[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#21
El hombre que se llama Stutely me pareció alguien bondadoso. Su voz era suave y su aura era de cierta manera brillante. O por lo menos suponia que asi se deberian ver las cosas brillantes.

— Muchas gracias por la ayuda. Amén —le respondí a Stutely por encargarse de los preparativos para el funeral de Oxxy.

También parecía un hombre prudente, pues decidió no hablar sin saber. Prefirió esperar a que fuese Robin quien nos contara todo. Era un buen indicio, probablemente eran empáticos. Hoy día la empatia es un valor que lamentablemente está ausente en el mundo.

En los dos minutos en los cuales el hombre salió en busca de comida y agua, mi cuerpo que aún era una especie de masa de arcilla, volvió a la normalidad. Gracias a Dios la cabaña no tenía techo, por lo que pude entrar en ella sin causar destrozos en la estructura.

Stutely regresó con tres personas más. Por el intercambio de palabras parecían llamarse Rian, Lei y Dima. Sin embargo, no pude diferenciar sus auras. ¿Por qué eran auras tan idénticas?

— Curioso… —pensé debido a esas tres chicas, las cuales se encargaron de traernos comida y agua. Pero no era momento para pensar en cosas curiosas, asi que me limite a agradecer a Dios por aquellas acciones llenas de bondad. El Señor siempre envía ayuda de donde uno menos lo espera.

Tras dejarnos la comida y las bebidas decidieron dejarnos una hora mas para que pudiéramos descansar. Sin embargo, yo decidí orar durante esa hora entera, no sin antes responder a lo que acababa de decir Panda.

— En eso tienes razón. Oxxy no era alguien que muriese tan facil. Si el causante de su muerte fue el aura que pude percibir, tendría lógica. No se si ustedes pudieron notarlo, pero era alguien incluso más poderoso que tu o que Kisuke. Alguien más poderoso que un Gran Lider de la Revolución —dije—. No creo que haya un plan perfecto contra personas así de poderosas. Lo mejor es resolver rapido la situación de la isla, utilizando todos los recursos con los que podamos contar. Amén.

Pasada la hora Stutely regresó, de nuevo, pero esta vez nos llevó hasta la cabaña de Robin. Por mi tamaño tuve que quedarme fuera, pero no era un problema, pues podía escuchar todo desde donde me encontraba.

— Me quedaré sentado aquí fuera. Entren ustedes. Los oigo desde aqui. Amen —dije.

Dentro de la cabaña podía sentir el aura enojada y triste de Robin. Parecía estar sufriendo emocionalmente. Pobre hombre. Que dios le de fortaleza, templanza y resiliencia.

Desde fuera pude escuchar todo. Según lo que sospechaba Robin el causante de todo habia sido el capitan de la Guardia Real. No era de extrañar. El mas poderoso de la Guardia de un país del Nuevo Mundo. No era de extrañar que fuese así de poderoso.

También explicó acerca del actual rey y toda la historia de conspiración y tragedia que cubría la isla entera. Mientras hablaba noté como su aura deprimida se llenó de un momento a otro de inspiración. No pude evitar sonreír ante lo transparente que era aquel hombre. Era evidente que su fin en la vida era liberar a su pueblo.

Kisuke y Don Bambú, ambos están dispuestos a ayudar. Yo igual. El Señor ha unido nuestros caminos con un propósito. Era hora de decidir cuáles serían los próximos pasos de esta aventura, por lo que decidí quedarme en silencio para intentar entender el plan que tenia Robin, y esperar las decisiones de Kisuke.

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#22
Los dos miembros más importantes de los toros Negros entraron a la cabaña junto a la mano derecha de Robin, mientras el monje decidió escuchar desde fuera de esta, lo cual supuso un gran alivio para el resto pues por mucho que lo intentaran sería imposible que alguien tan grande pudiera entrar. Robin procedió a darles las respuestas que les había prometido desde su primer encuentro, además de informarles acerca de la trágica historia de aquella isla y en la que los cuatro revolucionarios se habían visto envueltos e incluso había costado la vida a uno de ellos.

Tanto el Comandante Kageyama como el mariscal que portaba la D en su nombre mostraron su intención de apoyar la causa de aquellos forajidos, palabras que causaron un gran impacto en el líder rebelde. El hombre miró entonces a su compañero, aliviado pero sobre todo esperanzado, pues ahora tenían verdaderas opciones de lograr la libertad de su pueblo. El hombre vestido de verde asintió y miró entonces a su mesa. Se sorprendió, pues estaba hecha un completo desastre - Un momento, que hago sitio - con un movimiento apartó las cosas de encima de la mesa, dejando espacio suficiente para colocar allí un mapa de lo que parecía la capital del reino - Bien, respondiendo a tu pregunta. No os podemos decir exactamente cuánta gente conforma el ejército real, porque esa información es realmente complicada de conseguir - se mordió el labio inferior, molesto por no poder responder a la pregunta del otro hombre - Pero, diría que habrá como un millar de tropas - el hombre de pelo anaranjado interrumpió entonces a su compañero y amigo, acercándose él también a la mesa - Bueno, recuerda que el año pasado hubo una campaña de reclutamiento, así que probablemente ahora el número ronde las quince centenas - le hizo un gesto a su compañero para que prosiguiera - De ahí, el enemigo más peligroso es sin duda el capitán Jamonada. Y luego, habría que tener en cuenta a la guardia personal del rey - explicó, señalando al castillo con su mano izquierda - No son muchos, pero dicen que cada uno de ellos vale por dos, así que supongo que serán enemigos a tener en cuenta - miró a los dos hombres

- Vale, una vez explicado eso, creo que lo mejor será comenzar a hablar del plan - el tono del moreno cambió a uno ligeramente más serio, mientras comenzaba a señalar varios puntos en el mapa - Como supondréis, ir directamente al castillo sería un suicidio. Para empezar no tenemos suficiente gente, y mucho menos el equipamiento necesario. Si tuviéramos alguien que pudiera derribar los muros del castillo de un puñetazo otro gallo cantaría. Pero bueno, esas cosas solo pasan en los sueños - suspiró, alzando levemente la mirada. Se acordó pasados un par de segundos de que estaba comentando el plan - Entonces, como no tenemos una forma sencilla de derribar los muros, necesitaremos hacernos con esto - señaló un lugar en el mapa, en la zona oeste de la capital - Aquí se encuentra el arsenal. Sabemos que todos los cañones se encuentran ahí guardados, listos para ser desplegados en caso de que fuera necesario - dio un par de toquecitos con el dedo en el mapa - Sabemos que es, después del castillo, el lugar mejor defendido del reino - continuó - Parece que alguien sabe cuál es su punto débil y tiene miedo - comentó Stutely - El plan aquí sería dejar fuera de combate a la guarnición, y hacernos con los cañones para poder tener alguna oportunidad en el castillo

- Luego, al otro lado de la ciudad... - el hombre mayor señaló otro punto en el mapa - Ahí se encuentra la prisión. No está tan bien defendida, pero muchos de nuestros compañeros están ahí encerrados, esperando a la horca sin siquiera un juicio justo - el otro hombre apretó el puño de la rabia - Son todos hombres y mujeres que han sido encerrados por luchar por la libertad, y estoy más que seguro de que si les ayudamos se unirán a nuestra causa - explicó - Bueno, ya son parte de la causa - los dos hombres esperaron unos instantes, para ver si los revolucionarios tenían alguna pregunta.

