[EVENTO LOCAL - DIVISIÓN 9] - El faro blanco de Mystoria
#21
Joe, tras un largo camino, por fin pudo dar con su compañera. Tras encontrar a esta haciendo Dios sabrá qué, se presentó ante ella llamando su atención. Karl, que había pasado el último rato intentando cazar -sin éxito por desgracia- se alegró de la llegada de su viejo amigo. Este le ofreció comida, lanzando la hiena que cargaba con él como si la semioni comiera carne cruda. Esta por su parte, le ofreció agua del lago que había recolectado con su cantimplora. Tras el héroe explicar a su compañera todo lo descubierto, ambos se dispusieron a reanudar la marcha, pero antes de ello, el héroe observó algo en el lago. Una extraña corriente en la zona central llamó la atención del Vicealmirante que, ni corto ni perezoso, lanzó un poderoso patadón al aire generando una onda cortante que viajó a través de las aguas, separándolas en dos de lado hasta el centro del lago. Las aguas se abrieron por la potencia del ataque y se fueron cerrando como si una herida en el agua se cosiera automáticamente. Tras unos segundos de tensión terrible donde las aguas se tranquilizaban, estallaba la frágil calma que precedió al ataque de Joe. El interior del lago se agitó con crueldad y con poderío. Grandes remolinos comenzaron a surgir por todos lados y uno más grande en el centro. Desde la posición de los Marines se podía alcanzar a ver a los culpables de esta maravilla acuática: los hydravias. Bestias, mitad dragón, mitad anfibio, de escamas plateadas y azules, que vivían bajo el agua del lago, teniendo allí su hogar. Pasados unos instantes, una de ellas emergió del agua, volando dando un aterrador grito para acto seguido volver al agua en picado. Había muchísimas y, aunque eran pacíficas, habían sentido la amenaza en Joe. Las bestias acuáticas, que eran terriblemente perceptivas, habían identificado el ataque del Vicealmirante como una amenaza directa a su nido acuático y estaban defendiéndose de la mejor manera que sabían. Si los marines usaban su Haki de observación, podrían sentir como no querían atacarlos, pero sí que defenderían su hogar con uñas, dientes y corrientes hasta matar a quien entrara. Sería casi un suicidio, introducirse voluntariamente en un lugar que, a todas luces, parecía ser ahora el más peligroso de la isla, exceptuando el volcán. Y la montaña…

Por su parte, Apolo y Fuguwu también hicieron sus movimientos. Mientras el Gyojin había escrutado escrupulosamente cada piedra del lago, Apolo había aprovechado para observar la zona, si nada reseñable que reportar y de paso realizar unas indicaciones con arena, indicando donde se moverían en caso de que Joe y Karl fueran a su posición y ya no estuvieran para reunirse finalmente en el volcán.
Tras reagruparse, la dupla más novata de la División se dirigió a la montaña. Desde cientos de metros antes, pudieron observar como el terreno cambiaba. La vegetación que pudiera haber en la charca iba desapareciendo y secándose como si todo muriera cerca de la montaña, y una ráfaga de aire suave y constante los guiaba por los sinuosos senderos que los introducían entre las cumbres rocosas. Cada paso parecía acercarles a un mundo distinto, donde el color desaparecía tras nubes negras que impedían el correcto paso del sol y donde las calaveras de animales y hombres muertos iban proliferando, anunciando de manera tácita que el lugar no era amigable. Tras una hora de viaje, las montañas se fueron cerrando produciendo un sendero custodiado por cimas de cientos de metros de alto. Un camino que parecía transitado tiempo ha, y ahora deshabitado, mas no desprovisto de pequeños faroles fuertemente anclados al suelo, cuyas llamas parecían inextinguibles e iluminaban tímidamente el camino. Este sinuoso sendero les condujo, eventualmente, hasta una puerta en la montaña. Adornada en sus inmediaciones con calaveras y custodiada por dos estatuas de esqueletos con capuchas, la inscripción en el marco de la puerta rezaba así:

— Al final del Sendero está la luz. Pero el Sendero está cerrado. 
Fue construido por aquellos que murieron y los Muertos lo guardan. 
El Sendero está cerrado. —

Tras entrar, la sensación de calor desapareció de repente, mas no fue un alivio real. Parecía casi como si la vida hubiera abandonado la zona, y con ella, su calor natural. Desde que entraron en la cueva, la oscuridad los invadió por completo. Las paredes, que antes parecían verse más o menos bien, habían pasado a ser una con las tinieblas y solo dos elementos acompañaban a los Marines en las desoladas tinieblas: voces en la oscuridad y una tímida luz blanca que tintineaba muy lejos en el fondo de la cueva. Conforme se adentraban en las cuevas, los ruidos del exterior desaparecían gradualmente, simbolizando que se alejaban del mundo exterior y entraban a formar parte de la tierra de los muertos. Tras recorrer el Sendero con más dificultades que miedo, los dos Marines llegaron a una sala pequeña donde finalmente pudieron identificar al culpable del fulgor que los guiaba desde el inicio del mismo: una piedra. Una extraña piedra con forma de medialuna que brillaba levemente alumbrando apenas uno o dos metros, dependiendo de qué tal era tu vista. Si los Marines la recogían, pues esta yacía desprovista de ninguna sujeción, podrían escuchar como los entes del Sendero cambiaban sus susurros por risas malvadas. Sombrafilos, Ectomures y Umbrysses, animales adaptados a las sombras, comenzarían a buscar que no pudieran salir del Sendero. Cuando los Marines se giraran, no hallarían camino de vuelta, sino en su lugar encontrarían un camino que se dividía en dos diferentes, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los sonidos en la cueva se volverían tenues y acolchados, permitiendo así que el eco de estos retumbara, replicando cada sonido dos veces y poniendo a la dupla en un peligro real.

