[Pr Rl - Ent. Haki Obs Med] El Día Después
#1
Día 07 de Invierno, Año 14.
Archipiélago Sabaody, Manglar 70.
Buque Acorazado del Almirante Yugu Dimípalo, 1200 horas.
 


 
El sol de mediodía caía aplastante sobre los manglares supervivientes. Las gaviotas revoloteaban despreocupadas, posándose en las ramas de aquellos árboles gigantescos que asomaban de cada uno de los manglares que componían el archipiélago, ajenas por completo a la destrucción que casi las había dejado sin hogar. El mar seguía su ritmo implacable, imperturbable, como si nada de lo acontecido el día anterior hubiera sucedido.
 
Yo apenas podía mantener los ojos abiertos. El agotamiento me consumía desde cada fibra de mi ser. No era solo la batalla contra Akahige lo que me había dejado exhausto. Cada hora del día anterior había sido una sucesión brutal de enfrentamientos que parecían no tener fin. Primero, el Patriota, esa arma de la División Científica de la Marina que se había salido de control, sembrando muerte por todo el archipiélago. Junto con mis compañeros de división, la División Diecisiete, apenas logramos detenerlo después de que masacrara a incontables civiles. Y como si eso no fuera suficiente, justo después me vi envuelto en un combate contra tres piratas a los cuales una voz en mi interior me decía que debía haber capturado. Los derroté, sí, pero la urgencia del llamado del Almirante Yugu para enfrentar a Akahige, aunado a la resolución de dos de ellos, me impidió capturarlos. Llevaba el recuerdo de aquellos piratas aun conmigo, incrédulo de que un objeto tan delicado haya sobrevivido al día pasado.
 
La destrucción que el yonko Akahige dejó a su paso es algo que jamás olvidaré. De los setenta y nueve manglares que conformaban el archipiélago Sabaody, solo setenta y ocho permanecen en pie. El caos que desató fue instantáneo y devastador, sin que ninguno de nosotros entendiera realmente el motivo de su ataque pues para nuestra buena suerte logramos repelerle antes de que se presentara dicha calamidad en las costas el archipiélago. Todo sucedió tan rápido. Akahige apareció de repente, sembrando destrucción por doquier. No había explicación, no había advertencia. Simplemente llegó y comenzó a arrasar con todo a su paso. Todos los esfuerzos de la Marina, del Almirante Yugu Dimípalo, y de nuestros aliados del gremio de cazadores Magna, lograron contener su avance lo suficiente para permitir la intervención del Almirante Tucrow y su grupo de Zodiacool.
 
Lo más irónico fue conocer quien había sido el responsable de aquel temporal de viento que nos separó a todos justo antes del ataque del yonko. Lo vi personalmente: el Almirante Yugu enfrentándose al Yonko, generando ese extraño fenómeno meteorológico que nos dispersó en aquella segunda ocasión para formar un túnel de viento de dimensión inconmensurables. Desde el primer vendaval que nos separó a todos no sé nada del paradero de Ryze y James. La incertidumbre de su destino se suma a la pesadez de nuestra supervivencia. El precio de nuestra supervivencia ha sido alto. Mis compañeros han sufrido heridas que cambiarán sus vidas para siempre. Sohem, del Gremio Magna, perdió un brazo en la batalla. Apolo, uno de mis nakamas más cercanos, ahora es un guerrero mutilado, privado de un ojo y una oreja por los brutales ataques de Akahige. Sin mencionar como el Almirante Yugu estuvo al borde de la muerte siendo salvado gracias a los esfuerzos de Viktor, del Vicealmirante Joe, de Karl y míos. Fue un momento de tensión absoluta, donde cada segundo contaba y cada movimiento pudo significar la diferencia entre la vida y la muerte.
 
El camarote el cual se me había sido asignado era pequeño pero funcional, típico de un barco de la marina el cual busca priorizar capacidad contra lujo. Aunque supongo que los cuartos de los grandes rangos serán más espaciosos. Yo no necesito más, en realidad si necesito espacio siempre puedo acudir al inmenso mar de ser necesario. Sin embargo, el camarote era funcional y cómodo. Las paredes de madera oscura estaban cubiertas por un fino revestimiento que amortiguaba los sonidos del exterior. Una base de cama metálica ocupaba un lateral, con sábanas color gris ceniza, impecablemente tendidas. Un pequeño escritorio empotrado en la pared, sujetado por bisagras de bronce que no chirriaban levemente al abrirse, demostrando el grado de impecabilidad al que se sometía el barco del Almirante Yugu en línea con su porte y majestuosidad, completaba el mobiliario esencial. Una única lámpara colgaba del techo, proyectando sombras irregulares que bailaban con cada suave mecedura del barco durante la noche cuando era necesario encenderla.
 
