Ikirami
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C. de Haki
C. de Akuma
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—Gracias, Erika. Y no te preocupes, yo te protejo si pasa algo —dijo con una sonrisa reconfortante, mientras sus pasos las llevaban con determinación hacia el puerto.
Mientras caminaban, un pensamiento repentino surcó su mente, haciéndola detenerse un instante. Recordó que no había revelado a Erika su verdadera profesión: era una Marine. Esta omisión no había sido intencional; simplemente, acostumbrada a la presencia constante de su uniforme, no había considerado necesario mencionarlo. Pero hoy, disfrazada con ropa de civil para mezclarse mejor mientras hacía turismo e investigaba, se sentía casi como una persona diferente.
Sentía la necesidad de ser honesta con Erika. Con paso firme pero sin detenerse, decidió abrirse:
—Al final, como Marine, tengo la obligación de proteger a los demás. Eso es a lo que me dedico —confesó con un tono suave, pero cargado de seriedad profesional.
Sus palabras resonaron en el aire mientras avanzaban por las calles empedradas del pintoresco pueblo de Engan. Aunque esperaba que esta revelación no cambiara la disposición de Erika a acompañarla, no podía estar segura. Observó de reojo a la muchacha, buscando en su rostro alguna señal de su reacción. Si Erika decidía seguir adelante con el plan, pronto llegarían a la zona que necesitaban registrar. La anticipación y la incertidumbre colgaban en el aire mientras esperaba su respuesta.
Erika Storm
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C. de Haki
C. de Akuma
13-11-2023, 05:25 PM
(Última modificación: 13-11-2023, 07:35 PM por Erika Storm.)
- "Yo te protejo si pasa algo" - En mi cabecita aparecían corazoncitos flotando alrededor mía. Pero agité la cabeza rápidamente y me centré - ¡NO ERIKA! ¡BASTA! ¿ACASO ERES ESTÚPIDA? - Pensé fugazmente. No podía dejarme caer por mis tonterías, y menos por alguien que acababa de conocer. Dije que nunca más me usarían como un trapo sucio para luego tirarme. Voy a ayudarla porque bueno, ha sido agradable conmigo y ya está, Erika. Ni más ni menos.
Empezamos a andar hacia el puerto. Me puse a su lado, a menos de un metro, desplazándome a la misma velocidad de sus pasos, pero yo con las ruedas de mis zapatines y los brazos atrás del cuerpo en forma de cruz. Era acojonante, pero, ahora yo misma notaba una brisa la cual acariciaba mi rostro y ondulaba mi flequillo. Por un momento estaba súper a gusto. E incluso, no sé, diría que... ¿Feliz? Era raro. Pero hacía tiempo que no me sentía así.
Pero de repente la pelirroja habló. Dijo que era Marine, reconociendo su auténtica profesión.
Automáticamente, me frené en seco. Agaché la cabeza, ocultando mi mirada - Joder... - Dejé caer mis brazos por la fuerza de la gravedad hasta quedar recta. Ya no sentía la brisa en mi cara. Los corazones se esfumaron. La pelirroja siguió avanzando hacia delante y yo me quedé atrás. Otra vez, me ha vuelto a pasar. Me daba igual que fuera una Marine. Como si es la mismísima reina de la Marina. O la princesa de un reino. Pero una cosa estaba clara, lo que necesitaba es saber como moverse por la isla para cumplir su misión, y yo he picado el anzuelo. Otra vez querían usarme para un bien propio y egoísta, y encima para una organización como es la Marina. Panda de inútiles, no pueden hacer el trabajo por su cuenta.
- Entiendo... - Dije con la cabeza agachada y un tono de voz apagado - Espero que puedas protegerlos a todos - Esta vez, usando mis pies, retomé el caminar, metiéndome las manos en los bolsillos de mi chaqueta - Vamos - Le dije sin mirarla, aún todavía con la cabeza agachada - Cuando hagas tu trabajo, podrás marcharte - Avancé sin mirar atrás. Cuanto antes se acabase esto, antes dejaba de sentirme utilizada.
- "¿Acaso eres estúpida?" - Menudas preguntas te haces, Erika.
• Mal pasado: Tu personaje tiene una vida pasada que volverá para complicarle las cosas en algún tema, o varios - Cuando Erika recuerda su pasado, todo lo negativo desaparece.
