[EVENTO LOCAL - DIVISIÓN 9] - El faro blanco de Mystoria
#11
Lejos de la precaución, la División 9 derrochaba valentía.
Los integrantes de la orgullosa división ascendieron de manera serena al faro y llegaron a sus puertas. Apolo fue listo reseñando la subida de marea, gracias a sus conocimientos sobre el mar y los océanos no fue difícil para el percatarse que el mar se embravecería pronto. Fuguwu calmó a Karl durante la subida, haciendo de nuevo las veces de la voz de la razón. Una vez en la puerta, la división pudo contemplar con sus ojos el esplendor que quizá antaño tuvo el faro blanco de Mystoria. Imponente y solitario, austero y estoico, olvidado por sus creadores y abandonado en una isla dejada de la mano de Dios por, quizá, gente que marchó de allí antes que enfrentarse al calor abrasador de la isla. Apolo, quien tomó la delantera, se acercó a la puerta para intentar destruirla pero la abrió en el proceso con apenas un esfuerzo, haciendo que Joe se sobresaltara por su falta de cuidado. El líder y héroe de los cabos gemelos odiaba lo impredecible y prefería tener la certeza de que era seguro, pero su equipo era bravo y optaba por el camino directo. Un equilibrio que hacía a la división funcionar como un engranaje coordinado. La puerta también blanca y desgastada se abrió lentamente con la presión de la mano de Apolo, chirriando en el proceso como si un fantasma huyera de ella hasta chocar con la pared del faro, invitando a la división a entrar en la estructura.
Joe, quien poseía un olfato privilegiado tuvo a bien mencionar que percibía un olor pútrido en la zona instó al grupo a la cautela, entrando con ellos al interior y dejando que la puerta detrás de ellos se cerrase tan lento como se abrió, llegando esta vez a candar el cerrojo simple que tenía por dentro y al menos, aislándolos por un tiempo. Mientras esta puerta física se cerraba, otra metafórica también lo hacía pues, en los acantilados a unos metros del faro, un esqueleto pútrido, una coraza sin vida que antaño fue un hombre, sujetaba un papel que con una desdichada racha de viento echo a volar hacia el mar y cayó en sus aguas, desdibujando aquello que con tanto mimo se había escrito o más bien pintado en él. La información que hubiera en él se perdería con las olas y la sal del mar.

Una vez dentro y ascendido el faro, el grupo encontró el puesto principal. Parecía que nadie tenía gran idea de como resolver el misterio, pero Joe, quizás voz de la experiencia o por su habilidad y tesón jugando de pequeño a Nomekop, pudo finalmente identificar el funcionamiento del faro. Quizá sus conocimientos no le valieran para ser tercero del mundo, pero le valieron para adivinar tras unos instantes que lo que el equipo necesitaría son cinco piedras relacionadas con cinco elementos: La piedra fuego, la piedra agua, la piedra hoja, la piedra solar y la piedra lunar. Estas piedras probablemente encajaran con las hendiduras del pedestal, activando de alguna manera el faro. Apolo salió por la ventana a observar y Karl, que estaba harta de estar allí hizo lo mismo pero dirigiéndose directa al ojo del elefante, el enorme lago en la parte noreste de la isla, separando así al grupo. El demi enmascarado pudo observar la isla casi en su totalidad desde las alturas: el colmillo que se extendía como una cordillera hasta el centro de la isla, la trompa al sureste, el ojo en el noreste donde Karl se dirigía, el volcán a lo lejos, y otra formación rocosa al oeste. Además de un lago más en el centro de la isla. Incluso con su mermada

Con la marcha de Karl los minutos pasaron y Apolo, quien no solo estaba extendiendo su Haki si no observando con su ojo bueno, pudo descubrir que desde la playa les habían seguido la pista. El olor de los integrantes Marines había atraído a una enorme manada de hienas hambrientas por carne. Carne Marine. Tras seguirles hasta allí, comenzaron a rascar la puerta intentando abrirla hasta destruirla y comenzar a entrar y subir escaleras como si el diablo los azotara. Los demonios de cuatro patas buscaban un plato después mucho luchar por sobras y su ferocidad era sin igual.
Por su parte Karl, quien llegó en un lapso de tres horas volando sin parar al ojo, encontró un panorama muy diferente. La zona aledaña era mucho más vegetal y las plantas más verdes. Su orilla estaba llena de árboles y animales de todo tipo anidaban cerca. Desde la orilla, incluso sin una gran vista, se podía ver que el lago era tremendamente profundo. Posiblemente cientos y cientos de metros, y el centro de este parecía moverse, como si una corriente interna soplara con fuerza, mas esto no era capaz de discernirlo la artesana semioni. Cuando la segunda al mando de la División tomo tierra, pudo hacerlo con más delicadeza o, al menos, más ojo pues plantó el pie sobre un nido de algún tipo de arácnido. Una colonia que, al romper su hogar, comenzó a ascender rápidamente por el pie de la semioni, picándola en repetidas ocasiones por toda la zona hasta la rodilla y, con suerte, no provocándole una reacción alérgica.

Mystoria era un lugar feroz y ahora, los Marines tenían un objetivo: cinco piedras. Pero la pregunta a veces no es el qué, es el dónde. Y después… pensaremos en el cómo.