- Como habréis podido ver, esos dos objetivos son posiblemente demasiado ambiciosos para nosotros - explicó - La idea no era asaltar el arsenal y luego el castillo, si no ir muy poco a poco, para robar los cañones sin que se dieran cuenta - siguió hablando - De hecho, además de esos dos lugares hay otros dos enclaves estratégicos más en la capital - señaló otros dos puntos en el mapa, uno al norte y otro al sur - Aquí están el hospital y ahí la reserva de alimentos. No son tan cruciales como el arsenal o la prisión, pero tampoco suponen un peligro tan grande como estos dos - señaló nuevamente a los dos puntos anteriores - Nuestra idea era primero ir a estos dos sitios, para conseguir suministros médicos y alimentos, pero después de lo de antes no podemos permitirnos ir despacio - miró a los dos revolucionarios - Es solo cuestión de tiempo que alguien os reconozca, o que alguien que os haya reconocido informe a la guardia, y si se da ese caso seguramente reforzarían más todavía todos los sitios, por lo que nos sería realmente imposible.

Tras aquellas palabras el hombre siguió mirando a los revolucionarios - Posiblemente para nosotros sea una tarea casi imposible, pero he escuchado vuestras hazañas, y estoy seguro de que seríais capaces - asintió, mirando a la cara al líder revolucionario, antes de volver a mirar al mapa - Entonces, queda en vuestra mano decidir qué enclave habría que asaltar - dijo con decisión - Y nosotros podremos también ayudar con el asalto a otro enclave. Será difícil, pero vuestra llegada ha subido mucho la moral de todos aquí en el campamento, y seguro que si os ven también en las calles - se agachó levemente en señal de respeto - Yo prometo que, sea cual sea el lugar al que tengamos que ir, nosotros lo daremos todo para lograrlo

- La decisión es vuestra



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#23
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Kisuke sonrió al ver que Beto se quedaba fuera. El gigante no podría ver pero era muy empático y considerado y había tenido en cuenta que no podrían caber todos en aquella cabaña si el intentaba entrar. Rob estaba dando explicaciones sobre un mapa de lo que parecía la capital del reino. Comentaba que no podían darle un número exacto de las tropas, pero que habían estimado unas mil quinientas personas con el último reclutamiento, según lo que aportó Stutely. En cuanto a las tropas de élite, una vez más se mencionó al tal Jamonada como el más fuerte, y la Guardia Personal del rey, que, evidentemente tendría que tener un nivel más alto que las tropas promedio, no en vano, ese tipo de reyes especialmente suelen ser cobardes y se rodeaban siempre de gente fuerte, para mantener su posición.

-Bueno, ya sabemos a cuantos enemigos nos enfrentamos, más o menos, ahora la clave es la distribución de estos.

Y así Rob y Stutely procedieron a explicar el plan en el que había que asaltar cuatro enclaves clave para el éxito de la misión. Los dos más importantes eran sin duda el arsenal y la prisión, puesto que el primero les dotaría de potencia militar, y el segundo, como explicaron, supondría un aumento en el número de efectivos para la causa, puesto que muchos estaban allí prisioneros por insubordinación. Después había otros dos puntos importantes pero no tan cruciales como el hospital y la reserva de alimentos. Lo que parecía claro, era que aquellos forajidos esperaban que ellos se encargasen de alguno de los dos puntos cruciales. Kisuke suspiró; si Oxxy no hubiera muerto podrían haberse dividido en dos grupos y poder acometer el asalto de ambos puntos simultáneamente, pero, dadas las circunstancias, tendrían que decidirse por uno de los dos y confiar en los forajidos para conquistar el otro enclave crucial. Kisuke sacó un cigarro y suspiró reflexionando unos segundos, aquella decisión era importante, pero no era tan complicada como parecía.

-Bien, entiendo la situación, y es una pena que no podamos dividirnos nosotros en dos grupos para facilitar las cosas, pero nos haremos cargo del más complicado... el arsenal. Allí habrá más presencia armada y tienen reservas de munición, evidentemente.

Le preocupaba que la guarnición de la prisión fuese demasiado para los forajidos y no pudiesen liberar a sus compañeros, pero no tenían más remedio que actuar de esa manera. Lo más importante era reducir el poder militar del enemigo para evitar que causasen estragos con su equipamiento armamentístico. Miró a Panda y señaló al exterior donde se encontraba Beto.

-Por lo tanto, el escuadrón de los Toros Negros se hará cargo de asaltar el arsenal y tomar control de las armas del reino. Vosotros tendréis que liberar a vuestros compañeros... Después deberíais venir al arsenal para equiparos de la mejor manera para el asalto final...

Sería clave que los forajidos y los prisioneros que fuesen liberados estuviesen bien pertrechados para la batalla. Kisuke esperaba que hubiese el menor derramamiento de sangre posible, pero en la guerra y la revolución, a veces, esas cosas no eran posibles.

-Eso si, necesito saber de la manera más detallada posible, como es el lugar donde está el arsenal, para que podamos trazar un plan de acción y que todo salga bien de la manera más rápida posible. Y lo más importante, ¿cuándo atacamos?

Tener la mayor información posible del lugar sería clave para poder alcanzar el éxito en su misión. Después de tomar el arsenal, tendrían aún trabajo por hacer, aquello solo era la primera piedra para que triunfase la revolución en aquel país.

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#24
Desde fuera de la cabaña pude escuchar todo lo que Robin acababa de decir. Fue sincero y al grano. El plan que acababa de exponer era ambicioso desde mi punto de vista, quizá no imposible si Dios estaba de nuestro lado. Pero fácil no sería.

— ¿Quince centenas de tropas? Era una cifra bastante alta para lidiar con eso solamente con civiles y tres de nosotros —pensé mientras seguía escuchando atentamente—. Oxxy hubiera sido un as en la manga. Espero que Dios castigue severamente a quien decidió matarlo con su propia mano.

Sin embargo, a pesar del alto número de tropas, ciertamente no hay ejército en la tierra que pueda detener la mano de Dios. Por las palabras de Robin, los enemigos mas complicados serian el capitán Jamonada y la guardia personal del rey. Todos hombres que vendieron sus almas a la tiranía de este reino. Hombres que no conocían del Dios bueno.

Según el plan, todo giraba en torno al asalto de cuatro puntos estratégicos, para lo cual se necesitaba de una estrategia de batalla inteligente. Definitivamente Robin y Stutely habían demostrado ser hombres sabios y valientes. Me impresionó como unos simples civiles tenían tales planes pensados. ¿Desde cuándo estarían planeando todo?

Luego escuché a Kisuke tomar la palabra. Para mi no tan sorpresa, tomó la decision de ir al punto mas complicado. Quería ir al arsenal. Y yo lo acompañaría sin dudar. Fallé en proteger a Oxxy, pero ya no fallaría más. No me permitiré error alguno.

