[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Saint Fermin
#1

El fuego de la revolución aun vivía. Había sido una situación muy desfavorable para los abanderados del cambio. Zorak estaba malherido en el barco y eran un refuerzo menos, y Comilón no era de los que pasaba desapercibido. Pero Bambú y Kisuke habían hecho un excelente trabajo manteniéndose con vida. Algunos de una forma mucho más creativa que otros, pero ciertamente, porque tenían muchas más posibilidades.
Si bien era Zorak quien solía pretender llevar la voz cantante siempre, sus dos compañeros más antiguos habían demostrado estar en la mejor de las disposiciones para ser quienes llevasen la batuta de ahora en adelante: Ninguno de los dos era impulsivo o hacía las cosas sin pensar, y tanto Bambú había demostrado unas habilidades sociales superdesarrolladas al conseguir evadir un combate letal contra un Marine, como Kisuke había demostrado que, aun teniendo que lidiar con el hecho de ser usuario y de una de los tipos de frutas más complicadas de llevar de todas, podía dar la talla contra enemigos de la más alta categoría.

El antiguo pescador se había batido junto con dos improvisados compañeros contra el hombre más peligroso de la isla, y habiendo sido el único que había recibido todos y cada uno de los ataques del Almirante, aun seguía en pie. Su determinación hablaba por si sola. Había sabido cuando pelear, cómo, y en qué momento lanzar sus ataques dado que nunca se había amedrentado pese a la abrumadora diferencia de poder reflejada por el joven marine con su meteórico ascenso.

Bambú, por su parte, había regado una semilla ya plantada tiempo atrás con la intención de engrosar sus filas en el ejército revolucionario, tratando de arrancar de las garras del gobierno mundial y la Marina a uno de sus más prometedores soldados, el excéntrico Apolo Bahía. De haber tenido éxito, habrían contado con dos logias en la agrupación y la combinación de ambos habría sido difícil de enfrentar para cazadores o marines.

De igual forma aunque con algo menos de mérito dada la nula peligrosidad de su contricante, Comilón Mcbacon había conseguido convertir su encuentro con un cazador en una agradable conversación. Ciertamente, ni Comilón tenía una recompensa por su cabeza, ni su oponente, Shoto Data, era un cazador que se valiera de su fuerza física y su peligrosidad para acabar con sus enemigos. Ambos habían optado por el diálogo y una conversación que quién sabe si traería algo más allá en el futuro, un posible encuentro desafortunado, una información valiosa o una amistad naciente. Cualquiera que fuera el desenlace, ambos habían sobrevivido del mismo infierno sin saberlo.



Ahora, todos los integrantes se habían encaminado hacia el Manglar 0, donde estaba su barco anclado, el Saint Fermín, llegando todos prácticamente al mismo tiempo.
En los muelles de los astilleros estaban varios barcos preparados, y frente a todos ellos un equipo de diez hombres ataviados con pinceles, sierras, martillos, botes y todos con una gorra con el símbolo de uno de los astilleros. Eran trabajadores.
En cuanto vieron aparecer al primero de los Toros Negros, uno de ellos alzó la mano y bramó en voz alta
- ¡Rápido amigos! ¡Todos los barcos deben huir hacia delante! ¡Hacia la isla Gyojin! - exclamó señalando al mar, donde se podía ver algún barco hundirse en el agua voluntariamente y desaparecer - ¡Aprovechen que estamos de descuento! ¡Aplicamos el recubrimiento en tiempo record por sólo cinco millones de berries! - y a su lado otro de sus compañeros abría una caja con un cartel con una flecha dibujado, indicando que dejasen el dinero ahí - ¡Garantizamos un resultado perfecto en sólo treinta minutos! ¡Podrán zarpar hacia la Isla Gyojin, un lugar fuera de las zarpas del Gobierno, y escapar! - resaltó, dejando más que claro y evidente que la oferta no podía ser mejor y que era su única alternativa. ¿Qué harían los Toros Negros?





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#2
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Tras los acontecimientos en el manglar 46 Don Bambú se dirigió inmediatamente al manglar 50 para encontrarse con Kisuke. La terrorífica explosión en el manglar 30 interrumpió brevemente su camino, pero no fue más que una pasajera interrupción que incendió todavía más, si cabe, la determinación del panda de llegar hasta su amigo. Se lo encontró cerca de la casa de subastas. Por el aspecto del lugar, parecía que había tenido lugar allí un enfrentamiento de proporciones insospechadas. La fuerza del enemigo debía de ser descomunal, pero a pesar de la severidad de sus heridas Kisuke parecía estar bien. No tenían tiempo de alegrarse, de todas formas, ya que tenían que encontrarse con Comi cuanto antes y volver al Saint Fermín para escapar de aquel agujero infernal en el que habían terminado. Se encontraron con el cerdo gigante durante el trayecto y una vez el equipo estuvo reunido regresaron al manglar 0, donde estaba el barco aparcado. Si Don Bambú no recordaba mal, necesitaban un recubrimiento especial para poder llegar a la isla gyojin. No esperaba que fuera barato, pero tenían bastantes ahorros entre todos y no creyó que el dinero pudiera ser un problema.

Resultó que sí lo era.