Mi Den Den Mushi era una pieza fascinante. Aunque era igual que cualquiera de los otros vulgares dispositivos de comunicación corrientes, siempre me había fascinado su funcionamiento. Este era un modelo de la marina el cual destacaba por sus delicados detalles pintados en la concha del dispositivo la cual es de un blanco aperlado acompañado de dos líneas paralelas de color azul a lo largo de la parte superior de la misma terminando cerca de la cola y de la cabeza del aparato viviente. Sus ojos, grandes como dos platos, cambiaban de expresión según el estado de quien llamara (ahora mismo estaban cerrados pues no había llamada alguna por responder). La boca del caracol, bordeada de pequeños pliegues, parecía lista para murmurar secretos de un narrador a otro. Levante el comunicador que reposa a un costado del Den Den Mushi en búsqueda de mis compañeros de división.
 
“Aquí Fuguwu, Apolo, Karl, vicealmirante Joe, ¿me escuchan? Creo que hace falta reunirnos, aun no he escuchado nada de Ryze o de James, estaré en la cubierta principal del barco en 15 minutos, pero tómense su tiempo. Fuguwu, cambio y fuera.” – dije sin esperar respuesta a aquella convocatoria, colocando el comunicador de vuelta en su lugar y guardando aquel fascinante aparato en uno de los bolsillos de mi uniforme el cual lucia impecable sobre una de las sillas del camarote.
 
Me incorporé con un esfuerzo que hizo crujir cada músculo de mi cuerpo. El nuevo uniforme de la marina que había pedido al cuartel esperaba doblado con precisión militar sobre una silla plegable. Un blanco inmaculado, con los bordes de los puños y el cuello en un azul marino profundo. Lo vestí con movimientos lentos, casi rituales. Cada botón abrochado era como un recordatorio de la batalla recién librada. El pasillo que conducía a la cubierta principal era un laberinto de pasillos estrechos. Paredes de madera tratada, con algunas zonas marcadas por el impacto de combates previos. Pequeñas tuberías de bronce corrían a lo largo del techo, algunas con pequeñas gotas de condensación que brillaban bajo la luz tenue de las lámparas empotradas. El suelo metálico resonaba con mis pasos, cada pisada amortiguada por mis botas nuevas que aún conservaban ese olor a cuero recién fabricado.
 
Al salir a la cubierta principal, el panorama cambió completamente. El cielo era de un azul brillante, sin embargo, a lo lejos, un lienzo de grises pesados se empezaba a asomar cargado de nubes que amenazaban tormenta, pero que no terminarían de estallar hasta el bien llegada la noche. El viento marino golpeaba con una intensidad que hacía ondear las pocas banderas que quedaban intactas. El olor a pólvora, muerte y destrucción empezaba a desaparecer, aunque aún se podía oler en el viento si se inhalaba con profundidad. Ese indefinible aroma a desolación que queda tras una batalla.
 
El mar se extendía alrededor del manglar 70, un gris uniforme que parecía querer tragarse el horizonte. Las olas golpeaban el casco del barco con un ritmo casi hipnótico, un constante recordatorio de que la vida continuaba más allá de nuestra pequeña y devastada realidad. Me senté sobre la baranda del buque acorazado que daba a estribor y esperé pacientemente que alguno de mis compañeros de división hiciera acto de aparición tal como les había pedido.
 

 
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#2
Todo estaba calmado. Daba hasta miedo pensar que, hasta hace prácticamente nada vivimos un mismísimo infierno. Uno en el que nuestras vidas podían haber acabado en un soplido. Pero estábamos vivos, aunque algunos, con heridas que llevarían por siempre encima. Junto con Magna y Gukuro, conseguimos ganar el tiempo suficiente para que Tucrow y sus mejores hombres llegasen al lugar y poder ganar aquella batalla. O al menos, aplazarla hasta nuevo aviso. La Marina se puso rápidamente en movimiento para socorrer a todos los civiles que fueron victimas de tal masacre. Nosotros, fuimos atendidos en el mismísimo buque de Gukuro y así poder descansar como era debido. Pero en mi cabeza solo rondaba una pregunta, ¿Dónde estaban Ryze y James? No sabíamos nada de ellos, y yo ya me temía lo peor. El solo hecho de pensar que mi pequeña amiga estuviera sin vida en algún lugar me revolvia otra vez todo por dentro. Y James, aunque nos complicó las cosas, tampoco quería que le hubiera pasado algo tan extremo. Por desgracia, solo quedaba esperar las noticias y rezar.

Así que no podía quedarme quieto. Volví a usar mi nueva fruta, esta vez, en un momento crucial. A veces se me olvida el potencial nuevo que tengo por mejorar y entrenar, pues el monstruo que habita dentro de mi no es ni de lejos como el de antes. Así que mi objetivo por hoy, era casi el de siempre: Ser más fuerte.

Me ubicaba en una de los camarotes del buque de Gukuro. Nada especial ni nada raro, un camarote más. Mientras tuviera una cama en la que poder descansar era para mi más que suficiente. Estaba tumbado, con las manos detrás de mi cabeza, mirando por la pequeña ventana de mi derecha, como los rayos de sol iluminaban el cubículo. Había conseguido descansar bien y sin problema, mis heridas fueron tratadas, tenía energía de sobra. Así que tocaba moverse. Cuando procedí a levantarme, de repente, mi Den den mushi sonó, encima de la mesita la cual se ubicaba al lado izquierdo de la cama. Con tranquilidad, lo cogí, era Fuguwu, pidiendo una reunión en cubierta, y afirmando que aún seguíamos sin noticias de nuestros compañeros - Voy para ya - Contesté y colgué. Me vestí con una camisa grisacea de manga corta, y por encima, una nueva capa de Vicealmirante que me brindaron los hombres de mi superior. Sin más que pensar ni hacer, salí por la puerta, dirección la cubierta, sin ni siquiera coger nada de mis pertenencias, pues estando donde estoy no me harían falta.

