaría poder pensar, que esta vez, no iba a dejarle hacer nada, pero no quería prometerme nada. Solo concentrarme, y acabar con esto.

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#14
De alguna forma consiguió detener el tercero de mis golpes anteponiendo sus brazos torpe y lentamente delante de su rostro, formando una equis. Un movimiento desesperado como el del niño que trata de cubrirse del chancletazo de sus padres al traer malas calificaciones del colegio. Un movimiento que imploraba una piedad que no iba a tener con él, pues si, había detenido mi tercer impacto, pero el siguiente sería el último y definitivo y terminaría por abrirle el cráneo como a los sheriffs de Toko. No era capaz de contener a la bestia que había en mi cuando las cosas se ponían difíciles con mi tripulación, y sólo había dos cosas que me llevaban hasta este punto: que hirieran a los míos, y perder al dominó.
Ojalá que esto se pudiera solucionar con una partida de dominó, ya que yo era buenísimo. Pero algo me llevaba susurrando al oído los últimos días que este Marine, este tipo que comandaba a sus hombres uniformados a por nosotros, no iba a dejar de hacerlo ni con el último suspiro de su vida. Así que, lejos de poder solucionar las cosas con una buena y épica partida de dominó, tendría que destrozarlo con mis puños, como un águila devorando una culebra... o yo comiéndome una buena col hervida.

Mientras pensaba todo eso, y cuando cargaba el puño hacia atrás para asestarle un Tierra Dorada nuevamente en el rostro y terminar de partirle la nariz para meter el hueso hacia su cráneo, ví como alzaba las manos por encima de su cabeza y las llevaba hasta apoyar en una estantería que había a su espalda, y tomando impulso ahí, algo me impactó con muchísima fuerza en el vientre. Mis ojos casi se pusieron en blanco, había impactado justo en la gran marca con forma de zarpa que el chamán de mi pueblo había dejando en mi al extraerme los poderes de mi anterior fruta del diablo, y había causado un daño fatal en mi cuerpo. Los dedos de mi mano se aflojaron y liberaron su cuello mientras sentía cómo perdía el equilibrio y mi cuerpo caía hacia atrás. Al unísono, mi espíritu tembló y con él la intensidad de mis llamas, cayendo de espaldas. Había conseguido darme un golpe tan fuerte que había sido capaz de hacerme perder la concentración y la compostura, y ahora veía todo borroso por unos instantes.

El marine aprovechó esto bien y, como una punzada terrible cuando te pillas los dedos con el maletín de las fichas del dominó, sentí un poderoso pinchazo en la mano que antes sujetaba su cuello y tras este y de forma casi instantánea sentí como se adormecía mi cuerpo y fallaba aun más mi vista, induciéndome a un estado somnoliento mientras mi cuerpo caía completamente a plomo al suelo, aplastando mis alas con mi propio peso y cayendo con los brazos frente al pecho llevándome la mano derecha para consolar el dolor de la izquierda, juntando ambas en el esternón. Me sentía mareado, pesado y lento... ¿sería que esa serpiente era venenosa? Tenía sentido. Todas las criaturas de mi isla natal eran más peligrosas cuando estaban acorraladas o cercanas a morir. Me había confiado y ahora estaba en un buen lío. Tenía que acabar esto en cuanto pudiera ponerme en pie.

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#15
Pude ver como Yojimbo estaba totalmente ido, confundido, como si no supiera donde estaba. Parece ser que mi golpe funcionó, dejándole durante un breve tiempo afectado por él. No podía dudar ahora, tenía que aprovechar como fuera, pero me surgió una duda, ¿Y si hay algunos de sus compañeros cerca? Si eso pasase, sí que si este sitio sería mi tumba, y no podría hacer nada. Activé mi Haki de Observación, unos 50 metros alrededor mientras me tiraba lo más rápido posible hacia el lunarian.

En el trayecto, apreté mi puño derecho, concentrando la fuerza en cada músculo del brazo, una vez más, y fui directo al lado izquierdo de su mandíbula para golpearle lo más fuerte que podía en ese momento, aproveche la inercia y le solté otro puñetazo más débil con mi izquierda, más bien una especie de gancho para darle esta vez en la parte de abajo del mentón. A la vez que realizaba estos golpes, le enganché la mano con mi cola de serpiente, para estrujarle los huesos y retorcerla en el sentido de las agujas del reloj. No quería quedarme frente a él, totalmente expuesto, en cualquier momento podría volver a moverse a la velocidad de un cohete y no soltarme, estaba seguro de que si lo hiciera, no lo iba a contar. Salté por encima de su gigantesco cuerpo, aprovechando que estaba totalmente derribado. Así, me coloqué detrás de él, a unos 10 metros de distancia, con los brazos levantados y los puños cerrados, enroscado en mi propio cuerpo, esperando a ver que hacía. 

