[Presente Absoluto] No todo está perdido
#1
No sabía dónde se habían metido Jolyne y Aspros, imaginaba que estarían bien. Los pueblos del lugar parecían tranquilos, la isla en general no era nada del otro mundo. Cuando conseguimos cruzar aquella enorme cascada de pesadilla pensé que al otro lado nos esperarían islas increíbles, lugares que no podía ni imaginar, pero este páramo repleto de plantas secas y casuchas de madera no cumplía con esas expectativas. Tal vez así fuese mejor, nos daba algo de tiempo para descansar antes de continuar con nuestro viaje, aunque yo lo que quería no era descansar. Necesitaba seguir entrenando, sentir que no estaba perdiendo el tiempo.

Yamamura caminaba a mi lado, mirando hacia todas partes. —Ya te he dicho que te olvides. El mundo es muy grande, podría estar en cualquier sitio a miles de kilómetros. No fuimos lo suficientemente fuertes como para protegerle, pero lo seremos para que no vuelva a ocurrir y para intentar salvarle cuando tengamos la oportunidad. Ahora no podemos dar marcha atrás, solo seguir hacia adelante. Céntrate —le dije esperando que pudiese pasar página. No sabía por qué se había obsesionado tanto con aquel pulpo. A veces era molesto, aunque se le podía coger algo de cariño. Su pérdida había sido una lástima, pero no podíamos hacer nada más que prepararnos para lo que nos esperaba. Eso sí, si volvía a ver a aquellos marines desagradecidos y aprovechados pensaba cortarles en láminas.

Continué caminando pensando en ello, en la impotencia que había sentido días atrás al no poder hacer nada contra aquel robot. Parecía una tarea imposible, algo que nunca podría llegar a alcanzar, pero algo me decía que conseguiríamos poder enfrentarnos a ese tipo de enemigos. Teníamos que hacerlo. Si no, no tenía sentido estar en una banda que sería la del futuro rey de los piratas. Si creíamos que no lo conseguiríamos, ya podíamos retirarnos. Lo haría posible, aunque me tuviese que tirar todos los días entrenando hasta no poder aguantarme en pie ni sostener las katanas en mis manos.

—Hay que pensar más allá. ¿Cuál será nuestro siguiente paso? —le pregunté para intentar que dejase de pensar en Peixe y mirase hacia el futuro, un futuro que no se encontraba demasiado lejos. No todas las islas serían como esta. Este no era un viaje de placer. Habíamos tenido la suerte de no caer en una isla conflictiva, pero conociendo a Yamamura sabía que tarde o temprano tendíamos que hacer frente a grandes problemas. Su visión del mundo era completamente opuesta a la que tenía el Gobierno Mundial, así que era cuestión de tiempo que tratase de dar la vuelta a todo y acabase llamando la atención y enfadando a gente poderosa. Así es este tipo de gente que gobierna el mundo, caprichosa y con miedo al cambio que pensábamos llevar a cabo para acabar con su sistema de mierda.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#2
El sofocante calor del desierto hacía que sudara más de la cuenta, aunque no en exceso. Pese a que me consideraba una persona resistente al calor prefería el frío y taparme con algún abrigo, si es que encontraba alguno que se adaptara a mi tamaño y morfología. Hacía tiempo que no veía ni a Jolyne ni a Aspros pero no estaba preocupado de ellos. Mi padre siempre me dijo que yo era una persona muy expresiva y que cuando algo no me gustaba o no iba bien tendía a reflejarlo en mi manera de actuar, parecía ser que Triana me tenía cogido el punto. Yo no me había dado cuenta pero por lo visto no paraba de mirar a un lado y a otro en busca de Peixe, y sabía que ella tenía razón, que el mundo era muy grande y que no habíamos sido lo suficientemente fuertes como para haber impedido que se lo llevaran. Si tan sólo hubiera apretado más fuerte ese cuello antes de que el Shichibukai del culo metálico me disparara ahora Peixe estaría aquí. Estaba de acuerdo con Triana, no volvería a suceder. Y en cuanto al Shichibukai… su poder era muy superior al mío, en un visto y no visto me había dejado el brazo hecho trizas, y estaba seguro de que ese no había sido su mejor golpe, ni de lejos. Me ponía nervioso pensar en lo que había más allá… los vicealmirantes, los almirantes, los Emperadores del Mar… Con tan sólo desearlo me quitarían la vida y lo peor de todo es que no tendría posibilidad de defender a los míos. Hasta los Cabos Gemelos me había considerado el ser vivo más fuerte de todos, ya que no había tenido rival pero no podía estar más equivocado. El mundo estaba repleto de auténticos monstruos. No iba a ser un camino fácil, pero al menos lo intentaríamos hacer divertido.