Ikirami
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" Parece que sí que ha cambiado..." pensó Ikirami, notando cómo la expresión de Erika se transformaba, volviéndose más reservada y cautelosa. Desde ese momento, la joven comenzó a actuar de manera diferente, como si una sombra de duda se hubiera posado sobre ella. Ikirami no pudo evitar preguntarse si Erika había tenido malas experiencias con los Marines en el pasado.
— Ya veo... —susurró Ikirami, casi para sí misma, con un tono apenas audible—. Ya estamos cerca, solo un par de calles más y habremos llegado.
Continuaron avanzando por las calles empedradas, hasta que el inconfundible olor a salitre del puerto comenzó a inundar el aire. A su alrededor, múltiples almacenes se alzaban imponentes, con hombres fornidos cargando y descargando diversas mercancías. Uno de esos almacenes, con una gran puerta de madera, llamó su atención. En ella, desgastada por el paso del tiempo y las inclemencias del clima, se leía "Bellmont" en pintura blanca.
— Es ahí, donde pone Bellmont —indicó Ikirami, señalando discretamente con la cabeza hacia el almacén. Se cruzó de brazos, sumida en sus pensamientos, y apoyó la cabeza en una de sus manos—. T eóricamente, esta empresa solo se dedica al comercio de libros y mapas. No tienen permiso para enviar nada más. Podría sacar mi identificación y exigirles que nos muestren la mercancía, pero eso podría alertarlos y complicar las cosas —reflexionó en voz alta.
Observó algunas cajas apiladas junto a una ventana entreabierta, aunque lamentablemente, era demasiado pequeña para que un adulto pudiera pasar.
— Tengo una idea —dijo con una risa suave, produciendo un sonido que se asemejaba a un "SSSHSSSHSSSH"—. Será divertido. Sígueme el rollo —le guiñó un ojo a Erika, transmitiendo una confianza cómplice.
Acto seguido, tomó a Erika del brazo y la condujo hacia donde estaban los dos hombres charlando en la entrada del almacén.
— Disculpad, chicos... —comenzó con una voz algo más aguda y seductora, alargando intencionadamente las palabras—. ¿Habéis visto a bigotitos? Es nuestro gatito, lo estábamos persiguiendo hasta aquí y parece que se ha colado por esa ventana. Pobrecito, debe estar taaan asustado...
Mientras hablaba, Ikirami lanzó una mirada hacia Erika, esperando que ella captara la señal y le siguiera la corriente en su improvisado plan.
• Sentidos aumentados: Uno de tus sentidos a tu elección está potenciado. [Una vez por sentido. Incompatible con Sentidos atenuados en el caso del mismo sentido]. Vista: En temas sociales puedes percatarte de ciertas cosas con más facilidad.
• Belleza: Recibes un trato más favorable por parte de los NPCs, a no ser que hagas algo que perjudique la buena impresión que tendrán de ti.
• Toque divino: Recibes un trato aún más favorable por parte de los NPCs.
• Mentiroso: Pocas veces dices la verdad, y la mentira se te da especialmente bien.
• Seductor: Los personajes o NPC cuya orientación sexual te favorezca, te darán un trato más amable y sus karmas negativos que te afecten se verán mitigados
• Risa excéntrica: Tu personaje se ríe de una manera diferente y única.
Erika Storm
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C. de Haki
C. de Akuma
Continué mi marcha mirando al suelo, con las manos en los bolsillos de mi enorme chaqueta. La pelirroja estaba un poco más delante de mí, la cual afirmó que ya quedaba poco para llegar al destino, estaba concentrada en su misión y en cumplirla por encima de todo. Podía coger e irme sin que se diera cuenta, pero, algo dentro de mí, me decía que al menos en esto terminase de ayudarla, no sé si por el tema de que pueda llevarme algo de provecho para mí. O quizás otra cosa.
Caminamos un rato. Las calles estaban sin ningún tipo de problema, todo normal, la gente iba y venía como de costumbre con sus cosas y movidas. Yo mantenía la cabeza agachada todo el rato, mirando al suelo y pateando alguna vez que otra alguna pequeña roca. No podía pensar en otra cosa que no fuera, que a la pelirroja posiblemente le daba igual, que solo quería cumplir su cometido y fuera, y si alguien como yo le ayudaba mejor - para ella - Por más que lo pensase, no iba a cambiar nada, así que intenté autoconvencerme en mi cabecita que es lo mismo de siempre, que sacase algo de valor para mí y ya, cada una por su lado.
