RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 45
#1
El poderoso vendaval del Almirante se extendió por todos los manglares adyacentes con una inmediatez apabullante, como si hubieran invocado un tornado en el mismo centro del archipiélago y este se hubiera encargado furiosamente de distribuir por capricho y fortuna - o infortunio - a los seres vivos del lugar. Tanto civiles como criminales fueron disueltos en el aire hacia uno u otro lugar y esparcidos por el lugar, alejándolos todos del manglar cincuenta que era donde se encontraba el Almirante y quien quería poner espacio en su área de combate para no acabar con nadie. Se encargó personalmente de que su huracán circular no lanzase a nadie fuera de la isla, y, aun sabiendo que esto movería a los soldados y sus tropas aleatoriamente confiaba ciegamente en los hombres y mujeres a su cargo, y sabía que sabrían obrar en cualquier situación, siguiendo sus órdenes principalmente y su criterio en segundo lugar.

En este caso, la enorme semioni adolescente caía a plomo contra una loma de tierra, al mismo tiempo que el cazador de recompensas llegaba caminando al manglar cuarenta y cinco con paso tranquilo. Sasha y Viktor ya habían coincidido en el pasado y ambos se conocían de sobra, o al menos lo suficiente, por relatos de sus compañeros o noticias en el periódico, y dada la entrada de la joven híbrida el pasar desapercibido no sería una opción.
¿Cómo sucederían los acontecimientos entre estos dos grandes guerreros?





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#2
Sasha podía estar harta de escuchar las palabras de la mujer marine pesada que solo sabía hablar y hablar intentando conseguir algo ¿El qué? Ni ella lo sabía, pero por lo menos estaba siendo vigilada – o torturada según cómo se vea – entre Garnet y Kenzo. Así que agradeció cuando Tobías se acercó a preguntarle por las katanas que descansaban en su espalda — Son de la tía esta. Se las he quitado para que no se le pase por la cabeza intentar atacarnos — la semioni se encogió de hombros una vez acabó de explicarle el motivo de los nuevos objetos que portaba. Pero lo que le dijo el vaquero le llamó la atención, su lado más travieso salió a flote pensando en lo molona que se vería así, aunque había un problema con ese vehículo — ¡Eso mola mucho! Pero yo ya puedo volar sin límites ¡En vez de eso podrías hacer que vaya fiiuuuuum hiper rápida, como un cohete — le sugirió la rubia mientras movía el brazo izquierdo en paralelo al suelo para imitar al cohete cuando hizo el ruido. Esperaba que al manitas – o manita ahora mismo – de Tobías le gustara su sugerencia, precisamente aquello de volar no era un problema para ella, así que esa idea la podría usar para los demás si lo veía necesario.
 
De repente, la brisa invernal que los había estado acompañando hasta ahora se convirtió en un vendaval imparable que arrastraba todo a su paso. Los Alas Negras empezaron a volar uno tras otro, Sasha se agachó buscando poder sujetarse – con sus garras de la mano izquierda – en el suelo, pero parecía que no era suficiente pues acabó elevando a la semioni de más de quinientos quilos. Ni se molestó en mover su collar óseo para volar pues la fuerza era tan arrolladora que hasta ella sabía que era una perdida de tiempo. Pero pudo sentir que ante tan devastador viento su quemadura estaba desapareciendo consiguiendo recuperar todas sus fuerzas, parecía que solo necesitaba un poco de aire para curarse de la explosión del robot. El potente viento seguía meciendo sin control a la rubia, no podía hacer nada más que dejarse llevar por la corriente dando tumbos por el archipiélago de Sabaody, eso mientras se aseguraba de agarrar lo más fuerte posible su Stardust.
 