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#12
Me acerqué al pedestal junto a Joe, manteniendo mi Haki de Observación activo mientras examinábamos las cinco hendiduras con detenimiento. Tracé con el dedo los contornos de cada una, tratando de encontrar algún patrón o pista que nos ayudara a entender su función. A la misma vez, pude sentir como Karl se alejaba de esta torre en la dirección en la que veníamos, aunque ciertamente alejada de la playa en la que desembarcamos.
 
“Se ha ido Karl” – avise a Joe para luego seguir con la investigación que nos tenía ocupados. No era raro que Karl tuviera este tipo de arrebatos y siendo tan fuerte como era poco me preocupaba que se separara del resto del grupo – “Cada hendidura tiene una forma diferente” – murmuré, frunciendo el ceño mientras las examinaba una por una.
 
Joe se movía a mi lado, estudiando tanto el pedestal como el mural con esa concentración que lo caracterizaba. El calor seguía siendo opresivo incluso dentro del faro, y tuve que limpiarme el sudor de la frente mientras continuaba el examen. Las hendiduras estaban perfectamente conservadas, como si quien las hubiera creado supiera que alguien vendría a usarlas eventualmente.
 
“No logro entender qué va aquí” – admití, volviéndome hacia Joe – “Estas hendiduras claramente están hechas para algo específico, pero no se me ocurre qué.”

Fue entonces cuando Joe compartió su teoría sobre las cinco piedras elementales que necesitábamos encontrar. Su explicación me golpeó como un rayo de claridad. Asentí inmediatamente. Tenía perfecto sentido: cada elemento del mural correspondía a una piedra específica que debía ir en una hendidura particular.

“Tiene sentido completo, Joe. Cinco elementos, cinco hendiduras, cinco piedras” – confirmé, sintiendo que finalmente entendíamos el propósito del lugar. Saque mi Den Den Mushi que reposaba sofocado dentro del bolsillo de mi pantalón para comunicarle a Karl nuestros hallazgos, sin embargo, no parecía que estuvieran funcionando los aparatos estos, para nuestra desgracia.
 
Mientras guardaba el Den Den Mushi de vuelta en mi pantalón, mi Haki de Observación captó algo que hizo que todos mis instintos se activaran de inmediato: múltiples presencias acercándose rápidamente al faro. Muchas presencias. Hostiles. Al parecer Apolo también les había captado incluso antes que yo y ya empezaba a descender desde fuera del faro preparado para la batalla.

“Joe” – dije con voz tensa, mi mano moviéndose instintivamente hacia mis guantes para ajustarlos en preparación para la inminente pelea – “Tenemos compañía. Una manada grande se acerca al faro desde abajo. Son muchos... al menos cincuenta.”
 
Pude sentir cómo las criaturas rodeaban la base del faro, sus intenciones claras a través de mi haki: hambre, agresividad, determinación de entrar. El sonido de garras arañando la puerta comenzó a filtrarse hasta nosotros. El rasguñar se intensificó, acompañado de gruñidos salvajes. Ya me dirigía hacia la escalera, sabiendo que Joe y Apolo estarían listos también. Después de más de dos años juntos, nuestra coordinación en combate era instintiva. Al llegar a la planta baja, algunas de las hienas ya habían logrado forzar la puerta la cual había quedado completamente abierta tras nuestra entrada a la torre. La primera oleada se lanzó hacia nosotros con ferocidad desesperada, pero nos movimos como una unidad perfecta. Me lancé al centro con golpes directos, mis puños enguantados conectando con fuerza brutal. El primer impacto destrozó la mandíbula de una hiena con un crujido seco, mientras que mi siguiente gancho lateral quebró las costillas de otra que intentaba flanquearme. Joe y Apolo se coordinaban conmigo sin estorbarnos mutuamente.
 
La batalla fue breve pero intensa. Las hienas, a pesar de su número, no pudieron enfrentar nuestra experiencia y coordinación. Una tras otra fueron cayendo bajo nuestros ataques combinados – huesos rompiéndose, sangre salpicando el suelo blanco del faro – hasta que la última colapsó en el suelo con un gemido ahogado. Respiré profundo, limpiándome el sudor que se había mezclado con el esfuerzo del combate y el calor persistente de Mystoria. El calor del enfrentamiento se desvanecía, pero el calor opresivo de la isla seguía ahí. Me volví hacia Apolo, quien había estado observando desde las ventanas del faro antes del ataque.
 
“Apolo, ¿viste hacia dónde voló Karl?” – le pregunté, limpiándome la sangre de las hienas de los guantes – “Necesitamos saber su ubicación exacta si vamos a coordinar la búsqueda de esas piedras.”
 
Esperé su respuesta antes de dirigirme a Joe.
 
“Joe, creo que deberíamos dividirnos” – dije con tono decidido – “Tú podrías ir a buscar a Karl y ayudarla con lo que sea que esté haciendo. Mientras tanto, Apolo y yo podríamos dirigirnos al lago central a investigar la zona. Si mi intuición es correcta, es probable que encontremos alguna de esas piedras elementales allí.”
 