-Tienes razón Triana… -dije con un tono de voz algo más apagado que de costumbre y cabizbajo. -Lo rescataremos, estoy seguro. -dije, insuflando de valor mis palabras y mirando a Triana mientras sonreía con los ojos cerrados. -Lo siguiente que tenemos que hacer es recargar el Log Pose de Aspros, que por lo que nos ha dicho él, se recarga estando por aquí. Así que quizá lo mejor es mantener el perfil bajo y pasar desapercibidos… es más… -susurré pensativo. -Esta noche vamos a montar una fiesta tremenda, ¡todo el mundo hace fiestas! Es divertido y pareceremos unos civiles cualquiera, ¿qué te parece segunda al mando? -le pregunté, pensando de verdad que mi idea era maravillosa. -Podríamos invitar a algún Marine… -susurré de nuevo. -Bueno mejor no, que nos pueden identificar…
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#3
Tras rodar un poco y notar que no llegaba al bendito agua decidí ponerme en pie, aún atado y lleno de arena, como si estuviese rebozado, de fondo el tipo de los agujeros y el hombre oso peleaban, aunque parecía que la pelea duraría poco, una vez estaba de pie, comencé a dar saltitos lo más rápido que pude, bastante lento si se me pregunta a mi, salté hacia delante y salté hacia delante y... salté hacia delante, me pareció escuchar un golpe, como el sonido de varios sacos de patatas cayendo contra el suelo, pero me daba igual, seguí saltando, fue entonces cuando por fin vi algo diferente a lo lejos, dos personas, una bastante alta y con una cosa rara en la espalda y otra más baja.

Por fin, gente nueva, estoy acumulando mucha saliva últimamente de no hablar.
¡EEEEEHH! VOSOTROS DOS, ESTOY BUSCANDO A UN AMIGO MIO, ES COMO UN COCODRILO PERO ES SIMPÁTICO - grité aún suficientemente lejos como para no reconocer si alguno de ellos dos era mi nuevo mejor amigo el lagartito simpático.

Tras el grito seguí saltando en esa dirección, despreocupado porque nada ni nadie tendría por qué estar siguiéndome, no corría ningún tipo de peligro.

POR CIERTO, ME LLAMO PEIXE CAMARONDI BOQUERONE, EL RESTO OS LO CUENTO LUEGO QUE ES MUY PERSONAL COMO PARA ANDAR GRITANDO - volví a gritar demasiado lejos como para que se me entendiera con claridad

ACLARACIONES


KARMAS A TENER EN CUENTA
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#4
No fue difícil seguir el rastro de aquel idiota escamoso, pues en principio sólo huía rodando, aunque acabó por alzarse como pudo y finalmente emprender la caminata a saltos y pasos lentos, cortos y torpes. Tres adjetivos que le iban muy bien, siendo completamente honesto conmigo mismo. El calamar, que podía llevar un par de horas saltando, y a quien seguía con calma y tranquilidad, esperando que se cansase para que opusiese menos resistencia, estaba más cerca de lo que él creía dentro de la percepción de su propio mundo, así como de una pareja en la distancia a los que empezó a llamar a gritos. Arqueé una ceja mirándolos, eran un hombre y una mujer. Él era enorme y tenía dos grandes alas negras, y ella era de un tamaño promedio y tenía dos grandes tetas gordas. Lo más reseñable de ambos es que ella estaba cubierta de heridas, y él, estaba prendido en llamas. Sus hombros se quemaban, pero no parecía importarle.