El arsenal probablemente fuese un lugar de muerte, lleno de armas usadas para oprimir a la gente. Ciertamente habia que erradicar ese lugar y quitarselas de las manos. Adicional a eso, Kisuke tambien les dijo que todos los demas se fueran a la prisión. No me quedaba mas que rezar por ellos para que el Señor los guiara y los protegiera en el futuro próximo. Espero que sean capaces de liberar a sus hermanos.

— Que Dios bendiga nuestro destino, Amén —dije, sin decir nada más.

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#25
Mientras que Kisuke y Max entraron en la tienda, Beto optó por la opción sensible y se quedó fuera escuchando. A veces es difícil compaginar tener un gigante en la banda con las actividades de la misma, pero el titánico invidente lo gestionaba bastante bien. Escuchó atentamente lo que Robin estaba diciendo después de haber limpiado su mesa. Un millar de hombres era bastante gente, pero no tenía duda alguna de que lograrían vencerlos de darse la necesidad. ¿Cuál sería el alcance de su haoshoku en caso de necesitarlo? Desconocía el poder absoluto de su voluntad, ya que nunca la había empleado contra tanta gente y lo único que sabía de los hakis era lo que había averiguado a través de la experiencia. Stutely intervino para aclarar que la cifra podría acercarse más al millar y medio. Max emitió un leve silbido ante semejante cantidad de gente. —Sin duda un contingente a tener en cuenta. —Lo comentó mientras imaginaba cómo lo abarcarían entre él y Kisuke, pero le restó importancia en tanto que ya se las apañarían con el tema. No era probable que se enfrentasen a 1500 personas de golpe, de todas formas, ya que eso requeriría una gestión militar del más alto nivel contra un grupo extremadamente pequeño de gente. La mención de la guardia personal del rey le emocionó un poco. Sin duda su objetivo principal era Jamonada, pero saber que había una cantidad tan grande de enemigos interesantes hacía que su lado más belicoso palpitase eufórico.

Asintió, una vez comenzó la explicación del plan, ante la afirmación de que un ataque frontal sería de lo más imprudente. Con su fruta podían ahorrarse esas tonterías de ir de frente y a pecho descubierto, aunque la idea fuera emocionante. Miró con atención el mapa y trató de quedarse con todos los puntos estratégicos en su cabeza. Al oeste estaba el arsenal. Cerró los ojos un momento para intentar recordar dónde estaba el oeste. —Veamos, al llegar había un árbol justo en el norte y luego torcimos a la derecha... y luego aquella tienda... El oeste está por allí. —Miró de reojo en la dirección que creía que podía ser el oeste, justo por donde estaba el catre de Robin. Sin duda alguna el arsenal representaba una opción muy atractiva como alternativa a ir de frente a por el castillo. Disponer de cañones para dinamitar las defensas de la fortaleza podría resultar crucial para el asedio. La prisión le llamó la atención por lo simbólico de su existencia. Allí esperan su final los camaradas externos de la revolución. La gente que tiene el corazón en su sitio y que lleva luchando por sus derechos y esperando al Ejército desde sabe dios cuánto tiempo. Mentiría si dijera que la opción no le atraía más que el arsenal, pero entendería que Kisuke escogiese el arsenal primero, porque sería la opción más lógica dada la fuerza que representaban ellos dos juntos. El hospital y la reserva de alimentos. Quizás esta última fuera una opción igualmente válida para asaltar. Max leyó mucho en su juventud a un filósofo del East Blue, Zsun Tú, que hablaba mucho de la importancia de las vías de suministro. Nadie se da cuenta de cuánto come la gente hasta que tiene dificultades para alimentar a un millar de personas. Lo rápido que se acaba la comida. Lo rápido que las tropas se desmoralizan con el estómago vacío.

Así pues, la propuesta era sencilla: los toros negros irían a un enclave, probablemente uno de los más complicados, y las tropas de Robin irían a otro menos protegido. Dos golpes simultáneos contra el reino. Kisuke no tardó en intervenir con su propuesta, la cual coincidía plenamente con lo que Max había tenido en consideración. —En efecto el arsenal parece la opción más ventajosa para la causa. —Confirmé, quedándome de brazos cruzados mientras meditaba en el resto de palabras de Kisuke. —Diría que cuanto antes mejor. Acabamos de llegar a la isla, todavía no se han dado cuenta de quiénes somos y aunque estén algo más alerta que de costumbre es posible que ni siquiera se esperen un ataque a uno de los puntos más defendidos. Nuestros valerosos camaradas aquí presentes podrán corregirme si me equivoco. —Les dediqué una sonrisa alentadora y esperé sus respuestas.

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#26
Se dice que las mentes brillantes piensan igual y, parecía que no se equivocaban, pues los dos revolucionarios que se encontraban dentro de la cabaña llegaron a la conclusión de que ellos deberían ir a hacerse con el arsenal y las armas que allí se encontraban mientras los rebeldes iban a la prisión a liberar a los suyos. Era una idea bastante lógica, pues, si bien eran parte del Ejército Revolucionario y gente realmente conocida, los Toros Negros no dejaban de ser unos extranjeros, y podía darse el caso de que parte de los reos se negaran a seguir a unos foráneos en su tentativa de derrocar a la actual monarquía, principalmente por miedo a que trataran de instaurar otro autoritario régimen en su lugar. En cambio, todos en el reino conocían (y algunos admiraban) a Robin, por lo que era mucho más probable que le creyeran a él.

El comandante Kisuke y su mano derecha decidieron confiar nuevamente en las palabras de aquel forajido y mandarlo a él y a sus valerosos compañeros a cumplir con tal peligrosa empresa, que bien podía suponer la aniquilación total de su grupo. El invidente monje optó por rezar por aquellos hombres y mujeres, para que su señor los protegiera - Agradezco sus bendiciones, señor Beto - habló Robin mientras se levantaba

- No fallaremos a vuestra confianza - se acercó nuevamente al mapa, para señalar el arsenal - La zona alrededor del arsenal no es muy distinta al resto de la ciudad. Calles de piedra y casas de madera. Hay algún edificio algo más alto que otro, pero por lo general diría que es lo normal - explicó - No tenemos un mapa del todo detallado de la zona, pero sí que hay algunas calles cercanas por las que moverse y poder llegar sin ser descubiertos - miró entonces hacia la puerta - Aunque el señor Beto deberá hacer eso que hizo para escapar de Bayo, porque por aquella zona los edificios no son extremadamente altos, aunque es posible que sí que pudiera entrar al arsenal sin problemas - miró a su compañero de barba anaranjada - Lo mejor sería que partiéramos mañana al alba - habló el mayor de todos - Somos bastantes y será una peligrosa empresa, debemos asegurarnos de que todos estamos bien preparados y descansados, y también tenemos que revisar los suministros - miró a los revolucionarios - Además, sería conveniente realizar el funeral de vuestro amigo antes de la contienda, pues no sabemos cuánto podría alargarse esta - el hombre miró entonces a su compañero - Voy a convocar a todos para informarles - explicó y se dirigió hacia la salida - Gracias Will, ahora en un ratito nos vemos

Lo que hasta ahora era un relativo silencio, pues en el bosque es imposible hallar el silencio absoluto, se vio opacado por un leve murmullo de personas hablando y corriendo, dejando sus quehaceres o completándolos rápidamente para congregarse junto a la hoguera