Una vez acordado el plan, y tras confirmar cual sería el punto de encuentro para reagruparnos, Apolo y yo emprendimos camino hacia el lago central. El trayecto bajo el calor implacable de Mystoria fue agotador, pero mi Haki de Observación se mantuvo activo durante todo el recorrido a 150m a mi alrededor, monitoreando constantemente nuestro entorno en busca de amenazas. El paisaje cambió gradualmente a medida que nos acercábamos al centro de la isla. La vegetación, aunque escasa, parecía ligeramente más presente cerca del lago, las plantas retorcidas hacia esta fuente de agua como último refugio contra el calor sofocante. Cuando finalmente llegamos a la orilla del lago, pude apreciar la diferencia pues el aire aquí era algo más húmedo, aunque el calor seguía siendo opresivo.
 
Sin pensarlo dos veces me zambullí dentro del lago pues mi piel ansiaba ser refrescada lo más pronto posible, y me puse a buscar sin perder el tiempo algo que se asemejara a una piedra que entrara en las hendiduras que habia observado y sentido con mis manos junto con Joe.
 

 
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#13
La teoría que planteé en mi cabeza tenía bastante sentido, incluso a Fuguwu le encajaba bien. Ahora, el problema era encontrar esos 5 objetos para ponerlos en las hendiduras del pedestal. Por más que miraba alrededor de aquella sala no encontraba nada más — Si... Y como tengamos que explorar toda esta isla para encontrarlos, nos va a llevar bastante tiempo... Desde luego no es el escenario más deseado... — dije mientras frotaba mis dedos para quitarme el polvo que aquella piedra tenía encima.

De repente, Apolo, quien fue el primero en verlo, avisó de la presencia de una manada de hienas acercándose desde la playa. Fuguwu mencionó mi nombre, mientras podía escuchar claramente como se ajustaba sus guantes, inmediatamente me di la vuelta para mirarle, terminando de confirmar que estaban subiendo aquí arriba sin frenos, gracias a su Haki de observación — Bien — Dije mientras también me ajustaba mis nuevos guantes, y a continuación me crujía los nudillos — Si tienen hambre, habrá que darlas de comer — Dije con una sonrisa en mi rostro, para que en apenas unos segundos, aquellos animales totalmente sedientos de sangre se lanzaran a por nosotros. A pesar de ser animales, estaban coordinadas, se dividieron para así poder atacar un puñado de ellas a cada uno. Pero, por nuestra parte, no hubo un plan, no hubo una estrategia, no era necesario. Cada uno sabía lo que tenía que hacer sin entorpecer a los demás, así es como actuamos, totalmente impredecibles.

Las dos primeras hienas que saltaron a por mi fueron las primeras en cobrar. Con mis ambas manos, enganché a cada una de la cabeza, y las estampé entre ellas, haciendo que sus cráneos chocasen y se quebrasen mientras se quejaban del dolor para finalizar en lanzarlas por la ventana. A continuación, vinieron una a una en fila; a una le destrocé la columna de una patada, a otra con un puñetazo descendente en la cabeza, a otra directamente le pegué un cabezazo en todo el hocico... Digamos que había para todas y de diferentes maneras. La pelea fue breve. Unos animales como estos no tenían nada que hacer contra nosotros. Aquella sala blanca e impoluta de repente se llenó de sangre por todos lados, y cuerpos de hienas por el suelo — Bueeeeno... — Dije mientras me secaba con mi brazo derecho el sudor de la frente — ... Parece ser que tenemos comida para esta noche. La carne de hiena seguramente esté rica si la hacemos a la brasa en una hoguera, ¿eh? — Dije totalmente en serio.

Tras aquella escabechina, Fuguwu preguntó a Apolo donde se dirigió Karl. Parece ser que el joven pudo ver muchas zonas de la isla, así que le escuché con atención para saber, tanto donde fue la semioni, como los demás puntos clave de la isla. El gyojin trazó un plan sencillo y clásico, pero efectivo. Separarnos, abarcar más terreno y encontrar aquellos artilugios del pedestal, o al menos, intentarlo — Hmmm, me parece perfecto, creo que es la mejor manera de buscarlas — Dije mientras me dirigia a la puerta para salir primero — Recordad que los Denden mushi no funcionan. Iré a por Karl, y una vez esté con ella, nos dirigiremos al lado donde vais a ir vosotros ahora. Una vez todos estemos juntos de nuevo, podemos ir al volcán, creo que será lo más seguro — Comenté mientras agarraba de las patas a una hiena sin vida y me la llevaba a la espalda. No me importaba mancharme de sangre — Cuidaos el uno al otro, y nada de locuras, y... yo que vosotros, me cogía una de esas y me la llevaría, por si acaso — Finalicé, señalando los cuerpos de las hienas y con una sonrisa, para salir del faro y dirigirme donde Karl había ido.

Salí corriendo a la máxima velocidad que podía, con mi Haki de observación a 200 metros a mi alrededor. No es que temiera por la vida de Karl, sabía de sobra que alguien como ella no iba a tener miedo de este tipo de animales y fauna, pero aún así, no quería dejarla sola mucho más tiempo, tenía que darme prisa.

Ahora mismo, echaba de menos la agilidad que tenía cuando fui una serpiente.

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#14
Oteando desde lo alto del faro y, orientándome gracias a saber la posición del sol a esas horas de la mañana, pude vislumbrar cómo Karl se había dirigido hacia el noroeste de nuestra posición, hacia una zona en la que se podía ver más vegetación considerable, en comparación a la que nos habíamos topado en esa isla. Más o menos a la misma altura pude ver cómo había un gran lago, muy cerca de una enorme cordillera, con una zona volcánica más al norte que parecía ser la gran culpable de el ecosistema y clima que se había formado en Mystoria. Al oeste de nuestra posición, otra cordillera que desfilaba hacia el centro de la isla; y al sur, un cabo en forma de luna creciente se iba introduciendo en el mar.

