[Pr Relativo - Entrenamiento] El Filo Helado De Una Espada
#1
Día 25 de Invierno, Año 16
Mystoria, Costa Sureste
12:00 PM (Mediodía)
 


 
El sol de mediodía colgaba sobre Mystoria como un juez observando el duelo que estaba por desarrollarse. Los animales de la isla, testigos de incontables batallas desde que la División 9 la reclamara para la Marina, parecían contener el aliento pues la zona donde se llevaría a cabo el combate había quedado completamente deshabitada tras la devastación del fuego dracónico. Las olas del mar rompían con un ritmo constante contra la costa, como tambores de guerra marcando el compás de lo que vendría. En el Nuevo Mundo, donde cada día podía ser el último y cada combate determinaba quién sobreviviría y quién caería en el olvido, los entrenamientos eran pruebas de fuego donde se forjaba el temple necesario para enfrentar a los monstruos que habitaban estas aguas. Hoy mediría mis habilidades contra uno de los espadachines más letales que navegaban los mares. Desde la derrota del dragón que había dominado estas tierras con su presencia ígnea, el calor extremo que antes hacía imposible respirar había cedido a temperaturas más tolerables. Aún hacía calor, a pesar del invierno, pero era un calor seco y manejable, muy distinto al infierno abrasador de semanas atrás.
 
Caminé por la playa de arena volcánica gris oscuro que se extendía a lo largo de 400 metros en la costa sureste de la isla, específicamente en la zona apodada como ‘la trompa del elefante’ (aunque en más de una taberna del Paraíso le hubieran llamado ‘la tanga de Garnet’), un nombre apropiado considerando la forma característica que Mystoria presentaba desde el aire. Mis pies descalzos se hundían ligeramente en la arena caliente con cada paso, dejando huellas claramente marcadas. La capa blanca del uniforme de la Marina ondeaba suavemente con las ráfagas de viento, sus bordes dorados colgando de mis hombros sobre mi camisa abierta que revelaba mi torso desnudo decorado con patrones tribales verde neón. Los guantes de combate que cubrían mis manos se ajustaban perfectamente a mis dedos. El faro blanco se alzaba a 120 metros tierra adentro desde donde me encontraba, su estructura de 25 metros de altura proyectando una sombra larga hacia el oeste. El terreno alrededor era completamente abierto, pues el fuego del dragón había consumido toda la vegetación que alguna vez creció aquí, dejando solo cenizas, rocas volcánicas negras dispersas y tierra quemada, el agua besando mis pies dejando una sensación familiar que me invitaba a nadar. Era el lugar perfecto para lo que tenía en mente.
 
Le había pedido este favor a Viktor hace tres días, después de observarlo entrenar con sus katanas cerca del campamento base de la División 9. Su reputación como espadachín era conocida en todo el mundo, sus hazañas alado de Sohem y Shoto siendo contadas por los periódicos desde mucho antes que me enlistara en la Marina. Yo necesitaba mejorar mi combate contra oponentes armados, mi estilo de lucha se basaba en golpes y técnicas de gyojin karate, pero enfrentar espadachines de alto nivel requería precisión, timing y una comprensión profunda de cómo leer movimientos de espada de la que carecía totalmente al no haber enfrentado a ninguno en un combate en igualdad de condiciones pues aquel espadachín de un solo brazo que enfrente en Sabaody apenas y soporto un par de golpes, su compañero alado-enmascarado de quien aún conservaba la pluma que me regalo tras el combate era quien en realidad había supuesto un peligro en aquella ocasión. Viktor había aceptado con una sonrisa tranquila que no revelaba si consideraba esto un entrenamiento casual o una oportunidad para vapulear a un Comodoro de la Marina. Me quede esperando a 120 metros del faro, donde la arena daba paso a tierra compacta y oscura. Desde aquí tenía una vista clara de todo el perímetro, el mar a mis espaldas a 2 metros, el faro delante, y espacio abierto en todas direcciones. Tres rocas volcánicas de 3 metros de radio esférico descansaban dispersas en el área, una a 15 metros en diagonal a mi izquierda, otra a 25 metros al frente de mí, y la tercera igual a 15 metros en diagonal, pero hacia el faro, formando un rombo entre las tres piedras y yo. El viento soplaba constante desde el oeste con la fuerza suficiente para hacer ondear mi capa hacia atrás.
 
El sol brillaba directamente sobre nosotros sin nubes que lo obstruyeran. La visibilidad era perfecta en todas direcciones, podía ver claramente hasta el horizonte marino al este y las montañas distantes al oeste a varios kilómetros. El silencio era casi absoluto excepto por el sonido rítmico de las olas rompiendo contra la playa cada 8 segundos y el ocasional graznido de gaviotas que volaban en círculos a 60 metros de altura sobre la bahía. Esperé, sintiendo cómo el calor de la arena se filtraba a través de mis pies mientras escaneaba el perímetro buscando la figura distintiva del hombre de pelo blanco como la nieve y su característica capa azul. Hoy no habría sangre ni muerte, pero la lección sería igual de valiosa pues la diferencia entre la vida y la muerte en estas aguas a menudo se reducía a segundos, a decisiones tomadas en fracciones de momento cuando el acero cortaba el aire y el instinto era lo único que separaba la victoria de la derrota, a la vida de la muerte. Porque en el fondo, cada combate - incluso entre aliados - era una danza con la mortalidad, un recordatorio de que, en cualquier momento, el próximo oponente podría no ser tan benevolente. Y por eso estaba aquí, bajo el sol implacable de Mystoria, listo para aprender lo que solo el filo de una espada podía enseñar.
 