El día al menos cumplía con los mínimos. No hacía mal tiempo, pero a lo lejos se podía divisar lo contrario. Me encendí un cigarrillo mientras miraba a mis alrededores, hasta que pude visualizar a mi compañero Fuguwu, el cual estaba sentado en el estribor del barco, así que comencé a caminar hacía el mientras daba una calada - Venga, va, arriba esos ánimos - Comenté con cierta tranquilidad para intentar generar un ambiente al menos agradable - Seguramente en poco tiempo tendremos noticias de ambos, esos dos son fuertes, no me cabe duda - Comenté, frenándome a su lado derecho, mirando el manglar en el que nos encontrábamos - Aún faltan por llegar Karl y Apolo, pero dime, ¿Algo que quieras comentar o decir? Si puedo ayudarte, lo haré con gusto, compañero - Finalicé esperando su respuesta.
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#3
Al fin todo había acabado. 

Había sido la misión más dura y difícil a la que me había enfrentado en mi vida como marine, todo había sido muy intenso, el reencuentro con Joe, el ataque de aquel robot asesino, el encuentro con aquellos dos piratas que se habían ganado una segunda vida al no poderlos atrapar y sobre todo  el ataque de aquel gran pirata que le había destrozado la cara al siempre alegre y joven Apolo.

Cuando por fin conseguimos repeler el ataque, gracias a la determinación de todos los que allí estábamos, la ayuda de los refuerzos desde el mar y la nueva y extraña y habilidad de Joe, acabe aún más agotada ayudando a civiles heridos y un poco a paliar los daños realizados por el Yonki ese aún desde el mar, junto a mis compañeros. Al fin había terminado uno de los días más largos de mi vida, al menos que yo recuerde. 

Pero no nos dio tiempo a descansar, la vida del marine no está pagada, ya estábamos de nuevo en un barco en dirección a otro destino, en este caso en el del almirante Dimitrikalo. Estaba en un camarote de invitados que no era demasiado cómodo para lo que estaba acostumbrada, pero en el que como siempre dormiría junto a Josebas, pero a pesar del cansancio, no había podido descansar.  Es algo que a veces pasa, cuando estás tan agotada que, por mucho que quieras, no puedes conciliar el sueño. Es como que tu cuerpo no puede parar tan de repente, es incapaz de apagar el motor, de bajar de 80 nudos a la hora a cero. Por mucho que lo intentaba, no lo conseguía.

Pero no era solo eso, había algo más. Mi hombro, notaba un peso enorme en mi hombro, un peso ausente, un peso muerto. Algo que no estaba, alguien que no estaba y yo ya me conocía esta historia. El DenDenMushi comenzó a sonar mientras estaba sentada en la cama. Era Fuguwu, nos llamaba a cubierta. Había demostrado ser alguien de confianza. Sin decir palabra, colgué, me vendría bien despejarme. Acaricie a Joseba y me fui del camarote.

En estribor del barco ya estaban reunidos Joe y Fuguwu, como siempre diligentes.

- Buenos dias, o tardes ya compañeros. 

Les dije al verles, intentando espantar mis fantasmas.

- Hace un buen día hoy, al menos, soleado. ¿Para qué nos has convocado Fuguwu?

Evitaría tocar el tema, al menos de momento. Aunque estaba segura de que no volvería a ver a la pequeña tontata. 

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#4
Había pasado una noche desde el punto de inflexión que quedaría marcado para siempre en mí, tanto de forma metafórica en mi alma, como físicamente en mis propias carnes. Fue el día más extraño que pude vivir desde que pertenecía a la Marina: primero viví amenazas de un compañero con la realidad alterada que resultó ser un lameculos del gobierno. Luego un almirante nos hizo desfilar con un proyecto fallido que acabó masacrando a gente inocente y que tuvimos que arreglar nosotros. Un huracán nos separa y, como si fuese obra del destino, me hace conocer a otro cabecilla de la revolución... alguien sensato y con un discurso bastante agradable. Y finalmente llegó el enfrentamiento contra aquel emperador, en el que diría que las heridas en mi orgullo dolían más que las heridas en mi cara ya que me sentí fuera de lugar. No poseía el conocimiento médico de Fuguwu ni las habilidades sanatorias de Karl, tampoco podía convertirme en una muralla gigante como Joe para proteger a mis aliados, ni tenía el alcance y la fuerza de un almirante. Sin embargo había dado la cara, literalmente, por la Marina y por la División. ¿Había merecido la pena? Empezaba a dudarlo. Tampoco llegaba a entender qué hacía yo allí, ni qué podía ofrecer.