Mientras aquello daba lugar, dentro de la cabaña el grupo seguía con los detalles del plan - Tal y como dice Stutely, lo mejor es salir al alba. Hay que llevar bastante equipamiento para la gente que está fuera del campamento ahora, y aunque seguramente vosotros no tendríais problemas, hay bastante gente que no tiene tan buenas capacidades como nosotros, y caminar por el bosque de noche podría dar pie a algún accidente, y no queremos que nadie se pueda hacer daño antes de comenzar. - el hombre se fijó entonces en las katanas del revolucionario, acordándose de una cosa - Había olvidado comentarlo, pero tened bastante cuidado con el capitán Jamonada - les advirtió - Su uso de la lanza está a otro nivel, y es letal a largas distancias - suspiró - No por nada es siempre el campeón de los torneos de caza

El grupo salió un cuarto de hora después, tras terminar de concretar algunas cosas más de la estrategia a seguir, y fueron también junto a la hoguera, guiados por el líder de los forajidos. Allí, un grupo de algo más de setenta personas se encontraba de pie cerca de la hoguera que marcaba el centro del campamento. Hombres y mujeres, de edades bastante variadas y apariencias más variadas todavía, miraban con atención a su líder y al peculiar trío. Algunos alzaban la mirada intentando ver de esa forma el rostro del gigante, otros señalaban al líder revolucionario mientras cuchicheaban, un par de jóvenes trataban de disimular sin mucho éxito mientras miraban al enorme úrsido, y había gente que incluso apartaba la mirada sonrojándose cuando alguno de los tres hombres les miraba. Entre la gente podían reconocer a Stutely y a Will Scarlett, así como a las jóvenes Dima Lei y Rian, quienes parecían estar divirtiéndose mientras miraban al líder - ¡Hermanas, hermanos! - Robin alzó la voz, logrando que la gran mayoría de gente se callara y se centrara en escuchar - Puede que algunos ya les conozcáis, pero estos son Beto Matashita, Max D Panda y Kisuke Kageyama - presentó a los tres hombres - Son los Toros Negros, parte del Ejército Revolucionario. Han desembarcado esta mañana en el Pueblo Bayo, hace solo unas cuantas horas. Puede parecer cosa del destino, o tal vez gracia divina que nos hayamos encontrado con ellos. Como algunos ya sabréis, uno de sus compañeros ha muerto esta mañana a manos del despreciable capitán Jamonada. No sabemos por qué se encontraba allí, pero le haremos pagar por ello. - siguió hablando, mirando al líder revolucionario quien se encontraba a su izquierda - Esta noche despediremos a su compañero caído, y mañana al alba marcharemos hacia la capital para liberar a nuestro pueblo de la tiranía del usurpador y sus esbirros de una vez por todas. Iremos a liberar a nuestros hermanos y hermanas que se encuentran encerrados en la prisión, mientras los Toros Negros asaltan el arsenal para hacerse con los cañones. Recordad, no somos unos asesinos, así que haremos todo lo posible para que muera la menor cantidad de gente - aquellas palabras hicieron que la gente comenzara a vitorear no solo al líder, si no también a los tres revolucionarios, a quienes veían casi como a sus salvadores - ¡Ahora, preparémonos! - concluyó una vez los vítores se calmaron un poco, haciendo que la congregación se dispersara y comenzara rápidamente con todos los preparativos. A pesar de la gran diversidad, la compenetración y organización que demostraba aquella gente era digna de elogio, pues ellos mismos se coordinaban para preparar las armas y las improvisadas armaduras, así como los suministros. Las tres trillizas se acercaron entonces al grupo - Disculpad, pero os le robamos - dijo una de ellas, mientras las otras dos le agarraban de los brazos - Que tiene que estar guapo guapo para mañana - se rio otra de ellas - Es broma, pero si no nos le llevamos luego se nos duerme - dijo la tercera, antes de que entre las tres se llevaran al hombre de vuelta a su cabaña - Gracias chicas - el joven sobrino de Robin se acercó entonces a los revolucionarios - Perdón por la escena, pero es la única forma que tenemos de que mi tío no se tire toda la tarde y la noche ayudando a los demás a prepararse, y le hace mucha falta descansar - explicó a los hombres - No os preocupéis por él, está en las mejores manos. No hay nadie que se preocupe más por el tío Robin que ellas - trató de calmar al trío - Por cierto, hemos hecho ya los preparativos para incinerar a vuestro compañero - les hizo un gesto para que le acompañaran - No sabemos si entre sus posesiones había algo de valor especial, así que las hemos apartado - señaló una mesa donde se encontraban las cosas del mink lince - Son todas vuestras - agachó levemente la cabeza en señal de respeto - Otra cosa más. Quería deciros de parte de mis compañeros, y sé que el tío Robin no tendría ningún inconveniente, que si necesitáis cualquier tipo de suministro médico o flechas podéis coger los que preciséis. Sé que podría darse el caso de que no hubiera suficientes para todos nosotros, pero viendo que asaltaréis el arsenal, la gente, yo incluido, opinamos que vosotros les daríais un mejor uso, y si no no pueden usar arcos, cualquiera puede coger una horca y pelear igualmente - les señaló en dirección a la zona de suministros, que se componía por un par de mesas sobra las que iban ordenando los útiles.

Si alguno de los revolucionarios decidiera ir hasta allí, podría encontrar sobre la mesa varias varas y martillos de gran tamaño, así como arcos y flechas. En otra de las mesas, la gente colocaba rodelas y todo tipo de protecciones, mientras que la tercera mesa estaba repleta de diversos suministros médicos, desde hierbas medicinales hasta vendajes.



Día 40 del año 16, Primavera - 7:20 p.m.
Campamento de los forajidos, Reino Mogaro

Los rayos de sol que se abrían paso entre las hojas de las copas de aquellos enormes árboles que formaban el bosque comenzaban a ser cada vez más escasos. Algunos de los rebeldes habían dejado sus labores de lado para recorrer el campamento, encargándose de encender las numerosas lámparas que había colgadas, permitiendo de esa forma a sus compañeros tener una buena visibilidad para continuar con los preparativos. Otro grupo de personas que había comenzado a preparar la cena en torno a una hora antes, ahora se encargaba de preparar las diferentes mesas para que todo estuviera listo. Los revolucionarios podían sentirse algo extrañados por la hora, pues hacía algo menos de dos horas desde que habían terminado el descanso para tomar el té.

Dos horas más tarde, habiendo ya terminado de cenar todo el mundo y sin un rayo de luz diurna a la vista, los forajidos completaron los últimos preparativos para el día siguiente. Las diferentes armas y armaduras estaban ya asignadas, los diferentes bultos que serían portarlos hasta la capital para armar al resto de compañeros rebelder estaban preparados y ordenados, colocados fuera de las cabañas de aquellas personas que se encargarían de aquella dura labor - Cuando deseéis procedemos con la despedida de vuestro compañero - les dijo Stutely respetuosamente. Habían preparado ya la pira a las afueras del campamento, y se encontraban todos listos para aquello, esperando a los tres antes de comenzar.