 
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#2

El sol brillaba con fuerza sobre nosotros.
Mystoria estaba siendo un lugar apacible donde “inviernear” y, pese a que no quería estar constantemente enchufado al trabajo, no podía evitar mantener mi rutina y disciplina diaria de entrenamiento. En algunos de los matinales entrenamientos con la espada, Fuguwu, el gyojin de la División 9, había echo un acercamiento hacia mi para solicitarme entrenar juntos. Me sorprendió gratamente y, lo vi como una oportunidad de probar algo diferente. Estaba acostumbrado a pelear con espadachines y los luchadores eran… diferentes. Así que no sería una mala práctica y puesta a punto para lo que nos esperaba pronto a Joe y a mí. Además, quería medir las fuerzas de aquellos que acompañan a mi amigo y comprobar algo más. Tras pedírmelo, me citó en la trompa del elefante a los tres días, coincidiendo con el mediodía. El día indicado, tras desayunar y leer a los pies del faro observando el mar, cogí mis cosas y partí al lugar destinado. Mis armas estaban cuidadosamente empaquetadas en una funda que las envolvía a todas y las portaba en mi mano izquierda. La bajada desde la cordillera fue relativamente rápida y desde ahí pude observar la tierra calcinada de la trompa. Se notaba que hacía no demasiado un enorme fuego había arrasado toda la zona y, aunque parecía todo perdido, algunos brotes comenzaban a asomar entre las cenizas.

A una distancia considerable del faro y cerca de la costa, la figura de Fuguwu esperaba impaciente mi llegada. — ¿Llego tarde? — pensé sin apresurar el paso hasta acercarme a unos metros de una roca a la diestra de Fuguwu y más cercana al faro. — ¡Buenos días, comodoro! — dije con tono alegre mientras dejaba a los pies de la roca mi libro y me giraba hacia el gyojin, que permanecía impertérrito ante mi llegada. — ¡Bueno!… buen día para practicar. Tú me dirás… ¿Qué tienes en mente? — dije mientras abría la funda de armas por la punta y extraía de ella dos bokken de madera blanca y otro negro, que introduje en mi cinturón, en mi lado izquierdo el negro y derecho el blanco. — ¿Quieres practicar algo en concreto? ¿Libre? No tengo mucha costumbre de practicar en compañía, así que prefiero si lo consensuamos. — dije ubicándome a diez metros de Fuguwu con los brazos cruzados esperando sus indicaciones. Parte de mí, obviamente tenía ganas de pelear y soltar un poco de tensión, pero lo que más me interesaba era lo que Fuguwu pudiera opinar de mí. Conocía a Joe bien, y a Karl ligeramente pero, no sabía nada de Apolo o Fuguwu. Solo que se enfrentaron a Sohem y fue una paliza. ¿Pensará que actuaré igual? ¿O no me juzgará hasta pelear? Esto iba a ser interesante…

— Tú mandas, comodoro. —


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#3
La figura de Viktor emergió desde la dirección del faro, su silueta recortándose contra el cielo despejado mientras descendía por el terreno calcinado. Su capa azul ondeaba con el viento del oeste, y el contraste de su cabello blanco como la nieve contra el paisaje oscuro de cenizas lo hacía inconfundible incluso a la distancia. Observé su aproximación sin moverme de mi posición, sintiendo cómo las olas lamían mis talones cada 8 segundos con regularidad. El Shichibukai caminaba con la tranquilidad de alguien que había enfrentado la muerte incontables veces y seguía aquí para contarlo, triunfante. Su voz llegó alegre en un saludo mientras se detenía cerca de la roca derecha, la más cercana al faro, dejando un libro a sus pies – “Buenos días, Viktor” – respondí con un leve asentimiento de cabeza, manteniendo el tono respetuoso que su reputación y rango merecían. Las gaviotas seguían graznando en círculos a 60 metros de altura, ajenas al encuentro que estaba por desarrollarse bajo ellas. Viktor abrió la funda que portaba y extrajo tres bokken de madera, dos blancos y uno negro, introduciéndolos en su cinturón. La madera brillaba ligeramente bajo el sol de mediodía. Se posicionó a 10 metros de mi ubicación, cruzando los brazos mientras esperaba mis indicaciones – “Nunca he enfrentado a un espadachín de verdad.” – admití, bajando ligeramente los brazos y flexionando los dedos dentro de mis guantes – “En Sabaody enfrente a un gyojin que usaba una espada, pero cayó demasiado rápido. No aprendí nada de ese combate.” – una ola más grande rompió contra la costa a mis espaldas, salpicando agua salada que sentí refrescante contra mi piel – “Busco entender cómo se mueve una espada en manos expertas. Mis puños contra tus espadas.” – el viento sopló con más fuerza por un momento, haciendo que mi capa se agitara violentamente hacia atrás. La arena bajo mis pies se sentía firme y compacta donde terminaba la playa y comenzaba la tierra quemada. Las tres rocas volcánicas formaban su rombo perfecto alrededor nuestro, silenciosas testigos de piedra negra que habían sobrevivido al fuego del dragón.
 