Mesié Papagondi se presentó en los apenas escasos veinte metros que nos separaban de distancia, demostrándome así que se trataban de completos desconocidos a los que sin duda, estaría tratando de pedir ayuda. Llegados a este punto me preguntaba si realmente era imbécil o se lo hacía para poder escapar de situaciones y aprovechar ámbitos sociales en su favor. Me hervía la sangre sólo de pensar en que estuviera jugando conmigo al gato y al ratón, y yo estuviera siguiéndole el juego porque no me paraba a, literalmente partirle el cuello, y dedicarme a transportar un cadáver. Caminaba a solamente diez metros de él, con Ein Hauch aun sobre el hombro izquierdo y manteniendo dentro de mi toda la ira y la candente destrucción que planeaba ejercer sobre el pulpo.
— ¡Oe oe Papagondi! — dije con un tono fuerte y rasposo, y chasqueé la lengua dos veces haciendo una pequeña pausa involuntaria — ¡Deja de moverte y no compliques las cosas incluyendo a civiles! — le ordené manteniendo la ira tan a raya como la distancia, sin dejar de avanzar al igual que él, esperando que aquellas personas pudieran percibir el conflicto y sumasen dos mas dos: Un tío amarrado saltando y huyendo pidiendo ayuda mientras es perseguido por otro. Un claro caso de un fugitivo buscado. Y la única conclusión definitiva a la que podían llegar sin dar muchas vueltas era que tenían que irse de ahí porque podrían estorbar más de lo que creían, o salir perjudicados en caso de que Papagondi mostrase resistencia y tuviera que reducirlo a cualquier costo.





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#D86700
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#5
A pesar del desánimo, me alegraba ver que Yamamura parecía dispuesto a continuar con nuestro viaje y que tenía las prioridades claras. Por el momento no podíamos hacer más que esperar a que el Log Pose cargase, así que nos tocaría quedarnos en la isla durante un tiempo. No me importaba llamar la atención, al parecer era imposible no hacerlo con esta banda, pero Yamamura prefería mantener un perfil bajo. También era cierto que si empezábamos tan pronto tocando demasiado las narices nuestra aventura no duraría demasiado. Sin embargo, su idea de no llamar la atención era muy peculiar. —¿Quieres pasar desapercibido o quieres montar una fiesta? Me da que las dos opciones no van a ser compatibles, pero no me opongo a ninguna. Eso sí, nada de marines —dije hablando completamente en serio. Después del incidente en los tablones no quería saber nada de ellos en un tiempo.

Aquella zona estaba algo alejada de los pueblos y parecía tranquila. El silencio era abrumador, tan solo se escuchaban nuestros pasos y nuestras voces. Por eso mismo, los gritos que perturbaron aquella calma resonaron con más fuerza e hicieron que me sobresaltase. No podía ser. Esa voz era inconfundible, debía estar volviéndome loca. Me giré bruscamente para ver una imagen que no esperaba. Justo ahí, a varios metros de nosotros, estaba el propio Peixe, atado y acercándose cada vez más a pequeños saltos. En este mundo había gente desafortunada, gente afortunada y luego estaba Peixe, que había sido capturado y, por azares del destino, había acabado en la misma isla que nosotros y, no solo eso, sino que se nos había plantado delante de nuestras narices.

Todo parecía demasiado bueno como para ser cierto y, efectivamente, los problemas no tardaron en llegar. Su captor se encontraba tras él, dispuesto a recuperarlo. Pensaba que eran los marines los que le habían atrapado, pero ese tipo no era uno de ellos. En seguida le reconocí, cómo olvidarme de él con esas pintas. Incluso recordaba el rostro de guaperas que ocultaba tras la máscara y que quedó expuesto tras un ataque que le dejó para el arrastre. Era uno de los que se había caído en mi plataforma y con el que había tenido que luchar para vencer al pirata extraño de las espadas. Además, tampoco había olvidado sus intenciones de entregarme para cobrar mi recompensa. Parecía que él todavía no nos había reconocido, al igual que Peixe. Cuando se encontrasen más cerca ambos se percatarían, nuestro compañero se alegraría, estaba segura de ello, pero sería un problema tener que lidiar con el cazarrecompensas. No sabía demasiado sobre él, pegaba unos golpes tremendos con su arma y era capaz de hacer algo con la temperatura. Esperaba que nos diese demasiados problemas y decidiese no enfrentarse a los tres, aunque si pensaba recuperar a Peixe no nos iba a dejar otra opción. Estaba convencida de que Yamamura no volvería a dejar que se lo llevasen y, si él luchaba con todas sus fuerzas, yo pensaba hacer lo mismo.