Lo último que recuerdo fue que todo terminó con una orden de Gukuro. Ordenó que se ocupasen de los que estuviésemos heridos y nos retirásemos. Yo sentía que tenía la energía para poder seguir combatiendo mucho más tiempo pero el haber perdido tanta sangre me había dejado casi fuera de combate.

Esa noche la pasé completamente en vela, sin llegar a poder dormir ni un minuto y cuyas secuelas se marcaban debajo de mis ojos, o mejor dicho, de mi ojo izquierdo. No fue por algún tipo psicológico, de remordimiento o algo similar sino que el culpable fue el dolor tan intenso que me hizo sufrir aquel pirata. Era un daño tan fuerte que me impidió pegar ojo pese a estar agotado por todo el estrés vivido ese día. Me encontraba a oscuras en un camarote del barco del almirante Gukuro iluminado únicamente con la luz de una vela, no sabía adónde nos dirigíamos y en ese momento me daba completamente igual. Estaba sentado en una silla, reclinado hacia atrás sobre las dos patas traseras de ésta y con los pies sobre un escritorio, meciéndome levemente. Sólo llevaba mis pantalones del uniforme y las botas, además de un vendaje en la cabeza de forma diagonal que cubría desde mi lado izquierdo por encima de la ceja, hasta por debajo de mi pómulo derecho, tapando el lado diestro de mi cara. Aún no había visto el resultado de las secuelas que tenía pero me daban ganas de arrancarme el vendaje de lo que me picaba y dolía. Estaba pensativo y con mi ojo izquierdo cerrado, a la vez que escuchaba música a través de mis auriculares que llevaba siempre, llevando la diadema de éstos por detrás de mi nuca. Intentaba relajarme pero el hecho de notar molestias en mi lado derecho por culpa del aparato musical, sumado a que no era capaz de oír la música igual de bien que siempre, empezó a acelerarme el pulso y a ponerme de los nervios.

Me quité los auriculares visiblemente molesto y los arrojé sobre el escritorio, a la vez que suspirando empecé a sacudir mi pelo con mi zurda. Poco después mi den den mushi, el cual se encontraba también en la mesa junto a mi mochila y mis bártulos, comenzó a sonar. De él sonó la voz de Fuguwu convocándonos a los presentes en la pelea contra el yonko, afirmando que seguía sin saber nada de Ryze y de James. Yo tampoco sabía nada de ellos y en las condiciones en las que yo me encontraba eran la menor de mis preocupaciones, pero Fuguwu se había ganado el derecho de que si me llamaba, yo acudiría.

Cogí una camisa blanca limpia del uniforme y me la puse, dejándola abierta. Apagué la vela con mis dedos índice y pulgar de la mano derecha y salí de mi camarote con toda la parsimonia del mundo. Caminaba a través de los pasillos de aquel buque con las manos en los bolsillos de mi pantalón y haciendo resonar la suela de mis botas en el suelo pero no llegaba a cruzar la mirada con nadie, como si me encontrase solo en el lugar. Estiré mi diestra para abrir una de las puertas que daban acceso a la cubierta principal a la que Fuguwu nos convocó pero mis dedos chocaron contra ella antes de lo esperado. Aún no estaba acostumbrado a ver sólo por un ojo y por lo tanto no medía bien las distancias. Chisté ligeramente frustrado y, fruto de la rabia, posé la palma de mi mano derecha sobre la madera. Empecé a eliminar todo rastro de humedad y, cuando noté la puerta frágil, la pateé con la suela de mi pie derecho rompiendo las tablas y levantando polvo.

Volví a llevarme mi diestra al bolsillo y empecé a caminar, deslumbrado por el contraste de la luz del día y divisando posteriormente a mis compañeros en la cubierta. Caminaba visiblemente cansado por no haber dormido, transmitiendo el aura de un fantasma penitente con media cara vendada y mi pelo despeinado cayendo por el lado izquierdo de mi testa. No dije ni una palabra, simplemente avancé hasta el grupo y me senté en el suelo, apoyando la nuca y la espalda en la pared de la borda del buque. Del bolsillo del pantalón saqué un pequeño bote de pastillas sedantes que me habían ofrecido los médicos al tratarme y me tragué una de ellas, esperando a que hiciesen efecto rápido y me aliviasen algo del dolor. Suspiré y esperé a ver qué decían y por qué estábamos allí.
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#5
Una agradable ventisca recorría la superficie del barco de babor a estribor, amenazando con mandar a volar la gorra del uniforme de la marina que portaba sobre mi cabeza. “Epa” – exclame mientras la agarraba de la visera con un rápido movimiento de mi mano derecha, para luego colocarla de nuevo en su lugar y ajustarla firmemente sobre mi calva.
 
Del interior del barco surgieron 3 figuras familiares – unas más que otras – en sucesión, relativamente espaciada para sugerir que no se habían encontrado por el camino.
 