Ante las palabras de Viktor confirmando que me daba libertad de elegir las reglas del combate una sonrisa pequeña se formó en mis labios, mostrando mis dientes afilados. El respeto inicial daba paso a algo más cercano, la camaradería entre guerreros que estaban a punto de medirse – “Sin reglas específicas entonces” – declaré, mi tono volviéndose más relajado pero firme – “En estos mares no existen rivales débiles, solo los vivos y los muertos. No te contengas, Viktor. Necesito que vengas con todo lo que tienes, o no aprenderé nada de valor.” – el sol brillaba directamente sobre nosotros, proyectando nuestras sombras cortas y definidas sobre el suelo oscuro – “A cambio, prometo hacer los mismo. Espero estar a la altura del desafío.” – el silencio se extendió por 3 segundos. Solo el sonido del mar rompiendo rítmicamente, las gaviotas distantes, y el viento constante atravesando el espacio abierto entre nosotros. La temperatura de 28 grados se sentía perfecta ahora. Flexionando las rodillas salte hacia la roca a mi izquierda, a 15 metros en diagonal, la cual se alzaba como un monolito oscuro de 3 metros de radio. Mis pies impactaron contra la superficie irregular de la roca volcánica, el calor acumulado en la piedra negra filtrándose a través de mis plantas mientras aterrizaba en una postura equilibrada sobre su cima redondeada y alzaba los brazos en posición de combate.
 
Desde esta nueva posición elevada, tenía vista clara de Viktor a 18 metros de distancia (quien se encontraba a 5 metros de la roca donde reposo su libro) – el mar a mi derecha a 17 metros se expandía ante nosotros – la roca más lejana del mar a 15 metros en diagonal a mi izquierda y de toda la arena de combate extendida ante nosotros El viento seguía soplando constante desde el oeste. Estaba listo para el combate.
 

 
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#4
El gyojin fue tan educado y correcto como siempre. Ante mi llegada, el Marine simplemente saludó y espero que me acercara con mis dos bokken. Resulta que jamás se había enfrentado a ningún espadachín. Curioso, cuanto menos, pero es cierto que hacía mucho Sephiroth ya no viajaba con ellos y no ha tenido ocasión siquiera de entrenar con sus compañeros en este aspecto. Mencionó a un gyojin espadachín en Sabaody que no ofreció mucha resistencia, pero, ni siquiera sé de quién hablaba. En Sabaody a fin de cuentas me limité a entrenar, pintarle la cara a una cría y apoyar a Joe contra el Yonko, tampoco sé de mucha gente más allí. Fuguwu quería entender cómo era el combate real contra un espadachín. Lo entendía. Bueno, yo había llevado mis boken porque se suponía era una práctica pero, entendía que Fuguwu era lo suficientemente fuerte. Ante mi pregunta, el Gyojin mencionó que sin reglas de ningún tipo. Arqueé mi ceja y me alerté mientras expandía mi Kenbunshoku veinte metros a la redonda, pues aun siendo Fuguwu tan noble como parecía, a estas alturas y después de trabajar con Sohem, no me fiaba ni de mi sombra. Tras pedirme que no me contuviera y de prometerme su esfuerzo más arduo, el gyojin des desplazó rápidamente hacia la roca a su izquierda.
— No, si ya… — pensé al detectar el movimiento del comodoro. Mis sentidos eran lo suficientemente agudos como para poder detectar un movimiento que, aunque sobrepasaba ampliamente mis capacidades reactivas naturales y de desplazamiento, no tenían rival contra mis sentidos de Haki. El comodoro no tardó ni un segundo en salir disparado hacia una de las rocas y yo, por acto reflejo, hice lo mismo. Sin esperar a ver donde había aterrizado -pues ya lo sabría por mi kenbunshoku- giré hacia la roca donde dejé mi bolsa y libro, transformándome completamente en lobo con un hálito que se materializó en un remolino y una densa niebla que se adhería tanto a la zona cercana como a mí.
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Mis patas resonaban rápido sobre la arena calcinada hasta pasar de largo por la roca y ponerme a cubierto de la mirada del comodoro, más el no podía librarse de mi mirada espiritual. Una vez allí, después de la frenética carrera a toda la velocidad que mis lupinas patas me permitieron, exhalé fuertemente y mantuve la calma mientras el remolino a mi alrededor se calmaba y el hielo se formaba de manera más férrea, colocándome a un metro de la roca, aun gozando de su cobertura. — ¡Venga comodoro, yo pensaba que sería usted un caballero! — dije mientras tensaba mi tren inferior agazapado y mis extremidades se posicionaban listo para reaccionar si el gyojin decidía mover ficha.
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Vitalidad: 11661 + 0 = 11661
Energia: 5447 + 0 = 5447
Espiritu: 3420 - 210 = 3210
#5
El instante en que mis pies tocaron la superficie irregular de la roca a la que salte, mi mente se enfocó con la precisión de un arpón atravesando el agua. El haki de observación se expandió desde mi centro en una onda invisible que abarcó 25 metros en todas direcciones, como un pulso que cartografiaba el campo de batalla en mi consciencia. La presencia de Viktor se iluminó en mi percepción, un aura que ardía con tonos azules y celestes que se desvanecían hacia el blanco destellaba con poder, moviéndose a velocidad sorprendente hacia la roca más cercana a él, donde había dejado su libro. No podía verlo directamente desde mi posición elevada a 3 metros del suelo, pero su presencia era inconfundible. Simultáneamente, el haki de armamento fluyó por mi brazo derecho como tinta negra extendiéndose bajo la piel, concentrándose en mi puño hasta que los nudillos brillaron con ese tono oscuro metálico característico. Un frío antinatural comenzó a emanar desde la dirección de la roca detrás de la que se había respaldado Viktor, acompañado por una niebla densa que se adhería al aire como si el invierno mismo hubiera decidido manifestarse en este rincón calcinado de Mystoria. El contraste era brutal, 28 grados de calor seco enfrentándose a una helada que no tenía explicación natural.
 