Cuando por fin la ráfaga de aire cesó, la rubia se encontró precipitándose contra el suelo y cayendo a plomo sobre una loma de tierra. No había sido una caída de muchos metros, pero por el peso había dejado una cómica silueta de ella misma al caer de morros contra el suelo. Se levantó de forma rápida, una vez de pie dobló sus rodillas a la vez que apoyaba su mano izquierda en la tierra y sujetaba su Stardust con la derecha apoyado en su hombro diestro — Caída de superhéroe bitches, soy la mejor — dijo para sí misma con el pecho hinchado y sintiéndose lleva de fuerza y vitalidad de nuevo, como si el viento la hubiese curado de todo su malestar. Entonces empezó a mirar a su alrededor, sin encontrar a ninguno de sus compañeros o algo interesante pues el terreno estaba completamente plano y sin nada a la vista a excepción del lugar en el que estaba. Solo pudo ver en uno de los arboles el número cuarenta y cinco. Aquel número estaba cerca del cincuenta así que no estaría muy lejos de su destino, aunque se hubiera separado de todos tenían el mismo destino así que debía dirigirse a la casa de subastas. En ese momento se fijó donde había aterrizado así que con una sonrisa no pudo evitar dejar ir su lado más infantil — Soy la reina de la colina ji, ji, ji — pronunció con la mano izquierda cerrada en un puño, el cual apoyó en su cadera, mientras sacaba pecho. Su momento de hacer la idiota paró en seco al notar con su haki de observación una presencia. Sasha infló los mofletes a la vez que escondía su cola pegándola bien a su espalda – lugar donde seguían las katanas de Erza – ahora que estaba de buen humor la volvían a molestar. La semioni chasqueó mal la lengua antes de bajar la colina resbalando sus pies por esta, como si estuviera surfeando por la tierra. Una vez abajo caminó hacia la presencia dejando su espalda libre de cualquier obstáculo terrenal – como era la colina – y dejando la loma de tierra a unos quince metros en diagonal a la izquierda por su espalda. Se quedó mirando en dirección a la presencia manteniendo su kanabo en la mano derecha y apoyado en el hombro diestro. Cuando por fin pudo ver la silueta que se aproximaba caminando una sonrisa apareció en el rostro de la rubia — ¡Viktor! — se alegró de verlo de nuevo, acercándose hasta quedar a diez metros de él y a veinticinco de la colina — ¿Qué haces en el archipiélago? ¿Te has jubilado? ¿Ha venido Sohem también? Estaba caminado antes de caer aquí, el viento me ha arrastrado y he hecho una super pose después de aterrizar — empezó a hablar de forma rápida emocionada de poder coincidir con él y de que su compañero estuviera cerca. Entonces recordó que tenía una misión muy importante, además de que ahora no solo Triana estaba perdida, el resto de la tripulación de los Alas Negras también lo estaba por no seguir a la joven semioni — Lo siento Viktor, tengo que irme, me ha gustado volver a verte. Saluda a Sohem de mi parte ¡Y ten cuidado con el viento! — dijo con una sonrisa de disculpa antes de dar un paso hacia atrás sin dejar de mirar a Viktor – por si él también se despedía – y levantar la mano izquierda a modo de despedida, aumentando así su distancia en doce metros.
 
 

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#3
Atributos Personaje

El tiempo arrecia.
Era solo cuestión de tiempo que el invierno mostrara sus fauces y daba exactamente igual encontrarse en un archipiélago al borde del Nuevo Mundo. Las leyes naturales eran inexorables. Inexorables, sí. Como el destino en nuestro gremio. Sohem, que había perdido la paciencia, los nervios y las formas -si las tuvo en primera instancia- se marchó de la zona donde derrotamos al Patriota sin más órdenes que cazar. Cuando lo hizo mi mente consciente pensó que sería lo de siempre, que era el ciclo habitual. Conocía esa versión del jefe, las divisiones de equipo y los "vuelta a empezar" reunidos en el barco. Pero por alguna razón, desde que entregamos al mestizo a la Marina, le estaba cogiendo una afinidad especial a no contener mi espada contra mis enemigos. Una pequeña parte de mí había comenzado a dejar que el lobo no solo arañara la puerta pidiendo entrar, sino que comenzaba a alimentarse de mis sobras, de mis oscuridades y miedos. De mi rabia y mis dudas. Recordaba las palabras de Vinro: “Tú también eres un monstruo.” Me hastiaba.