Antes de poder transmitir esa información, mi waki de observación percibió una manada de auras con malas intenciones dirigiéndose a la entrada del faro. Me asomé hasta la ventana de la estructura en la que se encontraban mis dos compañeros — Chicos, es la hora de las tortas — y, oyendo que estaban golpeando la puerta, me dejé caer hasta la base provocando que arena saliese disparada por el golpe contra el suelo para luego darle forma a mis piernas. — Cowabunga chuch... — me disponía a saludar al grupo de hienas (las cuales algunas habían conseguido entrar en el faro) cuando una de éstas, sin avisar, saltó hacia mí mordiendo mi antebrazo derecho, haciendo que éste se distorsionase en arena como si me lo hubiesen amputado — Eso ha sido poco cowabunga por tu parte, ¿me sigues?



Hienas salvajes

La arena empezó a arremolinarse alrededor del cuello de la hiena que me atacó, levantándola del suelo y formándose mi mano diestra sobre su pescuezo. La deshidratación que provocaba mi elemento comenzó a consumirla hasta que pronto perdió la vida. Lancé su cadáver lejos, a mi izquierda y tras un paso de ginga, dancé llevando mi pierna derecha hacia atrás para golpear con mi talón en el lateral de la cara de otra hiena, partiéndole el cuello con la patada. Una tercera saltó hacia mí para atacarme pero se topó con la suela de mi bota, la cual descendía de forma rápida y seca hacia el suelo, aplastando la cabeza del animal contra el suelo. — Eeeeeeeeu parado no bailão — cantaba mientras bailaba con pasos de ginga. Llevé mis manos al suelo con un pase de voltereta lateral para sostenerme sobre ellos, extender mis piernas a los lados y girar llevándome a otras dos por delante. Con otro paso de capoeira enganché la cabeza de otra hiena con las piernas, a modo de pinza, y con una acrobacia la elevé por el aire estampando su cabeza contra el suelo. Agarrando por las patas traseras a otras dos, giré sobre mi mismo como una peonza y las lancé todo lo lejos que podía, enviándolas más allá del acantilado sobre el que el faro se sostenía. Cogí carrerilla y pateé a otra en las costillas, notando cómo crujían y haciéndola volar por el aire hasta que la perdí de vista. En ese momento recordé a una de las leyendas futbolísticas de mi isla natal, Roberto Larcos. En un partido de un torneo importante de verano, una vez pateó un balón con una fuerza tan violenta que éste giró drásticamente en el aire y acabó entrando en la portería desde decenas de metros de distancia, como si hubiese disparado una bomba inteligente. A la última hiena, simplemente la enganché por detrás y con un simple mataleón le corté la respiración. Tenían que estar realmente hambrientas para atacarnos de esa forma pero, lastimosamente, la arena no tiene pinta de ser muy nutritiva y digestiva.

Cuanto todo eso terminó, los tres marines nos reunimos y Fuguwu me preguntó hacia dónde había ido Karl. Parecía ser que tanto Joe como él habían llegado a una conclusión dentro del faro, todo acerca de unas piedras. Flexioné mis rodillas para agacharme y empecé a emitir arena en el suelo. Con mi dedo índice de la mano derecha esbocé, más o menos, un esquema rápido de lo que había visto. — Nosotros estamos aquí — señalé a la zone donde marqué el faro. — Karl ha ido hacia el noroeste, a una zona boscosa, ¿me seguís? — seguía haciendo marcas posicionales en el improvisado boceto sobre la arena. — Luego pude ver cómo al lado había un lago, una cordillera enorme y al norte un volcán. Al sur de nuestra posición vi una especie de cabo con forma de luna creciente que forma una bahía y la cordillera que tenemos al lado, llega al centro de la isla. ¿Creéis que los dibujos del faro son estas zonas?

Fuguwu sugerió dividirnos, Joe buscaría a Karl y yo iría con él hacia el lago central. Era lo más inteligente puesto que él era el único de nosotros que podía investigar sobre el agua y en cuanto Joe encontrase a Karl, era fácil que nos localizasen por el aire. Joe sugirió que nos llevásemos a una de las hienas por si nos entraba hambre así que, agarrando por las patas a la que había ahorcado de última, me la acoplé al hombro. — Nos reuniremos en el lago, entonces. Está al suroeste de hacia dónde fue Karl — señalé al boceto que había hecho sobre la arena —. Es fácil orientarse, ahora mismo el sol nos está llegando por el este, aunque a mediodía eso no servirá... pero bueno, las aerolíneas Karl seguro que nos encuentra ¡kakahaha!

En cuanto Joe salió disparado a buscar a Karl, Fuguwu y yo nos pusimos en camino hacia el lago. Una vez allí, mi amigo gyojin se zambulló dentro del agua para poder buscar algo dentro de la masa de agua. — Eeeeeeeeeu, parado no bailão — como no podía hacer nada con el agua, comencé a cantar para distraerme en lo que Fuguwu volvía, transformando mi tren inferior en arena y sobrevolando los alrededores del lago a veinte metros de altura, aún con mi waki de observación activado por si conseguía ver algo.