“¡Venga comod…” – la voz de Viktor llegó desde detrás de la roca, clara y con un tono casi juguetón. Una invitación que estaba esperando, flexioné las piernas y salté horizontalmente desde la cima de la roca en la que me hallaba, propulsándome con toda la fuerza que mis músculos de gyojin podían generar. El viento del oeste golpeó mi rostro mientras cruzaba los 21 metros que me separaban de la roca en una trayectoria diagonal y letal. Mi capa blanca ondeaba violentamente detrás de mí como las alas de una gaviota en picada. El sol brillaba directamente sobre mi espalda, proyectando mi sombra adelante como una flecha oscura apuntando directamente a mi objetivo. Un segundo. El mundo se reducía a puntos de información crítica, la presencia de Viktor a 1 metro detrás de la roca a la cual estaba a punto de impactar con mi puño, el hielo formándose alrededor de su posición, la distancia cerrándose a una velocidad que convertía el paisaje en un borrón de cenizas y piedra negra. Mi expresión se había vuelto seria, concentrada, esto ya no era una conversación cortés entre aliados, esto era combate real. Las gaviotas arriba habían dejado de graznar, o quizás simplemente no podía oírlas sobre el silbido del viento cortando contra mis oídos. Otro segundo, dos en total. Mi puño derecho se adelantó, el haki de armamento pulsando con energía contenida. La roca frente a mi llenaba completamente mi campo de visión, 3 metros de diámetro de piedra volcánica negra que había sobrevivido al fuego del dragón pero que ahora enfrentaría algo diferente. Apunté al centro exacto de la masa de roca, en línea recta hacia donde mi haki me decía que Viktor permanecía agazapado detrás.
 
El impacto fue devastador para la roca. Mi puño conectó contra la superficie de la roca con un sonido que resonó por toda la playa como un trueno seco. La piedra volcánica, endurecida por incontables erupciones del volcán y templada por el fuego dracónico, no tuvo oportunidad contra el haki de armamento concentrado en mis nudillos. Grietas se propagaron instantáneamente desde el punto de impacto, fisuras anchas que dividieron la roca en fragmentos irregulares. Con un claro CRACK toda la estructura de 3 metros cedió bajo la fuerza del golpe. La roca explotó hacia atrás en una lluvia de fragmentos negros de todos los tamaños, desde polvo fino hasta pedazos del tamaño de un puño que salieron disparados en dirección a Viktor. Pero más peligrosa que los escombros era la onda de choque que viajó a través de los restos desintegrados, una onda invisible de fuerza concentrada que continuó su trayectoria recta hacia donde el Shichibukai se había refugiado, capaz de hacerle un daño considerable si lo alcanzaba de lleno. Aterricé sobre los restos fragmentados de lo que momentos antes había sido la roca, mis pies descalzos sintiendo un frio intenso emanar sobre la zona. Polvo volcánico se elevaba en una nube gris alrededor de mi posición, mezclándose extrañamente con la niebla helada que Viktor había generado. Mis músculos se tensaron sintiendo la emoción del combate recorrer todo mi cuerpo, listos para salir disparado como un rayo. Mi haki de observación seguía activo a 25 metros, monitoreando la presencia del espadachín de pelo blanco a través del caos de polvo y hielo. Mi expresión permanecía seria, concentrada. El entrenamiento había comenzado de verdad.
 

 
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Vitalidad: 11421 + 0 = 11421
Energia: 5372 - 768 = 4604
Espiritu: 3135 - 282 = 2853
#6
— Vaya, vaya con el comodoro... — 
Ya me había parecido que el gyojin era el Marine más centrado de toda la División, pero parecía que estaba altamente orientado a los objetivos, y su objetivo era golpearme, sin duda. Mientras incitaba al comodoro desde mi cobertura provisional, ya transformado en forma híbrida y preparándome para contraatacar, el gyojin no tuvo a bien esperar ni un solo segundo y comenzó su ofensiva. Desde la roca al otro lado de nuestro campo de entrenamiento particular, el Marine se había asegurado una posición poderosa. Si bien es sabido que, bajo una norma general y no estricta, los espadachines en contraposición a los luchadores no somos especialmente ágiles y nuestra mayor deficiencia es perseguir a los rivales. Fuguwu había leído muy bien esto -sin conocer mis habilidades, todo sea dicho- y se había posicionado lejos para tomar la ofensiva desde un lugar adecuado para que no pudiera responder adecuadamente a su ofensiva. Lamentablemente, yo también tenía mis planes y, mejores o peores, Fuguwu tendría que lidiar con las consecuencias de sus actos. El clima cálido de Mystoria sumado a mi aura helada producía un choque térmico que hacía moverse la arena a mi alrededor como si de un aura tangible se tratase, y tras la roca lo único que podía percibirse era esto.