— Sí… pero ya no soy tu monstruo. — murmuré mientras me paraba y miraba hacia el cielo, visualizando como una especie de tormenta repentina azotaba el archipiélago. No era especialmente ducho en materia meteorológica, pero era perfectamente visible que se trataba de un evento antinatural. Estaba ocasionado por algo o alguien. Quien tuviera la fuerza para realizar tal azaña… me desconcertaba y asombraba al mismo tiempo. No obstante, aunque el viento llegó con fuerza a la zona donde me encontraba, no era ni de lejos lo suficientemente fuerte, ya como para desplazarme, aunque sí movió mi abrigo violentamente, amenazando con desequilibrarme. Me incliné ligeramente al frente mientras mantenía mi antebrazo izquierdo sobre mis Saba y Shimei Kaeru, que reposaban en mi cinturón. No fue hasta unos segundos después que percibí como una presencia se avecinaba con velocidad y aterrizaba frente a mis ojos. Una enorme polvareda se levantó por el impacto de la gran masa que golpeaba el suelo, siendo disipada rápidamente por el viento residual. Ante mí, sobre una colina, una enorme figura se alzaba tras aterrizar estoicamente. Resultó ser una mujer, joven, de hecho, con apariencia extraña y de altura considerable. Fuera quien fuere era fuerte, pues su aura era considerablemente robusta y formada, siendo un posible rival en caso de merecer desenvainar mi espada. Aunque dada la distancia y con su probable huida si me había sentido, pensé que perdería la oportunidad de cazar y tendría que seguir buscando. Me hastiaba.

Pensé en cierto momento que, si tan fuerte era y pudiera sentirme, el movimiento lógico era huir, pues no estaba ocultándome para nada, mas todo lo contrario, la figura de la muchacha bajó la colina rápidamente hasta el llano y comenzó a acercarse mientras yo continuaba caminando en su dirección. Su cara era conocida para mí, y la mía para ella, pues exclamó mi nombre al viento como quien ve a un viejo amigo. — Sasha. — suspiré, aún alejado de ella. El destino me había puesto un pirata delante, pero uno que no podía cazar, pues su ironía no distaba de la mía y gozaba de poner caramelos en la vista de los niños. La joven, que presta se dirigió a mí manteniéndose a una distancia prudencial, preguntó en una sucesión de interrogantes qué hacía ahí, si estaba jubilado -seguía pensando que yo era terriblemente viejo por mi pelo, veo- o si Sohem estaba conmigo. Sohem. Otra vez tú entre una presa y yo. Frené en seco mirando hacia ella mientras hablaba a ritmo acelerado, también en su sitio, totalmente estática. No tenía intención de hacerle daño. No me importa matar, de hecho, creo que cada vez me importa menos matar, pero no mataba niños bajo ningún concepto y, aunque midiera tres veces o más lo que yo y fuera poderosa, aunque fuera una obvia usuaria de una zoan interesante y posiblemente peligrosa, a mis ojos, era una niña. Además, era conocida de Sohem. Amiga, de hecho, por alguna razón que desconocía, bastante cercana o querida. Me hastiaba.



Mientras la joven rubia se intentaba despedir disculpándose por tener algo que hacer, comencé a tensar mi mandíbula, llevando la mano cerca de la tsuba de Shimei Kaeru. Cuando la muchacha trató de dar un par de pasos atrás, saqué ligeramente a Shimei Kaeru del cinturón, aún enfundada en su saya y con el final de esta aún en el cinto, colocándola hacia adelante, apuntando con el hombro derecho hacia ella, con el pomo de mi arma azabache también apuntándola. Quizá el gesto perdía su sentido dada mi talla en comparación a la suya, pero, por si la joven no lo había entendido con un simple gesto, decidí ilustrarle lo que mis acciones querían decir. — Llévame junto a tus amigos, o cobraré tu recompensa en lugar de la suya. — dije con voz siniestra, dirigiendo mi mirada poco a poco hacia arriba, buscando sus ojos ambarinos para, finalmente, empujar ligeramente con el pulgar la tsuba de Shimei Kaeru rompiendo su sello y dejando ver los primeros centímetros de su negro filo mientras asumía el manto del lobo blanco en mi forma híbrida y mis ojos se clavaban en los suyos, como un depredador buscando su presa.