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#27
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Los forajidos parecían contentos, casi aliviados podríamos decir ante la perspectiva que los revolucionarios se hiciesen cargo del punto crítico del plan, el arsenal. No le dieron muchos detalles, lamentablemente del terreno en el que tendrían que actuar, así que, como venía siendo habitual, tendrían que improvisar algo. Había aprendido durante su estancia en la isla Gyojin, y porque su nuevo rango exigía que tuviese algo de planificación, a desarrollar estrategias en multitud de circunstancias, como aquella que tenían una información algo pobre del terreno que tenían que asaltar. Los detalles marcaban la diferencia, pero Kisuke a fin de cuentas, se había convertido sin quererlo en un superviviente. Había enfrentado multitud de problemas desde que saliese de Ballywood, por lo que enfrentarse a adversidades inesperadas no le resultaba algo desconocido. Ciertamente confiaba en su capacidad de improvisación y en su juicio a la hora de tomar decisiones, puesto que eso había hecho la diferencia en muchas ocasiones. La experiencia es un grado, y eso se notaba. Rápidamente, mientras Rob les explicaba vagamente como era la zona del arsenal, tuvo una idea viendo las capacidades de sus compañeros, y jugando con el factor sorpresa, podrían tomar buena ventaja al inicio de la escaramuza. Después, hablarían sus habilidades como guerreros del Ejército Revolucionario. Cuando el forajido terminó sus explicaciones, Kisuke se dirigió a sus compañeros.

-Bien con la información de la que disponemos, lo mejor será que a unos doscientos metros del arsenal, usemos nuestras habilidades de usuarios. Al llegar a la puerta, Beto saldrá para hacer de señuelo con los guardias de las puertas y la posible muralla, y tanto Panda como yo nos colaremos dentro, el bajo tierra, y yo con mi forma de hollín. Decíais que alguien conoce su punto débil y que tiene miedo, ¿a qué os referís?¿Tiene más información que pueda sernos útil?

Dio un par de caladas más sopesando la situación. Si podían conseguir un poco más de información y averiguar un punto flaco en las defensas del arsenal, sería clave para tomar aquel baluarte de la manera más eficiente y rápida. Había que intentarlo, al fin y al cabo. Rob también había mencionado atacar al alba, y Kisuke frunció el ceño observando el mapa. Aquello podría ser bueno para ellos.

-La hora me parece adecuada, puede suponer una desventaja para los tiradores de la guarnición si asaltamos desde el este, teniendo en cuenta que está situado en el oeste de la ciudad. Así que llegaremos desde ahí. Hay que tomar toda la ventaja que nos sea posible para suplir nuestra inferioridad numérica.

Por último, Rob mencionó una vez más al tal Jamonada, y soltó algo que le pareció clave a Kisuke para afrontar el enfrentamiento a futuro. Resulta que aquel tipo era lancero, manejaba la lanza. Aquello era malo, puesto que su alcance era mayor que el de Panda y él mismo, así que tendrían que ser cuidadosos y jugar bien con las distancias en ese enfrentamiento. Aquello le hizo hervir la sangre al recordar por un instante a Oxxy y se llevó instintivamente a la empuñadura de su querida y recién recuperada Yamigiri.

"Pronto... pronto volveremos a bailar juntos en el campo de batalla..."

Tras la reunión, Rob los llevó para presentarles ante la gente que estaba allí refugiada. Kisuke podía ver rostros incrédulos, algunos de esperanza, otros de admiración, pero, ante todo, el antiguo pescador podía leer en las auras de todos ellos, el sufrimiento que habían padecido en todo aquel tiempo y como habían necesitado que alguien como ellos apareciese para darles una oportunidad, solo eso anhelaban, lo sabía muy bien porque lo había visto en muchos otros sitios oprimidos por gobernantes déspotas. Kisuke escuchó las palabras de Rob y sintió una punzada de rabia al sentir que aquella gente les necesitaba desde hacía mucho tiempo, y ellos habían tardado, quizá demasiado. Escuchó taciturno a Rob y vio como las trillizas se le llevaban a descansar a su cabaña y el sobrino de este se acercaba a ellos para comunicarles que las pertenencias de Oxxy estaban a resguardo y estaba listo todo para su funeral. También les comentó que podían coger cualquier cosa que necesitasen de su "armería" o de sus suministros.

Antes de llevar a cabo el funeral, el antiguo pescador se fijó en el largo bastón de dos metros que había allí. Se le había ocurrido una idea así que lo tomó y se lo cruzó en la espalda. También tomó un par de tiras de carne seca (aperitivos) que podrían serle útil si la misión se alargaba en exceso para recuperar un poco y un paquete de vendas. No había usado nunca algo así, pero quizá le sería útil teniendo en cuenta que su enemigo más problemático usaba una lanza. Sería buena idea tener alternativas, aunque aún no había cobrado forma la idea que tenía en su cabeza.



Después de cenar, se encaminaron a la zona donde se llevarían a cabo las exequias de Oxxy Coon, Capitán del Ejército Revolucionario. Como su superior y compañero de escuadrón, Kisuke tomó una antorcha y se encaminó a la pira, prendiéndola en los cuatro puntos cardinales, y lanzando luego la tea al centro, como símbolo de los cuatro Blues y el Grand Line que tenían que liberar. Como miembro del Ejército del West Blue, su cabeza estaba orientada al oeste, puesto que allí es a donde debía regresar su alma, para velar por los revolucionarios que allí seguían combatiendo el opresivo sistema con acciones que iban desde sabotear a comerciantes corruptos a derrocar reinos, todo esfuerzo suma.

Mientras veía como las llamas se extendían por toda la pira un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, aunque su rostro seguía impertérrito, pero los sentimientos de culpabilidad y de arrepentimiento se acumulaban en su pecho. Y entonces, como si desde el más allá le empujasen junto al crepitar de las llamas y lo que había estado viendo, no solo en aquella isla, si no en todas las que había visitado durante su viaje, algo estaba despertando en el interior de Kisuke, alzó el puño y se giró a la multitud que estaba allí presentando sus respetos a su compañero caído, que estaba siendo consumido por las llamas a su espalda, y por primera vez sintió que podía pasar la llama de la revolución que ardía en él a otras personas, y su cargo requería que aprendiese a hacer esas cosas.

-Gentes de Mogaro, lo primero que quiero decir es pediros disculpas por no haber sido conscientes antes de lo que aquí ocurría y haber hecho vuestro sufrimiento menor. Estoy seguro que todos habéis perdido mucho en este tiempo en el que no hemos venido, así que lo primero de todo es pediros perdón en nombre del Ejército Revolucionario.

Hizo una pequeña pausa antes de continuar.

-Ahora estamos aquí, y lucharemos a vuestro lado, sangraremos con vosotros y recuperaremos la libertad que os ha sido arrebatada, porque haremos de esta isla un ejemplo a seguir de lo que quiere hacer el Ejército Revolucionario, un lugar liberado, igualitario y donde todas las personas tengan una vida mejor y ante todo, digna.

Por último, había una cosa que le preocupaba y es que pensasen que esto era una conquista, así que quiso dejar algo claro.

-Y tened una cosa clara... No estamos aquí para quitar a un tirano y poner a otro. Vosotros seréis los que elijáis quien queréis que sea vuestro dirigente, así debe ser, la soberanía es del pueblo y vosotros seréis los encargados de decidir quien será quien os guíe en el futuro. La llama de la revolución no quema a quienes añoran la libertad porque viven oprimidos así que ¡alzaos!¡Alzaos y recuperad lo que es vuestro!¡Salud y revolución!