En cuanto comencé a hablar, los pies del gyojin se despegaron de la roca en una embestida feroz hacia mi dirección. Su vertiginosa velocidad fue tal que mis ojos no hubieran podido seguirlo, pero si mi Haki. Cuando finalicé de hablar, ya preparado, Fuguwu había llegado a la posición de la roca en un visto y no visto, golpeando esta con un potente puñetazo. Un sonoro estruendo aconteció, fracturando la piedra que me cubría en mil pedazos y permitiendo que una onda de choque proveniente de su propia fuerza avanzara hacia mí, golpeándome y rompiendo la armadura de hielo sobre mi piel helada. El hielo de mi defensa se rompió y cayó al suelo, sin que yo me moviera ni lo más minimo. Estaba claro que el comodoro tenía fuerza, pero necesitaba más para romper mis defensas y dañarme. Una vez el golpe me atravesó, todavía visualizando entre la inmensa polvareda a Fuguwu parado sobre los escombros, decidí que había que hacer las cosas bien.


 — DIJE — grité firmemente una vez el estruendo de las rocas, mas no el polvo, había desaparecido mientras me acercaba lentamente hacia Fuguwu con el boken en mi mano izquierda, con el filo hacia arriba y atrás, tranquilo y sereno. — que pensaba que sería un caballero. — anoté con cierto retintín ya a un metro de Fuguwu, erguido en mi forma híbrida. Mis casi tres metros de altura mostraban a un hombre lobo con un pelaje blanco y de prominente masa muscular con una mirada decidida y seria que se plantaba delante del marine mirando hacia abajo buscando entrecruzar miradas. Varios segundos pasaron hasta que decidí, esta vez yo, dar comienzo al combate. Realizando un saludo rei, flexionando mi cadera ligeramente sin dejar de mirar al comodoro -muestra de respeto, ya que confiaba en su fuerza y no quería perder visión de él aunque técnicamente lo veía con mi Haki de observación- anuncié el inicio real del entrenamiento. — ¿Comenzamos? — pregunté para, acto seguido, saltar quince metros hacia atrás, aterrizando sobre la arena negra y mirando al Marine. Abrí ligeramente mi posición y flexioné mis rodillas, sosteniendo ahora mi boken negro con la mano derecha y el codo a la altura de mi hombro derecho y reposando el lomo del arma sobre la tabaquera anatómica de mi zurda, apuntando directo al gyojin con la punta de éste.
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11661 + 0 = 11661
Energia: 5447 - 554 = 4893
Espiritu: 3210 - 210 = 3000
#7
El polvo volcánico seguía suspendido en el aire cuando la figura de Viktor emergió de entre la nube gris y la niebla helada. La onda de choque había golpeado su posición con fuerza suficiente para lanzar a cualquier hombre común varios metros, pero el Shichibukai no se había movido ni un centímetro. El hielo que cubría su cuerpo se había fracturado y caído al suelo en fragmentos cristalinos que brillaban contra la arena negra, pero debajo, su forma permanecía intacta. Viktor se acercó hasta quedar a un metro de distancia, su figura de casi 3 metros de altura transformado en lo que me recordaba a un hombre lobo imponía aún más respeto, su pelaje blanco como su cabello, masa muscular prominente que se marcaba bajo el pelo, y una mirada decidida y seria que me observaba desde arriba buscando entrecruzar nuestras miradas. El contraste era notable - él, una torre de hielo y pelo blanco; yo, un gyojin de piel amarilla con motas cafés lo cual varios humanos habían comparado en el pasado con el color de la mierda de un caballo con hepatitis.
 
Mientras Viktor me estudiaba, comencé a acumular agua en mi brazo derecho. El líquido empezó a materializarse alrededor de mi antebrazo y muñeca, goteando ligeramente mientras se concentraba. Simultáneamente, las púas de mi mano derecha comenzaron a secretar veneno, un líquido viscoso y translúcido que se mezcló con el agua en un remolino morado que manchaba el azul cristalino. Varios segundos pasaron en silencio absoluto. Solo el viento del oeste atravesando el espacio entre nosotros, las olas rompiendo a 18 metros detrás de mí cada 8 segundos, y el ocasional graznido de las gaviotas que habían vuelto a sobrevolar la zona a 60 metros de altura. El sol brillaba implacable sobre Mystoria, proyectando nuestras sombras - la suya enorme y lupina, la mía más pequeña pero definida - sobre la arena calcinada. Viktor realizó un saludo rei, flexionando su cadera ligeramente sin dejar de mirarme. Un gesto de respeto entre guerreros. Devolví el saludo con una inclinación de cabeza y torso, manteniendo mi expresión seria y concentrada, sin dejar de acumular el agua y veneno que ahora formaban una masa líquida considerable alrededor de mi brazo derecho. El haki de armamento comenzó a fluir simultáneamente, tiñendo la mezcla acuosa con ese tono oscuro característico, convirtiendo el líquido en algo más denso, más peligroso.
 