— Quiero la cabeza de Tempesta. —

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#4
Sasha frunció el ceño – con cara de duda – tras dar el paso para alejarse de Viktor, este había sacado ligeramente la katana ¿Qué hacía? Bajó la mano izquierda – que había usado para despedirse de él – para meterla en su bolsillo izquierdo al acabar su acción de despedirse. Su miraba pasó dubitativa de la katana a los ojos del hombre. En Toko le había parecido muy simpático y Sohem le confirmó en Skypiea que era su subordinado. Así que no entendía lo que estaba haciendo, tenía que ser una broma. Cuando Viktor se puso en una posición de ataque, la semioni levantó la ceja derecha, definitivamente tenía que ser una broma. Pero aquella pequeña broma para la rubia parecía no tener fin pues añadió que le llevara con sus amigos o que cobraría su recompensa en su lugar — Va, Viktor, no hace gracia — dijo de forma cómplice intentando encontrar la parte de broma en aquella situación. Pero cuando enseñar unos centímetros de la katana y, posteriormente se empezó a transformar, no pudo evitar tensar todo su cuerpo. Definitivamente aquella broma ya no le estaba haciendo ni una pizca de gracia.
 
La joven no sabía que el cazarrecompensas se podía transformar en un lobo blanco, pero eso solo hizo que se mantuviera en su sitio mirándolo de forma seria. Parecía que Triana tenía razón al decir que no se podía confiar en según que personas ¿Sohem lo sabría? Le admiraba mucho y quería seguir creyendo en él, debía de ser cosa únicamente de Viktor. Para rematar la situación le dijo que quería la cabeza de Tempesta — Pues si quieres la cabeza de Tempesta busca a Theo, él también es un Tempesta. A nosotros déjanos tranquilos. Así que vuelve a ser un humano y cada uno se va por su lado, me caes bien y eres amigo de Sohem — pronunció Sasha como aviso, tenía mucho respeto por el hombre con las máscara y siempre intentaba llevarse bien con los amigos de la gente que le importaba le costara más – como en la situación actual – o menos – como le pasó con Don Bambú – no quería que personas importantes para ella se sintieran tristes o perdieran una amistad por su culpa.
 
 

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#5
Atributos Personaje

Había un trecho. Uno enorme.
El Viktor Evans que pisó Toko por primera vez y conoció a la rubia practicando con su kanabo alegremente. Había uno enorme aún si cabe del Viktor Evans que pisó Skypiea y del que salió. El tiempo y las circunstancias me habían hecho replantearme si el poder tenía otra forma de mostrarse que no fuera la sangre, el oro y el dominio sobre los demás. Sohem así lo mostraba. Era cruel, implacable y no dudaba. Y si el barco navegaba por esos mares, yo no podría ser menos si quería permanecer en él. No podía ser menos. El ambiente que bien pudo finalizar con una adolescente cauta, asumiendo que podía morir en ese instante si no accedía a mis exigencias, se intensificó con la contestación propia de una cría incapaz de leer las emociones de un hombre dispuesto a ver correr la sangre por su espada asumiendo que lo conocía.