¿Podrán abandonar el Sendero antes de unirse a los espectros?

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#22
Luego del fracaso en la charca, Apolo recomendó intentar con la montaña que teníamos relativamente cerca pues desde las alturas había vislumbrado algo que podría ser la entrada a la misma. Por lo que, dándome por vencido con la búsqueda infructuosa y tras reajustar mi bolso con todas las provisiones médicas y las cantimploras con agua (mientras Apolo dejaba un mensaje para Joe y Karl en caso de que llegaran a la charca antes de que nosotros volviéramos) decidimos emprender el camino hacia la montaña. El cambio fue gradual pero inquietante. A medida que nos acercábamos a la formación montañosa, la vegetación se marchitaba hasta desaparecer completamente, como si la vida misma huyera de este lugar. Las calaveras esparcidas por el sendero no auguraban nada bueno, pero habíamos venido hasta aquí con un propósito y lo veríamos cumplir. Al llegar a la entrada de la montaña, me detuve a leer la inscripción grabada en el marco de la puerta. Las palabras eran ominosas, pero intente mantener la compostura igualmente.
 
“Al final del Sendero está la luz. Pero el Sendero está cerrado. Fue construido por aquellos que murieron y los Muertos lo guardan. El Sendero está cerrado” – leí en voz alta para Apolo – “Una advertencia clara, ¿pero cuando nos ha detenido algo así?” – sin más dilación, cruzamos el umbral, aunque tuve que luchar contra una creciente sensación de aprensión que me invadía con cada paso.
 
El cambio fue inmediato y perturbador. El calor sofocante de Mystoria desapareció por completo, reemplazado por un frío que no ofrecía alivio alguno. Era como si hubiéramos entrado en un mundo donde la vida había sido drenada junto con su calor natural. Una sensación de pavor mucho más profunda de lo normal comenzó a asentarse en mi pecho, algo sobrenatural que iba más allá del miedo racional y que parecía crecer con cada paso que dábamos hacia el interior. La oscuridad era casi absoluta. Mantuve mi Haki de Observación activo, aunque incluso esta habilidad parecía no tener ningún efecto en este lugar maldito. Los sonidos del exterior se desvanecieron gradualmente hasta que solo quedaron nuestros pasos y... algo más… susurros.
 
En la distancia, una tímida luz blanca parpadeaba, guiándonos a través del sendero serpenteante. Avanzamos con cuidado, yo manteniéndome cerca de Apolo, nuestras voces en susurros para no despertar lo que fuera que habitaba estas tinieblas. Tras lo que pareció una eternidad en la oscuridad, llegamos a una pequeña cámara donde finalmente pudimos identificar la fuente de esa luz. Una piedra con forma de medialuna que brillaba con un resplandor suave pero constante.
 
“Apolo” – susurré con voz menos firme de lo que hubiera querido, señalando hacia la piedra – “Esa debe ser una de las piedras que necesitamos. Pero este lugar... algo no está bien. ¿Puedes tomarla usando tu arena?” – pregunte a mi compañero pues prefería que ninguno la tocara directamente.
 
Mi instinto me advertía que nada en este lugar era lo que parecía, pero el miedo que se había apoderado de mí hacía que cada decisión fuera más difícil de tomar. La forma en que esos susurros parecían cambiar de tono cuando nos acercamos a la piedra hizo que se me erizara la piel. Una vez que Apolo aseguró la piedra, nos giramos para regresar por donde habíamos venido pero el sendero por el que habíamos llegado ya no existía. Deje que Apolo fuera ligeramente por delante, separados solo por medio metro de distancia para que la tenue luz que emanaba de la piedra nos alumbrara lo mínimo posible a ambos y no tropezáramos o nos perdiéramos. Inteligentemente, Apolo iba dejando un camino de arena detrás de él el cual nos ayudaría a no caminar en círculos y reconocer si volvíamos sobre nuestros pasos.
 
Luego de lo que pareció un corto avance, el camino se separó haciendo que dos opciones se abrían ante nosotros, una hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Los susurros se habían transformado en risas malévolas que resonaban por toda la cámara, amplificadas por el eco hasta volverse una sinfonía macabra. Mi voluntad flaqueaba considerablemente ante esta atmósfera sobrenatural, y tuve que cerrar los puños para evitar que mis manos temblaran visiblemente.
 