Nada más llegar el grupo a los astilleros un grupo de trabajadores del puerto se dirigió a los revolucionarios con una oferta que no podían rechazar. No podían rechazarla no por lo buena que era, sino porque la alternativa era quedarse a esperar su destino a manos del Gobierno Mundial o de un Yonko genocida. Sin embargo el precio era elevadísimo. Don Bambú no perdió el poco tiempo del que disponían. —Dejadme ver vuestros ahorros. —Era una intromisión del más alto nivel, pero la urgencia de la situación requería algo de prisa. Se acercó a Kisuke y le sacó la cartera del bolsillo e hizo lo mismo con Comi, del cual también tomó de vuelta su den den mushi blanco por si llegaba a llamar el marine en algún momento del futuro. Sacó su cartera y empezó a contar el dinero del grupo en voz alta sin molestarse por ocultar cuál podría ser su destino. Kisuke tenía 932.500 berries, Comi 784.300 y Don Bambú tenía 1.049.000. No eran malas cantidades, pero a todas luces insuficientes. Entre todos tenían 2.765.800 berries. Zorak estaba incapacitado y del grupo era el único que sabía negociar de verdad. Siempre que había que comprar cosas era él el que se encargaba de conseguirlas por métodos que no se molestaba en explicar. Sin embargo el mariscal estaba hecho polvo, encamado dentro del barco e incapaz de participar en aquella empresa. El grupo tenía una emergencia. —Estamos en un buen aprieto, camaradas. —Sentenció el panda con solemnidad. Fue entonces cuando la desesperación del momento le llevó a mirar a su alrededor. Por un lado tenían a los Alas Negras. El corazón el dio un vuelco al ver en la distancia a Sasha y Garnet y sintió el imperioso deseo de correr hacia ellos y pedirles ayuda. Eran sus amigos, después de todo. Pero aquella intención se diluyó ligeramente cuando se fijó en el otro grupo de piratas que tenían al lado. Si al este podían avistarse los Alas Negras, al oeste se alzaban imponentes los Mushoku. Don Bambú dedujo quienes eran únicamente por la presencia del gigantesco cabrón que dejó tuerto a Zorak hacía ya unos meses. Así a ojo (debía de estar a unos 20 metros de distancia), el oni era más grande que el panda. No mucho más pequeño era el musculoso hombre de cabellos plateados que el panda reconoció como Rapax Gin. Le pareció que éste también les miraba a ellos, pero no identificó en su mirada reconocimiento alguno.

Extendió su haki de observación hasta su máximo rango y percibió todas sus auras. El aura de Ashura y de Rapax envolvían y eclipsaban a las demás con absurda facilidad, pero había una tercera que no se veía de dónde procedía exactamente. Notaba una presencia también de gran poder en las cercanías del timón, pero nada de eso importaba ya, pues la determinación del panda ardía con un fuego capaz de engullirlos a todos. —Tengo un plan, pero no os va a gustar. —Su pelaje blanco y negro empezó a emitir pequeñas chispas de electricidad, evidente preludio de lo que iba a acontecer. —Kisuke, tú estás herido, pero los Alas Negras no te harán nada. Ve a hablar con ellos a ver si nos pueden ayudar. Yo voy a hablar con los Mushoku y les voy a hacer una oferta que espero que nuestro mariscal no se tome a mal. Comi, quédate aquí con el dinero por ahora, estaré atento por si alguien intenta algo raro contigo. —Creyó que aquel curso de acción era el más adecuado. No disponían de mucho tiempo para andarse con rodeos. —Buena suerte. ¡Electro! —Toda aquella electricidad que hasta aquel momento sólo se intuía estalló repentinamente por el cuerpo del mink, convirtiéndolo en una suerte de bombilla animal. Empezó a correr hacia el Niebla de Guerra, la imponente corbeta con la que los Mushoku surcaban las corrientes de la Gran Línea. A su paso únicamente podía intuirse una estela brillante, pero probablemente Ashura sería capaz de verle. Sobre todo si había derrotado a Zorak con la facilidad con la que él lo había contado. Pasó de largo de los carpinteros a los que el oni amenazaba. Era una bestia ensangrentada que tenía de humano lo que Bambú tenía de zapato. Se plantó justo delante de la pasarela de embarque sin llegar a entrar en el barco, pero no necesitaba entrar para mandar un mensaje alto y claro.

En cuanto el mink se detuvo surgió de él una presión inaguantable. Los carpinteros detuvieron su trabajo al instante, como si de repente los hubieran encadenado al suelo en la posición misma en la que estaban cuando llegó Don Bambú. Lo mismo ocurriría con todos los Mushoku en la cubierta del Niebla de Guerra, con todos menos con Ashura, cuya voluntad férrea le dotaba de una resistencia excepcional contra el Haoshoku de Bambú. —Lamento la intromisión, pero es que no me fío de vosotros y quiero que me toméis en serio. He venido a negociar con los Mushoku en calidad de representante del Ejército Revolucionario. Vosotros os dirigís a la Isla Gyojin y nosotros necesitamos dinero para hacer lo mismo. Pero tenéis un problema que quizás no os habéis planteado: os dirigís a territorio revolucionario y habéis dejado tuerto a un mariscal del ejército. En cuanto lleguéis a la Isla Gyojin se os van a tirar al cuello sin contemplaciones, pero eso tiene solución. Tenemos en total 2.765.800 berries. Os daré pasaje seguro a través del territorio revolucionario y vosotros pagaréis lo que nos falta para ponerle la cobertura al barco. No debería costaros, ya que le habéis robado todo el dinero a mi camarada y vuestro capitán sabe... negociar. —Y cuando terminó su oferta deshizo la influencia de su haoshoku, ya que la urgencia de la situación era tal que no creía siquiera disponer de tiempo suficiente como para dejar inmovilizada a casi toda la banda de piratas, pero no les quitó ojo de encima por si acaso sus espíritus demostraban evidente hostilidad. En el peor de los casos volvería con las manos vacías.

Datos
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6272 + 0 = 6272
Energia: 3880 - 205 = 3675
Espiritu: 1449 - 778 = 671
#3
Atributos Personaje

ost


Como era habitual, nadie contestaba al den den mushi. Kisuke soltó un gruñido de frustración y se encendió un cigarro, dando una calada mientras intentaba salir de aquel dichoso manglar 50. Ya que nadie le contestaba, lo más lógico era ir al punto que tenían establecido como base, su barco, el Saint Fermín, por lo que se iba a encaminar al manglar 0, cuando la silueta de un oso enorme apareció en el lugar. Panda había ido a buscarlo, a fin de cuentas. Parecía estar igual que antes de que se separasen lo cual no dejó de sorprenderle y el antiguo pescador se preguntaba cuan fuerte podía haberse hecho su compañero en aquel tiempo en ese condenado archipiélago. Tras saludarle con un gesto, observó como Panda miraba un momento con curiosidad aquel lugar.

-Apareció un puto Almirante de la Marina y aún no sé como he logrado sobrevivir... aunque casi me saca las tripas... kuhahahaha.