Cuando mostré mi filo a la joven, esta se sorprendió y bajo su mano lentamente hasta meterla en su bolsillo izquierdo. Tras esto, aún con cara de circunstancia, la muchacha asumió que se trataba de algún tipo de broma macabra por mi parte, como si el tiempo que compartimos en una playa fuera lo suficiente para que no quisiera cobrar la cuantiosa recompensa de un pirata. Pensé que defendería su cabeza con sangre y esfuerzo, dado su aspecto de combatiente zoan, ya que no había deshecho su transformación tampoco, mas intentó dialogar en vano conmigo. En cuanto volvió a pronunciar una palabra, desenfundé a Shimei Kaeru y Yamigiri al unísono en sentido horizontal, realizando un potente movimiento de extensión con los codos y formando una paralela con ambos filos negros que dibujaron dos líneas de aire comprimido de dos metros de ancho que comenzaron a viajar a una vertiginosa velocidad hacia la joven, directa hacia su pecho. El sonido del mismo silbaba de manera aguda y molesta, como si del rascar de la tiza sobre la pizarra se tratase. Finalicé el gesto ubicando con mis dos armas extendidas a los lados y mientras exhalaba un frío aliento las devolvía al frente. El aliento enfrió el ambiente y lo tornó gélido, más si cabe de lo que era, aumentando la zona de mi aura cinco veces y bajando la temperatura sobremanera. La ventisca que se formó, se arremolinaba a mi alrededor y golpeaba sin piedad.

No quería, ni estaba seguro de si podía, cargar con la muerte de una cría sobre mi conciencia. Y algo dentro de mí me decía que si lo hacía le daría una representación gráfica al refrán que hablaba sobre "cavar dos tumbas" pues el enmascarado no evitaría tomar represalias sobre mí por mis actos. Sin embargo, estaba dispuesto a sacarle la ubicación de sus compañeros, a los cuales no me importaba entregar vivos o muertos. Y usaría todo lo que fuera necesario. Me planté en posición con la mirada más fría que la tormenta que nos rodeaba y espeté. — Lucha o muere. — aún a la misma distancia, con las espadas orientadas atrás por mi diestra en paralelo al suelo mientras me concentraba totalmente inmóvil y expulsaba aire lentamente por segunda vez mientras, quizás con una vista como la mía, se podían apreciar lágrimas congelándose de manera instantánea al brotar de mis ojos pues, aun convencido de mis actos, los repudiaba.

No habría más advertencias.


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Energia: 3961 - 442 = 3519
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#6
A Sasha no le dio tiempo a procesar la situación, pues no pudo acabar de hablar cuando escuchó un sonido muy molestó antes de sentir un golpe en su pecho — Neutron Stars Out — pronunció al notar el impacto. Sonrió pensando en como los avisos de precaución por parte de Triana le habían venido bien ese momento ¿Cómo iba a entregar a la mami de los Alas Negras? O a cualquiera de los Alas Negras, en realidad con el cariño que le tenían todos a Kenzo se le hacía imposible hasta darle una patada hasta los cazarrecompensas. Ahora ya no se iba a quedar de brazos cruzados, apenas había sentido daño con aquel ataque así que debía aprovechar que seguía siendo fuerte y – para sorpresa de nadie porque era algo evidente – muy lista al prepararse para bloquear un posible ataque.
 
Eso no quitó que – sin dejar de mirar a Viktor en todo momento – se fijó en como había vuelto a ser humano y abría la boca de forma extraña. Así que haciendo girar su collar óseo se impulsó y fue a ras de suelo hasta el cazador, había intentado tener consideración porque lo conocía y era amigo de Sohem, pero dicha consideración acababa en el momento que la había atacado, no pensaba permitir que hiciera lo que quisiera. Así que se puso el Stardust en el costado derecho en horizontal y paralelo al suelo y cuando llegó a estar a tres metros de él – antes de que hiciera cualquier otro movimiento o se preparase como anteriormente – abanicó el kanabo con fuerza — ¡Astrothunder! — gritó al impactar el kanabo en la cabeza de Viktor con suma velocidad y fuerza. Tras eso, se quedó manteniendo esos tres metros de distancia delante de Viktor — Prefiero morir antes que vender a mis amigos. Hoy no vas a tener ninguna de nuestras cabezas — pronunció con furia antes de ponerse en guardia sujetando el kanabo con ambas manos, no le iba a perder de vista.
 