El primero de ellos fue el Vicealmirante Joe, portaba una camisa de tonos grisáceos y por encima de los hombros le abrazaba aquella capa de la marina que le vi vestir por primera vez apenas ayer. Vagamente pensé que le lucia bastante, y divague por un momento, mientras terminaba de acercarse, sobre cómo me luciría a mi una capa similar la cual podría portar una vez ascendiera a capitán. Para eso faltaban aun mucho, eran al menos 3 escalones más en la jerarquía por lo que tendría que seguir utilizando el uniforme básico, de momento.
 
Al Vicealmirante se le veía tan fuerte como un toro, aunque quizás seria mas apropiado pensar en el caparazón de una tortuga. Una tortuga con un caparazón mas fuerte que el diamante capaz de detener con su cuerpo el ataque de uno de los seres más fuertes del inmenso azul sin apenas salir dañado. Con su habitual frescura se acerco a mí, por lo que aproveche a ponerme firme y realizar el saludo formal de la marina hacia quien, al final de cuentas, era mi superior.
 
“Gracias por venir, Vicealmirante” – dije, mientras descansaba los brazos tras el saludo – “Espero que sí, apenas ha pasado un día, tenia la esperanza que usted supiera algo de ambos, pero asumo por sus palabras que no han aparecido.” – contesté a las primeras palabras de Joe intentando demostrarme optimista.
 
“Esperemos a la Comodoro Karl y al Comandante Apolo, en realidad no hemos tenido un respiro desde ayer y quería confirmar que estamos bien, o al menos vivos.” – contesté a su pregunta sonriendo vagamente, intentando no cargarle con mis peores pensamientos, al menos no hasta estar todos juntos.
 
La segunda en llegar fue la Comodoro Karl, nuevamente me puse firme rápidamente y saludé (mano derecha a la altura de la frente, brazo izquierdo atrás de la espalda) para ágilmente extender mi mano derecha hacia Karl devolviendo un saludo menos formal.
 
“Karl! Me alegra verte, gracias por venir.” – dije empezando a renovar ligeramente mi entusiasmo.
 
Antes de poder contestar a la pregunta de Karl, sin embargo, un ruido seco me hizo girar la cabeza en dirección a donde instantes después aparecía Apolo. De los tres, era sin lugar a duda a quien en peor estado se le veía. Su otrora algarabía y descaro habían sido reemplazados por frustración y cansancio frutos de lo ocurrido el día anterior. Su rostro parcialmente vendado le daban un aire aún mas lúgubre, no era ni la sombra de la persona que había conocido hace un largo tiempo en la playa de arena rosa de Momoiro. No obstante, estaba vivo, y con suficiente fuerza para caminar por si mismo, por lo que mentalmente agradecí a Neptuno. Conteniendo el impulso de correr hacia él y abrazarle, esperé a que llegara cerca de donde nos encontrábamos los demás para dirigirme a todos.
 
“Apolo, gracias por venir” – dije recuperando el aliento, calmándome, pues necesitaría mantener la cabeza fría para anunciar lo que estaba a punto de decir, y evitando mencionar el mal estado en el que claramente se encontraba.
 
“Hay dos razones por las que les he pedido que vinieran, gracias de nuevo por hacerlo.” – comencé posicionándome a dos metros frente a Apolo, Karl y Joe quienes quedaban en ese orden frente a mi de izquierda a derecha separados por menos de un metro el uno del otro – “La primera, confirmar que nadie ha tenido noticias de Ryze o James, que entiendo es así pues ni siquiera el Vicealmirante ha oído de ellos.”
 
Espere un momento a que reaccionaran ante este punto y, tras tomar un minuto de concentración mientras mis compañeros reaccionaban a mi primer punto, me arme de valor para decir la segunda y principal razón por la que les había convocado – “La segunda razón es la siguiente. Vicealmirante Joe, quiero pedir formalmente dejar de formar parte de la división 17”.
 
 
Puse mis brazos rectos a los costados de mi cuerpo y realice una ligera reverencia acompañando aquella solicitud la cual sabía que podría acarrearme problemas.
 

 
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#6
Tras de mí llegó el pobre Apolo. No era el de siempre. No estaba bailando y estaba hecho unos zorros. 
Otra víctima más de este trabajo, no dejaba a nadie ser feliz, por mucho que lo intentáramos, este trabajo nos destrozaba, tanto por dentro, como en el caso de Apolo por fuera. No dijo una palabra, no había música, no había baile. Todavía me sentía mal por aquella bronca que le eche por aquel desfile que montó, cuando el no tenía la culpa de nada, aunque no recordaba si me había disculpado con él por aquello, hacerlo ahora sería ridículo. Era un chico fuerte, como yo. Intente no mirarle con pena, sabía que me odiaría por ello si lo hacía, tampoco podía apartar la mirada. 

Realmente seguía siendo un joven atractivo, la "herida" realmente le daba un aire misterioso, intente saludarle, insegura de mi misma levantando un brazo y saludando de manera informal:

- Cocaburra, Apolo, a ver que nos tiene que decir el bueno de Fuguwu.