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#15
La isla era enorme, pero al fin llegaba a mi destino. 
El calor era incesable, el aire al volar no era fresco, quemaba. 
La zona del "ojo azul" era mucho mas verde que el resto de la isla, que era un puto Erial, si esta iba a ser nuestra base y no podía hacer nada para evitarlo, al menos deberíamos hacerlo en esta especie de selva, aunque vaya usted a saber que bichos podían vivir con este clima, ademas, pensándolo bien, la humedad seguramente seria horrorosa. 

En fin, que lo mirara como lo mirara, esta isla no tenia aparentemente vida humana por un motivo. Era inhabitable. Y mas con el volcán ese. 

Al fin llegue cerca de la orilla y aterrice, pero algo hizo “crunch”. Y ese no fue el problema, el problema fue lo que vino a continuación. Algo empezó a subir por mis garras. Algo EMPEZÓ A MORDISQUEAR MIS GARRAS. Nonononono nononononono ay dios mio noooo que putisimo asco nooooooooo mierda de la mierda de la mierda de la mierda de la mierda de la mierda de la mierda que putisimo asco joder nooooo aaaaaaaaaaa.

Un montón de arañas de mierda, decenas de ellas, estaban subiendo por mi cuerpo y picándome y yo estaba a punto de echarme a llorar, empece a moverme por todos lados asustada, batiendo mis alas y levantando una y otra vez mis garras quitandomelas de encima y pisotenadolas una a una, era un montón,, un montón de ellas, joder que asco, puta isla, puto calor, putos bichos, porque no puede haber nada bonito en este mundo, me cago en Dios y en la puta madre que me pario, me cago en la marina, en esta isla y en todos mis putos muertos pisoteaos, pero sobretodo me cago en putisima calavera y en las arañas de mierda.

Cuando deje de paniquear había zumo de arañas por el suelo, me las había ventilado a todas, pero no dejaba de tener la sensación de que seguía teniendo arañas por todo el cuerpo. Cancele mi transformación y empece a rascarme por todos lados, pensando que pudiera tener todavía bichos en cualquier parte de mi cuerpo, active mi waki de observación al máximo para evitar mas bichos de mierda y efectivamente, aun quedaba alguna viva que fue aplastada rápidamente.
Me picaba todo el cuerpo así que fui a mi objetivo, el lago de agua que había venido a recoger para los chicos y lo primero que hice fue lavarme la cara, tras ello llene todas las cantimploras y alforjas que llevaba encima. Esperaba que fuera potable.
Ya mas relajada, aunque algo dolorida por los picotazos de tremendas hijas de puta, bebí yo misma de una cantimplora y me refresque sin entrar al lago, que miorandolo bien a simple vista parecía tener una profundidad de la polla. Tenia el Waki activo, de ahí podía salir cualquier cosa y ya sabia como se las gastaba la isla.
Aunque estaba agotada, antes de volver igual era mejor explorar un poco la selva, a ver si también encontraba algo de comida extra para todos y así descansar un poco de paso, que parecía que no pero del faro aquí había tenido buena parda. Así que mire a mi alrededor y me adentre en aquella selva buscando cualquier bicho comestible que cazar. Ya que había venido a por víveres, iba a hacer bien el trabajo.

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#16
El equipo parecía comenzar a funcionar.
Joe, con sus dotes deductivas y su coeficiente intelectual versado en las más enrevesadas artes sobre enigmas y puzzles pudo deducir lo evidente: cinco hendiduras, cinco elementos, cinco piedras. Una única llave para encender el faro. La cuestión ahora era encontrar las dichosas piedras en una isla nada despreciablemente pequeña y, para colmo, con miles de ubicaciones. Podrían estar en lugares representativos o, simplemente en el camino. Pero eso era suponer demasiado y los marines comenzaron a conjeturar. No durante mucho tiempo pues, ambos equipos sufrieron un revés. En el faro, los tres integrantes del equipo deductivo pudieron detectar una manada de hienas que se dirigía hacia ellos. El hambre voraz la empujó al faro intentando comer por primera vez en días y, para desgracia de los animales, el trío de marines respondió con crudeza. Fuguwu, lanzándose al centro y golpeando a diestra y siniestra a los animales dejó a un tercio de ellas en el suelo, prácticamente al borde de la muerte. Joe esperó estoicamente el ataque y respondió como una serpiente: atacando rápido y certero, dejando otro tercio fuera de combate. Apolo por su parte exhibió su poder como Logia y siendo prácticamente invulnerable al pobre ataque de las hienas aprovechó para golpearlas como una tormenta de arena golpea con cada grano. Brutal e implacable. Con esto, la manada quedó reducida y el equipo indemne. Mientras tanto, Karl tenía sus propios problemas. Al aterrizar en el borde del lago, sin mirar demasiado donde, rompió los enormes huevos de un nido de arañas y sufrió sus picaduras, provocando daños que pese a ser severos, la semioni usuaria del fénix podría curar en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo esto había evidenciado que en Mystoria todo parecía querer comerte o matarte y debían ir con precaución. Tras unos pisotones y golpes sobre sus piernas, las arañas quedaron reducidas a pulpa de insecto que bañaba la tierra. Después de eso, la artesana pudo llenar las cantimploras y observar el agua detenidamente. Ahora con su Haki activado estaría más atenta del entorno mientras buscaba un poco a través de la maleza para enccontrar con suerte algo que cazar. Lamentablemente para la semioni, que poco podía camuflarse con su enorme estatura, carecía de los conocimientos necesarios para moverse en ese tipo de terreno con el sigilo suficiente para predar. Los animales -los pocos que había- ante su presencia, que era ampliamente reconocible, salían espantados a toda prisa. Por un lado los Aqualopes, ciervos azul turquesa que desprendían gotas de agua por sus cuernos espirales al moverse y por otro los Plumacuáticos, aves grandes que, pareciéndose a grullas, tenían plumas iridiscentes y picos anchos para coger insectos del agua. Ambos huían despavoridos ante la presencia de la semioni quedando fuera de su alcance.