A pesar de haber tenido unos momentos de respiro y de poder contraatacar, aquella quemadura en mi rostro me dolía con intensidad y me estaba desgastando — Ojalá poder usar yo algo así — Pensé instintivamente, pero no era el momento. Con mi Haki de Observación ya activo, sin quitar el ojo a Yojimbo, quise ver si podía sentir si alguien más estaba por allí alrededor, más bien, alguien más con intenciones hostiles hacia mí. Quería llamar a Karl para que viniera a ayudarme, pero me iba a resultar imposible, este tío no iba a dejarme. Así que tenía que acabar con esta pelea cuando antes yo solo, y avisarla.

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#16
Estando tendido en el suelo con la visión borrosa y aquel fuerte dolor de estómago, oía un pitido en mis tímpanos mientras trataba de enfocarme en el aquí y el ahora. ¿Qué había sido eso? ¿En qué momento había revertido la situación para hacerme caer a mi al suelo? ¡Estaba ganando! ¡Lo tenía en mi mano literalmente!. Sentí frustración... ¿acaso se había aprovechado de mi momento de duda? ¡pues claro! Un guerrero no puede dudar, tiene que ser implacable. Un guerrero pelea hasta el final y no da segundas oportunidades a sus enemigos. Quizá eso significaba que yo no era un buen guerrero... o que él no tenía el mismo honor que yo estaba tratando de plasmar y buscar, pero ¿qué honor? ¿de qué servía el honor? Al final del día lo único que importaba era quien saliese de esta biblioteca por su propio pie, y no había nadie aquí para presenciar la falta de honor o el gesto noble de ninguno de ambos. Sólo habría un ganador y un perdedor, y quien se hiciera con la victoria privaría al grupo del contrario de la fuerza y la figura de su líder. De su símbolo. Y a eso había venido yo aquí, no a ser derrotado por un pequeño humano enclenque con el poder de ser una culebrilla.

Entonces sentí un fortísimo puñetazo a la altura de mi pómulo, dañando en la cicatriz de mi ojo y haciéndome sentir un dolor profundo y punzante. ¡Estaba yendo a por mis cicatrices! Era un movimiento astuto pero fuera de todo el honor que se esperaría de alguien con su reputación, un supuesto héroe. Aunque no pude divagar mucho en aquel razonamiento pues antes de que pudiera darme cuenta tenía otro golpe más, notoriamente más flojo, directo a mi mentón, y fue como un bofetón de realidad para mi pues me hizo reaccionar. ¡Yo tenía que sobrevivir! Por Triana, por Jolyne, por Tobías, por Garnet, por Sasha, por Kenzo y por Jimba. ¡Yo iba a convertirme en el Rey de los Piratas!

¡¡AAAAARRRGGGHHHH!!

Apoyé la mano derecha en el suelo y comencé a levantarme mientras el Marine enroscaba su cola de serpiente sobre mi mano izquierda y la apretaba con fuerza. Sentía el dolor de su agarre pero eso no me detendría. Me levanté gritando con todas mis fuerzas, haciendo uso de todo mi espíritu y mi fuerza de voluntad, mientras aun estaba resentido por el dolor de los puñetazos y viviendo el apretón de cola, por mal que sonase, que me estaba haciendo. Tenía que volver a Skypiea ¡le había hecho una promesa a mi pueblo! ¡Tenía que aprender todo sobre mi y mi linaje! ¡Quería saber la verdad! ¡Quería vivir una aventura increíble con mis amigos y poder verlos sonreír a bordo del Tango de la Sultana navegando por el Nuevo Mundo! ¡¡NO PODÍA CAER AQUÍ!!