Me mantuve callada todo el rato, no quería molestar ni entorpecer nada para que no nos llevase más tiempo. Ikirami parece ser que encontró lo que buscaba, un almacén pocho en el que ponía "Bellmont". Se puso a deducir sus movidas del plan, de que podía ser bueno o malo. La estaba oyendo, pero no la escuchaba del todo, simplemente seguía pateando piedras que había sueltas por el pavimento de la calle. Levemente, pero escuché a la pelirroja reírse de esa manera tan dulce que tiene, a lo que mi acto reflejo fue mirarla, aún cabizbaja. Y para colmo, miré cuando justo me guiñó un ojo diciéndome que será divertido. - Joder... - Dije mirándola, poniendo una cara de pena y atracción por su bonita sonrisa. Acto seguido, me tomó del brazo para llevarme con ella. En ese momento, parecía que el tiempo se detuvo. Viendo como Ikirami sujetando mi brazo me llevaba con ella, como si fuera a llevarme al paraíso junto ella - ¿Pero qué coño te pasa Erika? ¡Despierta, no es real! - Pensé inconscientemente, porque en el fondo sabía la realidad de la situación.
Me llevó delante de un par de hombres que estaban en la entrada de la puerta del almacén, los cuales parecía que estaban vigilando toda la zona. De repente, la pelirroja se puso en modo seductora, cambiando su voz para que aquellos hombres sucumbieran a sus encantos, hablándoles de que había perdido a 'bigotitos', un gato el cual se había colado por una de las ventanas. A continuación me miró directamente, con esos ojos rojos como el fuego pasión, los cuales estaba usando para seducir a los dos hombres, pero yo fui también testigo de ellos.
Aunque lo parezca, no soy tan tonta como la gente se piensa. Y sabía perfectamente qué quería decirme Ikirami con la mirada. A este juego he jugado yo también toda mi vida, quizás sea lo único bien que se me da hacer - Por favor... - Me acerqué a uno de los hombres, poniéndole mi mano derecha en su pecho sutilmente - Es un gato muy miedoso, no podemos dejar que esté solo, caballeros... - Le quité la mano del pecho y de seguido el dedo índice poniéndolo encima de mis labios - Nos haría tan, tan, taaaan bien que nos ayudaseis - Continué mientras bajaba el dedo índice por mis labios hasta tocarme la barbilla y acto seguido mirándole - ¿Podríais ir a echar un vistazo a ver si lo encontráis? Quizás luego pueda recompensároslo... - Le dije suspirando al final de mi frase, mientras desviaba mi mirada hacia Ikirami, mirándola fijamente a los ojos, queriendo sobre todo hacerla entender que había entendido su plan. O lo que ella quisiera.
• Belleza: Recibes un trato más favorable por parte de los NPCs, a no ser que hagas algo que perjudique la buena impresión que tendrán de ti.
• Seductor: Los personajes o NPC cuya orientación sexual te favorezca, te darán un trato más amable y sus karmas negativos que te afecten se verán mitigados (por ejemplo: racismo, homofobia, rivalidad...)
• Sintonía natural: Nadie puede odiarte sin que hayas hecho algo para ello.
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• Muletilla: Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable: Joder
Ikirami
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Erika había comprendido el esquema con una claridad cristalina. Su ejecución fue de tal maestría que los dos hombres quedaron completamente hechizados, observándolas de arriba abajo con ojos de fascinación.
- Sí... Claro, preciosa -balbuceó uno de ellos a Erika, mientras sus ojos permanecían fijos en sus labios tentadores. Le dio un codazo a su compañero, que las examinaba con una mezcla de sorpresa y admiración. - ¿Dijiste que el gatito se escapó por dónde exactamente?
Ikirami, con una astucia juguetona, le guiñó el ojo a Erika, asegurándose de que los hombres no lo notaran.
- Justo por allí- respondió, señalando hacia una ventana que revelaba el oscuro interior del almacén vecino. - Estaríamos infinitamente agradecidas si lo encontráis. Y quién sabe... quizás hasta podríamos planear algo divertido juntos, los cuatro, una vez que el pequeño bigotitos esté a salvo.
Con una sonrisa coqueta y traviesa, bajó su mano sugestivamente hacia el escote de su camisa, que apenas contenía sus curvas, para luego descansarla en su cadera.