“El sendero se ha cerrado detrás de nosotros” – dije, mi voz traicionando parte del terror que trataba de controlar – “tenemos que elegir izquierda o derecha” – instante en el que saque una moneda de mi pantalón – “dado que no veo un camino claro, al menos que tengas una mejor idea opino que lo dejemos a la suerte” – dije, lanzando la moneda al aire donde giro brevemente para caer en la palma de mi mano derecha para ser tapada al instante siguiente con la mano izquierda – “si es Berry vamos por la derecha y si es el valor de la moneda vamos por la izquierda” – abrí la mano y la tenue luz de la piedra que llevaba Apolo consigo con su arena revelo el resultado.
 
Berry, la suerte nos decía que tomáramos el camino de la derecha.
 

 
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#23
Una vez empezamos a atravesar la entrada de la montaña, fui avanzando mientras me acercaba al suelo para aterrizar de una forma ligera y fluida, haciendo que la arena que me propulsaba se tornase en mis propias piernas. A medida que caminábamos observaba que, ante la ausencia de una fuente de agua cercana, la poca vegetación con la que nos habíamos topado se iba transformando en un ecosistema más rocoso y seco, algo más afín al demonio de la Suna Suna. Cuantos más minutos pasaban en nuestra marcha, más oscuro se empezaba a tornar el día, como si esa zona viviese en un día nublado. Los restos esqueléticos de los animales indicaban que por ahí tuvo que haber vida, las calaveras con aspecto humano, indicaba que también tuvo que haber civilización... pero desde lo alto del faro jamás pude llegar a ver ningún rastro de civilización más allá del propio faro.

Para entretenerme por el camino hice rodar una de las calaveras humanas que había por el suelo con la planta de mi pie derecho. Con la punta, lo levanté y empecé a caminar dando toquecitos a lo que años atrás había sido una cabeza. Alternaba mis pasos enviándola de forma acrobática de un pie a otro, inmerso en mis propios pensamientos con una actividad que yacía siempre en mi subconsciente. Volví en mi ser cuando empecé a oír la voz de Fuguwu, como si recitase algún tipo de frase creada por un poeta porque hablaba de forma misteriosa. — ¿Muertos? ¿Qué? — elevé la calavera que estaba usando como pelota, la agarré con las manos y pasé mi diestra sobre ella en círculos, como si quisiese sacarle el polvo. Finalmente la dejé sobre una roca cercana — Mis disculpas ¡kakahaha! — Fuguwu parecía animado a entrar en esa especie de sendero creado a través de la piedra de la montaña y, dándole la razón, entré sin dudar — Nada nos ha detenido... pero resulta curioso ver restos humanos y faroles en los caminos. Los animales de la isla no podrían construir algo así pero tampoco hemos visto poblados en ningún momento, ¿me sigues?

La parte positiva era que, dentro de la montaña, la sensación de calor que tanto fatigaba iba desapareciendo. La parte negativa era que si ya de por sí veía de forma regular, ahí dentro apenas podía observar nada más allá que plena oscuridad y una pequeña lucecilla en la lejanía. El ser humano es extraño, inconscientemente nos dirigimos hacia esa pequeña luz como si fuese la solución a los problemas, como si de serie estuviésemos programados para acercarnos a la luz y huir de la oscuridad y, una vez cerca, Fuguwu y yo fluimos en la misma sintonía — Me has leído la mente — estiré mi mano derecha, empezando a emitir arena a través de mis dedos — no me fío de nada de lo que pueda ocurrir aquí y no sé si esto es una trampa... así que mejor poner en riesgo la arena que a nosotros mismos — Y de forma en la que mi cuerpo pudiese expandirse a voluntad, la arena siendo una extensión de mi propia mano derecha agarró la luz y la trajo hacia nosotros. Sujeté la piedra con la palma de mi mano derecha, al mismo tiempo que la observaba — Brilla... y tiene forma de medialuna. Nunca había visto una piedra tan extraña así que debe de ser una de las que dices que tenemos que encontrar — Cuando quise darme cuenta, los ecos se transformaron en una especie de risas y, cuando me giré para salir por dónde habíamos entrado, por arte de magia el camino se bifurcó en dos. — Qué cojones está pasando aquí — la situación empezaba a transmitirme una sensación incómoda, de yuyu

Como estaba medio ciego y medio sordo tenía que dejar todo en manos de mi instinto y del waki que Karl me había enseñado por si conseguía ayudarme a sentir algo. Fuguwu se jugó la decisión de elegir uno de los dos caminos lanzando una moneda al aire — Yo, como podrás imaginar, soy más de tirar hacia la izquierda ¡kakahaha! — señalé hacia el lado derecho de mi cara, el cual estaba tapado con mi media máscara ocultando la herida casi mortal — pero si la moneda dice derecha, vayamos por ahí. Si sale bien será nuestro amuleto... si sale mal podemos hacernos grandes, gritar y menear nuestras capas como si fuésemos un fantasma. Si sale peor... ¿corremos?. No te separes de mí — con mi mano diestra sujeté la piedra para intentar alumbrar algo y ver dónde pisábamos. Con mi zurda, comencé a dejar un rastro de arena por el suelo para evitar perdernos o saber por dónde habíamos caminado. — Mi filosofía es que el buen rollo atrae el buen rollo pero como algo se pase de listo, lo encañono. Vamos allá — Cogí aire y empecé a moverme — Tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê,tê-tê-tê. Samba da bahía, Apolo Bahía, Samba da bahía, Apolo bahía... — y, sumido en mi propia canción, la cual resonaba en los ecos de la profundidad de la oscura cueva para intentar ocultar mi incomodidad, comencé a caminar por el camino derecho con Fuguwu acompañándome.