De momento dejé mis katanas envainadas y comencé a dar unos pasos hacia Peixe para acercarme más a él y poder defenderle si a aquel tipo se le ocurría atacarle. Intentaba pensar una manera de resolver la situación de manera pacífica, pero me parecía completamente imposible. Por el precio que habían puesto a Peixe dudaba que le fuese a dejar ir como si nada, yo tampoco lo haría en su situación, así que me preparé para lo peor. —Oye pelirrosa, cuánto tiempo. Muchas gracias por devolvernos a nuestro compañero. ¿Qué tal si te lo agradecemos invitándote a todas las copas que seas capaz de beber? —le ofrecí sabiendo que no aceptaría esa miseria a cambio de la jugosa recompensa de Peixe. Por lo menos intenté adelantarme a Yamamura y que no complicase más la situación. Tal y como estaba tras haber perdido a Peixe, sería capaz de cualquier cosa con tal de recuperarlo y no quería que hiciese ninguna locura.
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#6
Triana me preguntó si mi intención era pasar desapercibido montando una fiesta, mientras me lo preguntaba no podía hacer otra cosa que mirarla sin expresión en mi rostro y asentir con la cabeza repetidas veces a mucha velocidad. Por desgracia llegó a la conclusión de que esas opciones no casaban entre ellas por lo que detuve el repetitivo movimiento que hacía con la cabeza.

-Nada de marines, oído. -dije serio mientras me rascaba la cabeza algo confundido. Si invitábamos a los marines a tomar algo y les explicábamos cual era nuestro objetivo quizá nos dejaran en paz… cuanto más pensaba más me arrepentía. Ya estaba teniendo los pensamientos intrusivos de los que me hablaba mi padre, era incapaz de mantener la concentración con absolutamente nada que no fuera entrenar. Tan ensimismado estaba en mis pensamientos que incluso escuchaba la gangosa y húmeda voz de Peixe. Cerré los ojos y sonreí mientras elevaba el mentón hacia las nubes y notaba como una cálida brisa mecía mi pelo al viento.

-Este Peixe… -susurré aún con los ojos cerrados. -Nunca cambiará… -finalicé, abriendo mis ojos y mirando a una Triana que parecía sorprendida. -Te va a resultar rarísimo, pero ya incluso escucho a Peixe dentro de mi cabeza… ¿Triana? -pregunté al ver que no reaccionaba a mis palabras. Miré hacia el mismo punto en el que ella se estaba fijando y no me pude creer lo que estaba viendo.

-¡Peixe Camarondi Boquerone! -grité un instante antes de salir volando, literalmente, a toda velocidad hasta quedarme a un metro de él. -¡OCTOGOURMET! -grité aún más fuerte, con los ojos llorosos momentos antes de que Triana se pusiera a hablar.

Parecía ser que la espadachina conocía al tipo de la máscara y propuso que le invitáramos a beber todo lo que quisiera.

-¿Lo has traído tú? -dije señalándolo con el dedo índice de mi mano derecha. -¡Gracias! Claro, lo invitamos a lo que necesite, como si quiere viajar en nuestro barco. Es amigo de Triana y nos ha traído a Peixe de vuelta así que darle todo lo que necesite, ¿oído? -ordené a Triana.

-¡¡PEIXE!! -grité de nuevo, pegándole un fuerte bofetón en su hombro derecho con mi mano izquierda. -¡¡CAMARONDI!! -finalicé, terriblemente emocionado.

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#7
El mascaroso me gritó que me quedase quieto y eso hice, estuve a punto de perder el equilibrio, en ese momento el hombre largo apareció a mi lado y empezó a decir mi nombre... ERA MURA. Después la mujer, que ahora caía en que era Triana, ofreció bebida a mi perseguidor, ya no sabía si tenía buenas o malas intenciones pero por lo que parecía, eran de las mejores.

Mu... MURA, eres tu, no te lo vas a creer, he conocido a un hombre lagarto y a la mujer minotauro, no recuerdo muy bien como he acabado atado y arrastrado por este tipo de la máscara pero tenias que haberlo visto combatir, tampoco es que me haya fijado mucho pero de camino me ha salvado del ataque de un hombre oso cerdo, es increíble aunque no es tan amable como parece. - dije quedándome sin aire y del tirón.

Era increíble volver a estar junto al capitán ¿Cómo estaría el resto? ¿Sería el tipo furioso un nuevo anaka? no me sentía tan bien desde que conocí al lagartito simpático.