 

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Energia: 4714 - 659 = 4055
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#7
Como un muro.
La joven semioni miembro de los Alas Negras bloqueó con su cuerpo el ataque a distancia que le lancé como reto sin mucho esfuerzo. Estaba claro que como Zoan, y más aún del tipo prehistórico, su capacidad de absorción de daño era superior a la de cualquier persona promedio. Era obvio. Yo lo sabía, mejor que nadie, por los suficientes motivos. Su prehistórica piel híbrida estaba dotada de una resistencia sobrehumana, mas Sasha aprendería hoy que la experiencia es un grado y que, para llevar galones, no solo hay que sobrevivir. Hay que sobrevivir luchando.

Plenamente consciente de la más que probable estrategia de la joven, y aun en posición de espera, mis predicciones se confirmaron. La semioni comenzó a girar fervientemente su collar óseo y usando la potencia que este le brindaba se lanzó hacia mí para atacar. Era obvio. Recordaba perfectamente como practicaba con el enorme kanabo en la playa de Toko. Lanzaba swings al aire con potencia y parecía una luchadora física, lo que estaba plenamente apoyado por el hecho de que su fruta no tendría ningún tipo de añadido especial. Su embestida era clava y fácil de leer para mi pues, casi como si todo se ralentizara, podía ver a mi propio compañero y jefe en alguno de sus combates lanzándose a por su enemigo. El impacto sería inminente, pero no me cogería de sorpresa. Resoplé seco y rápido. El frío aire que emanó de mis pulmones se condensó alrededor de mi cuerpo y formó una capa de hielo férrea como el acero. Cuando la muchacha, a unos metros de mí, lanzó su kanabo a toda velocidad, apenas pude ver el movimiento de este hasta que se estampó con mi cabeza. El hielo se partió en mil pedazos mas mi cabeza se mantuvo en el mismo sitio, intacta y con apenas unos rasguños que poco podían preocuparme.

La joven había hecho su jugada, y ahora yo haría la mía. Conforme su kanabo abandonó mi piel y se despegó de mi sien, me lancé al ataque. Usando la posición que tenía adoptada, lancé mis espadas en arco por encima de mi cuerpo para generar la suficiente inercia y girar como un demonio. Un feroz torbellino de cortes aconteció ante la rubia que se encontraba hablando mientras yo inhalaba, recibiendo en vertical diversos cortes en su torso. Las heridas causadas por las laceraciones comenzaron a manar sangre profusamente, manchando las ropas de la rubia. Tras aterrizar exhalé de nuevo suavemente provocando que el frío se arremolinara a mi alrededor y provocara la tormenta perfecta: la sangre y el hielo. El granizo y viento gélido que azotaba el cuerpo de la navegante de los Alas negras mientras yo enfundaba mis espadas rápidamente y mantenía mi zurda sobre la funda de Shimei Kaeru con la poca distancia que nos separó prácticamente recortada. No hubo palabras esta vez, no hubo mensajes ni órdenes. Solo una mirada que, sin necesidad de traductores se podía leer como una verdadera sentencia de muerte.


Era obvio.

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Energia: 3519 - 1110 = 2409
Espiritu: 2160 + 0 = 2160
#8
Sasha pudo ver como Viktor creaba una armadura que le envolvía completamente, parecía que le había copiado la idea, por lo que al impactar su ataque notó como el hielo le impedía llegar bien hasta la cabeza del hombre. Pero como había hecho la suficiente fuerza como para romper su protección y darle con su ataque a toda la potencia que le quedaba. No pudo evitar sonreír al ver como le había podido dar un golpe, le había demostrado que era bien capaz de dar pelea si era lo que quería, además de enseñarle un parte de su fuerza. Aunque Viktor no se quedó quieto, se puso a hacer una danza que llenó de cortes a la semioni haciéndola sangrar sin parar, un golpe demoledor que incluso la hizo perder su forma híbrida de triceratops. Hacía mucho tiempo que alguien no le quitaba su transformación, así que eso solo demostraba la fuerza de Viktor. Quien al momento creó una tormenta que hizo que impactara escarcha sobre la rubia causándole más daño y que la entumecía, parecía que no le daba tregua ¿Con sus gafas molonas podría apaciguar la molestia? Aunque siempre las llevaba encima no lo creía porque eran de sol.
 