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#24
Por muy listo que fuera Joe aquello fue una locura. 
El interior del lago parecía estar poblado de unas majestuosas criaturas que ahora se sentían amenazadas por nosotros. Sin embargo, mi Waki me decía que no eran hostiles. Adentrarse en el lago era un suicidio absoluto y temía que el impredecible héroe del pueblo, también conocido como mi amigo Joe, quisiera adentrarse dentro de aquel lago lleno de bestias a pesar de ser una locura. 

- ¡Joe! ¡Lo mejor será que dejemos a esas bestias tranquilas!

Intente no parecer una amenaza y dejar tranquilas a las criaturas. No habían hecho nada que me cabrearan, al contrario que nosotros a ellas.

Yo acababa de ser consciente prácticamente de lo que teníamos que buscar, pero el lugar en el que nos encontrábamos, salvo por las putas arañas y el calor, no era un lugar hostil. Me alejé del lago al sentir que esas criaturas solo estaban guardando su territorio y me transforme de nuevo en mi forma completa, para después hablar con Joe.

- Amigo, no sé si me has escuchado antes, pero creo que los animales de este lugar pueden tener algo que ver con lo que estamos buscando, aunque tal vez no sea así. Voy a rodear el lago y buscar en la selva, los animales se asustan ante mi presencia, pero tal vez tengan algún tipo de guarida a la que nos puedan llevar si las seguimos, no lo sé. O tal vez encontremos alguna piedra buscando un poco más por este lugar.


Dejaría que Joe explorara la tierra mientras yo lo hacía por el aire y dicho esto comencé a volar rodeando el lago mientras con mi Waki y mi visión estaba atenta al comportamiento del entorno y de los animales, ya sabiendo más o menos lo que estábamos buscando. Tal vez hubiera algún lugar que llamara la atención sobre el resto donde pudiera estar una de las piedras.


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#25
Mi Rankyaku logró su cometido.

Mi idea principal era ver que era lo que había debajo de ese lago, ver sus entrañas, pues lo que a simple vista parecía unas corrientes fuertes me hacia pensar que habría algo ¿Quizás un artilugio de los que estábamos buscando? Quien sabe. A estas alturas cualquier cosa fuera de lo normal para mi era una alerta de que podría haber algo. Me había quedado claro que cualquier anomalía que viera podría ser una pieza del puzle que estábamos intentando construir. Así que, una vez que mi ataque "golpeó", varios remolinos empezaron a generarse por todo el lago, destacando el del centro, que era mucho más grande, y de estos fenómenos naturales, aparecieron unas bestias majestuosas, que no sabia muy bien que era. Parecían aves, pero tenían escamas, eso me confundía totalmente. Aquellos seres se nos quedaron mirando fijamente, pero sin realizar ningún acto hostil, al menos por el momento.

Karl, un poco nerviosa, me dijo que lo mejor era que las dejáramos en paz, por lo que simplemente pasó de ellas, ignorándolas y ver si así las criaturas nos podían dejar en paz — No funciona así, Karl... Al menos yo tengo que hacerlo de otra manera... — Dije mientras, yo también me puse a mirar fijamente a las bestias, pero, no intentando buscar bronca, al revés, haciéndolas saber que me había equivocado, que no sabía que iba a perturbar su hogar. Levanté los brazos — ¡Lo siento, no sabía que estabais ahí dentro! ¡No vamos a haceros daño! — Grité mientras me agachaba, para bajar mis manos al suelo y tocar la tierra — ¡Estamos buscando unas especies de piedras! ¿Podéis ayudarnos? — Podía parecer bastante estúpido el que estuviera hablando a unos animales, pero, en cierta manera, algo dentro de mi me decía que no lo era. Mi intención nunca fue hacerlas daño, ni siquiera sabía que dentro del lago vivían semejantes criaturas. Si fueran unos animales que realmente son hostiles y salvajes, ahora mismo Karl y yo estaríamos partiéndonos la cara con ellos, pero no atacaron. Eso me hace pensar que, de alguna forma, también saben que mi intención no era hacerlas daño, por lo que si eran capaces de sentir mis emociones e intenciones, se darían cuenta.

Mientras Karl buscaba por el cielo, yo me quedé en tierra, mirando entre la vegetación, entre las rocas, a ver si encontraba algo, a la vez que aquellas criaturas nos observaban, centrándome más en que quedase claro que no quería hacerlas daño, pero tampoco ignorando su presencia, esperando que de alguna forma entendieran lo que estábamos buscando y haciendo.