“¿Comenzamos?” – preguntó Viktor. Y saltó.
 
Sus piernas lupinas se flexionaron y se impulsaron hacia atrás con fuerza, lanzándolo en un arco que cubriría 15 metros de distancia. Pero en el mismo instante en que sus patas dejaron el suelo, mi brazo derecho se movió en un látigo horizontal. El agua venenosa imbuida en haki de armamento se desprendió de mi extremidad en forma de una hoja afilada de 2 metros de largo, girando sobre sí misma mientras cortaba el aire con un sonido agudo y silbante. La hoja viajaba a una velocidad brutal, más del doble de rápida que el salto de Viktor quien apenas había recorrido la mitad de su trayectoria, suspendido en el aire a 6 metros de donde había saltado, cuando la hoja de agua lo alcanzó. El impacto tendría que ser directo, pero yo ya no estaba esperando para ver el resultado. Mis piernas golpearon el aire bajo mis pies en una sucesión rapidísima de patadas. Geppo y Soru fusionados en una técnica que me permitía moverme por el cielo como si fuera agua sólida. El primer impulso me lanzó en diagonal hacia arriba y adelante, cubriendo la distancia hacia Viktor a una velocidad que triplicaba la de su salto. El mundo se convirtió en un borrón de azul cielo y arena negra mientras mi cuerpo se desplazaba en zig-zag. El primer quiebro me posicionó 5 metros directamente por encima de la cabeza de Viktor. Golpeé el aire con mi puño izquierdo en un movimiento descendente, generando una onda de choque que se transmitió a través del vapor de agua que mi técnica creaba naturalmente. La onda se expandió en un radio de 5 metros, una esfera invisible de fuerza comprimida que golpearía todo en su alcance, incluyendo al hombre lobo bajo mi posición.
 
Sin detenerme, ejecuté el segundo quiebro. Mis piernas volvieron a golpear el aire en otra dirección, zigzagueando hacia adelante y abajo en un ángulo que me llevaría detrás de Viktor. El espadachín estaría completando su aterrizaje - o lidiando con la hoja de agua y la primera onda de choque - cuando ejecuté el segundo golpe de aire. Mi puño derecho se lanzó hacia adelante, generando otra onda de choque de vapor que se expandió en 5 metros la cual podría alcanzar la espalda del Shichibukai si la maniobra era ejecutada con éxito. Aterricé en la arena negra con un impacto seco y giré a ver el resultado de mis ataques, mis pies descalzos hundiéndose ligeramente en la tierra calcinada. Estaba 5 metros directamente detrás de donde Viktor había saltado, en una posición que me daba visión clara de su espalda. El haki de observación seguía activo en su radio de 25 metros, permitiéndome sentir su aura de llamas azules y blancas incluso a través del polvo que nuestros movimientos habían levantado. Mi expresión permanecía seria, concentrada. Mis manos se flexionaron dentro de los guantes de combate, listas para lo que viniera a continuación.
 

 
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11421 + 0 = 11421
Energia: 4604 - 1235 = 3369
Espiritu: 2853 - 382 = 2471
#8
Estaba teniendo un putísimo deja vu.
O sea, se suponía que Fuguwu era un Marine recto, o eso había creído entender, además de que quería probarse contra mí. ¿Qué sentido tenía evitarme? Yo pensé por un momento que después de estos dos años peleando con el loco de mi jefe iba a tener por fin una pelea cara a cara con alguien de valor y redaños. Sin embargo, Fuguwu se lo debió tomar como una pelea literal y estaba intentando buscar mis momentos flacos, mis desplazamientos y mi carencia de movilidad como una ventana para atacarme sin tregua y sin entablar un combate directo. ¿Inteligente? Sí. ¿Honorable? Cero. ¿Lo iba a consentir? Por los cojones.

Desde el momento en el que salté hacia atrás intentando retomar una iniciativa de combate y un reset, por así decirlo, el médico gyojin se lanzó al ataque contra mí. Con un rápido gesto de su brazo proyectó una onda de líquido que parecía haber excretado e imbuido en haki. La rápida y afilada hoja se movió rápida hacia mi posición en el aire, prediciendo mi posición para golpearme. Sin esperar, el gyojin se lanzó hacia mí. Fuguwu se lanzó con tres movimientos. Con el primero se colocó sobre mí. Era rapidísimo. Mucho más de lo que mis ojos podían seguir pero, no lo suficiente para burlar mi Kenbunshoku, que me permitía seguir su estela sin problemas. Tras un quiebro, percibí un ataque desde las alturas cuando apenas me quedaban unos metros para aterrizar. Este estaba casi coordinado con su onda de corte y, dada su velocidad, me alcanzarían casi al unísono. La onda de corte impactó contra mi piel helada sin hacer ningún tipo de mella más que drenando mis defensas restantes y eliminando de mi piel y pelaje el color blanquecino brillante que poseía por la escarcha que me protegía. Ni siquiera reaccioné. — Vamos a ver lo que tienes. — pensé mientras recibía el impacto sobre mi cabeza y hombros, llegando ya al suelo. — No está mal. — pensé mientras detectaba el segundo movimiento, ya en tierra. El Marine había tomado mi espalda y me golpeaba de nuevo, pero esta vez iba a contestar. Girando sobre mi mismo mientras movía mi espada con presteza y la imbuia en Busoshoku, realicé un gesto de corte hacia el aire con un movimiento poderoso de muñeca en horizontal y dejando mi brazo derecho en noventa grados con mi cuerpo y generando un corte preciso que se proyectaba hacia adelante en dirección al golpe de Fuguwu. Aprovechando la inercia, elevé mi arma hacia atrás y usando de nuevo un gesto potente hacia abajo realicé la misma técnica de nuevo, pero en vertical. Ambos cortes viajaron prácticamente al unísono, uno detrás del otro. El primer corte se proyectó a través del proyectil etéreo de Fuguwu y el segundo lo siguió.