Mientras me levantaba, el Marine liberó el agarre de mi mano y saltó sobre mi, superando con creces mi altura antes de que terminase de estar erguido del todo y alcanzase mi talla máxima, y se colocó a mi espalda tomando una distancia de precaución, y con un paso decidido y firme giré sobre mi mismo para encararlo, alzando ambos puños en guardia como él estaba haciendo aunque con una postura diferente -¡Este es el final, Marine!- grité con fuerza y furia, haciendo que mis palabras resonasen como truenos en las bóvedas vacías de la enorme biblioteca. Había sido una mala idea pelear bajo tierra. -Me aseguraré de que tus restos lleguen a tus compañeros para que te den un entierro digno- añadí con firmeza moviendo el cuello y haciendo que crujiese, dando además un fuerte aleteo con mis alas negras lanzando algunas plumas en el área entre él y yo, colocándose una justo en la línea recta que había entre los dos y comenzando a descender con ondulaciones y un suave baile, con la gracia con la que caen las hojas de los árboles cuando no hay viento.

-¡¡VAMOOOS!!-

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#17
Mis golpes fueron certeros. Pude encajarlos perfectamente, aprovechando mi posición de ventaja. Pero... había algo raro.
A pesar de ello, Yojimbo no se inmutó, nada. Ni una palabra. Ni un gesto. Ni una queja. Fue cuando le golpeé en el mentón, un terrible grito lleno de ira y rabia rompió totalmente todo. A pesar de ello, y de impresionarme, mi golpe con la cola funcionó, conectó, pero... era como si nada, pues, con la ayuda de la otra mano, se estaba levantando lentamente. Aquello era una fuerza de voluntad que jamás había visto antes. Un espíritu inquebrantable, que no podía romperse con tan solo tres golpes. No voy a negarlo, pero daba hasta miedo. Estaba viendo como, a pesar de toda mi ofensiva, no se inmutaba ni lo más mínimo. Puede ser que el daño si lograse hacerle algo, pero no daba esa sensación. Tan solo pude apretar los dientes mientras veía acamara lenta como se ponía de pie. Salté por encima de él y situarme alejado, a su espalda. Alcé la cabeza para poder contemplarlo mejor y ver como se giraba hacia mi dirección. ¿Mi sorpresa? Hizo lo mismo, adoptó una posición parecida. No iba a rendirse, estaba claro, podía notar como estaba cansado, pero... yo también. Entendí perfectamente su mensaje.


Gritó con rabia, con mucha fuerza. Sus palabras se quedaban casi grabadas dentro de aquellas paredes, retumbando incluso el ambiente, alegando que esto era mi final, y que mis compañeros tendrían que enterrarme. Batió las enormes alas, creando un escenario casi teatral y mágico, con sus plumas adornando el espacio vacío que había entre él y yo, finalizando con un último grito — No dudes, Joe — Pensé mientras me animaba a ir, sin quitar mis ojos de él. Entonces, recordé bien las palabras que me dijo antes. Cuando me tenía completamente inmóvil, ahogándome incluso, sin poder respirar, se estaba riendo tanto de mí y de mi Akuma no mi — ¿Acaso en tu isla natal tenéis miedo a las serpientes como para no ir a por ellas? — Pregunté de manera muy seria, a pesar de mi comentario.

Aun en la misma posición, sin cambiarla, apreté aún más los puños, tensé aún más los músculos. Esa pregunta no iba a ser de su agrado, y sabía que era un todo o nada. Un golpe más, y estaría en el suelo. Un golpe más, y realmente tendrían que enterrarme. Todo esto, mientras la cara me ardía completamente, aquella quemadura estaba realmente siendo molesta, era una carrera contrarreloj. Apreté un poco más mi cola de serpiente para enroscarme sobre mí mismo, con aún más firmeza, prestándole la mayor atención posible — En mi isla no dudamos, somos más avispados, ¿acaso tú no? — Finalicé. No iba a decir ni una sola palabra más. Pero no iba a ser yo quien diera el primer paso del último asalto.

No sé cuál es mi destino. Pero una cosa es segura, iba a averiguarlo aquí y ahora.

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Energia: 1951 + 58 = 2009
Espiritu: 1599 + 0 = 1599
#18

Aquel hombre decidió encarar a la muerte con la entereza de un soldado. Se mantuvo firme ante mis palabras y optó por esperar mi acometida, invitándome a ir a por él, tratando de burlarse tanto de mi como de los de mi isla natal señalando que éramos unos cobardes que no nos atrevíamos a ir a por una serpiente. Incluso se permitió el lujo de presumir de que eran mucho más listos que nosotros, o directamente de llamarnos tontos a nosotros. Eso me enfureció aun más e hizo que frunciera el ceño todo lo posible y apretase mis manos tan fuerte que pareciera que iba a romper los guantes de batalla que estaba vistiendo. Iba a demostrar a ese humano lo que hacíamos con las serpientes en mi isla.