Por otra parte en el faro los Marines decidieron dividirse. Joe, quien sabía perfectamente donde estaría Karl, cargó una hiena y se dispuso a encontrarla para después reunirse con Apolo y Fuguwu, quienes se dirigirían al otro lago, que estaba más al oeste de la isla. Con un pacto de encontrarse allí, el trío se dividió y ambos bajaron la cordillera del faro para desplegarse en dos equipos. Pasadas tres horas, ambos grupos llegaron a su destino. Joe llegó al lago donde pudo observar a Karl mientras trataba de cazar -sin éxito, claramente- y Apolo y Fuguwu al lago, que carecía de una flora tan predominante como el otro, pero sí zonas verdes de pasto y algunos árboles. Estos últimos, cuando llegaron optaron por dos opciones distintas. Mientras Apolo fue cauto y dada su condición de usuario de fruta del diablo -y más de la Suna Suna no mi- decidió quedarse observando desde las alturas con su Haki activo. Desde esa altura, Apolo pudo observar con más detenimiento el volcán, ahora más cercano. También, incluso con su vista algo mermada, podía llegar a distinguir en la lejanía el otro lago. Con algo mejor visión, quizás hubiera podido identificar a sus compañeros. También pudo ver parte de la fauna de Mystoria como los Aqualopes, pero también algunos Brillopes, pequeños anfibios del tamaño de conejos de color rojo intenso que brillaban con un fulgor dorado en su panza. Además lo que ambos integrantes de la dupla oeste podían ver era la inmensidad de la formación montañosa a cuyos pies estaba el lago. Esta, parecía invitar a entrar en sus valles rocosos, pudiendo observar, si se miraba con atención, una entrada en la base de esta. Fuguwu, quien tenía ganas de volver a su elemento, se lanzó en picado al lago, que más que lago era una charca pues, apenas tenía unos palmos de profundidad. Esto provocó que el gyojin se golpeara de frente contra la tierra y encontrar en el lago una pobre cantidad de agua. El “lago” que se extendía largo y tendido por la zona oeste, apenas tenía unas zonas donde cubría un metro en el centro de este, siendo que en las demás zonas no llegaba la medio metro. El médico se pasó largo rato buscando por el lago, intentando buscar alguna piedra que pudiera parecerse a las que se requerían en el pedestal pero, sin suerte, no encontró más que agua… agua en el desierto.

El sol azotaba con fuerza justo encima de la cabeza de la División 9, aún sin piedras en su poder. 

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#17
Dejé atrás a Apolo y Fuguwu, saliendo como una centella en dirección donde estaba Karl y estar con ella cuanto antes. El calor seguía apretando, y cada vez más, era mediodía y se notaba — No debería ir tan rápido, o gastaré mis energías antes de tiempo... — Pensé mientras aminoraba la marcha un poco, frené pero tampoco iba a paso de tortuga -JÁ- así que con buen ritmo continué mi camino, con mi haki activado por si acaso.

Durante el trayecto apenas encontré nada de interés. Tan solo naturaleza, podía ver de vez en cuando auras de seres vivos, pero estaba claro que eran animales, al parecer inofensivos y no hostiles, y eso me facilitaba el poder seguir. La hiena que llevaba al hombro era mi única compañía, pero no era de muchas palabras — ¿Se puede tener una hiena de mascota? — Dije a mi mismo — Hay que estar un poco mal de la cabeza para tener un animal así, están desquiciados — Charlaba conmigo mismo para que el tiempo se pasara rápido, ya que aún me quedaba camino, horas más bien. Más concretamente llevaba casi tres, el calor seguía pegando y yo empezaba a tener un poco de sed.

Hasta que por fin, comencé a visualizar una zona totalmente diferente al resto a lo lejos, una zona con mucha más vegetación y plantas, que estaban en mejor estado que lo que había visto por los páramos desolados en mi camino — ¡He llegado! — Grité emocionado, estaba ya cerca de Karl, y en efecto, la pude sentir con mi Haki de Observación, su aura para mi era ya demasiado familiar y no tenía la más mínima duda. Aceleré un poco el ritmo, adentrándome hasta llegar a ver por fin el lago, y con ello, a Karl haciendo... ¿Qué hacía? ¿Se estaba escondiendo? ¿Algún peligro? No... no detectaba nada hostil con mi Haki ¿Que narices hacía? — ¡KARL! ¡AQUÍ! — Grité mientras me acercaba a ella — Si buscas comida, toma, aquí tienes, ¿que es lo que estabas haciendo? — Dejé caer la hiena al suelo, mientras le preguntaba y luego le conté lo que nos pasó en el faro cuando ella se fue, también explicándole lo de buscar 5 artilugios para el pedestal, y luego reencontrarnos

— Así que eso tenemos que hacer — Finalicé mientras observaba los alrededores, olfateando a ver si encontraba algún olor que me llamase la atención, hasta que mis ojos acabaron el lago, en el cual, pude darme cuenta de que en el centro, había una especie de corriente, movimiento, algo bastante raro — Hmmmm... ¿Y sí...? — Dije para mi mismo, cuando de pronto, eché mi pierna derecha hacía atrás — Karl, dame un segundito — Tras avisar a mi compañera, salté unos cinco metros y lancé al centro del lago un Rankyaku, creando una hoja con mi pierna para poder "abrir" las aguas y ver que demonios era eso que se movía. 