Señaló con un gesto el manchurrón de sangre que la herida del costado le había dejado, y que, poco a poco, seguía aumentando, tenía que cortar esa hemorragia cuanto antes, pero lo primero era encontrar al mega marrano y llegar al barco. Una vez allí no sabía que era lo que podían hacer puesto que el barco necesitaba un recubrimiento especial para poder llegar a la isla Gyojin ya que esta se encontraba en el lecho marino, pero no tenía la cabeza tan despejada como para pararse a pensar en ello en aquel momento.

Un rato después, que a Kisuke le parecieron horas, dada su impaciencia natural y el estado en el que se encontraba, se encontraron con el cerdo gigante, que estaba ileso y los tres se encaminaron hacia el manglar 0, donde estaba anclado su hogar, el Saint Fermín.  En cuanto llegaron a los astilleros, unos tipos que parecían artesanos, se abalanzaron sobre ellos, ofreciéndose a recubrirles el barco, por el "módico" precio de cinco millones de berries. Kisuke arrugó el ceño, el ni siquiera tenía un millón de berries, y por lo que vio tras la "inspección" de Panda, sus compañeros andaban poco más o menos de dinero que él. Suspiró sacando de nuevo un cigarro y prendiéndolo.

-Estamos jodidos... Tenemos que salir de esta isla, lo que haya sido lo que ha provocado esa explosión es lo suficientemente importante como para que un almirante ignore a tres "criminales" buscados y peligrosos.

Miró en los alrededores por si era capaz de encontrar a algo (o alguien) que les pudiese sacar de aquel aprieto. Una mueca de desagrado cruzó su rostro al ver a lo lejos a los Mushoku y ver a Ashura. De verdad, ¿tenía que encontrarse otra vez con aquel tipo? Automáticamente y por instinto, activó su haki de armamento por si había problemas. Panda dijo que iría a hablar con ellos lo que no le parecía buena idea dada la demencia del pirata, pero sabía de sobra que su amigo mink era fuerte y debía tener algo en mente. Además le pidió a él que fuese en la otra dirección y se dirigiese a los Alas Negras, para ver si podían echarles un cable.

-Ten mucho cuidado con esos lunáticos Panda, a saber con que te salen.

Confiaba plenamente en el juicio y buen hacer de su compañero, además, por lo general, era mucho más diplomático que él. Por lo menos, el tendría que hablar con gente más sensata y receptiva, que además eran amigos del mink, y el propio Kisuke había comprobado que su capitana era alguien sensata y con buen juicio por lo que pudo apreciar en la batalla contra el Almirante Dimípalo. Se giró y vio que allí estaba aquella famosa tripulación, con Triana a la cabeza, y se encaminó hacia ellos. No conocía a nadie de aquella banda pirata, salvo a la capitana, por lo que supuso que sería mejor usar a Panda como comodín para que no sospechasen de él. Se detuvo a unos cinco metros de los piratas y dio una calada al cigarro con su mano izquierda en la que refulgió con un reflejo del sol el log pose en su muñeca que seguía indicando hacia el fondo marino.

-Triana, no esperaba verte tan pronto, pero necesito tu ayuda una vez más y Panda me ha pedido que venga a hablar con vosotros. Nuestro negociador está fuera de juego y necesitamos rebajar el precio que esos cabrones usureros le han puesto al coating, ¿podéis echarnos una mano con eso? Tengo un par de barriles de cerveza que me sobran...

No era alguien acostumbrado a pedir favores, siempre había tratado de valerse por si mismo, pero aquella era una situación crítica, ¿quién sabía que iba a ocurrir ahora en Sabaody tras aquella inmensa explosión, que al parecer había destruido un manglar por completo? Una vez más los miembros del Ejército Revolucionario, del Escuadrón de los Toros Negros, estaban en un aprieto considerable.

resumen de turno

karma

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inventario
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2450 - 250 = 2200
Energia: 2808 + 54 = 2862
Espiritu: 1245 + 0 = 1245
#4
Atributos Personaje

Después de activar el electro para buscar a mis amigos con toda la presteza posible y cargar con Shoto para que también él encontrase a su gente, como los llamaba él. Iba en sprint todo el rato, no podía permitirme ir a menos de la velocidad máxima que mis piernas fueran capaces de ir, no sabía qué, quién o cómo, pero algo estaba pasando, algo muy malo, y era imperativo que se encontrase cuanto antes con sus camaradas para salir de la isla que tenía pinta de ir a convertirse dentro de poco en un campo de batalla que sin duda pasaría a la historia, para bien o para mal. Tratando de encontrar el camino de vuelta encontré algo que me interesaba, — ¡Mi oinkimono! — exclamé con fuerza, virando la trayectoria de mi carrera para atraparlo, estaba cubriendo parcialmente un establecimiento, con el vistazo rápido que le eché pareció ser de música, pero no era algo que mereciera mi atención en ese momento, bajé de mi hombro a Shoto con rapidez y lo dejé en el suelo, — Dame un segundo, me lo pongo y seguimos buscando a nuestros amigos, oink. — y dicho y hecho, me puse mi kimono todo lo rápido que mi gordo cuerpo me permitió y una vez hecho, sin siquiera anudar el cinturón alrededor de mi cintura, volví a tomar a Shoto en el hombro y retomé mi camino, si mi kimono estaba tirado como estaba debía seguir en la dirección opuesta a la que había arrastrado mi ropa, tal vez se me estaba pegando la inteligencia de Shoto o tal vez la adrenalina del momento había hecho que mi mente trabajase con más eficiencia, tal vez un poco de ambas, o tal vez el motivo era otro completamente diferente.

Shoto recibió una llamada a su den den mushi y me avisó para que lo dejase en el suelo, él ya sabía dónde tenía que ir, así que me devolvió mi den den mushi, lo guardé y me despedí de él deseándole suerte, y de lo hice de corazón, esperaba que tuviera suerte encontrando a sus compañeros y huyendo del lugar. Tan pronto como nos dimos las mutuas despedidas volví a correr como alma que lleva al diablo. Y al poco me encontré de frente con Kisuke y Panda, que parecían haberse encontrado por casualidad, — ¡Amigos! — exclamé mientras me acercaba, desactivando el electro, pues no había prisa si iba con ellos, — ¿Estás bien Kisuke? Esa herida parece grave… Cuando estemos en el barco Zorak y yo te echaremos un ojo, ahora centrémonos en volver, ¿Si? — fui a tomarlo en mi mano para que no tuviera que andar y pudiera reposar en mi mano, pero recordé que al tocarlo se convertía en ese polvo negruzco, no merecía la pena ni intentarlo. Tras un rato andando hacia el barco llegamos al manglar 0, un poco raro pues no era de donde habíamos salido hacía un tiempo, antes de nuestro encuentro con el robot azul y el viento mágico, ¿Lo habría movido Zorak?, pero nos venía bien que estuviera ahí, pues unos señores estaban haciendo una increíble rebaja para recubrir nuestro barco, parecía algo bueno, pero a juzgar por la reacción de mis compañeros no era tan bueno. No es oro todo lo que reluce.