El pez humanoide nos dio las gracias por venir, nos dijo que nos había reunido por dos cosas, al decir la primera sentí de nuevo algo sobre mis hombros. Estaba segura, aun sin confirmación oficial, Ryze nunca nos dejaria asi, habia pasado lo mismo que con aquel chico que una vez me gustó...Volkano...habría caído, no sé cómo ni donde, pero estaba segura desde que no apareció en la playa junto al resto de que Ryze había caído en servicio.

- Obviamente no. No sabemos nada Fuguwu. Tú has visto lo que paso en la isla igual que el resto, especialmente Apolo. Lo más probable es que esté muerta y nos informen de ello pronto. El psicópata de James no me importa, pero seguramente haya corrido la misma suerte, no lo considero parte de esta division.

Mi voz era dura y sentía un gran dolor en mi pecho. No era la primera vez, ni la segunda que esto me pasaba, empezaba a acostumbrarme a perder a todos los que apreciaba a mi alrededor. Al final, solo me quedaba Joe. De nada servía hablar de ello, de nada servía dar falsas esperanzas, aunque en el fondo de mi corazón quería que no fueses así, que estuviera herida en algún sitio y todavía no se hubiera podido poner en contacto con nosotros, que se hubiera perdido y debido a su pequeño tamaño no hubiera podido llegar al barco ni a la playa o en el peor de los casos que hubiera desertado tras el evento con aquel robot y siguiera viva y feliz en algún sitio. La podía sentir aún en mi hombro. 

Pero Fuguwu siguio hablando y mi rostro cambio aún mas, paso de serio a cabreado en un instante  ¿cOMO QUE QUERIA ABANDONAR LA DIVISION? ¿ ESTAMOS TONTOS O QUE?

- TU ERES GILIPOLLAS. PETICION DENEGADA. ES MAS NO TE VAS A SEPARARA DE MI FUGUWU, AUNQUE NO ME GUSTE TU PUTO DESODORANTE. TU NO TE MUEVES DE AQUI ASI LO MANDE EL ALMIRANTE DE FLOTA ¿ SABES LO QUE PASA CUANDO ALGUIEN NOS ABANDONA? QUE ACABA MUERTO GILIPOLLAS. AQUI NO ABANDONA NI DIOS. AQUI SE VENGA HASTA EL ULTIMO DE NUESTROS COMPAÑEROS Y SI SE ABANDONA CON LOS PIES POR DELANTE.

No entendía nada. Con su compañero y amigo destrozado, con Ryze desaparecida y este gilipollas nos llama ¿para intentar desertar? ¿Para intentar cambiar de división o destino? No me lo explicaba, no lo entendía, estaba apretando los puños y la mandíbula lo máximo posible para no coger acercarme a el y reventarle a hostias. puto pez feo de mis cojones. Intente calmarme y respirar y mas tranquila pero con un tono aún muy agresivo le dije:

- ¿Alguna cosa más, soldado? ¿O solo nos has llamado para tocarnos los cojones?


Si fuera cualquier otro ya le habría pegado, pero hasta que soltó esas palabras Fuguwu se había ganado mi respeto, dependía de él no perderlo. ¿Qué cojones tía? Si Fuguwu pudiera ver mis intenciones, sabría que estaba a una palabra que no me gustara más de pegarle una hostia en toda la cara.

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#7
Fuguwu agradeció el gesto de acudir a su llamada. Parece ser que esperaba que yo tuviera algo de información sobre Ryze y James, lo cual fue todo lo contrario debido a mi anterior comentario - No... aún no se sabe nada... solo queda esperar que nos informen... - dije algo apenado, pero recuperando la postura para no caer en la tristeza. Tras ello, apareció Karl y a continuación Apolo, el cual no dijo ni una palabra. Estaba claro que no pasaba por un buen momento, y yo tan solo me dejé llevar un poco por los sentimientos del momento. Se sentó en el suelo, apoyándose en la pared, me acerqué a el, manteniéndome de pie y mirando al frente - La vida no se acaba aquí, muchacho. Eres fuerte, más de lo que crees. Podrás con todo - Fue lo único que dije para intentar alegrar un poco su estado de ánimo.

Tras ello, Fuguwu se dirigió a todos nosotros con dos cosas, la primera, la ya mencionada desaparición de Ryze y James, y la segunda, para mi sorpresa, su propósito de abandonar la División 17, haciendo un gesto de reverencia. Obviamente, la primera en alzar la voz fue Karl, totalmente en desacuerdo con aquello. Yo mantuve el silencio, dejándola que soltase todo lo que tenía dentro para que al menos pudiera sentirse liberada. Cuando terminó, me puse frente a Fuguwu - No es necesario ninguna reverencia, Fuguwu, levántate. Puede que sea tu superior, pero soy uno más, como cualquiera de vosotros - Dije llevándome las manos a los bolsillos.

- Obviamente, me gustaría saber cual es el motivo por el cual quieres abandonar la División 17, es algo que me apena bastante. Y tras lo vivido ayer quizás puedo hacerme una idea. Solo déjame decirte dos cosas: La primera, estas en tu derecho de poder elegir hacer lo que quieras, yo al menos no te voy a obligar. Y segundo: aunque me quede solo, yo voy a seguir haciendo aquello que siempre he querido hacer, defender a los débiles, y por supuesto, proteger a los míos, o sea, vosotros, aunque me cueste la vida. Yo no voy a parar por lo vivido aquí. Ya llevo demasiado peso encima de mis hombros como para ahora renunciar a ello. Voy a seguir haciéndome más fuerte para poder lograrlo - Dije totalmente calmado.