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Energia: 5128 - 598 = 4530
Espiritu: 2210 - 200 = 2010
#18
Sin pensarlo dos veces me zambullí hacia lo que esperaba que fuera un lago profundo y refrescante. La realidad me recibió con un golpe seco contra el fondo fangoso, apenas había medio metro de agua donde pensé que habría varios. Me incorporé escupiendo barro y con una mueca que mezclaba dolor y vergüenza. Al menos el agua, por poca que fuera, ofrecía algo de alivio contra el calor sofocante. Me quedé sentado un momento en el centro de la charca, dejando que el líquido tibio pero bienvenido me refrescara mientras mi orgullo se recuperaba del batacazo.
 
“Bueno, al menos confirmo que es agua potable, ¡Gowowo wowowo!” – dije por lo alto tratando de encontrar el lado positivo de la situación – “Te recomiendo aprovechar a rellenar tus cantimploras, Apolo.”
 
Una vez que me recuperé del golpe inicial, saqué mis cantimploras y comencé a llenarlas con aquella agua. El agua era un tesoro en esta isla infernal, y no iba a desperdiciar ni una gota. Bebí largos tragos, sintiendo cómo mi cuerpo agradecía cada sorbo después de horas bajo el calor implacable de Mystoria. Con mi sed parcialmente saciada y las cantimploras llenas, me dediqué a lo que realmente habíamos venido a hacer, buscar la piedra elemental. Mantuve mi Haki de Observación activo mientras comenzaba una búsqueda sistemática del área. Empecé por los bordes del lago, examinando cada roca, cada raíz sumergida, cada acumulación de sedimento. Me moví por el perímetro, mis manos palpando bajo el agua, revisando grietas entre las rocas y espacios donde algo podría haberse alojado.
 
El agua chapoteaba suavemente mientras me movía, y por primera vez desde que habíamos llegado a Mystoria, sentía algo parecido a la comodidad. Mi elemento natural, aunque limitado, me daba fuerzas para continuar la búsqueda. Teníamos tiempo. Joe y Karl aún no se habían reunido con nosotros. Después de una búsqueda exhaustiva por cada rincón del lago sin resultados, intercambié una mirada con Apolo. Era hora de explorar otras opciones. Apolo, desde el aire, había visto una entrada en la base de la formación montañosa que se alzaba imponente ante nosotros. Antes de movernos, Apolo utilizó su habilidad con la arena para dejar un mensaje claro en la orilla del lago para Joe y Karl, indicándoles nuestra nueva ubicación y dirección. Una vez asegurado que nuestros compañeros podrían encontrarnos, emprendimos camino hacia la base de las montañas.
 
El trayecto fue relativamente corto pero agotador bajo el calor implacable. Mantuve mi Haki de Observación activo durante todo el recorrido, monitoreando los alrededores mientras nos acercábamos a esa entrada que había captado la atención de Apolo. La formación rocosa se alzaba majestuosa ante nosotros, prometiendo refugio del sol abrasador y posiblemente, las respuestas que buscábamos.
 

 
Resumen

Belico

Gastos

Karmas y Atributos

Inventario
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#19
No sé en qué puto momento me había dado por salir a mí sola a por víveres. 
Cazar, sí, gran idea Karl, te estás luciendo. Abia bastantes animales por las inmediaciones, pero todos huían al verme y no solo eso, parecían inofensivos a primera vista y eran bastante bonitos. Era incapaz de atrapar a ninguno, pues corrían despavoridos al verme por muy sigilosa que quisiera ser, pero es que además, si hubiera sido capaz de coger alguno, dudo mucho que hubiera sido capaz de arrebatarle la vida. 

Aun así, lo intentaba, detectaba las formas de vida con mi Waki, pero en cuanto me intentaba acercar un poco a ellas, salían corriendo sin que pudiera hacer nada. Un poco desesperada, intentaba esconderme, pero era demasiado grande y en cuanto daba un paso las criaturas salían corriendo. 

A pesar de la frustración y el calor que seguía siendo sofocante a pesar de tener agua cerca, algo bueno había en la isla, la fauna de la misma era fascinante. 

Estando escondida escuché como Joe me gritaba ¿Qué hacía aquí? En cuanto se acercó un poco pude sentir su Waki y ver que no era un espejismo fruto del calor, sino que mi amigo había venido a buscarme. Me pregunto que hacía. 

- Pues estaba... intentando cazar, sin mucho éxito, la verdad. Aunque sí que tengo agua. ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está el resto?

Había vergüenza en mis palabras. Joe había tenido más éxito que yo cazando, pues llevaba una asquerosa hiena con el que me ofreció como comida, al menos no era un animal bonito como el resto de los que había visto en el lugar que diera pena matarlo para alimentarse.  