— Hmmm, vamos a investigar un poco más esta zona, pero si no encontramos nada, debemos irnos a la ubicación de Apolo y Fuguwu y juntarnos con ellos... A saber que otro tipo de criaturas se han encontrado ellos... — Dije algo preocupado a mi amiga, para, a continuación hacer leve sonrisa con mi boca — Oye Karl, este sitio es fantástico para establecer una base de la Marina, ¿no crees? — 

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#26
Cuando las luces se apagan, los demonios salen a jugar.
La dupla marine había conseguido la primera de las cinco piedras elementales que el faro necesitaba para activarse. Fue Apolo quien reseñó que las construcciones encontradas debían tener un origen humano o, al menos, civilizado. Pero nadie quedaba allí para dar cuenta de ello, y de eso tenían pruebas. Una montaña de calaveras, para ser exactos. Por suerte, no tuvieron que vérselas con monstruos marinos como sus compañeros, mas tuvieron sus propios problemas. Fuguwu, quien en su cautela habitual, sugirió a su compañero que retirara la piedra de su origen con la arena, privando así a Bahía de… cogerla con su mano. Poco importaba, pues, lo que al Sendero le molestó fue que se llevaron su luz, y para hacerles pagar, les privó de la luz para salir. Apolo, tras coger la piedra y escuchar las risas de los muertos, se percató de que el ambiente se había enrrarecido aún más. La dupla, que quiso abandonar el Sendero, halló un camino que se bifurcaba en dos, derecha e izquierda. Siendo imposible decidir por orientación ni iluminación, Fuguwu sacó una moneda y la lanzó para decidir el destino de los marines. Un símbolo de un Berry sentenció el camino que, aunque Apolo se mofó de él, terminaron escogiendo. Comenzaron a moverse por el camino de la derecha poco a poco mientras Apolo cantaba alegremente, quizás intentando espantar sus males, como decía el refrán. El camino pronto les condujo a una nueva sala -aunque ellos no podían percibirlo por la baja iluminación- y la voz del navegante retumbaba con sus cánticos, como si los muertos repitieran sus palabras tres veces, burlándose de su canción.

— Bahía, Bahía, Bahía… —

No fue mucho después que ambos marines llegaron a un punto muerto: otro camino bifurcado que parecía extrañamente similar. Si los marines miraban atrás, al menos hasta donde la iluminación de la Piedra Lunar alcanzaba, verían el rastro de arena que convenientemente había dejado Apolo, por lo que, no estaban en el mismo lugar, pero, por alguna razón, no se habían acercado en absoluto a la salida. Sus pasos repicaron tres veces justo antes de descubrir de nuevo la encrucijada: ¿Derecha, o izquierda?

Joe y Karl, por su parte, tenían sus propios asuntos.
El vicealmirante había enfadado a las bestias del lago que, rencorosas, no olvidarían lo hecho por los marines en mucho tiempo. Karl fue -quizá por primera vez en su vida- la voz de la razón y aconsejó a Joe dejar a las bestias tranquilas, a lo que el héroe decidió llegar más allá. Muestra de su gran corazón y su falta de maldad, intentó disculparse con las criaturas, agazapándose y tocando la tierra cercana al lago. Uno de los hydravias, que miraba al marine desde el lago fijamente, en respuesta, lanzó un enorme escupitajo de agua. Un chorro a presión que duchó, literalmente, al marine, empapándolo por completo y dejándolo como si un aguacero le hubiera caído encima. El torbellino no se sofocó, pero, pero recibió una respuesta a sus acciones. Karl aconsejó probar suerte con otras criaturas y Joe, finalmente, accedió diciendo que buscarían en las inmediaciones. Tras un rato caminando por el lago mientras los hydravias no perdían sus pasos, la dupla pudo ver a lo lejos parte de los animales que Karl pudo ver antes, mas era imposible atraparlos sin los conocimientos necesarios. La fauna no estaba acostumbrada a la presencia humana y huía recelosa de su paz natural. Las plantas cercanas al lago no producían fruto alguno y la tierra aledaña parecían yermas y desprovistas de vida.

Tras un tiempo buscando, algo comenzó a sonar de manera amenazante. Un rugido ahogado cuya procedencia era… el estómago de la marine, Karlglass. Fuertes movimientos gastrointestinales que ocasionaron molestias fuertes y un ruido tan preocupante como cómico mientras se movían por las inmediaciones del lago. Lago del cual, quizás y solo quizás, Karl no debió beber tan alegremente sin purificar el agua. Pese a su apariencia ruda, su estómago no estaba preparado para beber de un lago lleno de bestias que a saber qué cosas hacían en él siendo su hogar. La sensación se incrementó y solo ella sabría como poder recuperarse de esta circunstancia tan poco favorecedora. Y en qué peor momento, pues, los marines pudieron sentir como diez hienas, mucho más grandes y amenazadora, se lanzaban sobre ellos sorpresivamente, no saben si buscando venganza por la derrota de su prole o si simplemente buscaban cazar.