- Karl, Apolo. Si vosotros también queréis abandonar, que sepáis que no os voy a frenar. La decisión es vuestra, y sea cual sea, yo la respetaré - 

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#8
Oía de fondo los saludos de mis compañeros a medida que avanzaba por la cubierta y, tras ingerir los medicamentos, pude ver como Joe se acercaba a mí. Escuché lo que tuvo que decirme mientras notaba mi respiración pesada debido al dolor, tras ello y empezando a notar el efecto de los sedantes, sonreí de forma lateral, cansada e irónica. — ¿Tan mal me veo? — Aún no había visto las secuelas que el ataque tuvo en mí pero con esa reacción de Joe, tenía pinta de que no estaba en mi mejor momento — No pude evitar que una niña fuese carbonizada y ni siquiera pude controlar mi propio ataque en medio de una brisilla, ¿me sigues? — dije en referencia a aquel momento en el que mi esfera perdió su forma a través del almirante, complicando las cosas. El exceso de confianza que tenía en mis capacidades, construidas como un castillo de naipes, empezaba a tambalearse.

Después de ese momento Fuguwu empezó a contarnos todos los motivos por los que nos convocó. Seguían sin tener noticias sobre Ryze y James y, con la reacción de Karl, entendí que lo más probable era que nunca los volviésemos a ver. Ella por lo visto también despreciaba a James, así que al menos podía celebrar que yo no era el loco del grupo.

El segundo punto me pilló a pierna cambiada y, tras oír que Fuguwu tenía intención de abandonarnos, clavé mi media mirada sobre él, atendiendo a lo que podría decir y por qué quería hacerlo. Antes de poder dar sus motivos, provocó la clásica cólera de Karl y con ello su típica retahíla de insultos. Parecía que no le hacía ni pizca de gracia pero en cuanto mencionó que siempre que alguien se iba de la división acababa muerto y, provocado por el delirio que los sedantes me empezaban a provocar, no pude evitar empezar a reírme en alto como un loco desquiciado — ¡Kakahaha! ¡Kaaakahahahahaha! — Sentado como un muñeco de trapo empezaba a escurrirme hacia mi lado derecho, cayéndome de lado. Sólo podía pensar que quizás estar muerto podría ser más misericordioso que estar allí, desfigurado, inhabilitado de los sentidos e incapacitado a surfear por culpa de ser un usuario.

Por otro lado Joe se mostraba más abierto a su decisión. Mientras él hablaba, yo intenté enderezar mi espalda para volver a apoyarla en la pared de la borda del navío. — Si tú te vas, Fuguwu, quizás debería irme yo también — empecé a hablar bajo los efectos del sedante — puede que al final abrir una churrería en la playa de Samba no sea tan mala idea. O tal vez abrir un chiringuito y hacer zumos... realmente no tengo ni idea de cómo cocinar pero podría aprender — Quizás mis expectativas de intentar cambiar el sistema desde dentro, como le dije a aquel revolucionario que haría, era una meta demasiado ambiciosa o que se escapaba de mis posibilidades. Quizás sólo estuviese destinado a ser uno más en mi isla natal e intentar pasar mis días de la mejor manera que podía — Al fin y al cabo lo único que puedo aportaros son mis dotes de navegante y nadie querría confiar en un navegante que no puede ver ni oír. — Estire mi mano izquierda delante de mi campo de visión — Si ya casi no puedo ni medir distancias. Habrá cientos de marines que puedan navegar como yo — A medida que hablaba, cada vez me sentía más relajado. — Ninguém vai querer um gato cíclope maluco, caramba — El medicamento me estaba empezando a dar sueño a pesar de que el dolor no se iba del todo.
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#9
La situación empezaba a salirse de control luego de mi solicitud, iniciando por Karl quien de forma enérgica dijo que si me iba de la división seguro moriría pues era un tipo de estigma que cargaban todos los que habían abandonado anteriormente, seguida por Apolo quien se empezó a partir de la risa sin ningún motivo aparente otro que no fuera lo ridículo de la situación mezclado con los múltiples sedantes que estaba tomando.
 
Sin embargo, Joe respondió con una calma que no le conocía y nos ofreció a los tres – Apolo, Karl y a mi – el abandonar la división si así lo queríamos, pero no de forma retadora, si no desde el entendimiento que si lo hiciéramos seria por motivos personales que nos llamaran más allá del deber a la división.
 
Apolo y Karl ya tenían ganada mi confianza desde hacia tiempo, pero, honestamente, era el vicealmirante quien aún quedaba por ganársela por completo (si bien había dado un gran paso tras el día anterior y todo lo sucedido) pues no había pasado con el prácticamente nada de tiempo y desconocía en realidad el tipo de persona que era. Fueron sus palabras y su calma lo que termino por convencerme de confiar también en él, y por ende en su totalidad en la división 17 (la versión reducida que formábamos actualmente).
 