-Muy bien- dije seriamente ante sus palabras, y las llamas de mi espalda explotaron con furiosa cólera redoblando su tamaño -Os flipáis mucho los listos ahí con vuestros títulos, pero luego te pego un puñetazo y no hay título que te salve- semiflexioné las rodillas y ladeé el cuerpo para posicionar mejor la guardia, echando el brazo derecho algo más hacia atrás cargando el próximo golpe -Kikikiki...- reí por lo bajo divertido por mi propia ocurrencia, visualizando ya el golpe y saboreando la miel de cerrarle la boca a otro que se creía moralmente superior por ser más listo, y encorvé la espalda. Mis alas se estiraron, dieron un aletazo con fuerza y lento, y otros dos más muy rápidos y menos potentes y mi espíritu se disparó por todas direcciones sin control, avisando de que llegaba el momento final. La fuerza espiritual del mismo tenía que advertir y acongojar a Joe Joestar, el héroe, sobre el destino seguro que estaba a punto de cernirse sobre él.

-¡Este es tu final señor de los Marines!- le advertí -¡Ve rezando lo que te toque!- y tras esas palabras volví a aletear una única vez con fuerza bajando aun más la posición de mis piernas, elevando el brazo izquierdo frente a mi abriendo el agarre de los dedos y bajando el derecho a la altura de la cadera, girándolo y posicionándome en una postura marcial increíble para prepararme para el golpe definitivo -¡TIERRA...- grité haciendo que resonase por toda la estancia, dando unos segundos en los que mis ojos clavados en los suyos desprendían chispas de adrenalina y determinación, mientras el mechón que caía frente a mi rostro se tambaleaba fruto de la propia potencia del fuego de mi espalda -... DORADAAA!- grité nuevamente y salí despedido en un desplazamiento mezcla de un salto hacia delante y unas zancadas de carrera rápidas, desapareciendo de la vista de Joe con la velocidad de un relámpago y plantándome delante de él liberando el puño derecho que tenía cargado en la cadera directamente hacia su pecho izquierdo, buscando impactar con todas mis fuerzas en su corazón y parárselo, queriendo acabar con su vida en ese instante y poner, por fin, un punto y final al acoso de su división hacia mi grupo, dando paz a mis amigos y otorgándoles el placer de poder navegar libre, sabiendo que me había hecho lo suficientemente fuerte como para poder acabar con cualquier amenaza que se nos viniera encima.

Ahora si era un digno capitán, y ante mí, con mi atenta mirada clavada en él, caía el cuerpo de un hombre que dejaba de ser un símbolo de esperanza y pasaba a ser un ejemplo de lo que pasaba a los que se atrevían a importunar a los Alas Negras. Un rival honorable.


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#19

Parece que mis palabras hirieron a Yojimbo, o al menos, no le sentó nada bien. Solo me dediqué a escuchar como rabiaba y se enfadaba aún más, sin quitarle el ojo de encima.

De repente, en su espalda, volvió a brotar aquellas intensas llamas — Calma, Joe — Pensé mientras me amenazaba. Me atrevería a decir que con mayor intensidad, o quizás no, quizás el momento me estaba jugando una mala pasada, pero era el aviso. Iba a venir con todo, no iba a dudar, iba a atacar. Apreté con mayor fuerza mis puños, y tensé todo lo que pude mis músculos. Tenía que poder parar su movimiento, o si no, caería aquí, sabiendo que no estaba destinado a llegar más lejos. Pero no iba a dejar que eso pasase, quería ganar, necesitaba ganar.