No estaba acostumbrado a dirigirse a tanta gente a la vez así que quizá solo había hecho una estupidez, quizá había hecho el ridículo, pero su fama, su rango y su responsabilidad para con sus compañeros y para con la gente que quería proteger y liberar, requerían de cosas de ese estilo.

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9690 + 0 = 9690
Energia: 4844 + 0 = 4844
Espiritu: 1902 + 78 = 1980
#28
Una vez acordado el objetivo del cual se encargarían los toros negros, sólo restaba trazar las planes concretos para llevar a cabo la misión. Al ser una fuerza de asalto tan pequeña, podrían usar fácilmente el poder de Max D. Bambú para ir por debajo del suelo hasta el corazón mismo del arsenal y asaltarlo desde dentro. Quizás la mayor dificultad sería la de lidiar con Beto, que es gigantesco y no ve absolutamente nada, pero teniendo en cuenta que puede transformarse en arcilla no puede ser tan difícil llevarlo con un túnel a él también. —Por la infiltración no te preocupes, tenemos herramientas para llevarla a cabo. —Afirmé con una sonrisa. Al parecer ninguno de los rebeldes había percatado de que el panda podía viajar por el subsuelo. El tema de salir al alba ya lo tenía más que interiorizado, pero le interesó mucho saber que Jamonada era un especialista en el uso de la lanza y muy peligroso en las distancias largas. Max era conocedor de los inconvenientes de pelear contra gente con armas en el cuerpo a cuerpo. Kovashi, Kisuke y Sohem son claros ejemplos de personas a las que es conveniente no acercarse sin un plan, pero los tres, en mayor o menor medida, tenían el mismo punto débil. —Lo tendremos en cuenta. —Confirmó el oso, dándole vueltas todavía al asunto. Kisuke no se hizo esperar y empezó a trazar un plan. Su propuesta le resultó al panda más interesante incluso que la que él mismo tenía en mente. En lugar de llevarse a Beto por el subsuelo, él aprovecharía su inmunidad para distraer a los guardias y tanto Don Bambú como Kisuke entrarían sin ser detectados para eliminar las amenazas desde dentro. Esta táctica era especialmente jugosa porque si bien Beto atraería la atención inicialmente, de haber alguna amenaza de mayor nivel en el interior del arsenal serían sus dos superiores los que lidiasen con ella sin poder en excesivo riesgo la vida del gigante invidente.

No tardaron mucho en terminar con la reunión y salir al exterior, donde les esperaban unas 70 personas para escuchar hablar a Robin. El joven rebelde anunció a viva voz el plan a ejecutar en la mañana, lo cual nunca es una muy buena idea, ya que no es imprescindible que el resto sepa dónde va a actuar el trío revolucionario. Si el plan se filtrase... eso sí que sería problemático.

Poco después de que comenzasen los preparativos, el trío de mujeres idénticas tanto física como espiritualmente secuestraron a Robin y se lo llevaron a descansar. El sobrino vino a disculparse y a asegurarles de que todo estaba bien, pero eso al panda no le preocupaba en absoluto. Lo que sí le preocupó fue lo de las pertenencias de Oxxy. No se sentía especialmente cómodo haciendo uso de lo que el revolucionario tenía para uso privado, pero la situación bien pudiera irse de madre muy rápido. Entre sus posesiones había una modesta selección de armas punzantes y cortantes a las cuales el panda no podía dar uso correctamente, un den den mushi y un botiquín de los grandes. Como Kisuke no tomó ninguna de las posesiones de Oxxy, Don Bambú se agenció el botiquín grande que tenía y se lo guardó en su bolsa. Algo así bastaría para salvar una situación de necesidad.

Los rebeldes también nos ofrecieron de buenísima fe lo poco que tenían de sus suministros. De entre todas las cosas, lo que más le llamó la atención fue la modesta porción de comida que estaba envuelta en unos trapos. A lo largo de sus entrenamientos de haki sus distintos maestros le dieron de comer al panda comidas sustanciosas para reponer el espíritu y continuar con el entrenamiento intensivo, de modo que vio la utilidad en tener un pequeño tentempié para algún momento crucial de la contienda. Tras pensarlo detenidamente, llegó a la conclusión de que no necesitaba ese pequeño sustento espiritual, ya que Don Bambú se había pasado los últimos dos años entrenándose precisamente para no desfallecer ante el uso excesivo del haki. Teniendo todo esto en cuenta, Don Bambú se conformó con quedarse el botiquín de Oxxy, por si algún ataque de Jamonada le hería más de la cuenta o por si alguno de sus camaradas sufriera heridas demasiado profundas.

Después de que todo el mundo estuvo preparado, el trío se encontró delante del montículo de leña donde el cuerpo de Oxxy sería reducido a cenizas. El panda nunca fue muy de funerales y prefería que ese tipo de ceremonias durasen lo menos posible. Aunque no lo llorase públicamente, el recuerdo de Oxxy perduraría por siempre en su interior. Kisuke por su parte sí que se animó a decir unas palabras. Y qué palabras. Con su discurso no sólo dejó claro que el trío revolucionario estaba ahí para librarles de la tiranía de los hombres malos, sino que además serían las gentes de Mogaro las que ganarían el control de la isla de tal modo que no habría otra tiranía en lugar de la tiranía. —¡SALUD Y REVOLUCIÓN! —Gritó en respuesta a Kisuke, cuadrándose militarmente y alzando el puño por encima de su cabeza, apretándolo con fuerza.

Datos
#29
Desde donde me encontraba sentado, podia escuchar el murmullo de las personas, originalmente eran dispersos, al igual que sus presencias. Pero noté que poco a poco se fueron uniendo en un torrente de auras y voces. Sentí la vibración de sus muchos pies en la tierra, y el grito de sus espiritus gritando por paz y libertad. ¿Que tan dura habria sido la vida con este pueblo? Solo Dios podría saberlo.

Era nostalgico ver la diversidad de auras congregadas para una misma causa, o mejor dicho, era una sensación… ¿extrañamente poderosa? Si, quiza poderosa era la palabra adecuada. No tengo dudas, de que donde se reúnen dos o más en el nombre del Dios de la Liberacion, allí estará el en medio de todos, cubriendonos bajo su abrigo, dandonos sombra y calor de padre protector.

Kisuke y Bambu continuaron dentro de la cabaña preparando los planes. Mientras esperaba que terminaran su conversación sentí una nueva presencia, sino me equivocaba era el sobrino de Robin. Aparentemente vino a ofrecernos las pertenencias de Oxxy. Sinceramente eran un pueblo bastante bondadoso y generoso.

— Muchas gracias por cuidar de las pertenencias de nuestro compañero. De mi parte, no tomaré nada. Creo que ustedes lo necesitan mucho más que yo. Amén —respondí amablemente.



Al atardecer, el momento de la incineración de nuestro amigo Oxxy había llegado. Estuve en silencio todo el tiempo, meditando y orando en la intimidad de mi mente. Sin embargo, las palabras de Kisuke me hicieron sonreir y detener mis oraciones. Escuchar la selesccion de palabras de Kisuke hizo que algo dentro de mi se encendiera, y por lo que pude percibir, las auras de alrededor tambien se encendieron, emocionalmente hablando.