Los hombres estaban tan embelesados que parecía que iban a babear, imaginándose lo que creían que les aguardaba. Asintieron con prisa y salieron corriendo tras el ficticio gato, entrando al almacén contiguo y desapareciendo de su vista.
Ikirami soltó una carcajada, esta vez más sonora.
- ¡Ssshhhssshhhssshhh! Eso ha sido increíble. Tienes un talento natural para esto, ¿verdad?- dijo con una sonrisa maliciosa, guiando a Erika hacia el interior del almacén ahora desocupado.
- Solamente necesitamos echar un vistazo rápido...
Sus ojos recorrieron el espacio. Estanterías repletas de cajas de madera llenas de libros, sacos desbordados de lápices y pilas de pergaminos. Todo parecía en orden a primera vista. Avanzaron más adentro y en el fondo de una caja dañada, notó un destello. Se acercó, apartó algunos libros y descubrió botellas de licor cuidadosamente escondidas bajo capas de literatura.
- Vaya, al final resulta que sí eran contrabandistas -comentó, sosteniendo una de las botellas y examinándola-. Oye, Erika, ¿te gusta el licor de cerezas?
Al girarse hacia ella, Ikirami notó un montón de papeles en una mesita cercana. Mientras esperaba la respuesta de Erika, sus ojos se deslizaron sobre los papeles, buscando alguna pista adicional.
• Sentidos aumentados: Uno de tus sentidos a tu elección está potenciado. Vista
• Belleza: Recibes un trato más favorable por parte de los NPCs, a no ser que hagas algo que perjudique la buena impresión que tendrán de ti.
• Toque divino: Recibes un trato aún más favorable por parte de los NPCs.
• Infiltrado: Te resulta más fácil realizar actos en sigilo.
• Mentiroso: Pocas veces dices la verdad, y la mentira se te da especialmente bien.
• Seductor: Los personajes o NPC cuya orientación sexual te favorezca, te darán un trato más amable y sus karmas negativos que te afecten se verán mitigados
• Risa excéntrica: Tu personaje se ríe de una manera diferente y única.
Erika Storm
Fuerza
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C. de Haki
C. de Akuma
Parece ser que el plan de la pelirroja funcionó.
Los dos pavos estaban completamente embobados con nuestra belleza, habían picado en la trampa. Son tan fáciles los hombres... les das una miga de algo con lo que imaginar y caen rendidos a tus pies. Irikami finalizó pidiéndoles que fueran a buscar al señor Bigotes, de una manera mucho más sensual y provocativa de lo que hice yo. La miré de refilón un poco, pero aparté la mirada rápidamente. Cuando los dos hombres se fueron totalmente engañados me llevé las manos al bolsillo de mi chaqueta, ya que no estaban prestándonos atención. La pelirroja estaba completamente feliz, tanto que hizo de nuevo esa... esa maldita... dulce risa. Alabó mi sentido de la seducción - Sssiii, heh... algo bien se me da - Dije por lo bajo encogiéndome de hombros y mirando al suelo.
Sin pensarlo, me arrastró dentro del local con ella - Pensaba que ya tenía lo que quería, joder - Pensé mientras me llevaba con ella. Aquel almacén estaba repleto de cosas, muchas cosas. Al menos podría irme de aquí con alguna cosa útil. Irikami siguió ella sola adelante, emocionada por poder acabar su misión, así que, como era algo en lo que no me necesitaba ya, me dediqué a mirar entre las cajas y las estanterías de aquel sitio lúgubre y húmedo, con mis manos en los en la chaqueta fui tambaleándome de un sitio a otro para ir mirando. Herramientas, metales sueltos, libros, cajas... Estaba todo lleno de mierda. Pero me percaté de un par de barriles que había en un esquinazo. Unos barriles conocidos por mí, donde ya los había visto en muchas ocasiones. Me saqué las manos del bolsillo y me las froté en un intento de animarme y emocionarme por algo - Venga, dame una alegría al menos hoy - Dije en un bajo tono mientras le quitaba la tapa a uno de los barriles. Y en efecto - ¡Toma, pólvora! - Saqué una bolsita parecida a un saco pequeño del interior de mi chaqueta negra y comencé a llenarlo de pólvora hasta arriba. Cerré con su cuerdecita y volví a tapar el barril, con un saquito de estos era más que suficiente.