Nada pudieron encontrar los marines en su búsqueda, pero si pudieron percatarse de algo desde la zona oeste del lago: el volcán estaba activo y, ahora con la distancia recorrida, incluso sin una vista perfecta se podía apreciar como expulsaba lava de manera intermitente y suave, cayendo por sus laderas hacia los ríos y mar aledaños. Desde luego, era otro punto de interés para la búsqueda, pero, no falto de peligros. ¿Cuál sería su siguiente movimiento?

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#27
Sin mejor opción para decidir nuestro destino, saqué una moneda de mi bolsillo. El metal frío contrastaba con mis manos sudorosas mientras la lancé al aire, confiando en el destino ante la imposibilidad de elegir con lógica. El símbolo del Berry señaló hacia la derecha, por lo que, tras guardar la moneda en mi pantalón, empezábamos a caminar por ese sendero. Mientras avanzábamos por el estrecho pasaje, Apolo comenzó a cantar, quizás intentando mantener los ánimos arriba o espantar los miedos que nos acechaban. Su voz resonaba en la oscuridad, pero había algo profundamente perturbador en cómo los ecos se multiplicaban, como si los muertos del lugar se burlaran de nosotros.
 
“Bahía, Bahía, Bahía...” – la repetición resonaba por todo el túnel, creando una sinfonía macabra que hacía que mi piel se erizara aún más.
 
El camino parecía interminable, y con cada paso que dábamos, la sensación de que algo andaba mal crecía en mi interior. La energía parecía drenar de mi cuerpo, como si las propias sombras se alimentaran de nuestra presencia. Cuando finalmente llegamos a otra bifurcación que se veía extrañamente similar a la anterior, entendí que habíamos elegido el camino equivocado.
 
Sin embargo, si pude notar algo diferente, nuestros pasos ahora repicaban tres veces en lugar de las dos que habían estado resonando antes. Que resonaran dos veces ya me pareció raro pero no hice comentario alguno, pero que ahora repicara el sonido tres veces no podía ser coincidencia.
 
“Apolo, espera, tengo la sensación de que nos estamos alejando…” – dije mientras escuchaba con atención mis alrededores – “¿Has notado los ecos? Antes nuestros sonidos se replicaban dos veces, ahora son tres.” – continue mientras mantenía el haki de observación expandido a 150m de nosotros intentando captar rastro alguno de vida dentro de la cueva – “Igual cuando estabas cantando, algo repitió Bahía tres veces, no creo que sea casualidad.”
 
Luego, señalé hacia atrás, donde aún podía distinguir débilmente el rastro de arena que mi compañero había dejado en nuestro camino, apenas visible bajo la tenue luz de la piedra lunar.
 
“Sugiero que volvamos sobre nuestros pasos. Tu rastro de arena nos puede guiar de vuelta, y si mi teoría es correcta, deberíamos buscar el camino donde los ecos sean menores o directamente desaparezcan.” – termine de formular mi teoría y quede atento a lo que respondiera Apolo.
 
Sin embargo Apolo insistió en que probáramos con el camino de la izquierda y, dado que ya me había seguido inicialmente al elegir el camino de la derecha y aunado a que no estaba del todo seguro de que mi razonamiento fuera correcto, decidí confiar en mi compañero de mil batallas por lo que, luego de discutirlo con mi compañero surfista, retomamos el avance. Nos mantuvimos cerca el uno del otro en la opresiva oscuridad, manteniendo la separación de medio metro entre nosotros mientras seguíamos el rastro de arena. Cada paso que dábamos hacia adelante parecía llevarnos un poco más cerca de la esperanza, aunque las risas espectrales que nos rodeaban me hacían sentir que nuestra lucha contra este lugar maldito apenas comenzaba. La piedra lunar en manos de Apolo continuaba siendo nuestra única guía en esta pesadilla, su luz pálida apenas suficiente para no tropezar, pero al menos nos mantenía unidos en medio de la oscuridad que parecía querer encerrarnos para siempre.
 

 
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#28
La respuesta de los animales me hizo soltar una carcajada, ya que Joe intento ser amable con ellos y pedirle perdón y ayuda, pero su respuesta fue lanzarle agua a la cara.

- JAJAJAJAJAJAJA JOE TE TENDRÍAS QUE HABER VISTO LA CARA QUÉ RISA JODER, ME CAEN BIEN ESTOS BICHOS JAJAJAJA  LO SIENTO JEFE ES QUE JAJAJAJAJAJA

Tras esto, Joe estuvo de acuerdo en seguir buscando un poco por la zona, pero si no encontrábamos  nada volveríamos al  punto de reunión con nuestros dos compañeros restantes. Así que nos pusimos manos a la obra de nuevo, a ver si encontrábamos algo. 

De nuevo en el aire el karma no tardo en devolvérmela. No solo era el calor lo que me jodía, no era solo eso. Joder. No tenía que haber bebido de esa agua tan alegremente, no tenía que haberlo hecho. Empezaba a tener sudores fríos que recorrían todo mi cuerpo, me sentía más débil y cansada, pero eso no era lo peor... lo peor es que ME CAGABA VIVA. Intente aguantar todo lo que pude, los animales seguían huyendo de nosotros, lo unico bueno que pude sacar del viaje es que a lo lejos veia otro punto de interes, lava cayendo al mar. 