— Kukukuku. ¿Me pregunto que diría Oxxy al escuchar esas palabras de tu boca? —le dije a Kisuke cuando terminó de hablar—. Suenas como todo un hijo del Dios de la Liberación. Nuestro Dios y Oxxy serán nuestros guías el día de mañana.

Por mi hermano, por mis compañeros y por la gente que me rodea, estoy listo…

Amén.

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5117 + 0 = 5117
Energia: 3184 + 23 = 3207
Espiritu: 1020 + 0 = 1020
#30
Si al recibir la noticia de la muerte de su compañero el líder revolucionario no se había podido permitir mostrar debilidad, no había sido igual al incinerar su cuerpo. El antiguo pescador, aun manteniendo la misma expresión de siempre, había dejado escapar dos solitarias lágrimas, las cuales caían lentamente por sus mejillas, emitiendo un leve brillo a causa de las llamas. Este sutil a la vez que importante gesto, paso completamente desapercibido para todos los que allí se encontraban, pues la gran mayoría de los rebeldes se encontraban ocupados mostrando sus respetos al mink caído, recitando diversas plegarias o simplemente rezando porque su alma encontrara el descanso eterno.

Las llamas habían comenzado a crecer, alimentadas por la leña que componía la pira funeraria, cuando el Comandante de los Ejércitos del Oeste alzó su puño y se giró para dirigirse a los allí presentes. Tan pronto comenzó a hablar, todo el mundo guardó el más absoluto silencio, haciendo que lo único que se escuchara fuera el propio crepitar de las llamas y las palabras del revolucionario. La primera parte de su discurso se trataba de una disculpa. Una disculpa de parte de su grupo y de todo el Ejército Revolucionario por no haber llegado antes. Esta disculpa, si bien era sincera, dejó una triste sensación en algunos de los rebeldes, quienes sentían el dolor y la pérdida al recordar todo el sufrimiento vivido. Pero la tristeza fue rápidamente disipada con el continuar del discurso del hombre. Las llamas se alzaron a su espalda mientras hablaba, dando a este una apariencia imponente, casi grandiosa. La promesa de luchar a su lado hasta recuperar su pueblo de las garras de aquel tirano provocaron que los corazones de la gente se llenaran, no de odio ni rabia, si no de esperanza. El final del discurso, si bien podía ser innecesario dada la completa confianza que parecían tener los rebeldes, sirvió para mostrar más todavía lo humano que era el espadachín.

- ¡SALUD Y REVOLUCIÓN! - gritaron aquellos hombres y mujeres al unísono tras el discurso. Un discurso que, de haberse dado en otro lugar, podría haber movilizado a una población entera para que se alzara y luchara por sus derechos pero que, aun así, había logrado para hacer arder en todos los presentes la llama de la revolución. Una llama que sin lugar a dudas se extendería.

Todo el mundo se quedó, retomando algunos las plegarias mientras otros contenían la emoción que sentían, hasta que el fuego de la pira se consumió por completo. Tras recoger el padre Tuck las cenizas y guardarlas en una pequeña urna de barro, le hizo entrega de ella a los tres revolucionarios - Aquí tenéis, hijos. Seguro que su alma ya descansa con el Dios - Habló solemnemente el hombre de fe. Tuck era un hombre bajo, de no más de metro cincuenta y cinco. Tenía la cabeza bastante grande y un peinado típico de monje, con la coronilla rapada. Un enorme hábito cubría su orondo cuerpo, el cual no hacía más que dejar claro que era un glotón - Que el Dios os proteja en vuestra lucha. Yo rezaré porque podáis salvar al pueblo de este sufrimiento - se despidió cordialmente del trío, antes de alejarse. El resto de los rebeldes se disperaron también, yendo la gran mayoría a descansar para estar listos para el día siguiente, mientras tres de grupos de cuatro personas se preparaban y partían para avisar a sus compañeros en la ciudad y en las cercanías, ya que los encargados de avisar a los más lejanos habían partido antes de que anocheciera.



Día 41 del año 16, Primavera - 3:45 p.m.
Campamento de los forajidos, Reino Mogaro

La noche había pasado sin ningún contratiempo, más allá de algunas personas que habían tenido problemas para conciliar el sueño. Los guardias que terminaban su turno se encargaron de despertar a sus compañeros, los cuales a su vez iban avisando a los demás antes de comenzar a alistarse. Los que se encargaban del desayuno redoblaron sus esfuerzos para tener todo listo lo antes posible, pues tan pronto como comenzaran a salir los primeros rayos de sol tenían que estar todos listos. Uno de los rebeldes fue también a despertar a los revolucionarios, quienes descansaban en la misma cabaña en la que habían estado antes, invitándoles a ir a desayunar con todos. La gente comía rápidamente, antes de recoger sus cuencos e ir a prepararse.


Alrededor de una hora después de que el rebelde hubiera ido a avisar a los revolucionarios, todo el mundo se encontraba ya listo para salir hacia la capital. Cada hombre y mujer que iba a participar, que eran todos a excepción de los más ancianos y los niños, quienes se quedarían a cargo del padre Tuck y de un par de guardias que se dedicarían a custodiar el campamento.

Tal y como estaba previsto, el grupo partió al alba. Les esperaba un camino de más de dos horas, en el que tendrían que atravesar el bosque sin detenerse más de lo necesario. Algunos de los rebeldes silbaban rítmicamente, mientras otros tarareaban una canción, haciendo bastante más ameno el viaje.

Canción que silban y tararean


- Una vez llegemos a la capital nos separaremos en dos grupos - El líder de los rebeldes se dirigió a los tres revolucionarios - Nosotros iremos a la prisión, y vosotros iréis al arsenal. Les he pedido a Rian, Dima y Lei que vayan con vosotros. Ellas se encargarán de llevaros hasta el arsenal sin que os encontréis a nadie - expuso su idea - Sé que pueden parecer algo infantiles a veces, pero os aseguro que no os vais a arrepentir de que os acompañen. No es que no confíe en el resto, pero si tuviera que elegir a alguien para confiarle mi vida, sería a ellas tres - sonrio, mirando levemente en la dirección en la que se encontraban las chicas, quienes ayudaban a algunos de los rezagados - Vuestro plan para el arsenal me parece una gran idea, he de decir - asintió - Aunque, no se si os sería muy útil la distracción del maese Beto si deciden cerrar las puertas a cal y canto. Así que podéis confiar en las chicas para eso



Día 41 del año 16, Primavera - 7:20 p.m.
Afueras de Kamome, Reino Mogaro

Desde el lugar en el que se encontraba el grupo rebelde se podían ver las casas que conformaban las afueras de Kamome. Se trataba de edificaciones de una planta, hechas de blanca madera y cuyos tejados eran de color azul marino. Bastante más lejos, aunque no por ello menos visible, destacaba el majestuoso castillo, cuyas enormes murallas y puntas de pico disuadían a la gente de tratar de acercarse aun desde la distancia. Las calles estaban prácticamente vacías, pues la gente que se levantaba realmente temprano para trabajar había salido ya, y todavía restaba algo más de una hora y media para que las diferentes tiendas comenzaran con su actividad habitual.