Volví a meterme los brazos a los bolsillos de la chaqueta y fui a ver que hacía la pelirroja, la cual estaba examinando una caja que parecía contener algo de vidrio por el ruido. Me puse encima de una mesa que había y me crucé las piernas esperando a que terminase, pero me preguntó de sorpresa si me gustaba el licor de cereza, se dio la vuelta y vino corriendo hacia la mesa donde estaba yo, pero la razón era porque estaba llena de papeles que podían serle de utilidad. Dejó la botella en la mesa y la cogí con mi mano izquierda, y me quedé mirando la botella fijamente, con cara seria, haciendo que algunos recuerdos se me vinieran a la mente - Desde muy pequeña he vivido con el alcohol. Yo no tenía juguetes, yo vivía entre botellas y botellas - Dije mientras giraba lentamente la botella sobre sí misma para ver la etiqueta - Y desde muy joven lo probé. Nunca me llegué a enganchar. Pero bebí desde muy chica. A veces era lo único que tenía a mano para beber estando en la calle - Dije mientras dejaba la botella suavemente encima de la mesa, mientras todos esos recuerdos pasaban por mi mente fugazmente - Joder... - Me froté la cara con mi manga derecha - Así que sí, el licor de cereza está bueno -
Giré el cuerpo unos 45 grados para estar enfrente de Ikirami, la cual estaba a sus cosas de papeles. Apoyé mis brazos en mis rodillas, y mi cabeza en mis manos para verla de cerca y preguntarla - ¿Y tú, has sido feliz de pequeña? - La dije en un tono tranquilo, mirando sus ojos rojos.
Roleo que me guardo pólvora en un saquito, para futuros.
Ikirami
Fuerza
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C. de Haki
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Mientras Erika cuidadosamente recogía la botella que había dejado de lado, Ikirami se sumergió en el análisis de los documentos que se extendían sobre la mesa. Eran en su mayoría albaranes de venta, hábilmente alterados para simular legalidad. Pero uno de ellos, de aspecto menos oficial y más personal, capturó su atención. Tenía inscrito "Por orden de Glatus" seguido de una firma desconocida. Aunque el nombre no le resultaba familiar, el contenido del papel era revelador: eran órdenes de enviar un cargamento específico, justamente el que Ikirami había sido encargada de inspeccionar. En él, se listaban artículos clandestinos no mencionados en los documentos oficiales; vino, licor, tabaco y pólvora. Ese documento era el hallazgo crucial que necesitaba. Con cuidado, lo guardó en su bolsa y se preparaba para continuar su investigación cuando Erika inició una conversación sobre su pasado.
Erika había crecido en un ambiente complicado, por decir lo menos. Desde joven, había estado rodeada de alcohol, una presencia constante y abrumadora en su vida. Con un gesto significativo, dejó la botella de licor de cereza sobre la mesa. Ikirami observó cómo las palabras de Erika destilaban un dolor profundo, evocando recuerdos tristes y difíciles.
La conversación tomó un giro personal cuando Erika le preguntó a Ikirami sobre su infancia.
-Lo fui, una vez -respondió Ikirami, con una mirada perdida en la mesa y una sonrisa triste y nostálgica dibujada en su rostro. Recordó con cariño a sus padres amorosos y sus dos hermanos menores, con quienes jugaba en su hogar. Aquella era una vida que consideraba perfecta en todos los aspectos. - Pero me la arrebataron. Yo... Perdí a toda mi familia y mi hogar por culpa de unos piratas.
Al girarse hacia Erika, Ikirami vio en sus ojos la dureza de alguien que también había tenido que enfrentar la vida por sí misma, de alguien que siempre había anhelado algo que constantemente se le negaba. Esos ojos le recordaban dolorosamente a los suyos propios.
Originalmente, Ikirami había pensado en llevarse la botella de licor para invitarla como un gesto de agradecimiento por la ayuda. Sin embargo, tras escuchar su revelación, comprendió que era lo último que debería ofrecerle.
-Ninguna niña debería tener que vivir eso. Que le den al licor -exclamó con determinación, agarrando la botella y lanzándola contra el suelo, donde se hizo añicos y su contenido se esparció-. ¿Qué te parece si vamos a tomar un zumo? Invito yo.