Nos juntamos frente al barco, sin llegar a subir, y allí Panda nos pidió los ahorros, aunque no esperó a que se los diéramos, los cogió directamente, — Todo lo que tengo es lo que he ido cogiendo de la gente que al verme se iba corriendo de la isla en la que crecí, igual que mi den den mushi, oink. — añadí, para que Max conociera el origen de mi dinero, no era mucho, algo menos que Kisuke, y sumado al millón que tenía el mink quedaba todo en 2.765.800, una cifra nada despreciable, pero insuficiente. Empezaba a agobiarme la situación, pero Panda se plantó contra la adversidad, erigiéndose como un pilar de fulgurante esperanza en la oscuridad del momento, diciendo que tenía un plan, uno que tal vez no nos gustaba, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Nos repartimos las tareas, mi parte fue la más sencilla, debía quedarme en el barco custodiando tanto la embarcación como el dinero, Kisuke iría al este, al barco de los Alas Negras, para buscar su ayuda, eran antiguos conocidos de Max que nos ayudarían, pero sin duda la tarea más dura recaía en los robustos hombros del mink blanco y negro, iba a ir al oeste, a negociar con ellos, — Suerte con esto, intentaré hablar con los de la oferta para que bajen un poco el precio, no tengo mucha labia, pero espero que sirva de algo, al menos ganaré tiempo. Suerte con todo, camaradas. — mi voz era pesada, me preocupaba Panda, pero tenía plena confianza en él, cuando nos separamos yo fui a hablar con el equipo de los astilleros, con todo el dinero en la mano, metido en una bolsa. — ¡Hola! Verán, mi barco, bueno, no es mío, es de todos mis camaradas, pero bueno, es ese de ahí. — señalé el Saint Fermín para los trabajadores, estaba nervioso, y se notaba, mi nariz no paraba de interrumpirme con sonoros ronquidos, — Nos gustaría tomar esa oferta de 5 millones, el problema es que aún no tenemos todo el dinero, ¿Os puedo dar la mitad ahora para que empecéis y luego pagar el resto? Mis amigos han ido a por más dinero, así que os vamos a pagar, eh, no vamos a irnos. — dejé la bolsa delante de uno de ellos, el que más adelantado estaba del grupo, pensé que sería mejor eso que seguir hablando, definitivamente no era lo mío.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2431 + 0 = 2431
Energia: 1576 + 22 = 1598
Espiritu: 561 + 0 = 561
#5
Los revolucionarios, que habían sido separados indiscriminadamente bajo una serie de catastróficas desdichas, volvían a reunirse en el manglar 0 con el objetivo de poner pies el polvorosa. Abandonar lo antes posible el archipiélago era el objetivo principal pues, aquella explosión que había pulverizado un manglar anteriormente tan sólo era un preludio, un pequeño tentempié del desastre que podía sumir Sabaody entera en una espiral de destrucción. Pero dejar la isla no sería tarea fácil.

Siendo su próximo destino la Isla Gyojin ubicada en el lecho marino a 10.000 metros de profundidad, era necesario cubrir con un revestimiento especial el barco con el que, tan solo los artesanos locales y autóctonos eran capaces de trabajar. Si bien los Toros Negros habían demostrado su valía enfrentándose a una máquina de guerra desarrollada por el Gobierno Mundial y a un mismísimo almirante, el grupo revolucionario no estaba preparado para enfrentarse a su peor enemigo, un enemigo invisible que siempre estaba presente y que iba drenando la energía y vitalidad de los más desfavorecidos y desdichados. El capitalismo.

Llegando al fin al lugar donde se encontraba anclado el Saint Fermin, pudieron dar frente a él con varios trabajadores que, nerviosos y agobiados por lo que se avecinaba, pregonaban la situación en la que estaban y el trato que ofrecían. 5 millones de berries a cambio de cubrir su barco con la resina que estaba presente en prácticamente todo Sabaody, siendo fundamental para proteger al barco de los peligros que acechaban en el fondo marino de camino a Gyojin. Era una gran suma de dinero, pero justa teniendo en cuenta que aquella acción salvaría las vidas del escuadrón revolucionario. Para su desgracia, la situación de Toros Negros no podría ser peor pues, con suerte llegaban a un poco más de la mitad del dinero requerido que, sumado al estado en el que se encontraba su mariscal y comerciante Zorak, hacían que ni de lejos pudieran embarcarse hacia la isla submarina por el momento. Debían conseguir el dinero que les faltaba de alguna forma, y eso fue lo que hicieron. Gracias a que Don Bambú avistó tanto a los Alas Negras como a los Mushoku, intentaron emprender su desesperado plan para recaudar todo el dinero que pudieran, ya fuera por las buenas o por las malas.

Por un lado, Kisuke hizo caso al consejo de su peludo amigo y, aprovechando que su barco estaba cerca del barco de los Alas Negras, el Solar Karma, el espadachín fue directo hacia donde se encontraba la tripulación capitaneada por Triana Tempesta. El ser compañeros de batalla y haber tenido un trato favorable con ella, hizo que el capitán revolucionario pudiera acercarse a la mujer sin problemas, pidiéndole ayuda de alguna manera a cambio de luego intercambiar unas birras. Para su desgracia la doctora, quien quizás estaba demasiado ensimismada en salir pronto de ese aprieto, hizo caso omiso a las palabras de Kisuke, quién tan solo recibió la atención de Sasha.