Escuche atentamente a mi amigo contarme lo que habían descubierto asintiendo con cada explicación que me daba. Qué listo era. Yo no le había prestado la más mínima atención al entorno del faro, pero el sí, por algo, estaba al cargo de todos nosotros. Aunque pensándolo me había dado cuenta de algo. Fuego rojo, Hoja verde, Agua azul y rojo fuego. 

- Oye, pues no sé los elementos, pero los pájaros que he estado persiguiendo eran verdes como las hojas y los ciervos azules como el agua, de hecho. ¿Igual tienen algo que ver con la movida esta del faro? Aunque es imposible seguir a esos hijos de puta

Pero Joe ya estaba pensando y decidió hacer una locura, me aviso de que le diera un momento y salto hacia el lago para después lanzar un Rankiaku hacia el mismo, no sé con que intención 

- ¿Joe? ¿Qué pretendes? 

Me puse en posición de combate mientras seguía con el Waki activado por sí las moscas, no se que pretendía mi amigo, pero el era el héroe y los héroes van por delante siempre. Aunque no fuera capaz de ver las intenciones de la inteligencia superior de Joe, estaba preparada para lo que pudiera pasar tras su ataque al agua.

cajetín de rol


[Imagen: 9GdOzk1.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9869 + 306 = 10175
Energia: 4215 + 136 = 4351
Espiritu: 2598 + 0 = 2598
#20
A pesar de que el calor infernal que abrazaba la isla no cesaba, aquella zona parecía más agradable. La presencia de la masa de agua permitía que creciese algo de verde, junto a unos árboles. Donde hay agua, hay vida... a pesar de que demasiada agua pondría en peligro la mía. Sobrevolando el lugar junto a mi compañero pude ver cómo Fuguwu, intentando zambullirse dentro del lago, se estampó contra el suelo siendo incapaz de hundirse — ¡Kakahahaha! Pero Fuguwu, ¿qué haces? ¡kakahaha! — El golpe me pilló por sorpresa y comencé a reírme, aunque dejé de hacerlo de golpe recordando que si hubiese sido yo el que se pudiese llegar a tropezar y caer dentro, podría haberme ahogado en ese charquito. Eso sí que sería humillante. Mi hermano Gyojin, estando más espabilado que yo, me invitó a que usásemos ese agua por si el viaje se complicaba así que descendí junto a él evitando tocar el agua, de mi pecho hice asomar mi mochila con mis bártulos y de ella saqué un par de cantimploras. Con cuidado de no tocar el agua las rellené para luego volver a guardar todo dentro de mí.

El lago no resultó ser un lago, sino una charca. Fuguwu se encargó de recorrer cada parte acuática mientras que yo, teniendo la capacidad de volar, me dediqué a deambular por encima de la zona por si podía observar algo. A la lejanía podía ver el otro lago de la isla, al que Karl y Joe se habían dirigido. Si giraba la vista a otro lado, estaba la inmensa cordillera que desfilaba por la costa oeste. Algo me llamaba la atención de aquel lugar y, intentando enfocar mi limitada visión, pude apreciar un lugar que servía como entrada al valle y que llamaba a mi curiosidad. Por la zona también se empezaba a ver algo de vida, había varios ciervos azules, así como grandes ranas rojas que no había visto en mi vida. Definitivamente aquellos animales coloridos eran mucho más divertidos que las estúpidas hienas que nos habían atacado hace unas horas. Todo estaba lleno de estímulos y, el haber salido por fin de Marineford tras dos años sumado a esa aventura, estaba haciendo que me divirtiese explorando la isla.

Por más que buscásemos no encontrábamos nada y parecía que si Fuguwu siguiese buscando más en aquella charca, lo único que podría encontrar sería una tableta de chocolate con pistacho, quizás algunas hamburguesas raras de esas que hacen aplastando la carne, o también ejemplares de esos muñecos más feos que una mierda, que vi que llamaban mucho la atención en varios reclutas que pululaban por Marineford. Finalmente descendí para reunirme con mi compañero — Parece que esta zona no tiene nada especial — me eché el pelo hacia atrás — pero quizás si encontremos algo en esa cordillera, he visto una entrada y no creo que nos pase nada por echar un vistacillo rápido, ¿me sigues? — reí entre dientes. Tenía ganas de ver qué había por aquella zona y esperar en esa charca se hacía aburrido.

Volví a elevarme por la zona y, deslizándome de forma horizontal sobre el suelo, comencé a emitir arena por mi mano derecha dibujando una gran flecha que apuntaba a la cordillera y que Karl podría ver si venía volando desde el otro lago. Al lado empecé a escribir un mensaje, como si fuese un grafitero — "Aquí no hay nada, estamos investigando la cordillera. Nos vemos en el volcán". — Regresé con Fuguwu. — Listo. Así es imposible que nos pierdan ¡kakahaha! ¿Vamos? — Y, con una curiosidad con necesidad de ser satisfecha, comencé a volar hacia la entrada de la cordillera que había visto, recogiendo la hiena que había traído y sin dejar de emitir mi waki de observación. Estaba seguro de que a Fuguwu también le apetecía investigar el lugar.


Resumen

Bélico

Cambio en atributos

Gastos

Karmas aplicados
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 8218 + 0 = 8218
Energia: 3905 - 63 = 3842
Espiritu: 1860 - 105 = 1755


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