Un día más rodeado de viejos y nuevos amigos. Sonreí.
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#8
Atributos Personaje


El gyojin, al contrario que mi mal humor, se detuvo en seco cuando le ordené que parase. Al fondo, la mujer de las cicatrices me agradeció por devolverles a su compañero y me llamó "pelirrosa". Aquello disparó mis alarmas. ¿Cómo que pelirrosa? ¿Cómo sabía el color de mi pelo? ¿cuando me había visto sin casco? ¿había formado parte del incidente de los Cabos Gemelos? Podía sonarme... había una mujer en el grupo en el que me vi obligado a sobrevivir, espadachina también, pero no conseguía aclararme si era ella o no. Parecía amigable, me estaba invitando a beber - aunque yo no bebiera - y por sobre todas las cosas parecía completamente ajena a mi presencia o a las hostilidades que podría traer conmigo. No estaba entregándoles a nadie.
Tampoco pareció importarle al tipo guaperas que iba con ella, que salió volando a toda velocidad hasta estar junto al gyojin. Se saludaban y hablaban con alegría y buenas intenciones, como si se conocieran de tiempo atrás. El pulpo como siempre hablaba rápido, de forma atropellada y molesta, contando la historia desde su perspectiva y punto de vista, haciendo que el curo del guante de mi mano izquierda rechinase contra el - hasta el momento - frío metal de Ein Hauch que dormía sobre mi hombro.

Paré junto a ellos, a tres metros de Papagondi y a uno más del alado. La mujer rubia había avanzado más lentamente pero ya acababa por colocarse junto a ellos. Sin duda formaban parte del mismo grupo, se conocían y tenían un trato de amistad entre ellos. Y si la rubia había estado conmigo en los Cabos Gemelos, lugar del que habían sacado a Papagondi los marines, seguramente el negro alado también habría estado allí, y como parecía ser el que daba las órdenes a la otra mujer, debía de estar al mando o cuanto menos ser el de mayor jerarquía de esta tríada. Y si Papagondi tenía recompensa... era posible que ellos también, sumado a que provenían todos del incidente de los Cabos Gemelos y celebraban tanto reencontrar a su amigo, podía deducir que esto no iba a ser una negociación amistosa ni tranquila.

Obviamente estaba en una desventaja importante, tenía frente a mi a tres tipos de luchadores: tierra, mar y aire. La mujer portaba dos katanas, nitoryu y a saber si la habilidad de alguna fruta del diablo. El hombre ardiente parecía en buena forma física y pareciera poder atacar con fuego, seguramente desde la distancia gracias a sus alas. El gyojin con suerte no se mordería la lengua hablando y se cagaría del susto. Era un dos contra uno. No podía confiar en pedirles que me dejasen llevarme a Papagondi y entregarlo, y opondrían resistencia, perdiendo así el factor sorpresa por mi parte y reduciendo drásticamente mis posibilidades de éxito. Tenía que comenzar, pues quien golpea primero golpea por dos, y tenía que hacerlo de una forma tan brutal que las consecuencias de mis actos me permitiesen continuar la contienda. El objetivo era sencillo: Herirlos lo suficiente como para poder llevarme al pulpo. Matarlos si se resistían.


Chasqueé la lengua — Mis disculpas... — me limité a decir en un tono solemne y tranquilo, liberando todo el calor que navegaba por mis venas, mis músculos, mis huesos y la totalidad de mi cuerpo. Liberando de golpe toda la potencia destructiva acumulada bañando un área enorme con un sofocante calor abrasador en una circunferencia de ochenta metros que me usaba a mi como centro — ¡¡ HEAT BEAT !! — grité furioso con la oleada infernal, bañando a los tres presentes en aquella explosión calorífica, sacudiendo ligeramente las piedras mas pequeñas y ligeras más próximas a mí, y tras el impacto separé los pies un poco más de la altura de las caderas, arrastrando la zurda alzando ligeramente el polvo del pavimento, alzando a Ein Hauch con ambas manos colocándome en posición de bateo, al costado izquierdo — Me llevo al pulpo — advertí, serio y directo mirando directamente a mi enemigo potencial más cercano, el hombre en llamas alado — Apártate — le ordené con seriedad, recolocando los dedos entorno al mango de mi arma, tamborileando con ellos.