Por el otro lado, Comi optó por quedarse en el barco con el total monetario que reunían entre todos, guardándolo de posibles buitres que atentaran con arrebatárselo de sus gigantescas manos. Aún así, lejos de tan sólo permanecer quieto y esperando a que sus compañeros regresaran, fue a hablar con el equipo de los astilleros para rebajar, de alguna manera el elevado precio del recubrimiento. Al presenciar como una figura de enormes dimensiones se acercaba hacia los artesanos, añadiendo la ya tensión que se palpaba en el ambiente, la mayoría de ellos no pudo evitar retroceder, quedando tan sólo impasible uno de ellos, un humano de unos 1,73 metros. Aparte de su uniforme y la distinguida gorra de los astilleros, de aquel empleado destacaba un palillo que sobresalía de su boca, y el cuál masticaba y paseaba por su boca continuamente. Cuando se acercó Comi y escuchó como intentaba negociar con ellos, rodó los ojos en sentido horario y exhaló un profundo suspiro.- Cí, claro.- Respondió con sorna, cogiendo el palillo de su boca con los dedos índice y pulgar de su mano derecha.- Una mierda pa’ ti vamoa empezá a recubrí ehto cin la guita. - Volvió a introducirse entonces el palillo en la boca, y comenzó a aporrear repetidas veces el dorso de su mano derecha en la palma de su zurda.- Apoquina o a criá malva, gorrino, vuelve cuando tengah la pasta o cuando cepas negociá. - Sentenció rotundamente el artesano que parecía llevar los pantalones de ese grupo, dejando clara la negación.

Don Bambú, en cambio, se emprendió en la tarea que, a priori, podía parecer más peligrosa a la par que molesta. Llegar hasta donde se encontraban los piratas Mushoku y hacerles aceptar la oferta que tenía en mente: que les pagara lo que hiciera falta a cambio de pasar pacíficamente por la frontera de la Isla Gyojin. Era un plan desesperado pero, para fortuna del mink panda, toda la tripulación comandada por Ashura estaba terriblemente afectada por los sucesos que habían acontecido en Sabaody. De esta forma, y tras posicionarse en la pasarela de embarque, extendiendo su Color del Conquistador hasta los 20 metros, la presión ejercida sería lo suficientemente notoria como para dejar paralizado a cualquiera que estuviera en el rango de acción salvo Ashura, quien si contaba con la voluntad para imponerse ante tal poder. Ante tal despliegue de poder, los artesanos que se encontraban ya trabajando en el revestimiento, cesaron en su labor al verse también afectados ante la oleada de poder que emanaba el panda. Con las cartas ya sobre la mesa, tan sólo quedaba esperar cuál sería la respuesta por parte de la banda pirata. ¿Aceptarían con desgana el chantaje del mink? ¿O la locura de Ashura se impondría ante su aparente desventaja? Fuera cual fuera la respuesta, debían solucionar rápido aquel entuerto. El tiempo jugaba en su contra y las repercusiones si no salían a tiempo de Sabaody podrían ser severas.




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#6
En cuanto comencé a acercarme al equipo de los astilleros la mayoría retrocedió, asustados por mi tamaño, supuse, pero no me importaba, era algo a lo que me había acabado acostumbrando y, la verdad, no tenía tiempo para preocuparme por ello dada la situación. Tras explicar mi situación al grupo de trabajadores dejé la bolsa con todo el dinero delante del más adelantado esperando su respuesta, estaba tan nervioso que la respuesta pareció tardar once días en llegar, pero finalmente lo hizo, un hombre con un palillo en la boca y un poco de cara de paleto comenzó a hablar -de una forma horrible- y a decirme que sin "guita" ni "apoquine" no empezarían a trabajar, o algo así entendí, la verdad es que por un momento pensé que hablaba otro idioma, pero tenía que intentar mantener la entereza, no tenían que saber que no me estaba enterando de la mitad. — Claro, oink. — asentí con la cabeza, mirando con nervios a izquierda y derecha, Kisuke estaba hablando con dos mujeres rubias en el barco de los Alas Negras y Panda estaba reunido con todos los piratas Mushoku, ninguno venía hacia mí, ¿Qué iba a hacer? Intenté dar más conversación al hombre del palillo para mantenerlo ocupado conmigo y que no fuera a recubrir otros barcos mientras mis camaradas volvían, — Bueno… ¿Y en qué consiste vuestro servicio exactamente? Es por pura curiosidad, soy un chico de pueblo en la gran ciudad, bueno, más bien soy un hombre, o un cerdo, un cerdombre digamos, y más que de pueblo soy de una aldea, aunque ya no hay aldea, era el único habitante de mi isla, estábamos yo y mi sombra solos, los días se hacían un poco largos cuando no había nada que hacer, así que normalmente hacía ejercicio, lo típico, ya sabe, correr, nadar… También practicaba golpes contra árboles y colinas para mejorar mi velocidad, aunque los árboles solían acabar rotos. ¿De qué hablábamos? Ah sí, de lo del recubrimiento que dicen, ¿Cómo funciona? ¿Puede pasar el aire pero el agua no o no pasa el aire? Si no pasa el aire nos quedaremos sin oxígeno ahí dentro, ¿Han pensado en ello? Deberían avisar de este tipo de cosas a sus clientes. — ni yo mismo sabía, llegados a este punto, qué estaba diciendo, estaba desvariando con el único objetivo de ganar tiempo.

Por suerte para mí mi deseo de salvación llegó materializado en forma de… chica… Bueno, dada la situación en la que estaba -que para ser justos era en la que me había metido yo solito- la ayuda era agradecida. — S-Si, vale. — hice caso a la comanda que hizo nada más llegar de que me hiciera a un lado, y eso justamente fue lo que pasó, me hice a un lado y la voz de Kisuke me llamó la atención, — ¿Quién es ella? ¿Ella es la que va a pagarnos el recubrimiento de burbuja del barco? — no entendía nada, la chica llegó y lo que yo no había sido capaz de hacer en tanto tiempo ella lo resolvió con una facilidad pasmosa. Tras explicarles bien explicado a los trabajadores que el precio era demasiado alto se encaminó a su barco, si ellos eran los piratas Alas Negras su barco sería el ala negra, o el pájaro negro, y por eso ellos son las alas negras, algo así debía ser. La chica rubia se giró hacia mí y me comenzó a gritar, quería que le dijera a Panda lo que había acabado siendo el precio final del recubrimiento del barco de parte de Sasha de los Alas Negras y que a cambio de ese descuento yo debía subirla a mis hombros y pasearla por toda la Isla Gyojin, — ¿Yoink? — me señalé a mí mismo, confuso, después a Kisuke, esperando que me dijera algo, o a ella, pero en vez de intentar evitar que se me usase de atracción siguió conversando con ella como si nada, diciendo que podrían ir a pescar juntos.