Le ofreció una sonrisa reconfortante y extendió su mano hacia Erika, una invitación a dejar atrás el sombrío almacén para un lugar más tranquilo donde pudieran continuar su charla.
Erika Storm
Fuerza
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C. de Haki
C. de Akuma
17-11-2023, 12:35 AM
(Última modificación: 17-11-2023, 02:35 AM por Erika Storm.)
Parece ser que ahora le toqué yo la fibra sensible a la pelirroja. Aunque su respuesta fue totalmente inesperada.
Ikirami me contó que perdió a toda su familia y hogar a causa de unos piratas, los cuales le arrebataron toda su vida, algo horroroso. Con la mirada totalmente fijada en los papeles de la mesa mientras buscaba lo que estaba buscando, pretendía no dolerle mientras me lo decía, pero le dolía, mucho. Le miré a sus ojos tan rojos como el fuego, realmente... me daba mucha pena. Lo que al principio parecía una chica calculadora y fría, se escondía una chica dulce como un pastel. O al menos es la primera sensación que a mí me dio. Se giró para mirarme, mientras yo le observaba con mi cabeza apoyada en mis manos y mis brazos en mí rodillas mientras estaba sentada en la silla de piernas cruzadas.
- Tranquila pelirroja - Le acerqué mi mano por su lado izquierdo, colocándole el pelo por detrás de la oreja suavemente - No tienes por qué hablar de ello. Sé lo que es tener el corazón encadenado - Le dije dulcemente y con calma. Realmente, no quería que reviviera ningún tipo de recuerdo que pudiera dolerle. No era necesario -¡Bueno! ¿Entonces que, un traguito de licor de cerezas? ¿Qué es, tu preferido? - Dije para cambiar de tema rápidamente y así distraerla. Pero Ikirami cogió la botella y la reventó contra el suelo - ¡Joder, me caguen dios! - Me quedé sorprendida. Resulta que tiró la botella por lo que le conté de mi infancia, y acto seguido dijo que me invitaba a un zumo, extendiéndome su mano para que se la cogiera y así aceptar su invitación.
La miré durante unos segundos a los ojos de manera seria. Estaba recordando el porqué estaba aquí. Yo ya tenía algo de pólvora para poder hacer mis movidas. Ella ya tenía lo que quería de esos papeles, supongo ¿Qué necesidad tenía de irme con ella? No lo sé, pero... le di la mano - No soy una niña pequeña ¡Iahahaha! - Le dije mientras me bajaba de la mesa con su ayuda - Si quieres beber algo puede ser cualquier cosa que tú quieras pelirroja - Le guiñé el ojo y avancé hacia la salida un poco, con los brazos metidos en los bolsillos de la chaqueta. Me paré antes de salir, giré la cabeza hacia atrás lentamente para mirarla y preguntarla un poco cabizbaja - ¿Ya... ya tienes todo lo que querías? -
Ikirami
Fuerza
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C. de Akuma
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Con delicadeza, Ikirami tomó la mano de Erika, ayudándola a descender de la mesa con una suavidad que contrastaba con la tensión previa del momento. Se desplazaron hacia la salida del almacén, con Ikirami guiando el camino con seguridad.
-Supongo que ha sido un tanto dramático. sshsshssh -rió Ikirami con una ligereza contagiosa, su risa era como música, suave y melodiosa. Erika había comentado, en un tono juguetón, que no era una niña pequeña, a lo que Ikirami respondió con una sonrisa radiante. Cuando Erika sugirió ir a tomar algo, los ojos de Ikirami brillaron con una mezcla de diversión y jovialidad. -La verdad, el alcohol me afecta bastante, pero ¿por qué no? Y si encontramos algo delicioso para comer, aún mejor.
Al llegar a la salida, Erika, con un tono ligeramente sombrío, preguntó si Ikirami ya había conseguido lo que quería. Ikirami notó la aparente lucha interna de Erika, pero no quiso indagar más allá, respetando su espacio.
-Sí, ya estoy libre para hacer lo que queramos -respondió Ikirami con una sonrisa reconfortante, abriendo la puerta cuidadosamente y asomándose al exterior. Su silueta, delineada por la luz tenue que se filtraba a través de la puerta, realzaba aún más su figura femenina y grácil. -Vamos, ¿alguna idea de un sitio genial para comer, beber y charlar?