No obstante, mi ofensiva no iba a terminar ahí. Parecía el Marine quería pelear algo más fuerte e intenso de lo esperado y debía corresponder. Por lo tanto, nada más bajar mi arma del corte anterior, me lancé posicionando mi arma en paralelo al suelo, cargada para una estocada mientras activaba el dial de rechazo de mi espalda. Un sonoro clic se coordinó con un sonido propulsor que me lanzó a velocidades que jamás soñé alcanzar hacia Fuguwu para, directo a su pecho, lanzar una estocada feroz. El empuje del dial, que nos propulsó a lo largo de la playa durante al menos veinticinco metros hasta que finalmente nos frenamos y nos separamos unos metros el uno del otro. — ¡BIEN! — grité hacia el gyojin — ¡Sigue bailando, chaval! — dije emocionado por la adrenalina del “momento impulso”, colocando mi arma por delante y flexionando las piernas.


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11661 - 743 = 10918
Energia: 4893 - 300 = 4593
Espiritu: 3000 - 360 = 2640
#9
Los dos cortes de aire llegaron casi simultáneamente. El primero, horizontal, atravesó mi segunda onda de choque de vapor como si cortara seda, disipándola en un estallido de humedad. No tuve tiempo ni de procesar el impacto antes de que el segundo corte, vertical, me golpeara desde arriba. Ambos impactaron contra mi espalda y hombros con la fuerza de cuchillas invisibles, presionando contra mi piel y enviando una sacudida a través de mi cuerpo. Sabía que pagaría las consecuencias de probar mi nuevo movimiento en algún momento y en parte agradecía que fuera ahora contra un rival que podía considerar un aliado. No obstante, soy una criatura de instintos y tras recibir el primer impacto en mi espalda mi instinto tomó el control. Giré sobre mis talones para quedar frente a Viktor, y mientras mi cuerpo completaba la rotación, crucé ambos brazos frente a mi pecho en una guardia defensiva. El haki de armamento termino por recubrir mi brazo derecho el cual estaba previamente cubierto a la altura de la muñeca y el mismo fluyó instantáneamente por ambos antebrazos, tiñéndolos de ese negro metálico característico justo cuando terminé de posicionarme. Mis pies se plantaron firmemente en la arena calcinada, rodillas ligeramente flexionadas, preparado para lo que viniera a continuación. Lo que vino fue algo que ni siquiera mi haki de observación pudo anticipar.
 
Un clic metálico resonó desde la espalda de Viktor, seguido inmediatamente por un sonido propulsor que cortó el aire como un trueno. El peliblanco se lanzó hacia mí a una velocidad que superaba completamente mis capacidades de reacción, toda su envergadura cubrió la distancia entre nosotros en una fracción de segundo que mi cerebro apenas registró. Su bokken negro apuntaba directamente a mi pecho en una estocada perfectamente alineada. No hubo tiempo para esquivar. No hubo tiempo para contrarrestar. Por suerte ya había tensado los músculos, producto de sus anteriores ataques, los cuales recibieron su estocada. La punta del bokken impactó contra mis brazos cruzados con una fuerza brutal. El haki de armamento en mis antebrazos absorbió parte del impacto, reduciendo ligeramente el daño, pero la fuerza detrás de la estocada era monstruosa. Sentí cómo la presión atravesaba mi guardia y golpeaba mi pecho de todas formas, empujándome hacia atrás con una potencia que me levantó completamente del suelo. El mundo se convirtió en un borrón. Viktor y yo fuimos propulsados paralelos a la costa en dirección al faro, nuestros cuerpos cortando el aire como proyectiles. La arena negra pasaba bajo nosotros en una mancha continua. Cinco metros. Diez metros. Quince metros. El empuje del dial de Viktor no mostraba señales de detenerse. Veinte metros. Veinticinco metros.
 