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Vitalidad: 2431 + 0 = 2431
Energia: 1598 + 22 = 1620
Espiritu: 561 + 0 = 561
#7
Dada la inexperiencia del gran mink para los negocios, a Comi le fue imposible reducir el desorbitado precio que les habían puesto los artesanos para recubrir su barco. Por encima de todo, el que parecía el cabecilla del grupo parecía ser alguien arisco y desagradable y, por tanto, alguien tozudo al que no iba a ser un paseo de rosas convencer para rebajar el precio del revestimiento. Estaba claro que era una tarea imposible para el cerdo pero, por fortuna, Comilón Mc Bacon no se encontraba solo.

Antes de que pudiera tan siquiera intentar dirigir la atención del capataz - para que, egoístamente no fuera a ayudar a otra gente, seguramente inocente, que dependía de aquellos artesanos para salir del archipiélago y sobrevivir - Kisuke cumplió con la parte de su misión y, si bien no traía el dinero que faltaba, si que llevaba consigo una ayuda que arrojaría un poco de luz sobre la desesperación económica en la que se podían encontrar los revolucionarios. Sasha, la navegante de los Alas Negras, había acudido al rescate de los Toros Negros con el fin de intentar reducir la cuantiosa cantidad monetaria que había que apoquinar. Al líder de ese grupo de artesanos - que se iba a partir de mirar hacia arriba entre Comilón y ahora Sasha -  se le escapó una risa burlesca al observar como la semioni ninguneaba al puerco antes de que pudiera decir nada.- Pfé - Bufó al ver la patética actuación de Comi, dirigiendo toda su atención en la pirata. A pesar de que estaban contrarreloj, y a diferencia de sus compañeros, el capataz estaba completamente tranquilo y sereno, como si supiera que, en cualquier momento, se las piraban y todo fuera a salir bien. De hecho, lo que les pasara a aquel grupo de variopinto le traía al pairo. Sin embargo, le llamaba la atención lo que tuviera que decirle la adolescente.

Nada más escuchar como se metía con el cerdo, el hombre, sin dejar de chupetear el palillo de su boca, asintió con la cabeza, escapándosele una risilla. A diferencia del lechón, aquella chica tenía carácter, y eso le gustaba. Con algunos puntos ya sumados a su favor, Sasha recriminó sobre el demencial precio que le habían puesto a revestir al barco, demandando reducirlo a tres millones y medio, bajo el pretexto de darse todos el piro y santas pascuas a otra cosa mariposa. Al escuchar el regateo de la adolescente, el hombre se llevó la mano a su palillo, extrayéndolo de su boca como si de un cigarro se tratara.- Acho, no etá mal para cé una shiquilla… - Dijo para, seguidamente, mirar hacia Comi.- Azi eh como ce hace, a ver ci aprendeh. - Espetó, volviendo a mirar hacia la semioni, introduciendo su palillo de nuevo en la boca.- Hay trato shiquilla. pero… - Señaló hacia el cofre con el dinero.- Ahí no veo aún tré milloneh y medio - Se cruzó de brazos.- Azi que hata que no pagueih el resto a pahta. - Declaró, asintiendo a sus compañeros.

Fue entonces cuando, casi previendo la falta aún existente de dinero, que Kisuke intento abaratar aún más el coste ofreciendo, en esta vez servicios, un transporte de mercancía hasta la isla Gyojin como método de pago. Antes estas palabras, miró con incredulidad al capitán revolucionario.- Pero vamo ave, me ehta diciendo que os rebajemo caci un millón de berri por coger nueztra mercancía, ya colocada en nueztro barco recubierto, y lo llevemo al vueztro? - Miró a sus compañeros, como si en ellos quisiera encontrar la coherencia que estaba intentando encontrar en su razonamiento.- Acho, ¿no veh que no tiene ni pieh ni cabeza? - Concluyó el capataz.

Por fortuna, raudo y veloz, Don Bambú, tras las negociaciones con los piratas Mushoku, regresó hacia dónde estaban los Toros Negros con un millón más de berries, una cuantía que le aseguraba ahora, sí que sí, su supervivencia.- ¡Ahora ci noh entendemoh! - Exclamó el arisco artesano al ver depositar un millón más de berries al cofre. Pero, como sabe más el diablo por viejo que por diablo, cogió todos los fajos y monedas reunidas en el baúl y las empezó a contar, una por una, generando un gran estrés en el resto de sus compañeros al ver la lentitud de su jefe.- Ehtá todo, ¡ganduleh a trabajar ahora! ¡Ehte barco no se recubre zolo! - Animó al personal, escupiendo su palillo al suelo y ajustándose su gorro mientras, el resto del equipo hacía lo mismo y lo propio para prepararse para dejar listo el Saint Fermin.

Con una peripecia sin igual, y con la mayor rapidez posible, los artesanos comenzaron a recubrir de la resina autóctona de Sabaody cada rincón de la superficie del barco, formando una especie de burbuja viscosa alrededor de este pero sin hinchar. Una vez terminado de sellar el navío en esa película de resina, el capataz fue directo hacia el último que había ofrecido el dinero, Don Bambú, extendiéndole su mano derecha.- Pueh por aquí ya ehtaría, ezo ci, toma ehto. - Y al abrir su mano, apareció una especie cachivache, parecido a una válvula y se lo cedió al mink panda.- Cuando ehteí lihto para zalir, pulza ehte aparatejo y hará que la recina ce hinshe creando una ezpecie de burbuja, ¿me cigues? Tardará unoh minutoh y oz zalvará de la preción del agua, ya zabes. - Explicó el capataz tras, lo cual, se marchó junto al resto de su equipo.- No la palmeí anda, noh vemoh. - Se despidió, con poca gracia, dejando ahora solos a los Toros Negros en su navío pero con la tranquilidad de que, ahora sí, tenían la garantía de poder sobrevivir al cataclismo que podrían presenciar.