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#9
Atributos Personaje


Tal y como maginaba, aquel tipo no iba a contentarse con unas copas. Yamamura y Peixe celebraron su reencuentro, pero el enmascarado no tardó demasiado en interrumpirlo. A pesar de que estaba atenta a sus movimientos no pude reaccionar a lo que ocurrió, ni siquiera le hizo falta utilizar su arma. Pegó un grito y calor asfixiante se apoderó de la zona. Era tal el calor que me dejó sin respiración, dolía tanto como ardía. Con la vista fija hacia adelante, vi como el cazador alzaba su arma de forma amenazante para que no opusiéramos resistencia mientras Yamamura resistía el ataque como podía y cómo Peixe caía desplomado sin poder aguantar aquel calor ardiente. Debía de estar al límite, hacía no mucho ya había estado inconsciente en el altercado de las plataformas.

Lo único que quería en aquel momento era rebanarle el cuello al cazador. Estaba bastante segura de que entre Yamamura y yo podríamos acabar con él, pero dejar a Peixe desatendido era un gran riesgo. Ya había comprobado cómo se tomaba nuestro capitán lo de perder compañeros, si volvía a perder a ese pulpo delante de sus narices no sabía de qué sería capaz. Sin embargo, dudaba que aquel tipo nos dejase acercarnos a Peixe como si nada. En aquella situación lo mejor sería acabar con él cuanto antes para poder intentar después ayudar al pulpo. En mi cabeza tenía sentido, trataba de tranquilizarme con esta idea en mente, pero en el fondo sabía que era más que probable que no sobreviviese a las quemaduras.

—¡No te vas a llevar una mierda! —le grité mientras desenvainaba mis dos katanas y corría hacia ellos, concretamente hacia nuestro enemigo. Ir de frente no era la mejor opción, pero no me quedaba otra. Él estaba ya preparado para reaccionar a cualquier cosa que decidiésemos hacer, solo esperaba que Yamamura se adelantase y le abriese la cabeza. Eso me daría algo de tiempo para llegar y, cuando lo hiciese, se iba a arrepentir de haberse cruzado con nosotros.

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#10
Atributos Personaje


Como un atropello Peixe comenzó a hablar a toda velocidad intentando resumir todo lo que había vivido mientras yo le iba diciendo con una voz sosegada: "Tranquilo amigo tenemos todo el tiempo del mundo, ya me lo contarás todo." Le mostré mi sonrisa más sincera y ladeé un poco la cabeza, estiré mi brazo izquierdo con la intención de revolver su rosada cresta y entonces un grito lo interrumpió todo. Aquel grito lleno de furia inundó la escena con un calor abrasador, un calor tan intenso que incluso dolía. Frente a mis ojos vi como Peixe caía al suelo desplomado.

La felicidad que se reflejaba en mi rostro se desvaneció instantáneamente, reemplazada por una expresión sombría y desconcertada. La repentina interrupción y la caída de Peixe generaron un cambio drástico en la atmósfera, sumiéndonos en un silencio tenso que contrastaba con la vorágine de palabras previa. Aquel silencio se vio perturbado por un "Me llevo al pulpo. Apártate." y antes de que cualquiera pudiera añadir una sóla palabra más me incliné con velocidad hacia él para meterle un poderoso cabezazo, como si un martillo estuviera clavando un clavo en un trozo de madera. Mi movimiento fue casi instintivo y sin previo aviso y la adrenalina corría por mis venas mientras mi frente se dirigía velozmente hacia el enmascarado. Sus palabras, frías y amenazadoras, resonaron en mi mente, pero no podía detenerme, no ahora. A solo unos centímetros de colisionar con él,  en mi pensamiento sólo tenía un objetivo: partir su cráneo. Tenía curiosidad  por saber con quien me estaba enfrentando. ¿Por qué escondía su rostro? ¿Sería alguien famoso? ¿Alguien conocido? Debía ganar todo el tiempo posible para que Triana actuara en consecuencia, sabía que ella tendría muy claro cómo proceder. Era calculadora y muy cerebral, no como yo, que en ese momento sólo pensaba en abrirle la cabeza en dos y que me diera explicaciones.

Mi cabeza avanzaba con determinación hacia aquel enmascarado, impulsada por una mezcla de furia y urgencia. El silencio tenso que se había apoderado del lugar se rompió con el impacto inminente de mi frente contra su casco. Fue como un choque de fuerzas opuestas, un enfrentamiento físico que resonó en el aire cargado de dolor y peligro. El momento del impacto se volvió una instantánea de acción congelada, mi impulso y determinación enfrentándose a mi nuevo rival, cuya identidad oculta aún me intrigaba.

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Sobre el ataque
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Salto de foro:


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