- me cago, me cago, me cago, me cago... joder, que me cago, me cago viva, mierda de la mierda, me cago...

Tuve que dejar el cielo y bajar. Me acerqué a Joe para explicarle la situación, pero fuimos interrumpidos, mi Waki pudo sentir como se acercaba una panda de animales salvajes, ahora no joder, no tenía tiempo, me iba a cagar puto encima, no tenia tiempo para lidiar con una panda de animales salvajes. Así que suspire y con el culo apretado me acerque hacia donde nos acechaban y antes de que pudieran atacarnos les grite.

- NO TENGO TIEMPO QUE ME CAGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Estando cerca de la horda, desplegué todo el poder de Sohem 15 metros a la redonda, haciendo que los animales cayeran inconscientes. Y tras esto, me fui corriendo a unos matorrales cercanos a descargar todo "lo que llevaba dentro".

- ¡NO SE TE OCURRA MIRAR JOE, NO SEAS GUARRO!!!

Tras terminar de hacer mis necesidades, volví a reunirme con Joe y le dije que no me sentía bien, pero que había visto lava caer hacia el mar desde el volcán, que si quería, podíamos ir allí, No permitiría que una enfermedad me parara, aunque esto nos retrasaría, pues aún tenía retortijones. 

- Bueno Joe, ¿vamos entonces a esa zona del volcán o buscamos a nuestros compañeros?

Seguía sintiendo retorquijones, pronto tendría que volver a parar. 

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#29
Aquellas criaturas no parecían atender a mis palabras, cosa que también era lo más probable. Cuando vi que nada pasaba y me daba media vuelta para ponerme a buscar por los alrededores, de repente, una tromba de agua cayó sobre mi, dejándome completamente empapado. Me pilló por sorpresa totalmente, fue un movimiento impredecible, mientras escuchaba a Karl reírse de la situación — Me caguen en... — Dije mientras parecía un muñeco de lo quieto que estaba cuando me giré y parece ser que fue obra de uno de esas bestias. Pensándolo en frio -nunca mejor dicho-, aquello no fue un ataque hacia a mi. Más bien como un "bájate dos tonitos" por parte de una de las criaturas. Si realmente hubieran querido hacerme daño, lo hubieran hecho, así que me lo tomé como una advertencia — Vale vale... Entendido... — Dije mientras sacudía mis brazos hacia abajo para intentar quitarme un poco de agua — Menos mal que con esta calor se secará rápido... — Dije en un tono de broma.

Tras este pequeño traspiés, la búsqueda por parte de Karl y mía prosiguió, pero nada, sin resultado alguno, no encontrábamos lo que buscábamos — Hmmm... es inútil seguir por aquí Karl, creo que es hora de irnos — Comenté, dándome cuenta de como el resto de animales que había por allí se alejaba de nosotros, cuando de pronto, escuchaba como mi compañera se iba acercando desde las alturas hacia mi, mientras repetía una y otra vez que se cagaba — ¡Y a mi que me cuentas, caga y dej...! — Pero de repente, pude sentir la presencia hostil de algo, eran hienas otra vez, se acercaban a nosotros — ¡Otra vez estos bichos! ¡Déjamelos a mi si tu no te encuentras disponible! — Pero cuando me quise dar cuenta, Karl se estaba acercando a ellos, andando de manera ridícula, no sabía que era lo que iba a hacer, cuando de pronto, con un grito casi de dolor, liberó una gran cantidad de Haki, dejando en el suelo a todo lo que había allí alrededor. No estaba dando crédito, usó algo tan potente solo para un puñado de animales, y todo porque se cagaba encima.

— ¡Madre mía, caga de una vez, tenemos que irnos de aquí! — Dije mientras me giraba, sacaba un cigarro de mi bolsillo y procedía a encendérmelo con mi zippo cuando me frené en seco — Un... segundo... — Me quedé mirando fijamente al paisaje que tenía frente a mi, sin un punto fijo en concreto, mientras una gota de sudor recorría mi frente — ¿Desde cuando Karl puede hacer esto? Es literalmente lo mismo que hizo Sohem en nuestro combate grupal... — Pensé mientras recordaba ese momento, donde no pude hacer nada cuando el enmascarado de Magna me dejó seco en el suelo. Pero, ahora, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo — ¿Y... porque yo ahora... no he caído al suelo? — Me preguntaba. Daba igual que esta vez fuera Karl quien lo hiciera — ¡Tendría que haber caído al suelo! — No paraba de repetírmelo en la cabeza. Me giré rápidamente para visualizar a mi amiga, la cual estaba ya acercándose a mi, parece ser que había terminado su faena, mientras me preguntaba que íbamos a hacer. La miré con preocupación, o más bien desconocimiento alguno, ¿Cómo narices hizo eso? Quería saber más pero, no era el momento. Así que me centré en volver al punto en el que estábamos.