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#8
OST


Como era de esperar, la propuesta de Kisuke cayó en saco roto. El antiguo pescador tenía varias virtudes pero sin lugar a dudas, el arte de la negociación no era uno de ellos y una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro al ver la facilidad con la que la joven semioni había puesto en vereda a los avaros artesanos, que con una velocidad pasmosa, tras la llegada de Panda con el dinero que faltaba, se pusieron manos a ala obra y terminaron de recubrir el barco con una resina que era exactamente igual a las burbujas que danzaban alegremente por el Archipiélago, ajenas a los acontecimientos que se estaban dando en aquel lugar durante aquellas horas.

"Con que así se hace el recubrimiento de los barcos, con la resina que genera las burbujas... muy curioso."

El capataz de los artesanos, que hablaba como si hubiese salido de algún agujero oscuro y era difícil de entender si hablaba muy rápido, se despidió de ellos y se marchó dejando a los revolucionarios con su barco listo para zarpar. La herida que tenía fruto del enfrentamiento con el Almirante seguía sangrando, empapando los vendajes que le había puesto Triana y tiñendo de rojo tanto esas telas como su camiseta, haciendo que, además del lacerante dolor que le producía aquella herida, le resultase muy incómodo. Suspiró desactivando el haki de armamento, no creía que ya fuese necesario mantenerlo activo. No obstante, el tiempo apremiaba, en aquel lugar había, al menos un Almirante de la Marina, y algo o alguien lo suficientemente importante para que este dejase de lado el capturar o matar a tres objetivos muy importantes, por lo que lo mejor sería salir de allí cuanto antes. Llegaba el momento de poner en práctica todo lo que había leído sobre la navegación en las últimas semanas, donde aprendió a manejar un barco con coating por dentro del agua y se dispuso a dar las órdenes pertinentes a sus compañeros, mientras se encendía un cigarro.

-Bueno, cabrones, tenemos que largarnos ya de aquí así que no perdamos el tiempo, o si no el destino nos morderá el culo... kuhahaha

Panda había recibido la válvula de inflado del revestimiento por parte de los artesanos, con lo que se encargaría de eso y de levar el ancla cuando llegase el momento. A Comi le haría encargado de desplegar la vela mayor una vez se hubiese inflado el revestimiento, mientras él se haría cargo de la vela menor y el timón, como debía ser. Miró una vez más su log pose y alzó su voz para dirigirse a sus compañeros.

-Panda activa la válvula y prepárate para subir el ancla en cuanto el señor Panceta despliegue la vela. Marraneitor, cuando la burbuja se haya terminado de inflar suelta las sogas de la vela mayor y átalas a las barandas de los costados del barco.

Había sido una estancia realmente tortuosa y accidentada, pero, sin lugar a dudas, no podían decir que no había sido fructífera, ya que a pesar de las dificultades habían mejorado, se habían hecho más fuertes, habían conseguido un nuevo aliado, y, si trascendía a la prensa su enfrentamiento con el almirante Dimípalo, estaba convencido de que la moral de la revolución se incrementaría. Pese a todo, el daño sufrido por su amigo había sido quizá la nota más negativa de su paso por aquel lugar, pero Kisuke confiaba en su hermano de otra madre para que superase aquel nuevo obstáculo y pronto estaría como siempre. Mientras se iba inflando la burbuja, se acercó al mink panda; había algo que le preocupaba.

-No se qué clase de trato hayas hecho con los Mushoku, amigo, pero ten mucho cuidado, esos hijos de puta están muy mal de la cabeza, no bajes la guardia con ellos.

Si fuese por el propio Kisuke no vería jamás a aquellos tipos, pero tenía más que claro que tarde o temprano tendrían un encontronazo serio con aquellos tipos; sin duda el destino así lo quería, y, aunque era algo que no le interesaba lo más mínimo, sabía que tenía que estar listo para cuando se diese, porque aunque no tuviese nada que ver con su objetivo como revolucionario, había visto lo suficiente de su infame capitán Ashura como para saber que los perseguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario, y, siendo este un espadachín, al final Kisuke tendría que enfrentarse a él en su camino como espadachín. La burbuja estaba ya a punto de terminar de inflarse y se dirigió una vez más a sus compañeros.

-¡¡Atento, Comi!! Prepárate para soltar los cabos. Panda en cuanto se despliegue la vela, leva el ancla.

Por fin iban a salir de aquel lugar, y la emoción del viaje y la llegada a su nuevo destino empezaba a recorrer el cuerpo y a reactivar la mente del antiguo pescador, que ya estaba bastante cansado de aquel lugar. Su próximo destino era la Isla Gyojin, en teoría, territorio de la Revolución, por lo que esperaba tener un viaje y una estancia algo más apacible de lo que había tenido en el Archipiélago Sabaody. Había llegado el momento, era hora de zarpar.

resumen de turno

karma

akuma no mi
gastos y daños

inventario
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2200 - 250 = 1950
Energia: 2862 + 54 = 2916
Espiritu: 1245 + 0 = 1245
#9
Los últimos treinta minutos de aquella pequeña aventura habían sido de lo más estresantes. Los Mushoku parecían tener múltiples voces cantantes en la tripulación y todas ellas iban a su bola. El pequeño tontatta era el más razonable de ellos y con el cual parecía poder llegarse a un acuerdo... de momento. Le había ofrecido 2,5 millones, justo lo que necesitaban (un poco más incluso) a cambio de un brazo para Gaeru. Un trato en el que salían ganando todos, sin duda. Eso decía bastante sobre él. Un conflicto no beneficiaría a nadie, de modo que lo mejor es que todos ganasen. Por otro lado estaba Ashura, que era totalmente lo contrario a su minúsculo amigo. Se dejaba aconsejar por él, como si confiase en su criterio para buscar lo mejor para la tripulación, pero luego hacía con aquellos consejos lo que más le parecía. Por último estaba Rapax Gin. Su aura denotaba una cierta fuerza, pero estaba tan magullado que parecía un milagro que se pudiese sostener en pie. Amenazaba sin tapujos con destruir no sólo a los Toros Negros, sino también a los Alas Negras. Debía de ser uno de esos del clucluclán o algo. ¿De verdad tendría el poder para lograr tal hazaña? Lo averiguaría en el futuro sin lugar a dudas. Les iba a dar un brazo para la rana, pero no por ello iban a ser los mejores amigos. Al fin y al cabo Don Bambú tuvo que conformarse con un milloncejo escaso por culpa de su capitán y sus caprichos. Pero todo ello queda en el pasado...

de momento.