“Calma Karl, calma.” – dije extendiendo los brazos con las manos extendidas moviéndolos suavemente de arriba a abajo no más de unos cuantos centímetros – “Perdonen, pero me he explicado fatal, he empezado por el final en lugar de explicarme.” – continue bajando los brazos y reacomodándome la gorra, no porque se hubiera movido de lugar, si no porque simplemente me servía para reordenar mis ideas – “Hace más de 10 años mi hermano fue secuestrado por piratas mismos que mutilaron a mis padres, desde ese entonces le he buscado sin éxito. Fue apenas ayer que caí en cuenta que quizás pueda encontrar respuestas en Sabaody, luego de leer el periódico anunciando una subasta de esclavos. Asumiendo que es una actividad recurrente, quizás haya archivos de cuando perdí a mi hermano y me den una mínima pista sobre su paradero.” – expliqué lo más resumido posible la situación – “es por esto que le he pedido, vicealmirante, el dejar a la división.”
 
En realidad, no quiero dejar a la división, abandonar a aquellos compañeros a los que ahora considero mi familia, pero sería muy egoísta de mi parte pedirles que me ayudaran en este problema personal. Ellos también tienen sus objetivos y no puedo distraerles de los mismos. Por esta razón no dije lo que en verdad me hubiera gustado pedirles, que me ayudaran a encontrar a mi hermano.
 
“Sin embargo, no planeo abandonar a la marina. A pesar de no tener ninguna habilidad especial como ustedes” – dije, refiriéndome a sus poderes que les convertían en seres intangibles o animales mitológicos – “ahora puedo pelear y defenderme, gracias a ti Karl de quien aprendí los conceptos básicos del haki, y gracias a la Contralmirante Shiroka quien me enseñó a llevarlos al siguiente nivel.” – sentencie, mientras cruzaba los antebrazos frente a mi pecho, los cuales se tornaron de un color negro metálico junto al resto de mis dos brazos, para luego liberarlos a los costados manteniendo ese nuevo tono el cual contrastaba con el amarillo natural de mi piel – “me atrevo a decir que estoy alcanzando su nivel.” – dije, dirigiéndome a los tres sonriendo de forma pícara y ligeramente desafiante.
 
Independientemente de lo que pase, o de sus respuestas, no terminaría el día de hoy sin aportar mi gota de agua en la división.
 

 
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#10



Joe reaccionó de una forma que no esperaba. Indicando a todos que quien quisiera pudiera irse. Eso sería para los que tuviera a donde ir. Igual era demasiado brusca, igual era porque yo no tenía hogar al que volver, ni familia, ni amigos. Igual me ponía así porque la división era lo único bueno que conocía y el único lugar en el que estar. Igual estaba haciendo de carcelera.

Aun así me costaba aceptar las palabras de Joe, me ardían por dentro, en algún momento, considere a la división "mi familia" pero estaba siendo egoísta y esta no hacía más que perder miembros y generarme dolor. Aun así, seguía siendo lo único que tenía.  

Entonces miré a Fuguwu levantando los brazos, intentando calmarme y me vi a mi chiquita, pero más grande que mi madre, mientras yo levantaba los brazos intentando que no me pegara, encerrada en mi habitación ¿ Qué estaba haciendo? ¿Era esa mi concepción de familia? ¿La de la puta de mi madre? ¿ Qué derecho tenía yo a negarle irse a nadie? 

Me calmé y fue entonces cuando Fuguwu se pudo explicar, buscaba a su hermano desaparecido y quería encontrarlo en su tierra natal, esa llena de revolucionarios. Su historia contra piratería no era menos dura que la mía y seguramente su determinación contra ellos era incluso mayor. Decía estar preparado para luchar y haberse fortalecido en el arte del Waki, mostrándonos el Waki que yo había aprendido tras él y con la misma maestra y seguro de sí mismo. Con una determinación increíble.

Se meo currió algo:

- Muy bien, Fuguwu, lo siento. Siento mis palabras. Te entiendo. Te propongo una cosa. Muéstranos a los tres lo que has aprendido. Demuéstranos lo que sabes. Si estás preparado de verdad, podrás con nosotros y te dejaremos marchar, si es lo que deseas, hacia tu objetivo, no puedo ni tengo el derecho a pararte, pero...

Me convertí entonces en mi forma hibrida.

- Si nosotros ganamos, querrá decir que todavía no te has fortalecido lo suficiente y tendrás que esperar a que vayamos todos juntos, o al menos yo, a buscar a tu hermano contigo ¿Qué me dices?

Me puse en guardia esperando su respuesta. No podía detenerle, pero si apoyarle y ayudarle. Quería ver si estaba preparado, si perdía a alguien más a quien aprecio sin poder protegerle perdería la cabeza, esto era lo mínimo que podía hacer por el.

Mire a Apolo también, de quien habían salido palabras de desesperanza. 

- Apolo, ¿Te unes a él o lucharás para que se quede con nosotros?  Pase lo que pase, siempre seréis mis preciados compañeros. 


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