— S...si... Pues deberíamos ir a buscar a Apolo y Fuguwu, acordé con ellos en juntarnos en el lago y una vez juntos todos, ir al volcán. Así que vamos, nos están esperando. Cuando lleguemos, haremos todos una hoguera y descansaremos, y comeremos hiena a la brasa — Dije mientras me echaba a la espalda de nuevo la hiena que traje del faro — Esta carne tenemos que comerla cuanto antes, o si no... nos cagaremos todos como tu —

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10460 + 0 = 10460
Energia: 4720 + 190 = 4910
Espiritu: 1910 - 100 = 1810
#30
A medida que avanzábamos por aquel túnel de penumbra mis cánticos retornaban de una forma extraña, como si alguien estuviese vigilándonos y jugando con nosotros. Al principio la réplica era doble, pronto pasó a ser triple. — ¡Eh! Quién quiera que esté ahí, si quieres hacerme los coros podemos hablarlo, nos vendría bien conocer a alguien en esta caldera para poder hacer una fiesta — Hablé hacia las tinieblas, totalmente desubicado.

Pronto llegamos a un nuevo cruce de caminos. Fuguwu, siendo perspicaz como de costumbre, también se había fijado en el eco de mis cánticos, lo que le llevó a formular sus propias teorías las cuales tenían su lógica. — Sí, ahora el eco es triple... eso nos abre varias posibilidades. Quizás hayamos entrado en una galería mucho más amplia, quizás haya alguna cosa más que se haya unido a lo anterior para vigilarnos, quizás hay algún usuario de alguna fruta extraña jugando con nosotros... o a lo mejor el calor de antes nos está haciendo delirar. Fuguwu ¿crees que hemos muerto y ahora estamos en el más allá? — empecé a emparanoiarme yo solo —. ¡Mala suerte amigos, ya he esquivado a las garras de la muerte una vez y una cueva no va a doblegarme! — estiré mis brazos a los lados elevando mi capa de comodoro — ¡PORQUE YO SOY LA MUERTE MISMA! — metido completamente en mi papel y, gracias a mis dotes interpretativas para la mentira, empecé a ondear la capa hablando a gritos.

Fuguwu sin embargo decidió fijarse en el rastro de arena que había estado emitiendo para poder guiarme allí dentro. Volver sobre nuestros pasos era una opción pero no dejaba de darle vueltas al hecho de que tras haber agarrado la piedra lunar, el camino de salida se convirtió en aquella bifurcación que nos trajo hasta este lugar, como si esa piedra estuviese maldita o hechizada. En ese instante recordaba las historietas que Bruxa A. Meiga, esa vieja loca que vivía cerca de la selva de Samba y cuyo aliento olía a orujo, nos contaba a los niños de la isla cada vez que nos acercábamos a sus terrenos. No sé si lo hacía para asustarnos o porque de verdad creía en los espíritus... pero como todo esto haya sido obra del Sací-Pererê, le patearía tan fuerte su única pierna que se la arrancaría de cuajo. Ya no era un niño para escapar.

Tras pensar un rato volví a dirigirme a mi compañero — Eso que dices tiene sentido pero no sé hasta qué punto podemos volver. Dios... ojalá Karl estuviese con nosotros para darnos luz con sus llamas y ver al menos dónde estamos, esta piedra no sirve para nada y yo tampoco tengo forma de alumbrar el camino — Pensando en soluciones para encontrar la salida, apoyé la palma de mi mano derecha sobre la pared más cercana, mientras sostenía la piedra lunar con mi zurda. De forma lenta y controlada, un pequeño hueco apareció bajo mi palma mientras polvo caía al suelo — No me cuesta desintegrar materiales como este... pero quizás el techo puede venirse abajo si el túnel es muy largo — La idea de atravesar la montaña hasta salir resultaba ser demasiado arriesgada y peligrosa. — ¿Probamos primero el camino de la izquierda? En caso de complicarse la situación, la arena nos marcará el camino de vuelta y quiero comprobar una cosa. — Llevé mi mano derecha hacia mi frente y me coloqué el pelo hacia atrás, notando cierto agotamiento — Pero tenemos que darnos prisa, me noto más cansado que de costumbre. Mantén tu waki alerta, como algo extraño venga de frente con malas intenciones, pienso volarle la cabeza con mi arena, ¿me sigues? — La situación de estar perdido y privado de mis sentidos me empezaba a agobiar. El estrés y mi impulsividad hacían que cada vez me apeteciese más desatar una tormenta de arena allí dentro, cosa que evitaba para no dañar a mi compañero — Vamos allá, seguro que Karl y Joe están cansados de esperarnos. Tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê,tê-tê-tê. Samba da bahía, Apolo Bahía, Samba da bahía, Apolo bahía... — Finalmente, alumbrando lo poco que podía con la piedra lunar sostenida en mi zurda y marcando con arena el camino con mi diestra (esta vez haciendo un zig zag sobre el suelo), nos adentramos por el camino de la izquierda, de nuevo al ritmo de mi canción.


Resumen

Bélico

Cambio de atributos

Gastos

Karmas aplicados
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 8218 + 0 = 8218
Energia: 3906 - 436 = 3470
Espiritu: 1650 - 105 = 1545


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