Volvió a bajar un poco más su posición, flexionando las piernas, y colocándose los puños en otro tipo de posición diferente, pero que no dejaba de ser una posición de preparación para entrar a la ofensiva — Hazlo, Joe — Me repetía una y otra vez en mi cabeza mientras observaba lo más concentrado posible sus movimientos. De repente, un terrible grito lleno de fuerza y voluntad, inundó la biblioteca. "Tierra", fue lo que dijo — ¡Aquí viene! — No podía tensar ya más mi cuerpo, lo había llevado al límite. Iba a lanzarse, lo sabía — ¡NO DUDES! — Me armé totalmente de voluntad en un segundo, aunque para mí, era como si el tiempo se detuviera. Aquel segundo se me hizo eterno, esperando al ataque del capitán de los Alas negras, no podía quitarle la mirada de encima. Y de repente, otro gritó volvió a sonar en aquel lugar, "Dorada" — ¡VAMOS! — Estaba totalmente concentrado en el Lunarian. Pude ver como pegó una gran zancada hacia delante, justo en ese momento, era una roca, pero una roca que podía moverse, así que lo más rápido posible, antepuse mi antebrazo por delante de mi cuerpo — ¡PARALO! — Pensé una última vez para, de repente, casi perder de vista a Yojimbo, como si desapareciera, casi lo pierdo de vista, cuando por fin, lo noté. Recibí el golpe en mi antebrazo, pude pararlo, o más bien, mitigar todo el daño posible de su ataque, pues no dejaba de sentir un poco de daño. Así que, con la propia inercia de su golpe, lancé mi puño derecho hacia su cara, convirtiendo toda aquella tensión en fuerza bruta.


— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH! —

Grité con toda la rabia del mundo, golpeando tan fuerte y a una velocidad mayor su rostro, que lo desplacé hacia abajo, estampándolo contra el suelo, derribándole una vez más. Cuando ya pude notar que no podía moverlo más, salté en el aire, unos diez metros — ¡TODO ACABA AQUÍ, YOJIMBO! — Grité con rabia, apretando los dientes y apuntando con mi puño derecho hacia abajo, directamente a él, mientras llegaba al punto más alto de mi salto. Lo tenía debajo de mí, en el suelo derribado, era mi momento. Todo o nada. Ahora o nunca.

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#20
Cuando tenía la certeza de saborear las mieles de la victoria, sentí el tiempo pasar ralentizado. Escuchaba los latidos de mi propio corazón como un tambor de liberación, el deslizar de mi sudor por mi piel, el crepitar de mi fuego en mi espalda y el agitar de mis alas como pequeños ecos pesados y densos en la distancia, mientras veía como aquel hombre... aquel pequeño hombre anteponía su brazo ante mi ataque para reducir el daño del mismo al máximo. Sentí como la potencia de mi desplazamiento y el lanzamiento de mi golpe se topaban con un muro que, aunque había conseguido agrietar, no había sido capaz de derrumbar. Mis ojos se abrieron de par en par y vi como, en la determinación de su mirada, surgía un brillo verdoso y cargado de intensidad. La mirada de los que aun no se han dado por vencidos.


Entonces lanzó su puño hacia mi rostro, con una velocidad y una furia sorprendentes, cargado de determinación, e impactó de lleno contra mi cara prácticamente hundiéndome la nariz y los pómulos, haciendo que mi cuerpo variase de dirección y pasando de estar con el tren superior hacia él, con la cabeza por delante, a hacer que mis piernas se adelantasen por la inercia de la carrera y superasen la zona en la que él estaba colocado, dejando mi cabeza fija en el sitio y procediendo con su movimiento a descender y clavar mi cráneo en el suelo con un grito visceral cargado de sentimientos.
El impacto agrietó el suelo levemente, dejándome boca arriba con las alas y los brazos extendidos de par en par, así como las piernas, pudiendo ver como tras el impacto su cuerpo se alzaba sobre mi de un gran salto surcando el cielo y se preparaba para hacer una acometida final, regalándome unas últimas palabras.
Estaba completamente destrozado, lo había vapuleado y no sabía si sería capaz de aguantar consciente mucho más... pero seguía peleando contra mi. Esa era la determinación del hombre que nos había perseguido y nos había arrinconado. Ese era el verdadero rival que el Rey de los Piratas tenía que tener. Crucé mis brazos en mi pecho y catorce brazos idénticos me cubrieron yendo de un hombro a la cadera contraria, y viceversa, tejiendo una densa capa de carne sobre mi tren superior y creando un escudo protector dispuesto a recibir su último golpe con honor y con la valentía que alguien como yo, que jamás me retiré de ninguna partida de dominó, tenía que hacer. Y entonces, armándome de todas las fuerzas que me quedaban y cogiendo una gran bocanada de aire, grité a pleno pulmón haciendo saber que estaba preparado para aguantar todo lo que tuviera que echarme.

-¡¡JOE JOESTAAAAAR!!-


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