Cuando la sucesión de ataques finalizó y Sasha dejó de estar mareada se volvió a transformar en forma híbrida – recuperando sus siete metros de altura – se llevó el kanabo a su derecha con ambas manos y bateó con todas sus fuerzas — Star Run — pronunció cuando impactó su Stardust contra la cabeza de lobo de Viktor, debía contraatacar, su vida y la de sus amigos estaba en juego y por mucho daño que recibiera tenía que aguantar el tiempo suficiente para que sus compañeros se reunieran – en el caso que estuviera en la misma situación que ella – aunque por una parte esperaba ser la única que estuviera sola — ¿Esto es lo mejor que tienes? Pensaba que siendo el subordinado de Sohem serías más fuerte — retó con una sonrisa socarrona buscando provocarlo y que siguiera entretenido con ella.
 
 

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Vitalidad: 9181 - 3801 = 5380
Energia: 4055 - 71 = 3984
Espiritu: 1860 + 0 = 1860
#9
No hay funerales para leones. Pero los dinosaurios están extintos.

La joven rubia había recibido una brutal sarta de cortes que le mostraron, más que probablemente, que no tenía ninguna intención de frenar con ella por ser joven. Era peligrosa y sus amigos más aún. Y me importaba poco su futuro si eso me llevaba a ellos. Lamentablemente para mí, la bateadora tenía otros planes. Con más tesón que estrategia, la muchacha se recompuso y sostuvo su arma de nuevo con ambas manos. Estaba claro que la semioni, quizá por su linaje demoníaco, quizá por su espíritu prehistórico, no iba a rendirse y aceptar una derrota, cosa que me entristecía cada vez más. Quizá por eso, por verla dañada y herida, quizá verme de alguna manera reflejado en ella cuando apenas salí vivo del barco que me trajo al nuevo mundo, quizá por eso y solo por eso la tormenta en mí se apagó. Casi como un gesto involuntario, la gélida aura invernal que azotaba a los presentes se disipó, dejando el terreno plagado de diminutos copos de nieve que permanecieron en el aire durante un largo rato, flotando como inmaculadas motas del invierno en Sabaody.

La joven se transformó de nuevo, adoptando la pétrea piel del animal prehistórico y movilizó su arma. Había incrementado su velocidad gracias a que la tormenta dejaba de golpear sin clemencia, pero, aun así, era insuficiente. El movimiento, casi telegrafiado para alguien versado en el combate como yo, era claro e inequívoco. — ¿Otra vez a la cabeza?… — pensé, casi molesto por lo repetitivo de la muchacha para con sus ataques. Cuando la muchacha estaba a punto de gritar el nombre de su ataque y su enorme arma estaba cerca de tocarme de nuevo, elevé a Shimei Kaeru en vertical de manera súbita y precisa para golpear con la kashira el metal del kanabo. Esto, aunque sutil, había alterado su trayectoria lo justo y necesario como para que el golpe pasara por encima de mi cabeza, a unos centímetros. Desde su perspectiva es posible que creyera que me había impactado, pero nada más lejos de la realidad. Fue entonces cuando, bravucona, la navegante me dedicó unas palabras que hirieron más que un libro quemado: Que yo era débil. No conocía mi poder. Tensé los músculos de mi mandíbula y mis dientes rechinaron para, justo antes de que las últimas de sus mordaces palabras salieran de su boca, con un gesto rápido y fugaz desenvainar mi espada y golpear tanto con ella como con la funda que ahora portaba en mi mano fuera del cinturón, en el tren inferior de la muchacha. El golpe combinado del filo y la saya sobre sus rodillas la obligó a perder el equilibrio cayendo directamente de pecho contra el suelo y quedando su enorme y transformada cabeza frente a mí, a merced del negro filo de Shimei Kaeru que volvía a su funda mientras la rubia aterrizaba casi de morros frente a mí mientras pronunciaba lo que le restaba de frase.