- Hermanos y hermanas - Robin, quien se había subido a una rama para que se le viera mejor, comenzó a hablar al grupo - Hoy es el día. Hoy, como hemos hecho durante años, lucharemos para recuperar nuestro pueblo, y para terminar con la tiranía del Rey y sus lacayos - siguió hablando - Pero, a diferencia de otros días, hoy será mucho más peligroso. Siempre ha sido peligroso, pero hoy varios de nosotros podríamos morir - expuso - Sé que todos tenéis familia o seres queridos, y por eso mismo no os voy a obligar a venir conmigo. Todos habéis accedido a venir, lo sé. Pero quiero que sepáis que nadie va a juzgaros si decidís volver al campamento. Nadie va a miraros mal, ni va a maldeciros si algo le sucede. Por eso, quiero que si alguno de vosotros prefiere de corazón no arriesgar su vida hoy, por favor se marche ahora para poder luchar un día más - miraba a los rostros de sus compañeros, sus hermanos y hermanas - Si alguien decidiera marcharse, yo le prometo que el resto de hermanos y hermanas que luchemos hoy lucharemos con sudor y sangre y lograremos liberar a nuestro pueblo - el hombre esperó a la respuesta de los allí presentes. Ninguno de los rebeldes se movió un ápice. En otra situación hubieran estallado en vítores y gritos, pero en el lugar en el que estaban hacer algo como eso daría la alarma. En cambio, todos se mantuvieron en silencio, diciéndole de esa forma a su líder que no se iban a ir y que lucharían - Ya veo. Entonces, tengo que pediros una última cosa - señaló con su mano siniestra hacia la ciudad - Cuando estemos allí, luchando en las calles, quiero que ante todo prioricéis salvar las vidas de vuestros hermanos y hermanas, y de toda la gente que podáis. No sirve de nada lograr hoy la victoria si es a costa de las vidas de nuestra gente.

Tras aquellas palabras de Robin el grupo se dividió en dos. Por un lado estaban los tres revolucionarios, mientras que por el otro se encontraban todos los rebeldes. Una de las tres jóvenes se acercó entonces a Robin, a quien le dio un beso en la mejilla, provocando los celos de sus dos hermanas y haciendo que comenzaran a discutir - Chicas, chicas. Dejad de discutir - el líder rebelde trató de calmarlas, antes de abrazarlas con fuerza - Tened mucho cuidado, ¿vale? Cuidad las unas de las otras, y luego nos veremos - les dio un beso en la cabeza a cada una y les subió las capuchas, antes de separarse de ellas y que ellas fueran donde los Toros Negros, comenzando a caminar hacia la ciudad.

- Robin nos ha contado vuestro plan. No os podemos ayudar mucho una vez dentro, porque no conocemos el sitio - les dijo una de ellas, mientras caminaban por las empedradas calles de Komome - Nosotras nos encargamos de abriros la puerta. No os preocupéis, que tenemos nuestros... recursos - habló la segunda haciéndose la interesante, mientras la tercera les hacía un gesto levantando ambos pulgares hacia arriba - No nos han presentado. Yo soi Lei - dijo la primera - Yo Dima - habló la segunda - Y yo me llamo Lei - dijo la tercera con una sonrisa - Rian... - las dos primeras se quejaron al unísono - Jeje, no ha colado. Soy Rian - volvió a sonreir.

Cuando estuvieron a alderedor de trescientos metros del arsenal, las tres chicas que les guiaban se pararon - Vale, ya estamos casi ahí. Nosotras nos adelantamos. Vosotros tenéis que ir por esta calle, girar luego en la primera a la derecha, y luego otra vez en la primera a la derecha, y cuando lleguéis ya os habremos abierto la puerta - explicó Dima - Recordad, derecha, derecha. Y son alrededor de trescientos metros - explicó Rian - Vais a reconocer el edificio sin problemas, porque es el más grande y el único que no tiene pareces blancas. Bueno, y por si acaso estaremos en la puerta para que no os perdáis


Tras explicarles su plan las tres chicas echaron a correr por otra calle que no era la que les habían indicado a los hombres. Tras hacer uso de sus poderes para acercarse hasta el arsenal sin ser detectados, los tres revolucionarios siguieron las indicaciones de las chicas, siendo Kisuke quien guiaba a los otros dos, al ser el monje invidente y al estar su úrsido compañero bajo tierra. Cuando el hombre de hollín dobló la segunda esquina pudo ver el enorme edificio, el cual tenía unas paredes construidas en piedra. No encajaba para nada con las del resto de edificios de la ciudad, casi tanto que parecía como si alguien hubiera colocado aquel edificio allí de manera completamente arbitraria. Las colosales puertas del edificio alcanzaban casi hasta el comienzo del picudo tejado. Junto a las puertas abiertas, se encontraban las tres chicas, estando dos de ellas al lado izquierdo y la tercera al lado derecho, utilizando las gruesas paredes de piedra como cobertura. Entre ellas y en el suelo, yacían diez guardias inconscientes - Maese Beto, puede proceder con su visita - dijo Rian - ¿Quiere saber cómo lo he conseguido? No puedo decírselo. Ya sabe, nunca le pregunte a Robin cuál de las tres le gusta más, al padre Tuck cuantas jarras de cerveza ha bebido ya y a Lei cómo ha conseguido que los guardias abran la puerta y salgan - sonrió Lei - Ha tirado una piedra a la ventana - habló la tercera - Pero Dima, no se lo digas que así se pierde la emoción - se quejó a la que estaba a su lado - Eso te pasa por darle un beso a Robin - se encogió de hombros la otra.

La discusión de las trillizas fue interrumpida por el sonido de los guardias que se encontraban en el interior, quienes no solo habían escuchado el cristal romperse si no que habían visto a sus compañeros ser apaleados. Mientras el invidente y gigante monje retomaba su aspecto habitual en el umbral de aquellas enormes puertas, los dos grupos de guardias se posicionaban en el interior. La puerta principal daba a un pasillo de unos veinticinco metros de largo, el cual en su final contaba con una puerta metálica y de apariencia robusta a su izquierda, tras la cual podían sentirse más de un centenar de personas, y a la derecha lo que parecía otro pasillo, a lo largo del cual podían sentir a otras noventa presencias. En las gruesas y resistentes paredes del pasillo había varios cuadros colgados, así como algunas lámparas que iluminaban el largo de este.

El plan del trío revolucionario parecía marchar viento en popa. El gigante de arcilla tenía toda la atención de los setenta guardias que se encontraban entre él y la pared del final del pasillo, los cuales se encontraban en dos grupos. El primer grupo, a siete metros del gigante, estaba compuesto por cuarenta personas armadas con sables. Ocho metros más lejos y cubiertos en parte por los anteriores, una treintena de tiradores comenzaban a tomar posición, preparándose para abrir fuego. Aquella distracción había permitido que el líder del grupo y Comandante de los Ejércitos del Oeste se ocultara tras su compañero convertido en hollín, mientras que el mariscal que portaba la D en su nombre había conseguido infiltrarse por completo haciendo gala de sus poderes, encontrándose dos metros por delante del gigante y a un metro de profundidad.

La batalla por liberar al pueblo acababa de comenzar



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