Con una agilidad felina, cruzaron la calle, evadiendo con destreza la mirada de los dos hombres que seguían buscando al esquivo Bigotitos. La tarde comenzaba a caer, y los últimos rayos del sol bañaban el pueblo con un resplandor anaranjado, creando un halo casi mágico alrededor de las casas blancas. A lo lejos, el gran árbol que coronaba la isla se erigía majestuoso, completando la pintoresca escena que parecía sacada de un cuento de hadas. En ese instante, una sensación de felicidad inesperada y peculiar se apoderó de Ikirami, evocando en su memoria dulces recuerdos de su juventud, llenos de nostalgia y ternura.
Erika Storm
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21-11-2023, 02:52 AM
(Última modificación: 21-11-2023, 02:58 AM por Erika Storm.)
La pelirroja vino hacia la puerta donde le pregunté. Parece ser que la idea de beber algo que no sea un zumito le gustó, aunque me advirtió de que el alcohol le afecta y que haríamos lo que quisiéramos. Me ruboricé y giré la cabeza rápidamente hacia el exterior de la puerta, parece ser que quería pasar tiempo conmigo. Ikirami empezó a mirar con cautela por si estaban los dos idiotas de antes. Al ver que no estaban por allí, salimos corriendo para cruzar y alejarnos de allí.
La noche estaba cerca, por el pueblo se podía ver los toques anaranjados del atardecer, los cuales quedaban muy bonito, nunca me había percatado - ¿Ah? ¿Pero qué coño haces Erika? - agité la cabeza. Desde luego, desde que he conocido a la pelirroja, estoy completamente atontada, es una realidad, así que tenía que espabilar - Bueno bombón, te apetece beber algo y comer, ¿verdad? - le dije estando a su lado, ladeando la cabeza y mirándola - Conozco un sitio en el que ponen buenas jarras de bebida, son como mi cabeza de grandes ¡Iahahaha! - Me acerqué a su oído - Y encima se come que te cagas, estoy segura de que te gustará, ¡ihi! - volví a posicionarme recta con la cabeza apoyándose en mis manos.
Me puse a pensar en que era aquello que tanto buscaba con ansia en aquel almacén mugroso - Oye, pelirroja... - Dije mirando al frente, aun apoyando la cabeza en mis manos - No sé qué es lo que buscabas ahí dentro, no tienes por qué decírmelo, pero... - Miré al lado contrario de Ikirami -... espero... que la tonta de Erika te haya sido de ayuda - Miré al suelo - No tienes por qué invitarme, no te sientas en la obligación si no quieres - Realmente estaba muy confundida. Pensaba que después de lo del almacén, ella tiraría por su lado y yo por el mío. Pero de alguna manera empezaba a pensar que realmente disfrutaba de mi compañía. Hacía años que esto no me pasaba. Siempre he sido el bicho raro desde que llegué a esta isla. Y ya me rompieron el corazón tantas veces que tuve que recomponerlo cacho a cacho cada vez que pasaba. No sé si hacía bien o no, pero, ahora mismo, lo que más me apetecía era cenar con ella y beber algo.
Ya estaba casi anocheciendo, las farolas empezaban a encenderse en repipilandia. Vi a lo lejos la taberna de Niko, famoso por sus grandes jarras de bebidas. Y bueno, también por las grescas que se formaban de vez en cuando de pipiolos debatiendo de cosas que no lograba entender - ¡Mira, hemos llegado! - En un acto indirecto cogí le mano de Ikirami y le acerqué a la taberna, la cual tenía una terracita afuera para quien le gustase tomar el fresco, o bien dentro de la propia taberna, la cual tenía un aspecto clásico. Madera tallada, bien colocada y barnizada, con luces, un poquito tenues para no molestar a los ojos, ventanas de vidriera para que esté ventilado. Me paré enfrente de la puerta - ¡Joder, aquí siempre se respira buen ambiente! - Me giré para mirar a Ikirami, con mucha ilusión - ¡Este es el sitio que te decía! ¿Quieres qué...? - Me percaté rápidamente de que le tenía cogida de la mano, y me puse roja, cosa que con las tenues luces, tanto de fuera como de dentro, hacía que se me notase todavía mucho más - ¿... ENTREMOS DENTRO O NOS QUEDAMOS EN LA TERRAZA DE FUERA? ¡HABRÁQUEPEDIRALGOYOTEINVITOPELIRROJA! - Dije completamente muerta de la vergüenza.
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