Mi técnica insignia, el desenvaine más rápido y fugaz, quizás desde aquí a los Blues, el Corte Celestial. Con el filo en su hogar y el corazón más oscuro que nunca desde la biblioteca de Skypiea, realicé un potente y rápido gesto para cortar a la muchacha. Con la diestra sobre la tsuka de Shimei Kaeru y la zurda cerca de su tsuba agarrando la saya, mi espada realizó el característico sonido de un corte para estar seguido de un clic metálico. Casi parecía que mi arma no se había movido, mas había viajado en horizontal cruzando la cara de la usuaria de la zoan prehistórica, lacerando su faz de lado a lado a la altura de los pómulos, muy cerca de sus ojos, provocando otra herida sangrante en su cuerpo que la haría abandonar al dinosaurio en su piel de nuevo. Fue entonces, cuando, con un ligero paso atrás para mantener la visión global y no perder su dichoso kanabo de vista, dediqué una respuesta a la muchacha. — ¿Qué decías? — cuestioné con un tono tan o más irónico como el que ella usó — No te entiendo con barro en la boca. — espeté, cambiando mi expresión a una seria de nuevo, clavando mis ojos níveos en los suyos ambarinos.

 
 

Quería controlarme pero… ¿Y si no?

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Vitalidad: 7257 + 99 = 7356
Energia: 2409 - 973 = 1436
Espiritu: 2160 + 0 = 2160
#10
La tormenta había parado y Sasha sentía que tenía mejor movilidad con el kanabo, se alegró cuando notó que había acertado su golpe, pero se sorprendió al no ver como Viktor caía pues su Star Run era tan increíble que hacía caer a todos cuando les impactaba. Aunque parecía que las palabras de la semioni habían conseguido una reacción en él. Una reacción que fue atacarla de nuevo de forma rápida haciéndola caer en el suelo — copión — volvió a pensar, al menos se alegraba de saber que los dos eran fuertes y compartían técnicas. No iba mal encaminada en las peleas.
 
 
Ni siquiera había podido acabar de hablar antes de caer. Pero no cansado de ello le hizo un tajo como la cicatriz de Sohem, vaya que había herido su orgullo con sus palabras — Con esta raja en la cara ¿A quién esperas matar a Sasha o a Sohem? Solo has dejado en el suelo y sangrando a una chica semioni de diecinueve años — pronunció con sus ojos ámbar ardiendo de rabia sin dejar de mirarle a los ojos, solo podía sentir el calor recorrer todo su cuerpo al volver a perder, en el fondo se alegraba de que Sohem tuviera a alguien tan fuerte a su lado porque así seguro que nunca le pasaría nada. Solo esperaba que de verdad cumpliera su promesa de dejar a los Alas Negras tranquilos y que Viktor se conformara con ella — Me habría gustado beber unos granizados contigo ahora que sé que puedes hacer estas cosas — añadió con una sonrisa triste antes de transformarse de nuevo en forma híbrida de triceratops y que el cuerno derecho impactara en el muslo izquierdo de Viktor. Mientras eso ocurrió, aprovechó que la mano izquierda estaba apuntando para sus piernas y se la llevó al bolsillo izquierdo de su chaqueta, sacando el dial y apuntando hacia el torso del cazarrecompensas desde abajo. Pulsó el dial sin pensárselo dos veces mandando a volar a Viktor lejos de ella. Sasha se sentía muy cansada y notaba que las fuerzas se le iban a cada momento que pasaba, le sabía mal porque – en un principio – le había caído bien el chico y creía que si era amigo de Sohem también estaría de su lado, pero fue demasiado ingenua. Debía escuchar más a Triana, o debería haberla escuchado antes.
 
 

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