¡Es increíblemente fuerte! – pensé mientras el viento generado por nuestra velocidad golpeaba mi rostro. Esa técnica, la velocidad era absolutamente brutal, ¿y sus ataques? precisos, potentes, ejecutados con un timing perfecto, ¿qué sentido tenía? No había enfrentado a un rival igual en mi vida. Y a pesar de todo, sentía que aún se estaba conteniendo. No solo por el hecho de no usar sus espadas con las cuales seguro hubiese salido gravemente herido. Algo dentro de mi – la experiencia de múltiples combates quizás, o mi esquizofrenia al pelear, no lo sé a ciencia cierta – me gritaba que Viktor se estaba contiendo. Si esto es Viktor conteniendo su fuerza... Finalmente, el empuje comenzó a ceder. Nuestros cuerpos se frenaron gradualmente hasta detenerse por completo, separándonos exactamente 2 metros el uno del otro. Mis pies tocaron la arena nuevamente, hundiéndose ligeramente en la tierra calcinada, pero manteniéndome firmemente de pie. Estábamos ahora a 145 metros del faro, paralelos a la costa y a la misma distancia del mar que las Rocas 1 y 3 habían estado originalmente. Viktor se posicionó con su arma por delante, flexionando sus piernas lupinas en una postura de combate lista para continuar, pero no pude evitar formular la pregunta que me carcomía por dentro – “Viktor,” – dije por encima de mis brazos que permanecían en forma de cruz frente a mi pecho, observando con intensidad sus armas, manteniendo un tono respetuoso, pero con un matiz de curiosidad genuina – “¿te estás conteniendo?” – las palabras flotaron entre nosotros por un momento. El viento del oeste atravesó el espacio abierto, haciendo ondear tanto mi capa blanca de justicia como su haori con el kanji de "Depredador" en la espalda. A lo lejos, más allá de donde habíamos dejado los escombros de la Roca 3, las olas seguían rompiendo contra la costa con su ritmo constante e imperturbable, ajenas al combate que se desarrollaba en la playa calcinada de Mystoria.
 
Hacia unos segundos había sido demasiado atrevido en utilizar una maniobra que apenas dominaba. Ahora, estaba convencido que mi lengua terminaría de ser el arma afilada que me volvería la cena del Shichibukai que tenía frente a mí.
 

 
Resumen

Belico

Gastos

Off
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11421 - 2242 = 9179
Energia: 3369 + 39 = 3408
Espiritu: 2471 - 332 = 2139
#10
No esperaba menos de un comodoro de la División 9.
Fuguwu aguantó mi acometida con total entereza. Si bien sus ataques habían sido efectivos e ingeniosos, había podido contrarrestar parte de los mismos con su propio ataque y resistido la segunda onda de mi quinto principio de la espada. Incluso soportó de buena manera mi embestida, aunque deduzco por su única defensa que fue el Haki en su brazo que mi velocidad con el fue lo suficiente como para romper su guardia y acercarme sin que se lo espere. Eso me hacía pensar que el dichoso cacharro que me llevé de Sasha y que tras mucho insistir Shoto insertó en mi abrigo era más útil de lo que parecía a simple vista. Lógicamente, entre que no estaba usando todo mi poder por ser un entrenamiento y que Fuguwu tenía un maravilloso dominio en el Haki, los daños no eran extremadamente poderosos. De nuevo, no esperaba menos de él. La entereza del gyojin era digna de admiración.

Cuando me hube posicionado en guardia esperando su movimiento, Fuguwu me desarmó con sus palabras. ¿Que si me estaba conteniendo?… Curiosa pregunta. Desde detrás de mi filo, pude observar al Marine, aun con los brazos en cruz observando con respeto y cuidado, no con osadía, no con intención de molestarme. Fue una pregunta genuina y lógica por su parte. Comencé a sonreír lentamente hasta finalmente, sin mover mi cuerpo, dejar caer mi cabeza descolgada al frente. — ¡CULPABLE! — dije con tono humorístico para subir mi cabeza de nuevo hacia Fuguwu y bajar mi arma. — A ver, sin intención de que lo malinterpretes. Es un entrenamiento. Es un combate sin la intención de acabar con el rival. — comencé a explicar deshaciendo mi postura de combate y bajando mis brazos a la vez que cambiaba de mano el boken y lo posicionaba con la empuñadura invertida haciendo que su lomo discurriera en vertical desde mi mano al lado de la cadera hacia mi hombro izquierdo. — No sé con cuanta gente habrás peleado como entrenamiento, pero, cuando quieres aprender, no siempre es necesario llegar al límite o correr riesgos. — expliqué al gyojin, tomando un tono más serio e instructivo. — No hay aprendizaje en una paliza indiscriminada donde tu o yo no podamos actuar porque nuestro rival nos deja inconscientes en el primer movimiento. — continué mientras enseñaba el índice de mi diestra al Marine. — Eso es humillar. — aseveré. — Para aprender tienes que ver situaciones. Tienes que tomar decisiones en contextos y estrategias que nunca tomaste y valorar si son correctas o erróneas. La experiencia es lo que te mejora. ¡Mírame a mi! — dije llevando el índice hacia mi pecho. — No hubo peligro real en tus ataques, pero desde el primer movimiento me obligaste a improvisar y adaptarme. La próxima vez que pelee con alguien similar, tendré una estrategia más en mi repertorio. Si me hubieras tumbado, o yo a ti, de manera inmediata, no habría aprendido nada. — finalicé y me quedé en silencio unos instantes.

— Así que… ¿por qué no continuamos y vemos qué podemos aprender? — “reté” al Marine a continuar, colocándome en posición de defensa, llevando la espada invertida hacia el frente apuntando con el mango a Fuguwu y cubriendo con su lomo mi costado, preparado para una nueva embestida. -.-


Resumen
Info bélica
Karmas
Gasto y daños
off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10918 + 129 = 11047
Energia: 4593 + 132 = 4725
Espiritu: 2640 - 210 = 2430


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