El dinero fue suficiente. Los comerciantes se pusieron a trabajar en seguida y recubrieron el barco de una suerte de película extraña que, según parecía, podía mantener alejada el agua incluso aunque el barco se hundiese en ella. Esto convertía el navío en una suerte de submarino. Don Bambú tuvo la gentileza de dejar de emitir electricidad constante para no acalambrar al avaro anciano cuando éste le entregó una suerte de válvula misteriosa. Recibió con su mano derecha, ahora carente de brillo eléctrico, aquel extraño artefacto y asintió ante las instrucciones del señor con acento raro. Probablemente fuera de An dalú Sía, una lejana y mitológica isla del South Blue donde había mucho sol y la gente hablaba extremadamente rápido. Miró a Kisuke, que había llegado sin que el panda se hubiera dado cuenta y esperó sus órdenes con paciencia. Puede que tuvieran el mismo rango en el Ejército (de momento), pero en cuestiones de navegación el espadachín era el mismísimo Comandante Supremo del Grand Line. —Allá voy, camaradas. Luego hablaremos del trato que he hecho. Al mariscal no le va a hacer ni puta gracia, eso ya te lo adelanto. —Sin perder el tiempo se adentró en el barco recién recubierto con aquella viscosa película y activó la válvula por dentro del recubrimiento. Poco a poco la pompa se fue formando y envolviendo todo el barco con aquella costosa protección contra el agua. Tardó unos minutos, como bien decía el capataz, y en cuanto estuvo lista se colocó en posición para levantar el ancla en cuanto Comi hiciese su parte del trabajo. Cuando la vela estuvo desplegada, levantó el ancla sin demasiado esfuerzo y la bloqueó con el mecanismo propio del barco. Tenía que hacer una última cosa antes de que todos se alejasen a toda velocidad, de modo que se fue corriendo hacia el lateral este del navío y levantó ambas manos para saludar a sus viejos amigos con los que a penas había podido interactuar en aquel archipiégalo. Desde la distancia era difícil no distinguir a Sasha, que era enorme, pero no veía por ningún lado a Garnet, que debía de estar en el interior del barco haciendo alguna clase de guarrada.

—¡NOS VEMOS EN LA ISLA GYOJIN!—

Y con aquella confirmación quedaba sellado su destino. Irían a territorio revolucionario y continuarían su aventura a pesar de las dificultades. Y lo habrían logrado no por ser los más fuertes, sino por contar con amigos tan valiosos como aquellos.

Datos
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6272 + 0 = 6272
Energia: 3675 - 360 = 3315
Espiritu: 671 - 356 = 315
#10
Al poco de que Sasha se fuese el capataz empezó a recriminarnos que aún faltaba dinero, por muy bien regateado que estuviera el precio y por mucho que la mayor parte del dinero estaba donde tenía que estar aún faltaba un poco menos de un millón de berries por ser depositados en el cofre de los trabajadores, y ese dinero vino de la mano, o de la zarpa, del grandísimo Max D Panda, que había vuelto entero de negociar con esos indeseables de los Mushoku, y además con dinero, en cuanto lo dejó junto al resto del dinero el hombre que hablaba mal dispuso a su equipo para empezar a trabajar. Cubrieron en cuestión de minutos todo el barco con una especie de capa jabonosa, algo que desde luego parecía una burbuja, pero estaba ceñida a la silueta del barco, no terminaba de ser redonda como una pompa. Intenté atravesarla con lentitud y cuidado, para no explotarla pero poder entrar al barco y acomodar mi tamaño a la cubierta y estar en un sitio en el que mi cuerpo no molestase -demasiado, al menos- a mis camaradas.

Recibí las ordenes de Kisuke y respondí con un fuerte — ¡A la oinkden! — y un saludo militar. También escuché a Kisuke hablando con Panda de hacer un trato con los Mushoku, así había conseguido el dinero, evidentemente, pero se notaba en su tono que Kisuke estaba preocupado por él, y yo también. Max aclaró que ya nos hablaría del trato, pero nos adelantaba que al mariscal, a Zorak, no iba a hacerle ninguna gracia, — Si es con ellos, a mí tampoco me hace mucha gracia, oink. Tuve un encontronazo con uno de ellos hace unos días, después de que hubiéramos recuperado a Zorak gracias a la negociación de Kisuke con su capitán… No me fío de ellos. — confesé, era la primera vez que hablaba del tema, admitir mi derrota contra alguien de ellos me avergonzaba, pero más por lo que mis compañeros podían pensar de mí que por mi propia debilidad, no es que me desagrade haber perdido, es el hecho de haberlo hecho contra uno de esos piratas. Para no darle más importancia al tema volví a mi posición, donde Kisuke me había dicho que tenía que estar para soltar la vela mayor y atar las cuerdas a los lados del barco para mantenerla con el viento… ¿Con el viento? Íbamos a ir bajo el agua metidos en una burbuja, ¿Tendríamos el viento a favor en algún momento? ¿Corre el viento bajo el agua? Bueno, Kisuke era el que sabía, yo me limitaba a cumplir órdenes y no cuestionar lo que no sabía. Cuando Kisuke me dio la señal solté la vela y la dejé ondear al aire mientras con las manos agarraba la cuerda y ataba cada extremo al lado correspondiente del barco, manteniéndola tensa, — Todo listo por aquí, ¡Vámonos! — exclamé, tenía ganas de dejar la isla de las burbujas, había vivido muchas cosas en esta isla, el poco tiempo que había ocurrido en el archipiélago había valido como varios meses en cuanto a experiencia conseguida, tanto de mano de mis camaradas como en pruebas que la vida me había puesto y que, de una manera u otra, había conseguido superar.

Off
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2431 + 0 = 2431
Energia: 1620 + 22 = 1642
Espiritu: 561 + 0 = 561


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